martes, 22 de marzo de 2011

HUGO FRANCISCO RIVELLA [3.622]


Hugo Francisco Rivella



Nació en Rosario de la Frontera, Salta, Argentina, en 1948. Tiene una extensa obra poética literaria y musical. Ha dado numerosos Recitales poéticos y musicales en Argentina y ha compuesto canciones con Carmen Guzmán, Alberto Oviedo, Chato Díaz, Rubén Cruz, Mario Díaz, Ernesto Romero. Ha obtenido premios a nivel nacional e internacional, entre ellos el Primer Premio de Poesía Juegos Florales Hispanoamericanos y de Panamá, Quetzaltenango, Guatemala, 1985; el Segundo Premio de Poesía, Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires 2001; el Primer Premio de Poesía Ilustrada Jorge Barón Biza, Córdoba 2001. Como compositor de música folklórica también ha obtenido importantes reconocimientos.




OBRA




LIBROS PUBLICADOS:




Algo de mi Muerte, Rosario de la Frontera, Salta, 1981
La Memoria del Fuego, Córdoba, 1982
Agua de mis manos, con el apoyo del FNA, 1995
Cristales en el Río (cancionero),Vaca Narvaja ed.,1999
Caballos en la Lluvia, FNA, Alción Editora, Córdoba, 2003
Zona de Otros Días, Secretaría de Cultura, Salta, 2007
Yo, el Toro, Alción, Córdoba, 2008

Poemas en Antologías Poéticas
La Generación del 80, Córdoba, Eugenia Cabral, con el apoyo del Fondo Nacional de las Artes
La Nueva Poesía Social, Catamarca,1987
Breve Historia de la Literatura del NOE, Salta, año 1996
Antología de Poesía Diario Página 12, año 1994
Entresilences, neuf poetes argentins, Centre Regional des Lettres de Basse-Normandie, Edición Linventaire, París, Francia 2004.
Poesía y Paisajes de Salta, Secretaría de Cultura, Secretaría de Turismo, año 2004.
La Tierra del Conjuro, Córdoba Agencia de Cultura, Año 2005.




RECONOCIMIENTOS
Primer Premio Poesía, Tercer Certamen Literario Universidad Nacional de Córdoba, año 1977.
Primer Premio Poesía, Segundo Certamen Nacional Club de Jóvenes de la UNESCO Capital Federal, Buenos Aires,1984.
Primer Premio Poesía en el Tercer Certamen Hispanoamericano, Juegos Florales Centroamericanos y de Panamá, Quetzaltenango, Guatemala, año 1985.
Segundo Premio Fondo Nacional de las Artes, Concurso Nacional de Literatura, Fomento a la Producción Literaria, año 2001, Capital Federal - Buenos Aires.
Primer Premio Poesía, Concurso Jorge Barón Biza - Poema ilustrado- Córdoba, Año 2001.
Primer Premio Fondo Nacional de las Artes, Concurso de Canciones de Raíz Folklóricas , Cap Fed, Buenos Aires, año 2004.
Primer Premio en el V Concurso Nacional de la Zamba, Salta, Secretaría de Cultura de la Provincia, Año 2005.
Primer Premio Poesía para Autores Éditos, Secretaría de Cultura de la Provincia de Salta, 2006.
Primer Premio Poesía Concurso Bianual para Poetas Éditos, Secretaría de Cultura de la provincia de Salta, 2008.
Primer Premio Concurso Provincial de La Copla, Secretaría de Cultura de la provincia de Salta, 2008.
Primer Premio Poesía, IV Certamen Internacional de Poesía, Verso Digital, Jaen, Andalucía, España, 2009.



Primer poeta no español obtiene el "Premio Gil de Biedma y Alba"
La Hora del Relámpago: "Premio Gil de Biedma y Alba" 2011


La Hora del Relámpago

Voy a hablar de la guerra sus nudos sus espasmos la hondonada del surco

por donde anda la muerte la trinchera anegada la gangrena y el odio de la bala zumbando


voy a hablar y no importa que me duelan los ojos y el húmero me sangre
y el hígado me estalle que un tigre desgarrado salga a cazar fantasmas
y el metralleo distante del fusil sea un animal monstruoso taladrándome el hueso


Voy a hablar de la madre con el llanto en los brazos y los cabellos húmedos de mirar al ocaso de sentir que se apagan sus lágrimas y el polvo llena de infinito los muñones del pecho
me acaricia la frente con un cuento de hadas donde juego a la mancha con caballos de nácar


de la novia desgajándose sus misales su falda que vuela hecha un ladrido los responsos del cura por mendigar milagros y el desierto violando la memoria del ángel


Voy a hablar de la noche sus criaturas de hielo las putas de la esquina drogando su alegría el reo que cruza el tiempo montado en un murciélago y el reloj que eterniza la tristeza del muerto
del suicida y la cuerda en el agua del cuchillo en la lengua
del trago de cianuro que perfora el esófago y le quema los dientes con su adiós degollado


Voy a hablar de hiroshima nagasaki y el alba sus flores de ceniza y el sol en los escombros


Voy a hablar del coltan la muerte negra cuando el congo deshuesa su milagro de ébano
la libertad molida mis hermanos refugiados en la sombra del boabab


Voy a hablar del poeta enroscado en el hombre en la mujer y el fuego que tienen las palabras
la canción indecisa por saltar a la rosa y la casa tomada por ocupas y barcos


Voy a hablar de la bomba en el subte de atocha en las torres del viento los gritos el estruendo la desgarrada sombra de la noche la furia la locura el fundamentalismo como un manto sagrado que solo toca al hombre cuando le sangra el ojo
las ruinas del poseso los estigmas de cuarzo y la palabra en crisis con sus propios milagros


terrorismo en la piel como un payaso trágico


Voy a hablar de las miasmas mis derrotas la sangre que tienen las palabras cuando escribo estos versos lo que oculto en las noches bajo llaves de polvo y lo que sopla dentro de mi espalda


Voy a hablar del cobarde vestido de jaguar de la lengua partida tumefacta crujiendo
del marasmo del ojo cuando rompe el espejo que desdice en la noche lo que piensan mis dedos
de la mirada del mendigo cuando brota del alma un dios despedazado


Voy a hablar de mis pasos sin rumbo lo mismo que un hondazo de piedra al infinito


Voy a hablar de la pena como un gajo del odio y el ojo que le chilla al apenado
su sombra desterrada al fondo de la noche y todo su esqueleto es una flor penando


Voy a hablar de los números como cifras de hielo porque borran el nombre de juan
del aguacero del antílope herido del minero y su tumba del caimán
los números escuálidos de los niños que caen en el ojo demente de cualquier cataclismo o estallan como pétalos bajo un fuego cruzado


los números sin alma me sueñan sin saberlo


Voy a hablar de la canción del mar y su rugido la brisa que en tu rostro salpica las estrellas
el adiós de tu mano con un dejo infinito las huellas en la estela de todas las gaviotas
del canto de la orca y el vuelo de los tigres que montan en la espuma de las olas al irse


Voy a hablar de la culpa la violencia en el niño que se aferra al silencio con la boca atascada por proteger al ciego que descarga su golpe con los diablos punzantes


la violencia en el alma la que casi invisible se adueña de los pasos de la mujer sin nombre
del último crepúsculo en que cayó el guerrero y el poema tendido donde mueren mis manos


la violencia encerrada entre cuatro paredes y el cielo entumecido del hombre y sus retazos

Voy a hablar de los ojos de cristo desnucado el tajo en la mirada de soportar el cielo
los ojos de la madre cuando sueña la muerte y a tus ojos marrones moliendo mi desdicha
los ojos desnutridos del niño en la basura o fijos en las luces de todas las vidrieras
el juguete imposible como un nudo en el aire y la infancia hecha trizas con sus diablos de lana


Voy a hablar de tu cuerpo como isla desolada en donde fui titán y aventurero
y anduve tantas sombras que comprendo porque el ocaso es llaga y es recuerdo
y me sentí bandera de un mástil desterrado más allá de tu nombre y más acá del tiempo


Voy a hablar de esta cabeza que luzco deslucida el seso incinerado cada vez que me piensa sus neuronas de aceite y el cerebelo cae perdiendo el equilibrio


quién se llevó mis ojos quién los ciega
quién me los ha sacado y puesto entre los dientes para ahogar mi destierro en las noches sin luna
quién les puso tomillo cilandro del poniente y ajíes del altiplano con licores de menta
quién es quién en la muerte del último guerrero y quién le come el cuero al sueño de la espada


me vuela la cabeza por sobre el campanario el techo de las casas el monte de quebracho
la luz contaminada del basural que hiede y las ratas que atoran los caminos del niño que juega con los pezones de la muchacha muerta
me vuela la cabeza como a un sapo de escarcha con la lengua morada de celebrar mi entierro
y unas alas calcadas de un pájaro de piedra


Voy a hablar del rencor con sus cuevas de espinas donde la noche arroja guitarras destempladas la cruz que curva el cuerpo hasta arrastrar su alma por todos los rincones donde anduvo la muerte


Voy a hablar del silencio acunado en la rosa en donde el colibrí desvela la mañana
para que zumbe el aire y se desnude el ángel que por las noches cuida el secreto del agua


del silencio que raspa el corazón del torturado hasta resquebrajarle el ojo al miserable
y penetrar su carne con todas las derrotas
de sus sapos como pájaros torpes volando hacia la luna de un charco en el espejo


Voy a hablar de estas manos sus huellas en el cuerpo de la mujer amada
los tigres sumergidos en mis brazos sus cavernas de voces que nombran los fantasmas con los que anda mi infancia y sus monigotes de pan azucarado
de las manos del músico y la canción aquella que todavía no ha escrito
la cuna hecha con trozos de ternura que el carpintero talla en el árbol y el sueño


voy a hablar de las manos clavadas en el tiempo del madero y sus llagas
y el amor que despacio destrona su cabeza


Voy a hablar de la furia de no saber quien soy y dejar que mi boca se llene de blasfemias
de palabras que hieran como púas herrumbradas y se rompa en la lengua todo el abecedario
de la furia que me ciega el cerebro y tajea al silencio con heridas que sangran
las grietas del espejo tu pollera estampada el peso de tu mano cuando va por mi cuerpo como la piel de un gato y un diablo de latón enfermo y tumefacto lo arrastra por la orilla de un mar inexistente


Voy a hablar de la vida con su rosa cuarteada y el amor que sucede en medio del naufragio
al fondo del remanso de un río embravecido y en una mariposa de vuelo zigzagueante


voy a hablar de la vida sus arrugas el signo de caminar descalzo sobre el vidrio del miedo
y trajinar los ojos del que rueda penando
voy a hablar de la luna zozobrando en sus ojos y una flor sin regreso cayendo en su mirada


Voy a hablar del relámpago su luz como un retazo de dios entre las cosas y el cielo dividido del milagro y el hambre las mujeres los hombres con la culpa del muerto y el árbol que lo ensueña con sus ramas ausentes


Voy a hablar de tu voz adentro de la rosa de lo que va pasando para seguir amando el trago la espesura los dientes de león la rama el agua el sauce
el fuego desvalido del reo en la penumbra y la Poesía que pende del crepúsculo


pendiendo del trigo y la paloma que en las tinieblas fulge como un rayo
pendiendo de mi lengua enmudecida y de la boca que se atreve al grito
pendiendo del escriba con su canto sonoro
pendiendo de la sombra esculpida en el muro








Moriré de caballos, de pedradas azules

Moriré de caballos, de pedradas azules,
con la patria en mis ojos y la flor enmohecida de todos los fracasos; en Vallejo trilceando aguaceros temibles…
Cisneros con sus osos mordiendo catedrales,
Boccanera y las bestias de todos los hoteles.
Moriré de luciérnagas y el ruido de la lluvia sobre el techo de chapas de la casa en mi pueblo, Salgari, Sandokán, Kanmamuri y los tughs en la jungla más negra de la tierra:
Joseph Brodsky durmiendo con Donne y los halcones, Ungaretti volviendo del mar de las serpientes,
la muchacha y sus pechos bordados en mi almohada y Nippur de Lagash galopando. Moriré de Oesterheld, Eternauta del cielo, los gurbos deletreando la voz del universo,
Francis Ponge y el verso desangrado en la piel memoriosa del cadáver del ángel. Moriré de Almafuerte, muerto y vociferando, aunque el siglo lo encierre con hordas homicidas, con los valses de Strauss y las zambas del Cuchi ardidas en las siestas del quebracho y las catas, los murales de Orozco, las manos de mi madre, el tapiz memorioso de mi imaginería, Guayasamín, sus lunas de colores en la piel de sus brazos. Moriré en los ausentes, los que no irán a verme, porque escarbo sus bofes a puñalada limpia,
o irán a mi velorio a saber si estoy muerto, si huelo, si es cierto que en mi cabeza rugen tigres de arena, que emana una vertiente de vinos, y en los ojos titilan sin cesar espejos relucientes;
mi cadáver
irá como la vida retozando.





La llamada

Si ahorita me llegara de lejos como un siempre tu perfume
o me llegara el ruido de tus piernas o tus pechos, amor, digo tus pechos,
el sueño de madera de la trampa, los ángeles del miedo, los fuegos de papel que tiene el hambre,
si me llegara todo como un río o un barco con coltam o dinamita, el hollín de la fábrica cerrada, el aroma de pan de un pueblo chico,
si me llegara el viento de Sonora, la curva de la recta en mi locura,
los códices antiguos del escriba con el secreto absurdo del olvido, los ojos del blasfemo arrancados para pagar la culpa que no tiene, si me llegara dios como un lamido,
como una espada ardida resistiendo.
Si ahorita o no sé qué ni lo quisiera porque todo me llega a puro estruendo,
me llegara la flor del duraznero como la nieve de un amor lejano, la carta de un soldado en plena guerra, las hojas del aromo en aguacero,
si me llegara el mar con sus caballos su rosa desbocada entre los peces, un verso de Guillén a ritmo negro, Bukowsky en Nueva York hecho una mierda,
si me llegara la muerte con sus trapos y los huecos del siglo en su osadura,
si me llegara ahorita una llamada y tu voz repitiendo que me amas,
si me llegara ahorita en el silencio, si me llegara, mi dios, si me llegara.




Caballo y brasa

a Jacobo Regen

El caballo es una brasa que tirita.
Un pilpinto que vuelve por su cuello
como un collar por el que se deshoja la ternura.
En la brasa se mira como se mira el mundo
adentro de los días,
se reaviva en la lluvia igual que la ceniza que se moja
y se aturde con su propio galope.

La brasa es la memoria del espejo.
La llama agazapada entre los ojos.
Una flor de pétalos ardidos.

El caballo enfila hacia la brasa y la atraviesa
y es el último cometa de la tierra.





Le tengo envidia: Un poema del libro Tigre de arena

le tengo envidia porque baja al agua
y porque baja al agua se chumuca
se chumuca cual pato lagunero y porque mete a dios en sus ojeras
le tengo envidia a su pellón de plumas y al espejo amarillo de sus ranas
a sus galopes rancios y a sus vinos y al guante de mecer sus agonías
y que digan que tengo malaentraña
y que tengo viscosa la osamenta
y que envidio sus ropas desgarradas y la lámpara extraña de su hechizo
y que sangren mis párpados
y se hinche la mollera del niño
y en el barro empiece a macumbear con su cabeza






AGUA DE SIEMPRE

Quise oler el manzano y el huerto ya no existe
en mí se hace un hombre con su amante.
Rosa fundida.

¿Es posible amar sobre ojivas nucleares o mares cubiertos de petróleo?
Dame tu mano para saber que el sueño está intacto
que el hombre ha de salvarse tan sólo por el hombre

que en algún lugar
alguien está haciendo el amor
para que este poema no muera.






EVA NUESTRA QUE ESTÁS EN EL BARRO

Eva nuestra que estás en el barro. Larga fue la tristeza y lenta la agonía de tu pequeño cuerpo herido por las babas de ese dios homicida.
Te lloraron los niños de las minas sin alma de la puna en Jujuy,
la rosa de los vientos y el jume en esas soledades de Santiago del Estero,
el llanto entretejido en los tapices, cuando Catamarca deshilaba en la rueca los hilos y la sombra de aquellas tejedoras Belenistas,
la Pampa y su horizonte cuando Las Salinas Grandes eran espejos de agua empañados por los ojos de Roca y sus fusiles.
Eva nuestra que estás en el barro
te ha modelado el sueño de las embarazadas por la trampa y el hambre,
las fábricas con cientos de mujeres obreras.
La fragua de la vida te iba forjando eterna a pesar de los golpes y la lengua de los dueños del mundo, la furia desdentada de la señora gorda, sus tertulias de seda,
muchachita con ojitos de alondra y corazón de puta, un diamante en el barro, como decía la Walsh , te levantas ahora, te metes en la historia que inventaron tus dedos, le mueles a la muerte sus oficios terrestres, tu sexo a plena luz como una carcajada resonando en las calles
de un Buenos Aires que ya nunca volverá a ser el mismo .
¿Dónde estás Patria mía?
“Yaceré a cielo abierto” Patria adentro del hombre, comerán mis grasitas de este cuerpo y mis ojos, caminaré en el vientre del fuego de los niños y volveré millones cuando pase el olvido.
Yaceré a cielo abierto en una madrugada
en la que a Buenos Aires le duela mi recuerdo,
y en las casas humildes me lloren las mujeres
y en la palabra amor, resucite de nuevo.


Yaceré a cielo abierto, sin puñales ni sombras;
el Pueblo, como un ángel, me seguirá los pasos,
yo seré una bandera para que el niño ría
y la historia en el viento me levante en sus brazos.


Eva nuestra estás en el barro porque es de barro el hombre,
la ternura de piedra en sus manos callosas.







EL CANTO DE LOS PAÑUELOS

a las Madres de Plaza de Mayo



Las mujeres de negro sueñan un cielo blanco.

Era tierra el pañuelo.
Un ala de secretos y de vuelos ocultos,
pero después
despierta con las voces que cantan
y el ala recupera su libertad,
su fuego.

Y el pañuelo es un rostro empecinado y nuevo
y las manos la urgencia del camino hacia el hombre
y las rejas el Tiempo del Arcángel que anuncia
el roto diapasón de la esperanza.

Una mano levanta. Otra mano levanta.
Otras manos levantan su increíble frescuras de otoñales distancias
y el pañuelo
es un arco
que se tensa en la frente de las Madres de Mayo.








La memoria del fuego: un poema del libro La memoria del fuego

Se extingue sobre la fuente
desollada en la res
del sacrificio.


Allí detiene el tiempo
su elipsis
cuando detrás de los espejos
el pasado se olvida
de la muerte.


El hombre es un símbolo
de palabras,
de imágenes
con las que atravesamos
los silencios
y en un acto ritual
nos
reinventamos.






La poesía sucediendo

Ganador del Premio EL VERSO DIGITAL 2009

"El escritor argentino Hugo Francisco Rivella obtiene el premio de 1.000 euros en metálico por su poemario "La poesía sucediendo".


LA POESÍA SUCEDIENDO

La Poesía aquí, en la rosa más leve de mis sueños de arena, en los ojos del niño que deambula en las calles,

en la quietud del lago que me va recordando los increíbles peces de un espejo sonoro.

Aquí, en la boca desnuda del que lo dice todo,

en el punto que une el círculo y la recta para que se desdiga la ecuación de sus números hueros.

La Poesía aquí, en la felpa y el miedo, en el corsé infinito de la propia censura, desmantelada, sí, desgajada del árbol, huyendo de las ratas, del mendigo, del cuajo de mis ojos, de sus ritos de menta, del poeta y demiurgo de ranas hechizadas, de tigres desdentados, de putas sollozando, de barcos sin sentido en un puerto vacío.

La Poesía aquí, en el pubis de escarcha de la mujer violada, en el cura que baja hasta la misma sombra y muerde el campanario de su sexo apagado.

La Poesía aquí, en la rosa demente, cuando se desmorona el mundo, sus harapos,

los labios temblorosos del cómplice de turno y el político fuga de sus propia palabra.

La Poesía aquí, en la punta del pie, en las uñas pintadas de la mujer que amo,

su cuerpo en mis dedos como una flor de nieve, el perfume del viento que cruza sus cabellos y que llena de soles los bordes de mi almohada.

La Poesía entre mis huesos de amor trastabillando.

La Poesía aquí, entre nosotros, en el rostro polvoso de la trampa,

en la niña que duerme sus juguetes de plástico,

El verso digital 2009 Varios autores

en la tierra que estrangula sus rituales de lluvia y estaquea su corazón como a un cuero reseco

y Cristo se desgarre a orillas del crepúsculo si no siento que cuando pasa el otro,

soy yo el que está pasando

La Poesía aquí, desnuda o desnudándose, mostrándonos el sexo para que se escandalice la página literaria que merodea su censura infinita, porque si digo puta o mierda o puñalada, causa más impresión que si dijera hambre, pobreza, desnutrición,

extrema unción del río que va contaminado.

La Poesía entre nosotros para que siga viva, y vuele desde el cerezo hasta el agua servida, y caiga del ojo que llora una lágrima enferma,

La Poesía que abandone al poeta sin mancha, su copa de cristal sin llagas en la sombra, sin tigres en la sangre, al poeta que urde su pedestal y olvida, al otro, al diferente y porque arma un verso con levedad de olvido, siente que la palabra lo vuelve inalcanzable.

La Poesía que abandone la cátedra vacía del ritual del fonema y el desmenuzamiento de planos inclinados, de análisis sintácticos, el giro, el paradigma, y sorba el seso al Juez con sus doctrinas, y en el hombre se agriete como una flor reseca.

La Poesía entre nosotros igual que una pedrada arrojada al espejo del miedo y de la muerte,

que ronque en el ausente,

que le sueñe a la madre sus rezos en la noche,

que el travesti la bese y la posea,

que el caído la trame en su tristeza,

El verso digital 2009 Varios autores

que a la niña le ronde enamorada,

que al mendigo le cruja en los zapatos.

La Poesía entre nosotros como la vida misma, buscándonos, hundiéndonos, penetrándonos, a cara descubierta, a sexo limpio, a fábrica tomada, a piedra en el escándalo, a ternura de sapo, a un tsunami de bronce, a bestia alucinada.

La Poesía aquí, entre nosotros, como un rompecabezas que armamos entre todos.

La Poesía sucediendo… porque sucede el Hombre con sus ángeles torpes, y sucede la vida y suceden los años … en Bayer y en la Glauce que agazapa sus ojos en las rejas del Bergman, en Romilio Rivero hechizando serpientes, en Vallejo y sus huéspedes secretos, en Lorca con sus toros irrumpiendo Manhattan, en Céspedes y la trama del Presidente Ahorcado, en los trenes oxidados del salar de uyumi como un museo de hierro que nos sueña soñando.

La Poesía sucediendo en la caña de azúcar, en la mujer de ojos renegridos en donde el fuego se vuele una luciérnaga.

La Poesía sucediendo en todas partes, en los ojos, los dedos, en los pocos cabellos que rondan mi cabeza, en la poca inocencia que nos queda, en la fragilidad del agua anochecida.

La Poesía sucediendo en todas partes.

Adentro

sucediendo..

UN GRAN POETA ARGENTINO GANA EL PARALELO CERO 2016. 
Hugo Francisco Rivella – Córdoba -Salta - 

El Jurado del Premio Internacional de Poesía Paralelo Cero 2016, conformado por cinco poetas de reconocida trayectoria en el mundo de las letras hispanas: Luis Armenta Malpica, de México; Sonia Manzano de Ecuador; Rosabetty Muñoz de Chile; Vilma Tapia Anaya de Bolivia y Juan Camilo Lee Penagos de Colombia (Premio Paralelo Cero 2015), luego de haber realizado una atenta y detallada lectura de los 279 libros inéditos presentados a concurso, escogió 15 libros que resultaron ser los finalistas: Blanco roto de Ausonio; Caminos del no dormir de Perra Luna; Contingencia de louis bombardier; En esta desnudez de casa en calma de La construralia; Ínsula del viento de Diego Veranos; La primavera vez de Ludo Matheus; La rueda del Ser de El caminante de esquinas; Las yeguas y las rosas de El manco Salazar; Lo Callado de Francois Mermet; Lo que se hunde de Santino Rava; Los Arte-sano de Madame Sagá; Terpsícore de Mafuln Raihuen; Todo el amor que recuerdo de Argos; y, Todos somos japoneses de j.k.lópez.
Los jurados evaluaron los libros escogidos y luego de una reñida y ajustada selección, resolvieron lo siguiente:
Otorgar el Premio Paralelo Cero 2016 al libro Las yeguas y las rosas de El manco Salazar a HUGO FRANCISCO RIVELLA


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