martes, 28 de septiembre de 2010

NATALIA LITVINOVA [1.305]

Natalia Litvinova


(Gómel, Bielorrusia, 1986) es poeta y traductora de poetas rusos. Actualmente reside en Argentina. Entre sus publicaciones se encuentran Esteparia (Ediciones del Dock, 2010), reeditado en el año 2013 en España y en Uruguay, Balbuceo de la noche (Melón editora, 2012), Grieta (Gog y Magog ediciones, 2012, reeditado en España y en Costa Rica), Rocío animal (La Pulga Renga, 2013), Todo ajeno (Vaso roto, 2013) y Cuerpos textualizados (Letra viva, 2014) escrito en coautoría con Javier Galarza. Compiló y tradujo las antologías El ruido de la existencia (Editorial Leviatán, 2013) de los poetas rusos Vladislav Jodasevich y Serguéi Esénin, y El espejo equivocado (Melón editora, 2013) de Cherubina de Gabriak. En 2015, la editorial Vaso roto publicará sus versiones de Innokenti Ánnenski. Este año su poesía fue traducida al francés y publicada por la editorial francesa Al Manar. Da cursos en la Fundación Centro Psicoanalítico Argentino y coordina la sección dedicada a las letras argentinas de la Revista Ombligo. Blog de traducciones de poetas rusos: www.animalesenbruto.blogspot.com.ar



UNA MUERTE CLARA

Nunca vi una muerte
tan transparente
como la que amanecía
al lado de mi ventana
trenzada con las ramas
de los abedules blancos.
Nunca vi una muerte
tan desamparada
robándole el cobijo
a los niños gitanos
ante la caída del cuchillo
de nieve.
Nunca vi una muerte
que sin pronunciar nombre alguno
abrazaba cualquier cuerpo
con suavidad minuciosa.
Nunca más volví a ver
una muerte tan clara
como aquel septiembre
del año invisible
cuando la patria se extinguía
como un animal preciado
y solo yo lo supe.


GÓMEL


mi abuelo lo único que hacía era afeitarse y temblar
frente al televisor.

mi padre todas las mañanas se perdía en el campo,
transformado en un punto tridimensional de la nieve.

regresaba con una sonrisa mística en su rostro
y nadie sabía por qué.

en verano también esa misma sonrisa y frutillas
en sus manos, en primavera frambuesas.

la sonrisa de mi padre traía frutos maravillosos.

mi abuelo temblaba cada día más, su cabeza recaía
como mandolina y se erguía como un piano.

un día mi padre regresó con manzanas

mi abuelo dio con la clave del silencio.


DESAPARECIDOS


Buscando con los labios
espacios secos entre la lluvia
encontró ese rostro desaparecido.
Y lo puso en su antiguo sitio
y descubrió que también
era el errado.



AULLAR COMO QUIÉN


Me fue dado el don de penetrar sin permiso todo lo que está lejos,
pero no volver.
Ese abedul no es.
Soy yo estremeciendo mi alma debajo de su piel nívea.
Volver. ¿Hacia la guarida de lobos?
Volver en ruso no es lo mismo que en castellano.
Y volver en los dos idiomas – doblemente imposible.



DÍAS COMO NINGUNO


Las pestañas de mi madre roen el cielo.
Detrás de su espalda, la implosión del jardín,
la hierba embebida de sol, a punto de caer el pino.
Mi padre se pone su gorro de cuero,
torna los ojos ante lo que ciega,
abre la puerta, entra en la nieve
y todos los días no regresa blanco.
Desde entonces no hago poemas,
tan solo invierto nombres,
voy arando campos
para desentrenar
a los soldados de mi guerra.



PROFETA

El lenguaje
es piedra
que la mano no supo arrojar.
En cualquier mundo
los ojos del santo,
del poeta
y los míos,
son dos luceros arrodillados
que describen
la eternidad que avanza
con una navaja.



Lâcheté

No llorar,
no interrumpir
el desierto de los ojos,
averiguar la vida,
no descansar en la muerte,
romper el conocimiento
con inocencia y con la mano,
borrar la memoria de la frente,
no aullar con los lobos,
no aullar sin ellos,
no indicarle a las flechas
la hora del corazón caliente.


no hay idioma que contenga


cada palabra
es piel de la nieve

una niña con una rama
escribe sobre ella

la nieve se derrite
la niña también




mano

acariciá a tu hija
que pide una docena de guerras
como rosas tachadas
para recomponer su cuerpo





POEMAS SIN NOMBRE


1

Esa era la hora o el tiempo del tiempo, cuando el sol apenas muerto quebraba sus rayos contra las hojas de la parra y ese verde claro en los ojos como salvación.
Viva, muerta, inseparable de las manos del sol que subían por mis piernas. Mis padres no estaban, no habían nacido, el lento movimiento de la naturaleza se encargó de eso.

2

Un cielo desmedido. Lo densidad de los parques. Las formas de amor se deforman. Los azulejos rotos de la iglesia. La imposibilidad de tocar un pájaro. Vivir con la mano estirada. Rasputin no murió. Desnudarse entre los girasoles. El anillo ciega el dedo. Te amo tanto. La infancia no es más que abrazar un árbol, una costilla rota por no ver en la oscuridad. La gitana no me mintió.

3

Siempre queda impune. Estoy rota de amor, repite, estoy rota. Lastima un corazón, corta las arterias, ablanda. El amor es una mancha de nacimiento, repite, y no le tiene miedo a la muerte.



De Siguiente vitalidad.


Hueco en pie

Hay días en los que río con mi risa triste. Mi risa equilibrista que cae,
entonces me río con el fracaso, risotada de tronco hueco que se mantiene
en pie por lo que alrededor florece.

Hoy soñé con mi abuelo, estábamos capturados. Nos pedían concentración,
que tocáramos música y que nos peináramos los unos a los otros. Nos obligaban
a construir pianos antiguos de madera. Por las noches nos vendaban las manos
para que no crecieran, porque pequeñas y delicadas sirven para llegar hasta las cuerdas.

Mi madre decidía el lugar de las cosas. El jarrón de acá para allá, el sillón, los cuadros, mi padre. Y cuando yo intentaba crecer, zas-zas, cortaba los caminos de mi pelo.

Huele a gasolina y hace frío. Tengo miedo de encender el fósforo.
Va a llover nieve sucia. Estoy en un pueblo abandonado de Europa del este,
estiro el vestido para taparme. Una anciana que lleva una gallina en los brazos
tropieza y cae de rodillas. El ave que no sabe volar es arrojada al aire.



Un día se inició el olvido

Las partículas de tu rostro
comenzaron a desintegrarse.
Ahora todos los hombres
te retienen en sus rasgos.
Tus gorros roídos por las polillas
y los guantes deformes
por la ausencia de manos.
Un día todos los hombres
que caminaban bajo la lluvia
estuvieron hechos
a la medida de tu cuerpo.
Ya no recuerdo cuán ancha la espalda
o cuán suave la tela del abrigo,
un día el olvido comenzó,
estaba sola en el andén
y las puertas del vagón
se cerraban y se abrían
como si ingresara
una multitud de fantasmas.
La luz de la luna oscilaba
como un farol y las estrellas
parecían colmillos
de un animal al acecho.
Cesaron mi infancia y tu vejez
pero tu voz no,
campana indestructible,
trina en mi sien,
enferma de misterio.





De Todo ajeno, Vaso roto, 2013.


Otro nacimiento

Le arranco los botones a la camisa del que no la lleva.
Es lo primero que hago con desesperación
sabiendo que es cosa última.
Porque en el principio fue la desnudez y solo después
alguien creó al hombre.
Y cuando se distrajo, aparecí yo.
Me senté muy cerca, mi jean roto en la rodilla,
su dedo acarició la piel.
No recuerdo haber tenido otro nacimiento.




Santa imagen

Algo hay en mí de los antepasados que luchaban
y copulaban con los tártaros.
Si no, cómo explicar el dolor que nace los domingos
en el lugar que no se debe señalar con el dedo.
Estoy condenada a hacer preguntas cuando quiero aseverar,
le digo a mi abuela mientras ella reza al icono de Ryazan,
santa imagen que trasladaban en un carruaje y frenó.
Éste es su lugar, dijeron los hombres burdéganos del pueblo
para domesticar la molécula del Señor.
Cuento a la abuela, pero no quiere castigarme.




Música

Mis abuelos escuchaban otra música.
Mi abuela conocía el idioma de los animales.
Respondía a los relinchos de los caballos y al canto de las aves.
¿Qué animal es ahora que está sorda?
En la prisión nazi la torturaron con la caída
de las gotas sobre la sien.




Disparo

El tiempo se rompe como un vaso.
Puedo juntarlo con las manos y admirar
el mundo en sus cristales rotos.
O puedo juntar las manos como quien reza.
No juntar más que mis manos.
Apuntar con los dedos a mi pecho
disparando sin darme muerte.
Tan sólo acomodarlas allí
como a dos palomas débiles y frías
después de una vida de lluvia.




Desgarra

Cuando un hilo corta mis dedos
y el estado salvaje se rinde ante su veneno civilizador,
mi vestido se desgarra y de sus heridas
brota otro vestido. Entonces escribo
para que la muerte no sea tan natural.



Cortar

Quiero cortar la oscuridad en dos para elegir de qué lado estar.
Matarla sin que se dé cuenta. Que tiemble como una perra bajo
la lluvia cuando le muestre mis colmillos.
Voy a beber tu sangre, oscuridad. No me lleves.





De Esteparia, Ártese quien pueda, 2013.



Exilio

no pertenezco a continente alguno,
podría ser: ausencia en cualquier pecho
ausencia en cualquier ojo
lengua de los desaparecidos;
o pájaro armándose alas.




Romper

mi lengua en libretas viejas
teléfonos sin destinatario
borrar un nombre revelado
por el lápiz
romper el lápiz

la mano.



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