jueves, 23 de septiembre de 2010

1239.- DOMINGO ALFONSO


Domingo Alfonso nació en Jovellanos, provincia de Matanzas, Cuba, el 10 de septiembre de 1935. Arquitecto egresado de la Universidad de La Habana en 1969. Ha publicado en poesía: Sueño en el Papel, 1959; Poemas del hombre común, 1964; Historia de una persona, 1968; Libro de buen humor, 1979; Esta aventura de vivir, 1987; Vida que es angustia, 1998; Antología casi final & En la ciudad dorada, 2003; El libro principal & Un transeúnte cualquiera, poemas del 2003 al 2008. Incluido en diversas antologías, entre ellas: El Corno Emplumado, poesía cubana, 1967; Nueva Poesía Cubana, de José Agustín Goytisolo, 1970 y Las Palabras son Islas, de José Luis Arcos, 1999. Como Autor musical ha compuesto la letra y la música de más de 150 canciones. Es inventor de dos juegos de entretenimiento caseros. Ha viajado por Angola, Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, Rusia, Perú, Estados Unidos, Dinamarca, Ghana y Sudáfrica.




LOS RÍOS

Los ríos
son largos y tremendos,
como latigazos,
o como serpientes inacabables,
o como las penas de la raza negra,
o como los ríos.

De Sueño en el papel , 1959, Ediciones Islas



La primera novia

Hoy vi la novia que primero quiso
mi ardiente fantasía de muchacho,
entre el alba y la noche; yo borracho
queriendo desnudar su cuerpo liso.

Y vinieron de golpe mis recuerdos...
mi niñez, el ingenio... Muchas vacas,
el patio del vecino con los cerdos
¡y aquella niña de las piernas flacas!

La burla del apodo
dicho a las gentes... la niñez de ayer
pasando ante mis ojos; la mujer
cercana y su mirarme de aquel modo.

Tomamos en silencio algunas copas...
y horas más tarde, en la habitación
de un hotelucho nos miramos con
los cuerpos abrazados y sin ropas...

Pasó... lo de costumbre:
dos con ansia, febriles, poca lumbre;
al cabo dijo con alguna pena
unas frases en torno de una cena.

Y mi cartera exigua
puso en su mano triste, dos o tres
pesos azules... Ella rió y después,
la vi mirarme con mirada ambigua.

Algo me dijo. Con su extraño modo
se marchó de la alcoba...
en su estela un perfume de caoba
y mi turbia mirada de beodo.

Después, cuando se van
los cúmulos tiñendo de azafrán,
me marché de aquel sitio: la impoluta,
mi novia de la infancia... ¡Prostituta!

La recordé aquel año
callada en el pupitre, todavía
peinando trenzas... ¡Pero me hizo daño!
Quise gritar, llorar. ¡Y no podía!

De Sueño en el papel, 1959




La jov
en madre

La joven madre
que cruza de pronto la estancia
muy débilmente iluminada,
lleva en sus brazos al enemigo.

Es una carga de corazones nuevos,
un ser poderoso y reciente
que surge sin cesar de nuestra sangre,
se instala en palacios que fueron nuestros,
y alienta sus raíces de las personas antiguas.

Él se va formando sin cesar
de cierta esencia que disminuye de nosotros para siempre.


De Poemas del hombre común, 1964





Poema pop 1967

Éste es un bombillo eléctrico:
miro su casquete de metal
lleno de surcos y de relieves interminables;
adentro del bulbo los filamentos mágicos,
que alimentados de fuerzas invisibles
deshacen la oscuridad.

Me enfrento al misterio de este ser de cristal,
con la seguridad de que trata de un extraño dios,
creado por los hechiceros de este siglo xx.

De Historia de una persona, 1968





El rostro de Marlon Brando

El rostro de Marlon Brando
surge en la noche del cinematógrafo
con un tamaño de casi dos metros de alto
por uno y medio de ancho aproximadamente:
tiene dos cejas, debajo de las cejas un par de ojos,
entre los ojos, un poco más arriba
de la pareja de labios, una nariz;
bordeada por el pelo,
encima de las cejas, está la frente,
algo detrás de la frente,
construidas expresamente para sostén de los espejuelos,
se encuentran las orejas.

Éste es el rostro de Marlon Brando;
tomo debida cuenta de su topografía;
para verlo pagué un peso con cincuenta centavos,
hice una cola de una hora nueve minutos,
de pie, bajo la lluvia
y ahora descubro en medio de este cine,
tocando el muslo de la mujer que me acompaña
que el rostro de Marlon Brando es sólo el rostro de una persona.

De Libro de buen humor, 1979






El hechicero y los mecánicos

El hechicero y los mecánicos
salen callados a beber cerveza;
se sientan en lo profundo de la taberna
y hablan entonces de las cosas nuestras de cada día;
de los tornos girando, del estruendo del taller,
de los motores compuestos poco a poco,
que al fin se mueven por su propio esfuerzo.
Luego describen las horas de la televisión,
la noche y las frazadas, la esposa, el miedo de los niños.
Los mecánicos hablan, el hechicero calla:
siente la envidia por estos hombres comunes;
quisiera abandonar su profesión en desuso,
cambiar el arte de convertir ratones en flores,
naranjas en cuchillos;
la magia aprendida con tanto esfuerzo,
por un overol manchado de grasa,
un sitio en una nave llena de máquinas y taladros,
donde giran sin término las grandes ruedas de acero negro.

De Libro de buen humor, 1979




Con un par de zapatos nuevos
entre las manos

Ayer, cuando recibí este par de zapatos
semejantes a una pareja de rosas,
pensé que todo me sería posible.
Vi cosas en las cuales nunca hubiera pensado:
flores oscuras cubriendo las calles llenas de polvo;
incendios y muertes sucediéndose en este mismo lugar,
desde el inicio de los tiempos,
diligencias desvanecidas por el fuego y el humo,
pesadillas y lamentaciones
llegaban hasta mí
entre el sonido de golpes de campana,
delirios, visiones que me llenaban de pavor,
los crímenes y el terror de las épocas pasadas
estaban delante de mis ojos;
escenas semiocultas por montones de nubes de ceniza
(ningún otro color estaba presente:
ni el rojo ni el verde ni el magenta
y mucho menos el amarillo),
sólo el matiz de la ceniza
lo presidía todo de manera mecánica.
No pude ver el futuro
a pesar de que me empinaba tratando de conocer más;
pero todo fue en vano.

De esta manera
me senté en una silla, al borde del camino,
con mi par de zapatos, como dos rosas, entre las manos:
no comprendía nada, estaba sentado allí,
no sería testigo de ninguna revelación,
había visto todo el horror y las tragedias
ocurridas en esta esquina del universo
a lo largo de tantos siglos
y me encontraba allí, en mi silla, tembloroso,
lleno de sudores y de mucho miedo,
cerca de la orilla del camino:
con mi par de zapatos nuevos entre las manos.

Junio 18 de 1990
De Vida que es angustia, 1998





Canción de amor

Una mujer, un vestido rojo,
han entrado con un hacha en mi casa y mi oficina,
talando los viejos hábitos, aquellos amores
sembrando a toda prisa sus árboles,
porque mi propio corazón es una pradera
llena de girasoles
que repiten las líneas de su rostro.

Ella ameniza mis mañanas y mis noches.
Sin ella
¿cómo pude vivir durante treinta y nueve años?
Fui marino sin brújula,
pues ella y solamente ella,
su saya roja, su pulóver azul,
las medias que le esconden la piel,
están grabados delante de mis ojos,
me ocultan las letras del periódico,
las hojas de los árboles,
y las paredes nuevas que pintan los obreros.

Tomar contigo una cerveza,
vivir bajo tu mismo techo mientras cocinas la sopa,
tomar un ómnibus a tu lado,
me compensan las molestias de la vida:
el dentista, el miedo a la muerte,
la piedra dentro del zapato, una canción sin amor.

La vida a tu lado
son muchas manzanas, un carrusel,
ángeles tocando el piano,
niñas con pelotas y flores,
ancianos en un jardín escuchando a Vivaldi.

De Libro de buen humor, 1979






DESPUÉS DEL AMOR

Esta mujer y yo terminamos.
Ahora, dejando el desorden de las sábanas,
Hemos mirado por la ventana hacia la calle.

Un poco a la derecha
Unos obreros componen una enorme valla
Que dice: Todos con boinas rojas a la Plaza de la Revolución.

Ella se vuelve al interior del cuarto de hotel.
Yo miro sus nalgas color de tinta de imprenta.
Siento lo que los hombres normales ante tal espectáculo:
Doy gracias a quien corresponda por encontrarme vivo.

De Historia de una persona,1968






El espacio que separa
La vida de la muerte


Para Pedro de Oraá

He observado la tarde.
Como naranja de luz rodaba hacia el borde de las
tinieblas,
y yo, inclinado sobre mi ventana
viendo la brisa que comenzaba a ennegrecerse
la comparaba con mi propia vida:
era un reflejo de mi casa y de mi esposa, en silencio a
mi lado.

Un toque de magia lo trastornaba todo
las sillas, el búcaro sin flores, el polvo sobre
la cómoda;
todo se balanceaba como un péndulo que recorre
el espacio que separa la vida de la muerte.

Noviembre de 1986

De Esta aventura de vivir, 1987







El Libro que es todo el Universo

(Para Alex Pausides)

Como existe el Libro depósito de Todo
no en forma de Biblioteca, porque sus páginas oscuras
lo asemejan a una noche sin principio ni fin
(o a un día donde el sol desaparece
como envuelto por un ejército de mariposas
al tejer un velo con sus alas negras):
Este Volumen sin límites, expandiéndose sin cesar
forma una madeja donde la Suma de los hilos se entrecruza.
Aquí las letras, los avisos y las imágenes delante de nuestros ojos
están; pero no las podemos ver.
A veces un Vidente, como un relámpago
presiente la sombra de una escena, la apariencia de un renglón
hundidos después en esa falta de luz.
Puede que quien mueva tan sólo una letra
hará girar al Orbe sobre sus bisagras
rompiendo la Eterna Sucesión.
(oculta entre los pliegues del Tiempo)
¿Pero acaso este Cambio no fue previsto por el Autor desde el Principio?

Agosto 27 del 2000
De En la ciudad dorada, 2003






ESTE OFICIO DE SER DIOS

-Para Alfredo Zaldívar-
Alguna vez, debajo del álamo con las ramas violetas; somnolento
mientras miraba las hojas cayendo en espirales al vacío
y convertidas de pronto en figuras de jóvenes desnudas
Me han propuesto ser dios:
Dotado de una suma de poderes;
pero me pregunto como puedo anular
el apetito del homicida hacia ese zumo, color rojo
la fiebre de la mujer temblorosa de sexo
por otras jóvenes criaturas
Cómo extinguir en el anciano sediento
oscuras sensaciones ante el terso muchacho
quien ofrenda sus nalgas: tibios melocotones en la playa
Qué gesto hacia el árbol atravesado por finos alfileres
mojando ramas y frutos al caer desde remotas regiones
o como soportar la pureza de cristales que dibujan la luz
en mis pardas pupilas
cuando miro a través de las ventanas el mar.

Este oficio de ser dios. Me asfixia la eternidad
Testigo invisible cada noche
del vibrar de infinitas cerillas
taladrando un oscuro aliento que lo circunda todo
mientras no se detiene la caminata sobre un espacio creciendo cada minuto
desde el inicio de los Tiempos hasta su término jamás.

Realizo un primer milagro:
Extiendo este minuto un milenio completo
Después quiero poner en estas briznas de hierba
un poco del olvido o de la indiferencia de estos peatones
que colocan en un paso delante del otro, sobre el asfalto de la calle
partes pequeñas de sus vidas, disipándose en el éter
y acumulando la desesperación y la duda dentro de mí.

Mayo 8 del 2004
De Un transeúnte cualquiera, 2008







MIENTRAS MI DOMICILIO
SE DIRIGE HACIA EL PRÓXIMO DÍA

"El taburete" / José Manuel Poveda

Observo como me envuelves
con el manto lleno de minúsculas estrellas y millares de puntos
del oro más legítimo, despidiendo fulgor amarillo
He quedado aturdido, sin entender esto que hacías
y viéndome sobre aquel taburete, obsequio de Poveda
no pude decir palabra alguna, a pesar de mucho desearlo.
¿Quién eres tú?, ¿Porqué lo haces?, ¿Dónde fui elegido?
Llegaste bien temprano al cerco de nuestro jardín, pediste amor
Yo te conduje hasta el ángel trabado entre las ramas del algarrobo
aspirando entonces tibios perfumes irradiándose desde tu piel.
Pensé si atribuir tu visita a la esfera
huésped del cielo de casa, quizás inquieta ante algún presagio
pero adivino: vela para protegernos.
(De este modo puse en tus manos la sombrilla mágica de aquella señora
impenetrable anciana, la cual, ahora conozco
flotaba a veces en medio del humo de incienso).
Quisiera amiga, antes de marcharte
hoy al atardecer (comiendo manzanas del Jardín Prohibido
las cuales poseen todos los sabores existentes en los nueve universos)
prometas regresar un próximo otoño:
(Extraña viajera perenne, Dama de la corte del Tiempo)
Te juro guardar tus rosas dentro del corazón
pues no marchitan, manteniendo sus efluvios durante varios años.

Escucharé tus canciones
Sal de hermosísimas noches, inundando sentidos ávidos de placer
bajo esta luna cuando trama sobre mi cuerpo
filigranas de plata y azul
(Éxtasis del espíritu cautivo de tan bella música)
Alma de artistas anónimos nacidos en Persia
o las islas del Pacífico
Magos sabiendo inventar acordes ejecutados por el Invisible
Romanzas gozando de la propiedad
de anular angustias, procurarme descanso
Especie de sopor, extinguiendo así la propia vejez
-de pronto la fuente del cenit es una luz muy blanca-
Mientras mi domicilio se dirige hacia el próximo día.

Septiembre 27 del 2002 al Agosto 11 del 2005
De Un transeúnte cualquiera, 2008





A VECES, EN CALLES DESCONOCIDAS

Estabas cerca de mí. Y entonces adquirí una extraña lucidez
Fue igual que ver en el frasco el líquido tan azul
y leer, en una superficie luminosa y blanca
todas las palabras que serán escritas con esa tinta
Se sucedían las imágenes dentro de mi cerebro, como en un televisor,
y apoyando mis pies en sensual arena (no copiando mis carnes)
sino esculpiendo una especie de concha, génesis de pájaros
pero pequeñitos, y de mariposas para decorar mis paredes
Nimbado de un poder especial pude crear un minuto
extendido ante mis pupilas durante varias horas
y discernir el rastro de un espíritu sobre los muebles
(el alma de la infeliz bordadora atravesando mi casa
envuelta por un halo de infinita delgadez)
mientras giraba el resto del Universo
con la misma normalidad de todos los días
y la urgencia de los autos se congelaba al llegar a mi lado

A veces, en calles desconocidas. Al mirar a lo lejos montañas
fingir que flotan sobre la tierra, rodeadas de nieblas y nubes
Lejos de los abrazos de quien me sabe lanzar
en medio de una playa de miel y hermosura
Comprendo que mis raíces han de estar hundidas
en sueños y misterios, porque la vida mezcla
a diario las más absurdas visiones
de espectros cubriendo mi cama con las rutinas de siempre.

Abril 16 de 2005





ME OLVIDO DE LA CALLE GALIANO *

A esa hora, en que la madrugada
Extiende sus cortinas de oro
Despierta el animal que viaja en mi piel
Me inclino trabajosamente sobre tu vientre
Debajo del cual discurre, el río:
(Madre de todo el placer. De toda la vida)
Y allí escucho el suave galopar de la sangre en pequeñas pisadas
(Me olvido entonces de la calle Galiano
Gentes atravesando portalones donde circulan historias
Debajo de telas, telas que cubren pieles de mujeres hermosas
Que piensan tal vez en sus cocinas, en sus escaparates
O en las manos de sus esposos; estrujándolas
Y arrancándoles gemidos de dolor o placer)
Así, mientras Alguien, tirando, (como si dijéramos de un hilo)
por todo el Tiempo nuestra esfera inmensa
(dentro de un espacio que se expande cada segundo)
Algunos, en sus habitaciones,
en playas, o en medio de las calles
Se acarician o ejercen un odio de muerte.

Diciembre 7 del 2008
* Calle principal del comercio en La Habana






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