martes, 20 de diciembre de 2011

5488.- LINA DE FERIA



Lina de Feria (Santiago de Cuba, 1945)
Lina de Feria Barrio


Poeta, ensayista y crítica literaria.
Graduada de Licenciatura en Filología, Especialidad en Estudios Cubanos, por la Universidad de La Habana, en 1976, es miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).


Ha publicado los poemarios:
Casa que no existía (Ediciones Unión, La Habana, 1968)
A mansalva de los años (Ediciones Unión, La Habana, 1990)
(Ed. La Cuadrilla de la Langosta, México DF, 2005)
Espiral en tierra (Ediciones Unión, La Habana, 1991)
El ojo milenario (Editorial Sed de belleza, Santa Clara, 1995)
(Ed. L’Hartmattan, Paris, 2000, edición bilingüe)
Los rituales del inocente (Ediciones Unión, La Habana, 1996)
A la llegada del delfín (Ediciones Unión, La Habana, 1998)
El mar de las invenciones (Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1999)
El libro de los equívocos (Ediciones Unión, La Habana, 2001)
El rostro equidistante (Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2001)
País sin abedules (Ediciones Unión, La Habana, 2003)
Omisión de la noche (Ediciones Matanzas, 2003)
Absolución del amor (Ediciones Unión, La Habana, 2005)
Antología boreal (Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2007)
Por su obra ha obtenido los siguientes reconocimientos:
1967: Premio fundacional del Premio David de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), por su poemario “Casa que no existía”
1991: Premio Nacional de la Crítica, por su poemario “A mansalva de los años”
1996: Premio Nacional de la Crítica, por su poemario “El ojo milenario”
1997: Premio Nacional de la Crítica, por su poemario “Rituales del inocente”
1998: Premio Nacional de la Crítica, por su poemario “A la llegada del delfín”
1999: Premio Internacional de Poesía Raúl Hernández Novas, por su poemario “El libro de los equívocos”
2007: Premio Venga la esperanza, de la Asociación de Hermanos Saíz
2009: Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén, por su poemario “Ante la pérdida del Safari a la jungla”


En el año 2003, le fue otorgada la ORDEN POR LA CULTURA NACIONAL del Ministerio de Cultura de Cuba.


Reside en La Habana.


( Dirección de correo electrónico: linadeferia@cubarte.cult.cu )






en el libro A MANSALVA DE LOS AÑOS , 1991


EL CUENTO DE LA MUJER


para Ana González-Abreu


el cuento de la mujer que no padece
agrada a todo el mundo,
ha vuelto ana
y trae el pecho lleno de felicitaciones y las yerbas del camino hechas trizas por su oreja
como en un baño.
viene propicia para contagiarse entre los demás y ser el eje el disfrute
el abrevadero de las bestias todas, un banquete de rara atmósfera se prepara
y hay tantos ayudantes nobles y gratuitos
que teme haber conseguido la felicidad,
es una semejante al fin un miembro más de los caminos
y puede tomar el vaso y no sentir que las venas
van a ser picadas por ella misma en esa necesidad de dudar que antes admiraba, mientras tapia la senda
ana no arde como un pájaro
y se aquieta más bien.
son una atrocidad su lengua su saliva su hueso sus ojos que se desprenden
y se pegan a todos los objetos dolorosamente.


ana no arde como un pájaro
ni es la mujer que por buscar
araña las paredes hasta la sangre.
se aquieta más bien.
y así mientras la miro
su mano cae
en la rodilla como una fruta reventada
y yo la miro y le hablo
del reino junto al mar de Annabel Lee
y ana se ovilla como un perro.


















DE MARÍA GARCÍA GRANADOS A JOSÉ MARTÍ


la estufa
un pobre santuario de carbón
arrinconado en una muerte breve,
a tu espalda mis ojos resbaladizos
subyugados por la frente que más amé
cuando sostuve otra vida corpórea
pero igualmente solitaria.
en este gran momento
en que te miro buscar seleccionar
en las voces innúmeras del poema
conque dejar mi historia recitable
para el patio de los famosos actos cívicos
en las escuelas privadísimas de la República
y que dijeran para siempre de mí:
tuvo la cara más rupestre del siglo
y no pudo ocultar su confusión
cuando tu inteligencia tuvo un día
de riendas contra el aire.
atiéndeme José Martí
para que evites de una vez ese poema
que no soy el cadáver de hielo
ni el cadáver de un amor que sentías
como hijo del halago
sino una brasa oculta
ardiente como la hoguera de tu soledad
brasa cayendo brasa hasta el último instante
en que condensé toda el agua del río
a medida que fui sin remedio hacia el fondo.














en el libro A LA LLEGADA DEL DELFÍN, 1998


POEMA ANÓNIMO


I


a Tiempo debí escucharte Tiempo
cuando
alcanzado por la esquirla de mi debilidad humana bajaste tu puente levadizo hacía mí estornudando como un tuberculoso y moviendo con rapidez tus ojitos de diablo para advertirnos amorosamente
como el marino que extiende el brazo haciendo una señal de guillotina que pudre la soga
y cae sin lentitud
permitiéndole asiento en mi banco a la muerte
(por primera vez esa posibilidad
que como paloma por migaja diaria
volvió después y volvería con tales apariencias de bestia de hermano y de enemigo
que ya no pude nada)
para advertirme que mi espejo
tenía quebraduras realmente mortales y propicias a estallar por un hombre tan parecido a mí
que era mi copia pero no mi doble
y era el autor —siervo— feudal
de alguna historia cruel
—arte de los antiguos—
a quien Dante reservaba un circulo caluroso
un cubo suspendido eternamente
por la tira en carne viva del centro de mi pecho
badajo
a quien no logré cocerle alrededor una campana
que echara el viento mi tristeza
acumulada como un capital sin valor de cambio
monedaje sonoro sólo eso cayéndome racimo adentro sin proporción
A MI AMUDSEN A MI NORDSJOKLD
A MI PAPANIN BYRD BELINGHAUSEN
AMUDSEN
lánzate esquiador
y rasga con el filo de tus huellas
el hielo de región eterna en mi
expresión humana
fuego elévate
y destroza la efigie mal cocida
por la que me alimento y hablo
con atropello.










En el libro OMISIÓN DE LA NOCHE, 2003


ADN


con Palermo de fondo
los lagunatos del silencio surgen
y así acaparan toda realidad
donde comienza a aparecer el cuerpo:
queda el roer insípido
del silbador que prendía farolas
y todo lo que quisiera recordar
de los encallamientos de mis barcos.
rápidamente el rostro aparece
en la lejana moviola del chicuelo
y lo que no quisiera recordar
de la retina mutante
entre las viejas concepciones del hombre
circulando en sí mismas
como puntos en los fuegos concéntricos
el abanico huye
después que algún sinfín
le arrancará el emblema.
tiene ahora el polvillo
la lluvia de las atómicas
que niegan espacio a la belleza
como dramáticas cabirias
despellejadas de su piel
deshaciendo las sábanas bien tersas
de los que aún miran la armonía
de la gracia única del mundo.
deposito este aviso
en la cabeza hueca del prototipo celular
y el sonajero de caracoles míticos
batalla entre platinas desencadenadas
por las herencias fatigosas
del ADN intrínseco
que traen los nuevos rostros
de niños y familias.
¿a qué el clonado sin aromas?
¿a qué la metálica y tupida
selva tergiversada
donde el AIDS consume cuerpos?
los fatales ojos del niño kosobar
en la prensa de la Tierra
no requieren colores
porque la muerte está ahí
–sequoia pálida–
en esa soledad que fusiona erráticamente
la nada con el crimen.
en la pared de graffitis
y hielos transformados en mares
cuento las estadísticas del llanto humano
mis señales del encierro hacia mí mismo
en esa corpulencia de la sangre
en la profundidad del ojo
hallando toda respuesta
en el saltar del conejillo de indias
(que puede ser la lluvia
o puede ser la muerte
culminadora en casi todo)
de ese grabado japonés que miro
con el que parezco disfrutar tanto del arte
y atrás de la delicadeza del trazo
de esa firma de agua de beliro
de joya y rasgo inolvidable
los ojos redondos de tan ausente vida
del niño kosobar
mirándome.







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