lunes, 21 de octubre de 2013

MERCEDES ÁLVAREZ [10.701]



Mercedes Álvarez 

Nació en Tandil, provincia de Buenos Aires, en 1979. Entre 1998 y 2006 residió en España, donde se licenció en Sociología por la Universidad Pública de Navarra. Realizó un master en Gestión Cultural. Desde hace más de diez años se dedica a escribir narrativa de ficción, fundamentalmente cuentos y novelas cortas. En la actualidad trabaja en el Centro Cultural de España y vive en Buenos Aires. 
Historia de un ladrón (Caballo de Troya, 2010) es su primera novela.
VECINOS (Tenerife, 2010) es su primer libro de relatos.



No me importa que me toquen…

No me importa que me toquen
que me metan la mano de improviso
por debajo de la falda
no me importa que me estrujen
mientras no me ignoren
róbenme, pero solo las cosas bellas
deslícenme la mano en el corpiño
no importa
mientras no miren al piso
cuando paso por la calle
úsenme
si van a amarme
muérdanme
si van a adorarme
o una forma de ver el mundo
la escucha la dicha el protagonismo
la plenitud de este amor correspondido
la casa en ruinas
y el cuerpo un resultado
sin importancia.








Ojalá volaran murmurando…

ojalá volaran murmurando
los aviadores bajo sus trajes grises
y me dijeran
que las señales del cielo son buenas señales
que los pájaros pasan, pensativos
dibujando la curvatura exacta de un arco florentino
y que todos esos trazos de nubes
no son sino pistas
las piedras de Pulgarcito
el camino a una casa
-qué palabra tan ambigua-
aunque uno no sea deseado en ella








Las mujeres de mi familia siempre tuvieron…

Las mujeres de mi familia siempre tuvieron
para la tragedia
un gran sentido de la oportunidad.
Mi abuela murió un viernes a la noche
mi madre se accidentó un domingo al mediodía.
Los nietos y los hijos
viajamos con nuestros bolsos
desde nuestras casas
no tuvimos que salir corriendo
del trabajo o del gimnasio
parar un taxi en plena calle
maldecir el tránsito.
Llevamos nuestros celulares
nuestros cargadores
nuestra ropa interior
la ropa de abrigo
junto con la pena. Vi a mi madre
en el hospital
después de la tragedia
víctima de sus buenas intenciones
la cara lívida
y un ojo destrozado
por intentar salvar a un gato.
“Ese gato – le dije-
debería estar muerto”.
Pero ella
que apenas podía moverse
me sonrió misteriosa
y su ojo sano tenía
el resplandor de fuego
de los ojos
de algunos animales heridos.

Imitación de los pájaros, inédito






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