viernes, 29 de julio de 2011

4352.- TOMÁS WATKINS


Tomás Watkins (Neuquén, Argentina 1978) ha obtenido algunos premios en concursos literarios y a su vez ha oficiado de autoridad en otros tantos eventos culturales. Los datos reales no pudieron ser obtenidos. Pertenece al grupo Celebriedades junto a Raúl Mansilla, Carlos Blasco, Cristian Carrasco, Juanse Villarreal y Sebastián González. Practica culto por lo caleidoscópico, lejos de los espejos y los prismas. A todas luces se observa que este culto es privado, puesto que en su obra conocida esta predilección es irrastreable. En el 2004 publicó "26" en la Editorial Libros Celebrios de Neuquén. En este mismo año ganó el primer premio de Poesía en el Concurso organizado por la Facultad de Humanidades de la U.N.C. Mail: tomaswatkins@yahoo.com.ar





yo hablo demasiado
y me importa un carajo el payaso que soy
las panoplias
fideicomisos
apremios de mi voz
escupida en la barbarie
no soy una luz
en realidad
hablo demasiado
al límite de las cosas necesarias
patino ideas burdas
con una lengua callosa y sin pelos
¿y porqué hablo demasiado?
los sabios recomiendan prudencia
pensar rápido y hablar lento
que contemples el mundo
como único atributo
de una calma eufórica
y un carajo
yo hablo demasiado
con la premisa molesta
de pedir disculpas
a quemarropa
por lo demás
la intensidad es mayor
a 92 kilos de peso
a 92 kilómetros
a 92 algo
viejo
yo hablo demasiado
digo jarabe para tos que no existe
y no es fácil pensar el mundo en versos
andar gastándolo en un bar
de pobre muerte
yo hablo demasiado
y al hacerlo
voy donando sangre por las calles








bailar con tres negras
en el calor de la noche
sus pechos
nacidos para todas las manos
sacuden el mundo
sus polleras vivas
flamearán por siempre
en el corazón de los que vimos
las negras supieron
el veredicto de la carne
al arder sin remedio
traigo las manos llenas
de su cadencia
su perfume
su bramar de sibilas nocturnas
¿qué tendré que hacer
con el espejismo de sus caderas
y con la lección que no aprendí?
luego
su condición de látigo
fue apenas una marca
profunda
en la espalda










el cocinero y yo tuvimos que irnos
nos echaron de la cocina
en madryn
por un peso te dejan ver
60 segundos de ballena
eso si tenés suerte
con las ballenas
nunca se sabe

el cocinero
era sabio porque tenía vino

me dijo las cosas de siempre
pero el olvido
te moja la oreja

como final de todo
el desastre
la embriaguez pidiendo más
de nosotros

afuera
gente con manchas
en su remera









–no es la crisis
me asegura la vecina
–es la contradicción de ser joven
y tener muchos recuerdos
menos mal
estuve a punto de volarme la cabeza
después de hacer el amor
equivocadamente










el cielo se encapota y todo truena
bebo del vaso negro
hasta las últimas
consecuencias
hasta que se cansan las ventanas
entonces sueño lo que ocurre
en la otra orilla
de esta cabeza doliente
yo vi a Li Po bajar por el Limay
sucio de varios días de viaje
exento de varios días de olvido
con su sonrisa implacablemente ebria
con su viejo morral
de poeta gastado
esperaba
una muestra de cariño
Li Po
nunca lo sabremos
el crepúsculo nos sorprende así
despacio
y para siempre











el pájaro hace la plancha
y la gente del circo sabe
que es parte de la rutina
corre un viento terrible
alrededor de la carpa descosida
es domingo
bufa la boletería
no hay mujer barbuda a la siesta
comienza el número de fieras flacas
magos de gato en galera
con hambre
lo único hinchado es la carpa
cuando el viento la penetra











amanece y la calle eructa
los últimos borrachos

somos nosotros pero ya nos vamos

dejando menos
que antes


http://escritorespatagonicos.8m.com/poesia/tomas8.html









La palabra sanadora

Un buen día te das cuenta de que algo salió mal,
todo gira y se te mezclan los recuerdos,
borrascas invisibles como espuma en boca de monstruos
laceran lo que ves,
látigos gigantes como una cordillera, como una ética,
la afrenta de sonidos callados en una conciencia normal:
la demencia,
frondosa angustia que juega a prostituir sombras,
canalla de los días idos sin libido,
de la inmolación del amor, de perdonar y exigir
la tormenta

juventud divino temblor agendado para siempre,
transportado en peso álmico como ofrenda del dolor, como pieza del dolor
más ropa fina y perfume importado. Todo nos vence
y en los dientes
queda polvo;
lo vital
haciéndose palpable

y la tensión de saber y perderse,
de templar la cuerda con el cuello, agua,
agua vieja ya muerta o bebida en batea por vacunos infelices,
discúlpenme pero lo mío es más cierto,
déjenme discrepar con elegancia,
ya no más dieciséis años en campiñas provenzales
con Bataille gritando la soledad a su manera,
el color de los libros no es más el amarillo
desde que pasó la moda allá, cruzando el charco,
ahí, entre la hierba

entonces la palabra sanadora en la punta de los dedos,
una inyección de vida a pesar del artificio, de la protección en mecanismos,
de lo dado y lo hecho y guardado en figuras,
en vejez al salto, a la recuperación,
palabra parida bajo hielos nocturnos/ palabra guacha mendigando su forma/
divina palabra hecha de semen y madre
y ruinas

el premio: el peso en manos rotas sin piano,
sin guantes ni sábado en el Madison,
sin la torta con velas y un circuito de motos, siete, ocho años,
velas por vuelta de globo, por pecado,
a cómo está el kilo hoy, basta,
no hay espalda que aguante

incitado a nombrar la música,
hay cuerpos que danzan
y suben y bajan por hilos de luz;
la traición
una vez más
de lo que vimos. pero la vaca no, mi amigo,
ni del color necesario para existir,
retórica del escapismo y dispositivos para la locura al lado del vaso con agua,
la hermana no, que haga su vida,
basta de daño,
basta

nadie acude al estreno de tu risa:
hay ruido de llaves
que cierran o abren alguna razón;
no es horror
vacui de lo que vuelve para clavarnos puñales en el aire,
además por qué llueve cada vez que esto pasa:
silencio de caja de madera, grande,
del tamaño
de un hombre

¡a ver cuántos, cuántos…!
con esta vara medimos,
con esta vara delgada y exquisita
que se nos ríe como si tuviéramos el significado vencido,
hagan fila, pasen por favor,
welcome al non plus ultra,
chicos y grandes, confíen,
anímense y suban,
suban conmigo
y esperen…

“no pienso más en el dueño del vaso
no pienso más en el dueño del vaso”,
te cansaste de los corchos pero el ácido te llama desde cerca,
te preguntás por qué el fuego es efímero
por qué el fuego atrae alas,
vida y muerte y nuevamente vida, la ausencia de sol,
perplejidad a gritos apagados con agonía de silencio, con el deseo cadáver,
ese sí que es nunca y no pensar, no pensar,
no pensar…

¡ésta es la verdad! el tiempo,
lo vil de la voz y cenizas de lo que fuiste perdiendo.
porque nosotros ya no jugamos con tierra en el patio:
una lápida hecha de lágrimas secas, de flores bebidas como presagio
nos cierra el paso, el sonido en semicírculos
y la tierra cae encima,
acostados,
arriba el ruido vítreo de la tierra en la madera, la sentencia,
los cascabeles de la descomposición,

¿y si un buen día te das cuenta de que no podés parar?
¿y si todo no fuera más que una burla nocturna,
algo dejado ahí para que tropieces?
word suena a sword y repta un harakiri
a la altura del lenguaje,
la sal divina, la mar en coche,
¡Ambrosía!


temblores, por fin, justo ahí,
se derraman:

el tiempo,
una danza que no exige que te muevas















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