martes, 29 de noviembre de 2016

DOLORS LLUY [19.664]


Dolors Lluy

Nació en Ibiza y vive actualmente en Málaga, donde está integrada en: “ERÓSTICA” Show poético-musical. Junto a Teresa Torres, Susana Násera y María Carretero y en donde colabora habitualmente en los recitales que organizan: “Grupo 21” por diversos lugares de Málaga, María Angustias Moreno Barrios, “Micro-abierto” (Málaga). Ha publicado en algunas páginas y revistas digitales tales como: “Ser poema”, “Crepusculario” de José Sarria., “El barco de los naufragados”, “Azul de Mar “ de Pedro Javier Martín Pedrós e igualmente en las revistas de papel: “Zoque” (Málaga) y “El verbo desnudo” (Argentina). En 2014 ha publicado tres cuadernillos TECNOLOGÍA DEL DESAMOR, INSULA O LA MUERTE DE PENÉLOPE y CAFÉ NERUDA. Tiene un libro inédito: DORIAN y trabaja en dos nuevos proyectos: TURNO DE RÉPLICA y TERRA (título provisional). Ha participado en numerosos recitales: Ciclo “Eco poética” Organizado por la Asociación Cultural Más Libros libres” (Málaga. Alberto Medina, Ciclo “Plenilunio Siglo XXI” (Torremolinos) José Luis Ontos, Ciclo “Liceo de Málaga” (Málaga) Francisco Muñoz Soler., Ciclo “Encuentros con la cultura” (Torrox-Costa) Enrique Zattara, Ciclo “Damas de noche”. Organizado por el Ayuntamiento de Vélez-Málaga, Ciclo: “Poesía del Siglo XXI” (Varios lugares) María Ramos Organizadora de: “RecitArte” (12 eventos)



EL DERECHO

DEFIENDO mi derecho al dolor.
A sentir el bofetón de la realidad
cruzándome la cara.
A lucir las cicatrices del pasado
y a enumerarlas una por una
en perfecto orden cronológico.
Las conozco por su nombre
y apellidos, porque todas
fueron bautizadas.
Y si perdí fue con honor,
ante las filas enemigas,
y no sentada tras la mesa
de un despacho.
Defiendo mi derecho al dolor.
A rechazar los libros de autoayuda,
las palmaditas en la espalda,
y las recomendaciones innecesarias
de aquellos que en definitiva,
no predican con el ejemplo.
A llorar en una sola noche,
todas las lágrimas que me
corresponden anuales.
Y a no privarme de ni uno solo
de mis golpes de pecho.
Defiendo mi derecho al dolor.
Después, la obligación de levantarme.




36º 

Me recordarás
por los 36º que te calentaban
las duras noches de invierno.
Aunque entre mis piernas,
la temperatura siempre era
un poco más alta.
Me recordarás,
sé que me recordarás,
eso sí, más que por el fuego...
¡Por las brasas!




Cabo de Hornos

Sabes que nunca navego,
pero viajo al pairo de tus palabras.
Escucho atentamente,
cuando me cuentas
tus aventuras con tal vehemencia,
que empiezas a saberme a sal
y tus ojos se inundan de azul.
El lecho indica el punto exacto
donde convergen nuestros dos océanos.
A ese recóndito lugar,
por donde apenas cruzan los más valientes
y mueren los más temerarios.
Solo cuando doblemos el Cabo de Hornos,
después de aullar juntos sesenta veces
y veamos la silueta del león agazapado…
la campana picará anunciando victoria.



Los martes

Te dejas caer (de paso) sobre mi cuerpo, 
generalmente los martes, 
cuando nos encontramos por algún escenario 
o en cualquier esquina. 
Hasta pareciera que te alegra verme 
y yo me dejo engañar porque te quiero. 

Deberíamos dejar de coincidir, 
para empezar a concertarnos. 
No comprendes amor mío lo insoportable, 
que me resultan los miércoles.



Caos

Nos encontramos después 
de sobrevivir a nuestro propio ataque. 
Mis ojos se proyectaron en tu nuca 
con la intensidad de una bomba nuclear. 

Su onda expansiva recorrió tu espalda, 
la curva de los hombros, 
tus manos sujetando la cara 
¡¡Tus manos!! 
Esas manos que desataron mi pequeña muerte, 
hasta alcanzar el cataclismo final. 
Reacción en cadena de lo inevitable. 

Y ahora. A salvo en mi refugio, 
en el bunker de las palabras, 
solamente puedo defenderme, 
bombardeándote a poemas.




Inevitable

Existen cosas inevitables: 

Las cuatro fases lunares 
Que después de la primavera llega el otoño. 
La sirena del colegio que suena a las nueve. 
Que tras el relámpago se escuche el trueno. 
Contagiarse los bostezos. 
Cerrar los ojos cuando se da un beso. 

Y quererte. 

No es que sea fácil quererte. 
Es que es inevitable.




Mis lunares cayeron sobre tu cama

Mis lunares cayeron sobre tu cama 
como una lluvia de meteoritos. 
Lluvia moteada sobre tu atmósfera 
de lienzos rojos. 
Quedaron pegados en el dorso de tus manos, 
en tus labios, en tu sexo. 
Siguen ahí. 
Traslúcidos. Sobre tu piel.




Envolvemos los recuerdos

Envolvemos los recuerdos 
en papel de periódico. 
Lo más frágil en plástico de burbujas. 
Unos pocos muebles, ya viejos, 
cubiertos con mantas, igualmente viejas. 
Toda una vida cabe 
en una docena de cajas. 

En toda mudanza siempre 
se quiebra algo; 
un vaso, 
o la voz, 
en el momento de la despedida. 

En el fregadero se apilan los platos sucios 
y mis libros continúan en la estantería. 
Yo sigo aquí. 
Yo no me he ido, 
ni el trueno de la burbuja que explota.




Café Neruda

¿Qué culpa tendrá Neruda, 
que hayan abierto un café con su nombre? 

Me gustaba ese lugar 
algo destartalado igual que tú, 
pero acogedor como tu cuerpo. 
¿Adónde irán mis pasos ahora? 
¿En qué barra repiquetearán tus dedos? 

¿Qué culpa tendrá Neruda, 
que esté clausurado para nosotros? 
Tenemos prohibida la entrada 
para no despertar la memoria. 

¡¡Qué culpa tendrá Neruda 
que me sigan gustando sus versos, 
aunque su firma 
sea un disparo en la frente!!




Mientras tú sobrevolabas

Mientras tú sobrevolabas 
por encima de mi cabeza, 
como un pájaro de mal agüero, 
me escondí en el supermercado. 

Se agotó el tiempo en el reloj de arena 
mientras lleno el carro de la compra. 

El subconsciente me traiciona, 
y compro una barra más de pan 
porque se que te gusta, 
aunque se ponga dura, porque no te la comas.





He intentado dejar de escribir
poemas en negro,
y empezar a utilizar
el verde, el rosa y el azul.
Incluso usé 
el mismo pigmento pardo 
del color de tus ojos.
Pero todo... es una farsa
No es posible pintar el arco iris,
si previamente el amor no llueve.
Te pregunté
que deseabas hacer conmigo.
Tú respondiste que amar (me).
Yo, me confundí de color
tú, te equivocaste de verbo.







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