miércoles, 16 de noviembre de 2016

MARÍA DOLORES ALMEYDA [19.562]


María Dolores Almeyda 

(Sotiel Coronada-Huelva, 1948). Aunque nacida en 1948 no es mayor de edad. Le gusta viajar y las aventuras y la vida trepidante de las películas de acción. Pero lo vive todo a través de un medio sueño que tiene la facultad de parecer real, como en aquélla historia de ciencia ficción de la película "dias extraños". Es inconstante, un poco pendenciera, descreída, anclada en la financiación personal de los años sesenta. Aún no cree que se haya instaurado e impuesto una nueva moneda, y sigue llamando duros y pesetas a los euros y a los céntimos. Un día, de pronto, se sintió vieja y gorda, creyó que eso era producto de un mal sueño y dejó de dormir por unos dias. La constante de su vida, la escritura, no le deparó aún ninguna alegría porque sigue sin darse el crédito necesario para ello. cree que algún día sus hijos publicarán sus escritos, como en el gran guión de una novela fantástica y maravillosa. Se hará mayor cuando deje de soñar, así que dejemos que siga soñando. O mejor, despertémosla, para que ponga de una vez los pies en el suelo.

Ha publicado el libro «Versos Clandestinos», su primer poemario, en Nuño Editorial, (2010), y,  La casa como un árbol (Unaria Ediciones, 2013) y el libro de cuentos Algunos van a morir (2011), libro de relatos bajo el tema de la muerte, en el que nada es tétrico sino formalmente humano, natural o divertido, en Anakel Ediciones,  y en 2016 publica el poemario: "Instrucciones para cuando amanezca" (Anantes, 2016). 

Ha colaborado en diversas revistas y antologías poéticas, entre ellas algunas de esta misma editorial Unaria, como «Indignhadas» y «Erotizhadas», y los libros de relatos «Cosecha de verano» y «Cosecha de invierno». Le gustaría ser Gloria Fuertes, pero ya hubo una. También Alejandra Pizarnik, pero se encuentra con el mismo problema. Así que se conforma con ser ella misma. Sea como sea, es ella.



La mujer árbol

Recuerda, solo tus nudos
conocen la afonía de tu corteza.
Lola Crespo

Una mujer es como una casa cuajada de brazos
que le nacen desde su tronco al árbol,
donde los pájaros hacen habitaciones
y tejen sus ciudades las arañas.

La mujer es un árbol que crece por donde quiere el tiempo
y tiene las paredes sembradas de ventanas
desde las que con toda libertad salen y entran los deseos
para aprender a volar desde sus espejismos.

Alguna vez la casa se derrumba
cuando algún viento excitado la azota impetuoso
y entonces se organiza la mudanza
desde la casa al árbol,
desde el suelo a las ramas,
desde la rama al tronco.

Y se edifica nueva sobre el solar vacío.

Y la casa que estaba a punto de derrumbe
es un palacio nuevo
donde cabemos todos los espíritus.

Una mujer es como un árbol que tiene muchas casas
donde viven los seres deshabitados de los bosques,
y en sus ramas anudan los lazos que abrazan fantasías
y las hojas son las manos delicadas o rudas
que acarician la piel a las estatuas.

Una mujer es una multitud de mariposas
empeñadas en parecer orugas
y es un proyecto inacabado siempre
y el puzle que muchos no quieren resolver.

Una mujer es una solución para un problema.
Como un reloj de precisión encaja
toda la pieza menuda en su estructura
y el engranaje de sus firmes mecanismos
sostiene la maquinaria de su agenda
almacenando amores y proyectos
en el complejo computador de su memoria.

Hay mucho proyectil y mucha baba suelta
dispuestas a disuadir su trayectoria
con el vuelo rasante de la desesperanza.

Pero esta mujer es una casa enorme
cuajada de puertas y ventanas
por donde entra la brisa y sale la desgana.


Una mujer

Una mujer se sienta ante el teclado
y la blanca pantalla teñida de grises azulados
la mira como si hubiese aparecido la musaraña.

     (Es uno de esos días de febrero tan díscolos
     que se presentan siempre en vísperas de todo
     y expone su alfombra de un ocre mortecino
     y tapiza el suelo de crujidos.
     Es uno de esos días en que la lluvia cae rauda
     y se detiene en seco
     y organiza un ruido de abalorios y cristales rotos
     en su choque sesgado sobre la piel
     austera de los adoquines)

Mas sus ojos nublados de muchacha mayor, trasnochada
y caduca, le devuelve una mirada de libélula.

La mujer mira a través de la ventana de papel
abierta entre ella y su café marrón ligeramente amargo.

Quiere saber qué nueva barbaridad
ha cometido alguien en el mundo,
pero se queda detenida sin atreverse a más
ante los marrulleros titulares deportivos.

Y la mujer retorna la vista ante el teclado
y febrero se enoja porque no le hace caso,

y mira distraída a la pantalla infiel y travestida
que le niega los signos, se coloca las gafas
y se chasca los dedos y pulsa otro resorte
y solo le aparecen garabatos.

Se limpia de asombros la mirada
y se cruza de brazos y parece vencida.

(En el lenguaje de signos ocultos en las teclas,
ellas se dicen pasando de una a otra la consigna:

     «guárdense de la vista, señoritas,
     que ya ha llegado ésta,
     la miope con las gafas como culos del revés,
     la que solo sabe encontrar tres pies al gato,
     ésta que siempre se las da de lista
     y que se pasa el día criticando,
     ésta que nos machaca con su rabia confusa,
     equivocada y torpe.
     Guárdense porque ha llegado ella
     y nos está buscando».)



Acuerdo para dos

Nos pusimos de acuerdo para escribir un nombre,
y mientras tú escribes el mío cien veces con tu letra de hombre, precisa y clara,
sesgada y contundente, -combinación perfecta de gesto y armonía-,
yo voy pintando signos que se leen sin orden, sin concierto, atropelladas…

…Palabras, disimulos, rencor, tarjetas de visita, mercado común,
Nixon, Biafra, Pakistan, conquistas espaciales, hambre, sed,
desequilibrio, miedo.
Política, evolución, revaluación de precios, nueva generación.
Operaciones, cambios, garantías, reclamaciones, recursos,
apelaciones, ruegos.
Consejo de guerra (Burgos), política de ficción, carreras contra reloj,
literatura, drogas, dispersión, robos de coches, secuestro de una niña,
de un cónsul, de un avión…
Pliegos fiscales, funcionarios públicos,
ministros, banqueros, joyeros, presidentes… huellas dactilares,
Números, cifras, candidatos al reino,
premoniciones, supersticiones, hinchas hinchados, sombras sombrías,
dilemas diluidos, diluvios y sequías,
pobreza, desnutrición, vacío… Un coche vuela por los aires
(milagro inapelable de técnica chapucera que nos mete el corazón en un embudo
sin rendijas ni puertas ni resquicios por donde pueda escaparse el miedo
o hallar una salida…

¡Ay!… Platero se ha quedado rezagado en el tiempo
y tú escribes mi nombre habiendo tantas cosas que escribir…

(Cuarenta años más tarde solo han cambiado nombres, etiquetas…)



LOS VALLES AMENOS

Se acurrucaba el bosque
encantador de silencios y de hormigas
y el río se deslizaba por corrientes
de ida sin retorno posible hacia la vida,
y el aire se enredaba en un infatigable
juego de arrítmicos acordes.

Aquella era la paz tantas veces soñada
idealizada en todos sus extremos, ajena a las miradas,
quimérica, ficticia, inescrutable.
Aquélla era la paz inverosímil de los muertos.

Lo idílico sin falsas apariencias,
bucólico y perfecto sin mieles que empalagan,
lo más grato, apacible y delicado
que pueda disfrutar un alma humana.
Y entre los altos sauces que rozaban el cielo
dos guirnaldas esbeltas sostienen el trapecio
con el que mueves el aire, feliz y alborozada.

En un lugar del tiempo en el que nada existe,
donde la no presencia es solo una vaga sensación de frío,
estábamos las dos mirándonos de frente
sin miedo a los agravios, caladas de rocío,
estrenando en el tiempo las más viejas miradas
por el campo invisible de estos valles amenos.

En este confín de tierra enamorada al que llegaste ayer muerta de miedo
te ruego me reserves un lugar y una silla
sostenida con dos guirnaldas desde el cielo.
Pues yo quiero morir
si es así ese lugar al que vamos de muertos
y si tú estás allí
Y me esperas paseando los sueños por el aire, con los brazos abiertos.



Las cuentas de la memoria

Me quedan algunas cartas que escribir
y hacer algunas confesiones que retuve por miedo
o avaricia de no dar estando a tiempo.

Puede ser que solicite algún perdón, que espere una disculpa
o que haga alguna que otra aclaración
Para dejar todas mis cuentas claras.

A mí tal vez me tengan que justificar algún olvido,
razonarme los motivos de todos los silencios
o seguir con prudencia silenciando el descuido, la omisión.

Pero todo cuanto deben lo borré de mis libros
Y no queda constancia de la deuda.
Que nadie tenga prisa por devolver los besos,
Por llenar el vacío que se adivina eterno
Por llamar a mi puerta
Y sentarse conmigo a proyectar el tiempo
Y tomarme las manos
Y platicar del día infinitamente lento que se aleja…



Sangre en el tintero

Hay una tinta especial que casi nadie utiliza
para escribir poemas. Es decir: no la utiliza nadie.
Se llama sangre.
Hay que escribir con la sangre del otro y con la propia,
y denunciar la muerte de millones de niños,
y decirle al papa que no venga a Madrid,
que mejor se vaya al cuerno (de África)
y sepa lo que duele el hambre y la pobreza.
Hay que escribir con sangre y derramar las tripas
sobre el papel fecundo, y sacudir la conciencia
que se duerme la siesta cada tarde.
No hay que evitarle nada a la vergüenza,
No solo hay que escribir con lágrimas de sangre .
No solo hay que sufrir por el dolor
de los que no conocen otra vida:
Hay que escribir con la sangre de todos
y con la sangre propia.
Hay que escribir por dolor o no escribir poemas
si no somos capaces de saber lo que pasa
y aprendernos la letra de las causas perdidas.
Hay que hacer terrorismo del poema
a ver si alguien aprende a utilizar la pluma
con recursos de guerra.
Hay que sacrificar la paz y hay que manchar papeles
con la sangre que sale del tintero
igual que del fusil salen las balas.



SITIO PARA DORMIR

Algunas veces, no sé qué me sucede,
veo luces que brillan en el techo
y me limpio los ojos pensando que son ellos
los que disparan bengalas de colores,
flechas envenenadas y algunos malos cuentos
incitan a mis fantasmas para que no me duerma.

Mi conciencia está en calma.
No sé qué me reprochan mis adentros.

La noche se me acaba
y la noche es el sitio en el que duermo.

Y dónde duermen ellos, mis fantasmas,
mis niños escuálidos y hambrientos,
esos que comen barro y succionan su carne
y viven de sus mocos y sus sueños…

Algunas veces no consigo dormir,
no sé qué me sucede,
no sé por qué esto mismo no le sucede a dios
y porqué tampoco nunca les pasa a Ellos.

Será que dios no duerme
mientras Ellos tienen la conciencia dormida
y eso quizás lo explica todo.



Estoy muriendo a solas

Estoy muriendo a solas
como deben morir los elefantes viejos.
Pastando en los establos cuando la luz devora
los pastizales yertos
esperando por si tal vez alguna aurora
se me queda mirando
a ver cómo me muero.
Estoy cantando una canción a solas.
Sin estribillo, sin letra, sin acompañamiento.
A solas quiere decir a solas.
Corto y cierro.



Porque te bebes mi sed y ni me entero

Porque te bebes mi sed y ni me entero
y eres mi destierro y la ensenada donde
entierro mi lengua, mi legión de hombres 
muertos, mi barca sin timón y destrozada.
Porque eres mi libertad y mi mordaza
y el himno que aprendí y la canción que olvido
y el pan que nunca sacia mi apetito
y la noche que nunca llega a mi mañana.
Porque eres mi único testigo y yo te niego
y la única esperanza y te abandono.
Porque eres mi dolor y me quedo contigo.
Porque estás y no estás y te mato y me muero.



En ausencia de mi

En ausencia de mí quiero que cuides mis cosas,
que riegues mi jardín y renueves la tierra a los geranios;
que le llenes el bebedero al gato
y me saques a pasear un rato 
hasta donde le alcance a mi flaqueza.
Envíales tarjetas por sus cumpleaños
a las niñas de Carmen la maestra
-que sabemos cómo le gustan los detalles-
y procura tener limpios de rastrojos y malezas
aquél lugar del monte a dónde acudo
cuando quiero estar sola y estoy triste
-habrás observado que al volver
ya no me queda ni rastro de tristeza-.

Por navidades haced lo que os plazca
y si escuchas que digo alguna impertinencia
me despides de todos y me acuestas.
-Santas pascuas-

En ausencia de mí quiero que vayas libre y sin agobios,
no quiero que te sientas obligado
a que te duela mi falta de presencia;
quiero que alguna vez me describas lo que haces y me cuentes
aunque no escuche nada y no comprenda. Yo te contestaré
desde un lugar al que no he regresado definitivamente.

Y después de mi ausencia, cuando todo se haya consumado
vacíame a la sombra del naranjo
donde me siento a veces a leer poesía
y no te apenes nunca al recordarme. 

Quiero decir no te entristezcas
cuando en ausencia de mí remuevas el estiércol,
riegues la tierra alrededor del árbol y me mantengas viva
junto al tronco.



Para que no me duela todo

Cuando me duele algo
 de lo que a veces duele a nuestro cuerpo
solo me duele la mitad que es mía:
Mi medio corazón, mi media alma.

(Solo tengo mitades porque la otra mitad es toda tuya)

Vivo mi media vida y duermo medio sueño
y quiero la mitad de lo que puedo
y sin embargo quiero el doble
de lo que  tú me amas o imaginas.

Sufro mis medias noches solitarias,
hundo medio dolor en la almohada
y muero la mitad de lo que mueren todos.
Mi risa se fracciona en dos mitades
y mi felicidad dura tan poco
como la media luna en madrugada.

Todo lo sufro a medias
 y  disfruto mi mitad sin acomodo.
Me ajusto a la mitad de los relojes
y duermo la mitad del sueño cada noche.
El resto lo sueñas tú o te lo inventas.

Tu eres mi otra mitad,
la mitad de mi vida y casi toda mi muerte y mi cansancio.

Tengo que asegurarme cada día de que no seas mi todo
para que no me duela todo,
todo el tiempo.



Eres Azul

Para HaDDaSS
La Piedra ingrávida y azul que sostiene este cuento que nos une


Eres Azul,
Como la luz
Que cuando ya no es luz
Es un trazo carmín teñido de violeta.
Y eres Cristal
Más transparente aún
Que el agua quieta
Del lago que retiene los colores,
Los silencios y los sueños, cuando sueñas.
Y eres Carmín
Más rojo que el color de la amapola
Cuando se estalla en flor de primavera
Y se alborota en pétalos rubores…
…Y eres Marrón.
En la opaca claridad de tu color oscuro
No se reflejan temores ni misterios
Sino clarividencias absolutas.
Por eso, más que luz y sortilegios, más que rojo carmín,
Cristales o amapolas,
Eres el libro de las adivinanzas
En donde no me encuentro soluciones
Y en donde no respiro tus silencios…
…Por eso no me encuentro definida
Cuando recreo tu imagen en mis sueños
Y te presiento a oscuras en mi almohada,
Y cuando, sin rezar, oigo mis rezos…



Lecciones para volar

Para volar, primero, sácate las alas.
Prometo reinventarme cuando vuelva.
Devolverle a la mañana sus olores
y sonrojar las mejillas de las flores
con los piropos que le escriben los poetas.
Aprenderé a volar sin las alas del tiempo
y tatuaré los perfiles de las nubes
sobre la arena gris de alguna playa
cuando todo se haya consumado.
Seré cual mariposa aprendiendo a volar
después de ser oruga, seré quien te amará
cuando vuelva el amor y conozca el dolor,
después de ser amor y ser olvido.



De "Fórmula para aceptar el tiempo"

Mi cuerpo se adaptó al molde de la silla.
O acaso fue la silla quien se acopló a mi espalda
y le dio a sus mástiles la forma de mis ramas retorcidas,
a su sitial la redondez hirsuta y meridiana
de mi flaco intelecto, de mi achacosa carne avejentada.
No hay fórmulas para aceptar el tiempo.
O te adaptas o el tiempo te adopta como suyo.
O cambias de estrategia o la silla te traga.

Desmejorada espalda, tan vigorosa antes,
desmejorada vida, tan dependiente ya,
tan adaptada…




De "Para buscarnos"

No cabe en nuestra mente el fraude ni el engaño.
Sólo podemos vernos si cerramos los ojos
y entonces es nítida la forma de nuestras siluetas
pues todo lo que somos lo hemos diseñado
con cinceles de espuma,
y es que quizás todo en la vida tan sólo sea la duda,
y la única incógnita
sea reinventarse un poco cada día,
redescubrirse siempre
y en el último instante mirarse en el espejo
descifrando el misterio con asombro.




De "Para guardar el tiempo"

Pero el tiempo se escapa también tras el ocaso.
Cuando el sol se ha escondido entre los pinos
la mirada que me retiene aquí desaparece.
Y vuelvo a ser peregrino de ida y de vuelta.
Y el tiempo se convierte una vez más en el pez
que se me escurre de nuevo entre las manos.
Y es un nombre sobre el poste y una foto amarilla
y unos rostros que ya no pueden ser
aquellos del retrato.







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