sábado, 12 de noviembre de 2016

PILAR ARANDA [19.527]


Pilar Aranda López

Nacida el 3 de marzo de 1947 su afición por la poesía le viene desde muy temprana edad. 

Ha publicado diferentes libros de poesía y en la actualidad es coordinadora de la Revista de Creación Literaria "Oleaje", elaborada por la Tertulia Literaria “Buero Vallejo”.



El tiempo aquel

Aquellas calles anchas, el coro de pájaros;
los árboles gigantes, la luna troceada
detrás de las esquinas; los pasos de la noche
en la voz de mi madre. La claridad del día...
El tiempo estaba quieto, atento a la inocencia,
se deshizo de todo, nada tenía precio.
Ahora baja por calles, cada vez más estrechas,
a algún lugar, sabiendo que le sigo los pasos.



Ahora

Por las calles estrechas de altas estructuras,
los pájaros se cuelan, quedan saltos de hierba;
hay balcones abiertos con cestillos de flores;
la luz se cuaja a tientas si el sol no se incorpora.
Apuesto a cada invierno a que llego primero.
Me vuelvo generosa por un poco de escarcha.
No dejo a las heridas un camino de vuelta,
Mi boca se mantiene ávida de cerezas.
Cuando llego a la lluvia me recibe temblando,
y aun me busca el amor, se apresura la risa.
De este tanto que tengo no dejaré ni un poco
por más que se me pida por más que se me ofrezca.



La memoria

La vida solo tiene
un camino de vuelta:
la Memoria.
Después que pase el tiempo,
muchos años,
que bueno sería
que tu memoria y la mía
coincidieran
alguna que otra vez,
en el mismo lugar ,el mismo día,
a la misma hora.


EL ESTANQUE

El tiempo no consigue 
borrarse de aquel
estanque.
Ahora el hueco de la piedra 
está vacío, pero entonces 
rebosaba de agua.
Ensordecía la lluvia al caer
a golpes. 
Las gotas, de cien en cien,
como en una cantera de locos.


SIN TÍTULO

Donde había dolor huracanado
ha encallado el tiempo. Ahora
la pena es un lago en paz.
De día,
en el agua de triste azul
descansan pesadas montañas.


DESPEDIDA 

Aquella hora última quedó
como un sudario en mi boca,
la imagen (disfrazada) de sus labios,
los míos tan dolidos
de tan amargos besos.


DESCANSO DEL PENITENTE

(Procesión de Viernes Santo)

Como uno más, 
él va detrás igual que un vacío,
un asterisco sin mensaje,
su pecho es un lago soltando azufre,
bajo los pies le estallan lágrimas secas.
La noche está cayendo
con olor a azul marino.
Su boca es nido de sabor amargo.
En el descanso
del peso de la Cruz sobre la carne,
levanta la cabeza, en una esquina,
locuaz, una mirada irresistible,
una vela en la mano, como una rosa frágil
que ardiera después que le cortaran las espinas.
Han callado los tambores.
El desnuda sus oídos, 
va buscando la voz de los ausentes.
La reconoce
llamando a tierra en mares amarillos,
sin saber que el cielo de la noche es una trampa.
Y cuando la campana levanta el trono,
hierve de nuevo la luz de la cera,
y a compás se avanza, con música dolida,
él se queda. 
El corazón le encorva viendo
que la fe pierde a su imagen,
igual que a un barco entrando en alta mar
con la frente alzada y sin cabos de esperanza.



SIN TÍTULO

Inmensa luna, hambrienta y fría
la de esta noche,
mirando fijamente al mar.
Y el mar hipnotizado.
.
Reconozco este momento,
esta mirada 
que a mí una noche
también me cayó entera,
y vivo desde entonces 
en un lugar y un tiempo 
equivocado.

Tengo que darme prisa.
He de avisar al mar,
no sabe lo que está pasando.


INSPIRACIÓN

(Para mis amigos que hoy tienen asuntos importantes)
El pájaro invisible 
aplaude con sus alas 
en el borde de la pila cuadrada, 
'se ha dado el día "


LA TERRAZA

(A Miguel Llanos)

Muestra el mismo abandono
que una vieja estación de tren clausurada,
el oscuro escenario
de mil años atrás, si los tuviera.
Sospecho
de algún libro arrinconado dentro,
páginas rotas,
vuelo de palabras sueltas, sin registro,
en torno a una luz ilusoria, de pasillo.
No sería extraño
que perdure algún olor en el espacio,
como vino que ha entrado en la madera.
Es la misma, lo sé,
la que veía entonces y veo ahora,
pero aseguro,
definitivamente, en ella
ha callado la música.
Esquinada, en lo alto,
en el vacío,
tristemente oscura, la terraza.



Las uvas amarillas, de Pilar Aranda
                                        


Las uvas amarillas, de Pilar Aranda.
Un luminoso y maduro racimo de poesía verdadera.

La poesía debería ser un punto de apoyo no una mano que te empuje al precipicio.

La poesía no es solo una cuestión de rima, musicalidad, estructura, elección del tema, del título del poema o la precisión en escoger la palabra exacta, la metáfora más afortunada y el fondo que vaya paralelo con la forma y sirva de ropaje para lo que se dice.

La poesía es, también, un estado mental, una postura espiritual y una conexión con la formación intelectual del poeta. La poesía es, sobre todo, una sed y una sequía de adjetivos.
         
Las uvas amarillas (Editorial Corona del Sur, 2016), de Pilar Aranda, es mucho más que un punto de apoyo. Es un libro que te abraza, que te protege, que es madre y padre a la vez, un libro juicioso, abierto, espléndido como una fruta llena de sabor, que alimenta al espíritu y sacia tu sed de buena poesía. Es, también, el primer libro que publica la poeta, que no quiere decir que sea lo primero que escribe. Aranda es una poeta de siempre.

Las uvas amarillas lleva citas de Sábato, Gamoneda y Auden que van ilustradas con tres preciosos y delicados dibujos de la artista Regina Maillo. Dividido en tres partes, la primera, Fragmentos, es un tapiz sin acabar donde el mundo aparece en invierno, con el mar, los tejados rojos, el sol. Es un espacio abierto con dos caminos que se bifurcan: el de la razón, con poemas como “Descenso” o “La vida a veces”, y el del corazón, que es el más ancho y transitado, con poemas  como “Los tejados negros” o “El estanque”. Abre esta primera parte “Conversaciones con el mar”, un 28 de octubre, que más que una conversacion es un soliloquio “de fin de temporada”: “Tú y yo sabemos / que está al caer noviembre”. A uno le gusta, por su brevedad, esta preciosa cancioncilla que bien podría ser de algun poeta anónimo del XIV o de Alberti (que a su vez imitó el estilo de los poetas “populares”).


Qué tiene hoy el arroyo
que no quiere mirarme.
Le canto
y apenas me salpica.
¡Qué le contaste anoche
después que me marchara!

La segunda, que da nombre al libro, es la sección más uniforme y temática, el corazón del texto, con poemas narrativos y con “argumento”, escasos en imágenes huecas o metáforas “que no se puedan explicar”. Poemas “humanos”, poemas vividos, con un ramalazo social, de sabor a cotidianidad, cálidamente fríos. Poemas para leer, sentir y meditar. “Nosotras” y “Rosa, ama de casa, 53 años”, (título que a uno le recuerda a Hierro o a Otero o a Celaya), son dos muestras del alto nivel de la poesía de Pilar Aranda.

Cierra el libro “Canto del agua” que contiene seis poemas de temática familiar algunos dedicados “Al pequeño Félix”, “A mi madre”, “A Félix” y “A Carla”. Si el libro comienza con un monólogo con el mar termina con un “Inmenso abrazo. (Al viejo árbol de nuestra casa”).

Y quedamos así, árbol y alma,
con mi mejilla hundida en tu madera.
Yo desnuda de tiempo, de memoria,
me cobijé en tu templo,
tú me ofreciste la savia de la vida.
       !Qué inmenso abrazo!
Se desprendieron solos mis alambres,
encontraron raíces mis quejidos. El aire
me devolvió el aliento.
El sol detrás, retenía las horas.
        Y mirando Dios,
        llenó mis ojos,
        y nos cubrió  de lluvia.
  

Anatole France decía que una obra de arte nunca se acaba, que está siempre creciendo y en movimiento, con una dinámica creadora y reflexiva. Ante la imposibilidad de terminarla y hacerla perfecta se la deja aunque a los ojos del creador todavía esté necesitada de su protección. Abandonada, llega a otros ojos, a otras manos, a otro corazón y estos la acogen y la hacen suya. Y, a su manera, la vuelven a adaptar a sus necesidades, a sus deseos, a sus esperanzas, a sus miedos y a sus sombras. Pero la obra sigue creciendo en ellos y, aunque sea la misma que salió del corazón del escritor, ya no es la misma.

Así es Las uvas amarillas, un libro meditado, que derrocha sentido común, paz, alegría. Un libro que se nos entrega para que su mensaje siga creciendo en nosotros y lo hagamos nuestro y así que perdure. Un libro que llega justo a tiempo, reposado, hecho sin prisas y con mano artesana y corazón de poeta, con sabor a vino y a tiempo de cosecha Un libro como un luminoso, dorado, y maduro racimo de uvas amarillas.
Publicado por H. Barrero 




LES HABLO

Les hablo de un tiempo inconcluso,
en retaguardia,
adiestrado, nocturno,
que asalta y atiza la misma bofetada
que a un niño
que no sabe y le preguntan.
Les hablo de una luz aparente, en retroceso,
que sigo confiada como un cordero,
y en el lugar exacto de la farsa
me abandona.
Reconozco esa tierra
que me fuerza y desnuda, ojos
anónimos en troncos gigantes,
avergonzados al verme.
Luego todo se esfuma en un bosque de niebla,
y otra vez de vuelta, completamente sola,
una lágrima.
Les hablo de un dolor añejo,
de una pregunta, ¿dónde fueron
los que apuntalaron en un lugar del alma?








LA VIDA A VECES

No sé que tiene el sol esta mañana.
No sé,
porque no pasa.
Tampoco escucho el mar,
está tan quieto...
          ¡...Aire!
¡No es lo que quiero!
Duele un miedo huérfano,
atrincherado bajo mis párpados.
Se me va el corazón y me regresa
arrepentido, golpeando la puerta.
A veces,
después del sueño,
¡Cuánto le cuesta arrancar a la vida!




ALGUNAS COSAS

(Esperando a África)

ALGO me hace creer que al hombre aquel
tantas horas sentado en la roca,
con el anzuelo dentro del mar,
le está convenciendo la víctima.

ALGO me hace creer que Hoy
el sol se irá de aquí
sin dejar una sombra de duda.

Que en brazos del Dragón
querrán dormir los niños esta Noche.

             Hay signos en el corazón
             que te hacen creer
             algunas cosas.





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