viernes, 11 de noviembre de 2016

MARÍA BALBINA DE LA FLECHA [19.526]


María Balbina de la Flecha

Almendralejo (Badajoz), 1832-1915.


Doce años de diferencia distancian a María Balbina de la Flecha (1832-1915) de Carolina Coronado. El día 31 de marzo de 1832 nacía la paisana de la célebre escritora en Almendralejo. Era nieta de un fino platero del XVIII bajo extremeño, Juan de la Flecha, discípulo de Álvarez Lajas, quien, por cierto, intervino en ciertas restauraciones de piezas de plata en la parroquia de Almendralejo en colaboración con los ascendientes y parientes maternos de Carolina Coronado, los Peralta.  

Según Díaz y Pérez, Balbina obtuvo muy joven el título de maestra elemental y anduvo unos años ejerciendo su profesión en Badajoz, un hecho que no hemos podido documentar56. Tuvo al menos tres hermanos: María Pascasia (1830), Mateo Francisco y Atanasia (1838).

Casó en Almendralejo el 22 de febrero de 1855 con José Francisco Mejía, labrador, natural de La Calera, y vecino de Puebla de Pallares. Nos consta que en 1879 María Balbina de la Flecha regentaba una escuela privada de niñas en su pueblo, una de las cinco existentes, que, al parecer, funcionaban con gran aprovechamiento, pues en 1886 el gobernador remitió una carta a todas las maestras felicitándolas por el exitoso resultado que sus alumnas habían obtenido en los exámenes.


Aunque Nicolás Díaz y Pérez y Ramón de la Huerta mencionan colaboraciones de Flecha en otros periódicos de la provincia de Badajoz
60, sólo he alcanzado el que editó en El Sur de Extremadura de Llerena (sólo uno “A María” el 20 de julio de 1979) y en La Revista de Almendralejo, la empresa editorial de Ricardo Romero y Massa, primo de Carolina Coronado. De manera ocasional entregó algunos poemas a la conocida revista madrileña, de tan larga vida, El Correo de la Moda (1851-1893), que dirigió Ángela Grassi entre 1867 y 1883 y en una segunda época Joaquina García Balmaseda, hasta su muerte y con ella el cierre de la revista en 1893. Se cita también a Balbina de la Flecha como colaboradora en la publicación malagueña El Amigo del Hogar, que fundó y del que era propietaria la prolífica extremeña Ana María Solo de Zaldívar y que en 1895 dirigía María Ducha, un hecho que no hemos podido verificar.

En la Revista de Almendralejo Balbina de la Flecha compartió la sección literaria con un conjunto de voces femeninas que, de cuando en cuando, editaron en el periódico. Es bien sabido que Carolina Coronado publicó en la revista su novela Harnina que (ignoramos las razones) no finalizó y es igualmente sabido que a ella entregó tres poemas el año de 1884: “A Emilio Castelar. El Fantasma Rojo” (3-II-1884), “Vaticinios” dedicada a su primo Ricardo Romero Massa (21-XII-1884) y “Carta a Pedro”, encaminada a un hermano de Ricardo y por tanto primo también de la Coronado, Pedro Romero Massa (21-XII-1884), en la que recordaba la estancia en Sevilla junto a él, niño, en 1847. Pero además de Carolina, hallamos en la Revista de Almendralejo a su hija, Matilde Perry Coronado (“Luz”), a Faustina Sáenz de Melgar y a Carmen Solana de Gazul.

Una buena parte de las composiciones de María Balbina de la Flecha son de asunto religioso o vienen motivadas por acontecimientos destacados en Almendralejo, poemas de ocasión, de mera circunstancia, balbuceos faltos de aciertos literarios que deban destacarse. Junto a los temas locales no escasean las “Charadas”, que salpicaban la prensa de finales del XIX como entretenimiento entre los suscriptores, acertijos poéticos que en nuestro caso tienen como objeto distintas ciudades de la geografía universal. Los poemas editados en la Revista de Almendralejo son: “En las márgenes del Vístula potente” (5-I-1879); “Al nuevo año” (“Ano setenta y nueve te saludo”, 12-I-1879), “A la Revista” (“Paso a paso la Revista”, 19-I-1879); “¡Oh, Ebro! que naciendo allá en Reinosa” (26-I-1879); “A la madre del Redentor” (“Salve, salve, divina Madre…”, 2-III-1879); “A la memoria de mi querida sobrina Ana de Campomanes” (“Oh candorosa paloma…”, 23-III-1879); “Discurso pronunciado en el acto de la visita de inspección por la niña Balbina Álvarez de la Flecha, de seis años de edad, y compuesto por su profesora” (“Salud, mis dignos señores”, 6-IV-1879); “Al Creador” (¡Oh Padre Omnipotente, Eterno e Increado!, 20-IV-1879); “Dos de mayo” (“Cuando Francia inhumana a sus reyes”, 18-V-1879); “¡Oh Betis undoso que el sur de la España…” (8-VI-1879); “¡Oh reina de los mares, bella Tiro…!” (22-VI-1879); “Una humilde aficionada” (28-IX-1879); “En la conmemoración de los difuntos” (“De gran congoja el corazón henchido”, 2-XI-1879); “En el Nacimiento de Jesús” (“¡Oh Belén de Judá, patria insigne!”, 28-XII-1879); “A mi querida ciudad de Almendralejo” (“Perdona, ¡oh patria mía!, si a ti mi voz dirijo”, 15-VIII-1880); “Pensamiento” (“Goza el que es virtuoso”, 15-V-1881); “Al Omnipotente” (“¡Oh Ser inmenso que los mundos riges”, 15-V-1881); “A la fe divina” (“Hermoso rayo que el eterno envía”, 2-X-1881); “En el día de la inauguración del templo después de su recomposición por donativo de Don Fernando Villalobos y Rivera” (“¿Por qué corres así, pueblo querido...?”, 2-VII-1882); “En la Resurrección de Jesús” (“¿Por qué de gozo el corazón henchido…?, 20-IV-1884).

Balbina de la Flecha murió en Almendralejo, en la calle Harnina, a la edad de ochenta y tres años, el 4 de julio de 191562, y allí reposa, en el Cementerio Municipal de la ciudad, junto a su marido, José Francisco Mejía, que fallecía el 17 de febrero de 1917.

Poetas extremeñas del siglo XIX
CARMEN FERNÁNDEZ-DAZA ÁLVAREZ
Centro Universitario Santa Ana
Almendralejo.







María Balbina de la Flecha


LA REVISTA

Paso, paso a la Revista
fundada en Almendralejo
que con sus claros reflejos
ya los afectos conquista;

y que con gran valentía
enarbola sus pendones
ganando en otras naciones
suscripciones cada día.

¡Loores y glorias a quien
el pensamiento iniciando
y a Gutemberg secundando
nos trajo tan grato bien!

Ciudadanos, a porfía
vuestro óbolo ofreced
y la virtud y el saber
haced que triunfen un día.

En sus páginas rientes
derramad con grande tino
ese destello divino
que germina en vuestra frente;

esa llama celestial
que del Eterno emanando
cual mágica luz brillando
ahuyenta la oscuridad;

ese tan sublime don
que sólo el hombre obtuviera
y por el cual mereciera
ser el rey de la creación.

Elevad la ciudad digna
do vuestra cuna mecieran,
y que ya célebre hicieran
Espronceda y Carolina.


[Almendralejo, 1879]




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