jueves, 17 de noviembre de 2016

CARLOS CASTRO RINCÓN [19.572]


Carlos Castro Rincón 

(Venezuela, 1984), es licenciado en Letras por la Universidad Central de Venezuela (UCV). Magíster en Escritura Creativa por la Universidad de Sevilla. En 2007 ganó el primer lugar en el IX Festival Literario de la UCV, mención Cuento Breve. Ganador del X Concurso de Autores Inéditos de Monte Ávila Editores Latinoamericana (2012), mención Narrativa, con el libro Objetos perdidos. Fue editor de textos periodísticos en el diario Correo del Orinoco (Venezuela), y actualmente colabora, freelance, para su suplemento LArtillería en la partes de Cine y Rock. Fue librero en la Librería Liberarte, en Los Chaguaramos (Caracas). Formó parte de la generación 2008-2009 del Taller de Narrativa impartido por Carlos Noguera en Monte Ávila, y en Sevilla participó en un curso de relatos en Taller de Palabras (2011). Fue auxiliar docente de Metodología de la Investigación Literaria en la Escuela de Letras de la UCV. Es voluntario del Programa Diver del Hospital Universitario Virgen Macarena de Sevilla (Pediatría), del Departamento de Participación Ciudadana. En 2012 impartió el I Curso de Verano “Escritura Creativa y Discapacidad”, coordinado por el Servicio de Asistencia a la Comunidad Universitaria (SACU) de la Universidad de Sevilla. Ha colaborado en las revistas Letralia, OJO Cultura universitaria y Las Malas Juntas. Es becario en rd editores.

En 2012 resultó ganador del Concurso para Obras de Autores Inéditos, auspiciado por Monte Ávila Editores Latinoamericana, con el libro Objetos perdidos. Imparte talleres de Narrativa, Poesía y Lectura en el espacio de formación cultural Casa Tomada (Sevilla). Paradero transparente resultó finalista del Premio Loewe a la Creación Joven (2014).




Del poemario Paradero transparente, palimpsesto 2.0, 2016.


Los charcos

Los charcos tienen la última palabra.
Reflejarán lo que quieran.
Nuestra mirada es lo de menos.
Aunque las pisemos y tiemblen las imágenes, se juntarán de nuevo.
Como si nunca hubiera existido la pisada.
Porque fuimos apenas una breve confusión en el agua sucia de la calle.



Si un hombre entiende un poema, tendrá dificultades.
Mark Strad

Poema: un objeto que es un evento.
Una lluvia invisible atravesada
por carreteras secundarias.
Y cientos de cielos emplumados que saludan
a una solitaria golondrina abovedada.
O
un frágil puente improvisado tendido sobre el vacío.

La noche no se involucra.
No destruye mi soledad.

La madrugada se arrastra en los espejos
como un autorretrato queriendo ser él mismo
sin mí.

Palabras claustrofóbicas atrapadas en la garganta
que son talones que muerden serpientes.



Trashumancia 

Suena una música granulada de cabeza rascándose
por, digamos, Ennio Morricone
El tiempo está aquí. El espacio es ahora.

A escribe unas palabras (que, por azar, se publicarán: en una obra inconclusa y sin conclusión) y luego desaparece. Una noche, también por azar, B lee el libro de A (acaso algunas de esas palabras le comunican algo inusitado, estremecedor) y después se le pierde, no se sabe muy bien cómo. Pasan unas horas (o unos días, o unos meses, qué importa ya) y lo que queda de esa lectura se desvanece completamente de la memoria de B, quien, al cabo
de unos años, se muere.

Eso es todo.

Fin de la música



Anatomía de una pizza

Todas esas voces que zumban en tu cabeza, poeta,
     no son ancestros
     ni musas.
Tampoco son las fuerzas secretas de la historia universal o de la condición humana
                         especialmente depositándose en ti.
Mucho menos son las demandas de la República mundial de las Letras a tu genio inmarcesible.
No 
           no 
                        no.
Son publicidades de la industria cultural.

O hambre.




Hoy de nuevo os hago una reseña de un libro que leí hace muy poquitos días. Su autor es un joven venezolano, de cuya trayectoria os hablé hace poco en otra de mis reseñas. “Objetos perdidos” Aquí os dejo el enlace, para aquellos que no lo llegasteis a leer http://pergaminodesuenos.blogspot.com.es/2016/02/objetos-perdidos.html

Pues bien, Carlos ataca de nuevo, y esta vez, con aun más arte si es que ello es posible. “Paradero transparente” es un compendio de poesía, relato, juego de palabras y retos dirigidos a la propia imaginación del  lector… 

La forma de expresar de Carlos Castro Rincón, es, como siempre, sincera. Es un autor capaz de narrar con la exquisitez máxima, y al mismo tiempo, emplear palabras cotidianas, e incluso a veces, vulgares o malsonantes, que forman parte de nuestro día a día, de nuestro habla coloquial, y que llenan nuestros espacios. 


Si tuviese que describir en pocas palabras la sensación que me produjo “Paradero transparente”, creo que lo más acertado sería “una locura inquietantemente maravillosa”

Su propio autor, sin embargo, utiliza otro tipo de palabras para definirlo. En su contraportada, él mismo nos desvela su propia opinión con respecto a ella...

"La literatura es un juego atroz. Por eso silbar una canción de Sly and the Family Stone sería más provechoso que leer este libro. Y no sólo eso, también seria más útil mirar la música del silencio lunar, acariciar el fuego, comerse una guayaba, destormentarse con una cerveza fría, conversas con Edward W.Said. Si este libro fuera una persona tendría el cabello largo como un eclipse de sol y todas las mañanas rezaría: "Santa Madre de los desastres literarios, pantallera, alucinada, presuntuosa, perezosa, ineficaz: jódete". Si este libro fuera una fotografía sería aquella de Rogelio Cuéllar en la que se capta el momento exacto en el que Borges mea mientras sostiene el báculo en su sobaco derecho". 

Después de esta presentación que el propio autor (aunque a él no le gusta que lo definan así), hace de su libro, ahora dejaré que sea el propio libro quien os hable a través de unos fragmentos cortitos; “Los charcos”, y dos pequeños trocitos de “La trampa”. Os animo a que busquéis vuestro propio paradero transparente de su mano. 


“Los charcos”

Los charcos tienen la última palabra. 
Reflejarán lo que quieran.
Nuestra mirada es lo de menos.
Aunque las pisemos y tiemblen las imágenes,
  se juntarán de nuevo, 
Como si nunca hubiera existido la pisada. 
Porque fuimos apenas una breve confusión en el agua
   sucia de la calle.


“La trampa”

“… Parece más bien una selva en llamas. Y si nos acercamos más podemos ver al Diablo cagar en la orilla de un río, escondido. (El infierno no era eso: es un idilio rural más bien triste.) Silva, desposeído y afónico. Da un poquito de lástima verlo pujar con tanta dificultad esas catedrales azucaradas. La última por fin se le desprende del culito y siente cierta paz en su interior. “Dónde estarán los demonios?”, pregunta, y se ve en el charco luminoso de su propia orina (numerosas zanjas de anhelos en sus ojos)…” 


“”Sácate el dedo de la nariz, niño”, murmura el maestro, con la típica voz malpagada. No hay más alumnos. Le dicta unos fragmentos de un libro titulado Paradero transparente, y escribe con pésima ortografía como sólo él sabe hacerlo en un cuaderno de arena…” 

(Fragmentos de “La Trampa”, de Carlos Castro Rincón)

[Margarita Hans Palmero.]
http://pergaminodesuenos.blogspot.com.es/2016/05/paradero-transparente.html#more






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