martes, 8 de noviembre de 2016

ANA BELÉN MARTÍN VÁZQUEZ [19.512]


ANA BELÉN MARTÍN VÁZQUEZ

Ana Belén Martín Vázquez (Madrid, 1971), es Licenciada en Periodismo y Filología Hispánica (ambas por la Universidad Complutense de Madrid), y Máster en Dirección de Marketing por ESIC. Trabaja en el ámbito de la comunicación social.

Ha publicado algunos de sus poemas en los libros de poesía colectivos: 'La República de la Imaginación' (Legados, 2009), 'La Escombrera' (Legados, 2011), 'Poesía y desobediencia. Voces del extremo' (Amargord, 2014), 'Poesía antidisturbios. Voces del extremo' (Amargord, 2015) y 'Poesía y raíces. Voces del Extremo' (Amargord, 2016) y en revistas literarias (La hamaca de lona, la revista de la tertulia poética “indiojuan” y Álora, la bien cercada). En la última edición de Expoesía (Soria, 2014), una serie de poemas suyos, junto a los de Lourdes de Abajo, Alberto Cubero y Luis Luna, formaron parte de la instalación del escultor Leandro Alonso, titulada “Espacios de Lenguaje”. 

Ha participado en varios recitales y festivales poéticos, entre los últimos: Expoesía (Soria, 2013 y 2014), Odisea (Madrid, 2013), Voces del Extremo (Madrid, 2013 y 2014), la Semana de las Letras de la Complutense (2014) y La Marabunta (2014). 

HA PUBLICADO: DE PASO POR LOS DÍAS, (Bartleby editores, 2016)


Haikus sobre el trabajo:

Lo más penoso
encontrará otras manos
ciegas de hambre.


Hiere y desprecia
el ojo del patrón
que aún ejerce.


Quedan esclavos:
nos protegen del frío
en las costuras.


Eres trabajo:
aleación de minutos
es lo que vales.


Mar de palabras

Las ciudades interiores
guardan un mar
oculto en las palabras.

Bastaría la mirada
brillante y atrevida
para ver que los dátiles
nacen en las farolas
y en los bancos
crepitan fuegos azules.

Bastaría con tocar
el tronco de los árboles
para sentir la savia
y el rencor del subsuelo.

Las ciudades interiores
guardan un mar
donde sólo navegan
contrabandistas.



ESPACIOS MUDOS

Ni las paredes ni el silencio bastan
para frenar el rastro de la muerte.

En el fondo tras la puerta forzada,
primero, la nariz; después, los dedos,
la mano detenida tecleando
el auxilio. Un cero, un nueve, un dos.
Mujer. Madre precoz. Veintiséis años.

Se ordenan la búsqueda y la captura
del presunto agresor, del sospechoso
del marido, presunto compañero,
del culpable, del presunto inocente.

Viaja acompañado por sus dos hijos.
En minutos se apagan las sirenas.
Bajo el cuerpo vencido de la esposa,
los cadáveres del niño y la niña.

Baño sin pompas de jabón ni juegos
donde yeso y cal mezclados con agua
han construido un panteón tan blanco.
Todo el miedo de una familia sola
en la bañera y con el tapón puesto.


LA LÍNEA ROJA

Príncipe de Vergara:
un hombre y su mujer 
despojos industriales
viven en la calle.

Retiro:
un expresidiario enfermo 
sin arraigo en la ciudad 
vive en la calle.

Sevilla: 
una joven y su madre
vapor de estafa en los bolsos 
viven en la calle. 

Banco de España:
una mujer esculpida
con el carbón de los golpes
vive en la calle.

(Se vende) Sol: 
un toxicómano 
rehén al vuelo de la cunda 
vive en la calle.

Ópera: 
un padre de familia  
mecánico descarte de taller 
vive en la calle.

Y yo… 
estación tras estación,
una moneda en los dedos, 
aferrándome 
a mi propia miseria.

(En Voces del Extremo, Ed. Amargord, Madrid, 2014) 



De su poemario “De paso por los días” (2016)



PRESAGIOS

lluvia

Llega el primer frío
Y la lluvia
Se hace asidua.

El otoño nos sorprende.

Los charcos anuncian
Melancolía.

La muerte salpica
Las alamedas,
anticipando dolor.




RUTINAS

Una
tras otra
nacen
con el peso oscuro
de antiguas derrotas

las mañanas de octubre.



Orfebre de la Poesía. “De paso por los días”

por Alena Collar. 

Ayer noche terminé De paso por los días, de Ana Belén Martín Vázquez. Editado por Bartleby.

Un bellísimo poemario.

Estructurado en cuatro secciones correspondientes a las estaciones del año y con una estructura formal impecable. Cada sección tiene 21 poemas de los que se repiten todos los títulos en cada una de ellas, si bien en orden diferente. Así, el Otoño, empieza en Sorpresa y termina en Refugio. El Invierno lo hace con Rituales y finaliza en Contacto, la Primavera empieza con Desorden, y acaba con el poema Ocaso y el verano se inicia también en Desorden y finaliza con Derrota.

Habría ya para hacer un análisis extenso sólo con la disposición de los títulos de los poemas porque en cada sección marcan el tempo del paso de los días; del cómo y con qué grado de intensidad transcurren. Es para analizar, por ejemplo, que el Otoño, a la postre, signifique Refugio y el Invierno comunicación, Contacto, mientras que la primavera y el verano terminan con poemas que marcan ausencia o soledad.

Además de esto es notable la estructura rítmica de todo el poemario; con versos de Arte Menor en los que la medida silábica más frecuente es el heptasílabo y el pentasílabo sin rima, pero con clara rítmica interna marcada por la acentuación silábica, esto les dota de armonía musical y cadencia.

La temática del poemario es claramente descriptiva. Recuerda muchas veces a las estampas japonesas o a la temática del haiku: se expone un cuadro natural- del día, de la noche o del acontecer paisajístico- de la estación, dando una impresión del instante para retenerlo.

El lenguaje que usa la Poeta está lleno de belleza y matices, de asociaciones semánticas, de recursos como la aliteración, la sinestesia, la personificación entre otros. Además es de una extrema sencillez, siempre sugiriendo, mostrando y, a la vez, haciendo absolutamente visual la escena para el lector/a.

Este libro es un Poemario trabajadísimo, elaboradísimo, en el que cada parte, cada sección, cada poema, y cada línea de verso tiene una justificación al servicio del resultado final: un libro magnífico.

A mí sólo me queda recomendarlo como uno de los mejores poemarios que he leído este año.






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