martes, 1 de noviembre de 2016

FRANCISCO DEL CASTILLO ANDRACA [19.433]



Francisco del Castillo Andraca

Francisco del Castillo Andraca y Tamayo (*Piura, 1714 - † Lima, 1770) fue un clérigo de la Orden de la Merced, escritor y poeta peruano.

Francisco del Castillo, llamado "el ciego de la Merced", nació en Piura, en 1714 y murió en Lima en 1770, siendo lego en la Compañía de Jesús,

Existen pocos datos ciertos sobre su vida, entre ellos: el que fue bautizado en la parroquia de San Marcelo; no hay dudas sobre su ceguera, pero sí sobre el grado que ésta tenía; su padre fue el corregidor don Luis del Castillo y su madre doña Jordana Tamayo y Sosa, poeta citado por Pedro Peralta y Barnuevo en su Lima triunfante, Lima, 1708, que fue dueño de una imprenta sita en la calle de Mercaderes, a pocos metros del convento de la Merced de Lima, donde su hijo pasaría después toda su vida, imprenta que heredaría Francisco y que luego cedería a su Orden y que finalmente sería motivo de discordia entre ésta y Francisco, porque después el lego la incluyó en su testamento y dispuso de ella, pero no a favor de su Orden, finalmente todo se debió arreglar armoniosamente porque a la muerte de Francisco, la Orden alquiló varias veces esta imprenta; en el indicado testamento, que es de 1737, dispone Francisco de 6 esclavos de su propiedad a favor de su tía Josefa Tamayo; al fin, tampoco puede haber dudas que Francisco era un buen ejecutante musical, de genio alegre, facilidad para la improvisación y versificación acabada, además de tener una cultura histórica y literaria de origen libresco muy acusada, alguien para quien la palabra y la música forman una sola unidad expresiva.

OBRAS: La obra de Francisco recopilada a partir de los manuscritos que se originaron por el entusiasmo en el público que provocó su creación oral, consta de: poemas, teatro y traducciones.

Los poemas se hallan en dos conjuntos de manuscritos en el Archivo Histórico Nacional de Santiago de Chile- procedentes de la Biblioteca Nacional de Lima- uno, en el Fondo Antiguo, Vol. 6 y el otro en Fondos Varios, Vol. 805. Los poemas del Fondo Antiguo han sido publicados por el P. Rubén Vargas Ugarte S.J. en su libro Castillo, Lima, 1948 y los de Fondos Varios figuran en el libro Obra completa *.

Las obras teatrales que se conservan son 12, de ellas, 10 figuran en el ms. 16283 de la Biblioteca Nacional de Madrid-España. No cabe duda que para Franciso ésta era la parte más importante de su obra literaria, ya que el ms. de Madrid reúne la mayor parte de su obra teatral y se puede advertir que como el copista es el mismo a lo largo del manuscrito, ha debido trabajar bajo la supervisión como corrector del autor. Sus temas teatrales son: históricos, religiosos y la comedia de enredos.

Las traducciones son 2. Los poemas contienen, entre muchos otros, 10 Romances y 3 Tardes de toros, que se refieren a aspectos populares de la ciudad de Lima, a sus calles y personajes conocidos; los inevitables poemas laudatorios, como el dedicado a D. José Perfecto de Salas, valedor de Francisco y también un Romance en 52 octavas al Marqués de Monterrico; hay un poema al terremoto de 1746, el peor de los sufridos por la ciudad de Lima; un ejemplo notable de la facilidad de composición del autor son el conjunto de 22 décimas cada una de las cuales termina en un verso que es así mismo el título de una obra de teatro que se representaba en la época; hay un poema de corte costumbrista, en forma de diálogo que se produce entre la Alameda de Lima con el vecino pueblo de Lurigancho y que desemboca en un litigio judicial entre las dos partes, que termina con la sentencia que dicta el autor; finalmente el poema más extenso del conjunto– 3068 versos – denominado Pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, en romance- que es la forma más utilizada por Francisco.Hay que mencionar algunos poemas cortos, de tema y léxico muy procaces, que don Ricardo Palma rescata en sus Tradiciones en salsa verde.

Sus obras de teatro son:

El redentor no nacido mártir, confesor y virgen, San Ramón – se trata de San Ramón Nonato, santo de la Orden de la Merced
Todo el ingenio lo allana – comedia de enredos -
Guerra es la vida del hombre
La conquista del Perú –según la idea del Inca Garcilaso de la Vega
Mitrídates, Rey del Ponto
el entremés Del justicia y litigantes
el entremés del Viejo niño
un sainete
un Fin de Fiesta
una Loa a D. Pedro del Villar
una dedicatoria del Auto sacramental Guerra es la vida del hombre
Loa para La conquista del Perú.

Las traducciones son del Beatus Ille de Horacio y el Himno Te Deum de San Agustín y San Ambrosio.




El Fraile que se reía de la Santa Inquisición

por Angel Moyano 
       
Fray Francisco del Castillo, apodado "el Ciego de la Merced", vivió en Lima entre 1716 y 1770. Personaje de biografía legendaria fundamentada en su ceguera, rara inteligencia, dotes como repentistá y como escritor "de pensado", a ella contribuyó Ricardo Palma en sus célebres tradiciones, al igual que sucedió con otras figuras de la Lima virreinal. 

La mayor parte de los datos históricos que conocemos de él son los que aportó Guillermo Lohmann Villena en El arte dramático en Lima durante el virreinato.

Castillo dejó escrita una obra abundante. De él se conservan cinco piezas dramáticas extensas y siete breves y más de un centener de composiciones líricas, amén de otros tantos poenias que se le atribuyen, muchos de los cuales permanecen inéditos.
Tuvo como mecenas a José Perfecto de Salas, asesor del virrey Amat en Perú, quien al parecer dispuso las obras del Ciego para su edición, que no se llevó a cabo entonces por diversas dificultades.
En Castillo no sólo sobresale el número de sus obras, sino también su calidad, que permiten considerarlo uno de los mejores escritores virreinales hispanoamericanos. 
Como poeta lírico Castillo puede ser calificado de rococó. Es un poeta que gusta de lo menudo, del juego, de la galantería; se complace en mencionar objetos ornamentales y elude, en general, temas profundos. Su lenguaje es más sencillo que el del pleno barroco y el despliegue de ingenio va acompañado de humor. 

Fray Francisco del Castillo Andraca y Tamayo fue versificador repentista y consuetudinario, burlón e irreverente, insigne jaranero y ábil tocador de vihuela, guitarra y órgano. El de la iglesia, por lo menos, según sus biógrafos. Todo Lima le llamaba "El Ciego de la Merced", por ser invidente y mercedario, faltaba más.
            
Tal vez nació en Piura en 1714 y murió en Lima en diciembre de 1770, según Ricardo Palma; aunque Mendiburu sostiene que abandonó este valle de picardías en 1787. Hijo del corregidor español don Luis del Castillo Andraca y
de Jordana Tamayo de Sosa, limeña de nacimiento, el Ciego de la Merced parece que no lo fue nunca del todo, pero sí es cierto que desde muy niño su cortedad de vista le obligó a aguzar de manera notable el oído y la memoria, los que luego le darían enorme fama.

        La inmensa mayoría de su obra se ha perdido, digno final para un ingenio que gozaba versificando cada instante y a menos que alguien le llevara el apunte veía volar la rima pues su ceguera le impedía escribir.

        Pese a ello, tanto el conocido artículo escrito por Ricardo Palma en la Revista de Lima hacia 1863, como la compilación de sus obras hecha por Rubén Vargas Ugarte en 1948, nos permiten delinear una imagen bastante completa de este carácter singular, atrevido y bienhumorado. 
Debido a su defecto no pudo el Ciego de la Merced seguir estudios académicos, sin embargo, como ya eá dicho, su capacidad para memorizar lenguas, citas y autores alcanzó las alturas del prodigio, razón por la cual fue muy instruido en ciencias naturales, en literatura hebrea, griega y romana; en mitología y, por cierto, en teología.

        Huérfano desde edad muy temprana, fue recibido en la orden mercedaria en condición de hermano ya que considerando su minusvalía no podía optar los votos sacerdotales. 

        Improvisaba rimas con la misma facilidad que hablaba y es sabido que se valía de este don para zaherir a canónigos y a laicos. En la Lima de entonces, zarandeada por las disputas y rivalidades entre las múltiples órdenes religiosas, beféase el Ciego de la Merced de la efigie de un Cristo ataviado a la manera de elegante seglar en un
convento jesuita:

        "Estos frailes, buen jesús,
         te vistieron de librea,
         sin duda porque se crea
         que mereciste la cruz."

        Su desdén por los usos propios de la liturgia le llevó alguna vez a mofarse del padre Alonso Mesía, quien en 1711 recuperó las hostias del sagrario del Convento de los Descalzos que habían sido objeto de un robo, y entre sus brazos el reverendo Mesía las llevó en procesión hasta la Parroquia, justamente, del Sagrario. Entonces comentó lo siguiente:

        "Cuando la Virgen María
         al niño Dios arrullaba,
         la comunidad cantaba
         y el padre Alonso...mecía.

        Célebre por su virtuosismo en la badurria y por componer al instante canciones que de inmediato interpretaba, pronto el fraile fue asediado por universitarios, nobles, intelectuales afrancesados, gente de hacienda y del común, quienes corrían apuestas para poner a prueba sus dotes y concurrían a su celda del convento de Nuestra Señora de las
Mercedes después del Angelus. A todos el pelo les tomaba. Es sabido que a un joven ilustrado de apellido Paniagua le regaló ese cuarteto cachondo:

        Un fortunón desmedido
        en su nombre lleva usté:
        pues para el hambre y la sed
        le basta con su apellido.

        Con tales habilidades y con tantísimo buen humor, en una Lima carente por entonces y de algún modo hasta ahora de mayores divertimentos para la inteligencia, pronto el Ciego de la Merced fue invitado infaltable de todo evento social. No hubo entonces nacimiento, bautizo, cumpleaños, matrimonio ni mucho menos velorio donde es tan propio hacer reír y entretener a los dolientes deudos al cual no fuera convidado el saleroso fraile.

        Según por juguetear, según otros más cazurros por ganarse algunos dinerillos, el Ciego de la Merced aceptaba apuestas para versificar al segundo acerca de cualquier tema, jactándose de su agudo repentismo y gozando con alardear de oído lo que le faltaba de vista.

        El retador proponía el verso de pie forzando y el lego mercedario debía componer una décima completa que terminara del modo antedicho. 
Quizá el desafío más difícil que afrontó fue el de improvisar una en la cual las diez palabras finales de cada verso fueron determinadas por el retador: "caja, torre, borre, faja, luces, capuces, sombrero, tintero, cruces".

El Ciego de la Merced meditó un momento y luego le dijo al desafiante:

         Muchacho, cierra la caja
         y mientras voy a la torre
         cuida que no se te borre
         el dibujo de la faja.
         Todos los colores maja,
         barre el cuarto; enciende luces.
         Si el señor de los capuces
         viniere, dale el sombrero.
         Ahí tienes pluma y tintero.
         Entretente haciendo cruces.

        Como podrá el lector imaginar, tal alarde de ingenio y de talento solo pudo ser celebrado con atónitas expresiones a las cuales siguieron nutridos aplausos y copiosos brindis.

        Pero sin duda la osadía mayor del Ciego de la Merced, fue aquella a la que se prestó envalentonado por el éxito rotundo que le acompañara en todos sus florilegios verbales anteriores. Se decidió a poner en riesgo su hasta entonces dulce suerte desafiando con ironía los rigores de la Santa Inquisición.

        Recordemos que cuán vigente y enérgico sería el Santo Oficio por esas fechas, que aún en 1778 casi una década despuès de que muriera nuestro personaje en la capital del Perú, el oidor Pablo de Olavide fue sentenciado por la Santa Inquisición a perder todos sus bienes, a sufrir reclusión perpetua en un convento, a la pérdida de todo empleo y a la consiguiente incapacidad por vida de conseguir otros, no solamente, sino sus descendientes hasta la quinta generación. Todo ello "por haber conocido a Voltaire y a Rousseau, haber tenido correspondencia epistolar con el primero, por haber tenido libros prohibidos y haberlos prestado, por haber dado fe a las herejías de Galileo y Copérnico; y ser, en conclusión, hereje positivo y formal."

        A ello se enfrenó el corajudo o irresponsable lego no solo una sino varias veces, pues en determinada ocasión un contertulio le planteó un pie forzado que bien le hubiera podido costar la vida: "lo mismo es Dios que el demonio".

El Ciego de la Merced respondió:

        "Hizo un famoso ebanista
         un santo Cristo de pino;
         hizo un demonio muy fino
         y ambos los puso a la vista.
         Pasó un célebre organista
         que goza de patrimonio
         y dijo: Señor Antonio,
         qué precio tienen los dos?
         Y él contestó: Para vos
         lo mismo es Dios que el demonio."

        Y de esta juguetona manera se salvó de los iracundos fuegos del Santo Oficio. "Más hermosa que Dios", le desafió otro individuo. El ciego aceptó el reto y recitó:

        Dos señoritas había
        paseando por un jardín:
        la una, como un serafín;
        la otra, un dragón parecía.
        Y viendo la pena mía
        tal diferencia en las dos,
        les dije: "Niñas, a vos
        quién tales rostros ha dado?
        La fea dijo: El pecado.
        La más hermosa, que Dios".

        Sus versos zahirientes y mordaces, pícaros y desacatados; no sólo enfrentaron al temido Santo Oficio sino también al poder terrenal que por entonces era omnímodo y algunos perspicaces sostienen que lo es hasta ahora.

        Una prueba contundente de esto último es aquello que compuso a manera de respuesta, cuando unos ediles le solicitaron una contribución económica, a fin de que el desvergonzado Virrey Amat construyera con el óbolo público el Paseo de Aguas en homenaje a su disforzada y simpática amante, doña Miquita Villegas.

El Ciego de la Merced contestó a los solicitantes del siguiente modo:

        Vuestra curia, diligente,
        ilustres señores, fragua
        un claro Paseo de Agua
        que hará el ingenio corriente.
        Para obra tan eminente
        convite llego a tener,
        pero...no paso a ofrecer
        por ser cosa irregular
        que haya un ciego de pagar
        lo que no es capaz de ver.

        Su conocimiento de los tipos y las costumbres limeñas era de tal guisa, que insatisfecho con la sola improvisación de versos también compuso comedias, sainetes y entremeses, a los cuales no daba a luz únicamente,sino que interpretaba él mismo ayudándose con los arpegios de la vihuela e impostando la voz para caracterizar diversos personajes.

        Además de estas piezas histriónicas se refociló ideando romances que narraban escenas capitalinas como "Conversación de dos mulas y un caballo en la Plaza Mayor de Lima", "Conversación de unas negras en las calles de los borricos", o "Coloquio y disputa en que se indaga el dónde, el cuándo y el pretexto con que se miente más en Lima".

        La crítica de diversos aspectos de la vida capitalina busca resaltar como señala Tamayo Vargas "su ceguera iluminada" frente a la "ceguera moral" de los dueños del poder.

        Como pudo librarse de ellos y de sus presumibles despechos y previsibles venganzas ante tanta socarronería? Nunca se sabrá. Hay que decir finalmente que este hombre de Dios ni siquiera desestimó los requiebros del amor mundano pues alguna vez le reprocharía a cierta dama:

        "Si Serafina os llaméis,
        vuestro nombre no entendéis:
        Si "cera"...como no ardéis?
        Si fina... como no améis?".

        Aún sin ojos para ver no hubo atrevimiento que no se le ocurriera ni tentación que no le asaltara. Si en algún cielo ha de estar hoy día ha de ser en aquel de los frailes irreverentes y palomillas, donde espero encontrarlo algún día cuando por fin la Iglesia me permita tomar los hábitos y enderezar mi vida repleta de pecadillos veniales.
por Angel Moyano




UN POETA VIRREINAL PERUANO: FRAY FRANCISCO DEL CASTILLO, "EL CIEGO DE LA MERCED"

Author: Concepción Reverté

FRAY Francisco del Castillo, apodado "el Ciego de la Merced", vivió en Lima entre 1716 y 1770. Personaje de biografía legendaria fundamentada en su ceguera, rara inteligencia, dotes como repentistá y como escritor "de pensado", a ella contribuyó Ricardo Palma en sus célebres tradiciones,[Nota 1] al igual que sucedió con otras figuras de la Lima virreinal. La mayor parte de los datos históricos que conocemos de él son los que aportó Guillermo Lohmann Villena en El arte dramático en Lima durante el virreinato.[Nota 2]

Castillo dejó escrita una obra abundante. De él se conservan cinco piezas dramáticas extensas y siete breves y más de un centener de composiciones líricas, amén de otros tantos poenias que se le atribuyen, muchos de los cuales permanecen inéditos.[Nota 3]

Tuvo como mecenas a José Perfecto de Salas, asesor del virrey Amat en Perú, quien al parecer dispuso las obras del Ciego para su edición, que no se llevó a cabo entonces por diversas dificultades.[Nota 4]En Castillo no sólo sobresale el número de sus obras, sino también su calidad, que permiten considerarlo uno de los mejores escritores virreinales hispanoamericanos. Yo me he ocupado de la edición y del análisis literario de todo su teatro[Nota 5] y en este artículo deseo dar a conocer algunos poemas suyos como botón de muestra de su obra.

Como poeta lírico Castillo puede ser calificado de rococó.[Nota 6] Es un poeta que gusta de lo menudo, del juego, de la galantería; se complace en mencionar objetos ornamentales y elude, en general, temas profundos. Su lenguaje es más sencillo que el del pleno barroco y el despliegue de ingenio va acompañado de humor. Los poemas que recojo en este artículo son inéditos[Nota 7] y dan a conocer diversas facetas de la personalidad y la obra del Ciego: su afición a los toros y a lo popular, su comicidad, su inspiración religiosa, su habilidad como improvisador y su actitud como cortesano que adula al mecenas. Aunque algunos de ellos sean puestos en boca de otros personajes, es claro que pertenecen a Castillo, salvo la "Sentencia". En las normas de transcripción sigo las adoptadas por mí para la edición de su teatro, donde destaca que conservo el seseo y su correspondiente ultracorrección.

Concepción Reverte



Al Señor Doctor Don Juan José Vidal, Agente del Real Fisco, la abuela de la Tinajita le escribía

Romance

Una de aquellas andantes
del uno al otro portal,
que por tan caritativas
paran en la Caridad
y que con gustos ha hecho  [Nota 8]
dos mil incautos quejar,
porque con hacerles bien
les hizo infinito mal;
en la Corrida de Toros
de este año, al acabar,
decía sin conformarse
en esta conformidad:
[¿Pos] ible es que una mujer
que se hizo tanto lugar
que exedía a los comunes  [Nota 9]
de cualquier comunidad,
se vea tan destituida,
no teniendo en qué sentar
de estas sus asentaderas
ni siquiera la mitad?;
¿aquélla que con sus cuartos
feriaba sin limitar
hoy ni una cuarta de cuarto
se le presente en su edad?;
¿aquélla que supo a muchas  [Nota 10]
cofradías arrostrar,
hoy, sola, sin tener otra
que la de su soledad?;
¿la que con ser carta doble
tanto se llegó a franquear
que no ha tenido otro porte
que la liberalidad?;
¿a la que con galerías
solían antes rogar,
hoy ni galeras le ofrecen
por ser obra de piedad?
Y aunque estos motivos son
bastantes a deslomar
a una que entre desolladas
no fuese la capital,
hay otro más poderoso
que me hace desesperar,
y, a tenerjuicio, perdiera
gran parte de su entidad:
Este se reduce a que
he venido a averiguar
que, a quien quijadas no tiene,
muchas muelas se le dan;
a un sujeto conocido
ciego de natividad,
cuarto porque vea Toros
le acaban de preparar.
¿Quién habrá visto en el mundo
más monstruosa necedad?
¡Ciego en Toros!, ¡más implica
que un mudo con predicar!;
pues de esta suerte a tullidos
los sacarán a danzar,
los cojos correrán posta
y los sordos cantarán;
porque, digan lo que quieran,
no alcansa la habilidad,
al correr, sin pies ni manos,
como ni a ver sin. mirar.
Y, en fin, conociendo él mismo
tan enorme impropiedad,
se llevó a su Esteban por si
lo quisiesen apedrear.
No es el ciego a quien se debe
muy muchas piedras tirar,
sino al que esconde la mano
pero no la iniquidad.
Desproporción que da en rostro
y nadie puede arrostrar,
que se llene un gran vacío
con la misma vaciedad.
A él, sin tenerlos, dio en ojos
tanto aquella ociocidad,
que por ocuparla quiso
ciertos huecos alquilar;
con razón, que para ver
tan solemne novedad,
cosa es de alquilar balcones
por reír y por admirar.
A describir las Corridas
disque vino, y es verdad,
que están las vistas corridas
de verse así despreciar;
como estuvieran corridas
las manos, si es que a pintar
estas Corridas de Toros
traen al manquito Tomás.
Por esa razón a ti,
insigne Agente Fiscal,
como a centro de las vistas
ocurren a tu piedad,
por si logran conseguir
las quieras desagraviar
de. esta irónica figura
formada en la ceguedad;
porque si en tiempo no estorbas
esta loca impropiedad,
la Semana Santa en andas
también lo querrán sacar.
Permítase norabuena,
que pueda el cuarto arrendar,
que así las botillerías
tendrán su comodidad.
Así lo pide y suplica
una que en su mocedad
cegó, y hoy tiene los ojos
abiertos de par en par.




Respuesta a la demanda de la abuela de la Tinajita

Romance

Mujer, que cuando eras mosa
fuiste capás de dejar
con deseo de aprender
a la misma iniquidad;
puerta franca para todos
con tal liberalidad,
que eran en ti más baratas
las ferias que en el portal;
abuela de una Tinaja
en donde se puede hallar,
en lugar de agua estilada
asufre de liviandad:
Ya que piensas querellarte
y me vienes a buscar,
llevarás palo de siego,
que bien merecido va.

Toda tu rabia proviene
de que a los Toros no vas,
y si tienes tantos cuernos
¿dónde hay para otros lugar?
Solamente a tu ignorancia
puede hacerle novedad
que un siego supla el defecto
con la vista intelectual;
digo esto, porque te pones
neciamente a murmurar
el que yo vaya a los Toros
cuando en mí vista no hay.

Mucho pudiera decirte
sobre esta dificultad,
pero tú entiendes el libro
de generación nomás;
algo te diré, no obstante,
porque el Agente Fiscal
diga en vista que, aunque siego,
no me falta claridad.
En un vidrio graduado,
el que quisiere verá,
que sus mismos grados hacen
de aquello que es menos más;
lo mismo a ti te sucede,
porque, en llegando a mirar
en Toros al que no ve,
se figura en propiedad;
pero si tú especularas
la razón de esto en qué está,
no hicieras sólo al centido
criterio de la verdad.

Esta diverción no sólo
recreo a la vista da,
cada sentido en su línea
algo tiene que gosar:

Lo que entra por el oído
placer previniendo va,
que en el tímpano las voces
armonía han de causar.

Flora y Vertumno en la Plasa  [Nota 11]
un vergel formando están,
y lo que da en las narices,
si no es tú, no huele mal.
Ir allá para escribir
no lo jusgo impropiedad,
pues lo que no oyen los ojos
los oídos lo verán.

Llevo a Esteban porque oiga
especies que he de cantar,
porque ellas, a darme asunto,
seguras con éste van.

¿No será mayor mi triunfo
cuando en la posteridad
se oiga que acerté a escribir
lo que no pude mirarar
Si supieras tú que es numen
quien me entró en proyecto tal,
advirtieras dicipada
en su luz mi ceguedad,
y así puedes creer, simplona,
que yo no soy siego ya,
porque, transformado en él,
todo es en mí claridad.

Tales son las instrucciones
con que ilustrándome está,
que más comprendo en su idea
que en la vista material;
porque sin mérito mío
le debo fineza tal,
que se hace ojos porque yo
salga de un torpe ignorar.

Que alquile mi cuarto dices,
y eso tú mejor lo harás,
porque de, alquilar los tuyos
tu fábrica es hueso ya.
Dices que en Semana Santa
en andas me sacarán,
y yo temo que en la Pascua
tú como judas saldrás.
Por tanto, pido y suplico
a nuestro Agente Fiscal,
que con pedir que te maten
me dé la vida Vidal,
otrosí digo, Señor,
que si la ven con piedad,
la envíen a Juan Fernández
si está capaz de poblar,
y, quitado este embaraso,
Usía decir podrá:

Corra la vista y el siego
escriba deToros más.
También pide el suplicante
despaclioúon brevedad,
porque si se cierra el punto
no habrá línea que tirar.


Muy poderoso Señor

El Agente del Real Fisco,
de aqueste expediente en vista
que, aunque en romance está puesto,
echa verbos como chispas;
donde por falta de agua
se queja la Tinajita,
quien de las muchas mojadas
seca está de humedecida;
por la boca de su abuela
su querella formalisa,
cogiendo de aguas arriba
toda su genealogía.

De que nadie le dé un cuarto
sus sentimientos duplica,
cuando ella a muchos urgentes
les dio piadosa acogida.
De verse a un siego pospuesta
su angustia a voces intima,
la que tuvo en los concursos
el grado de preferida.
Que a un siego lleven a Toros
llora, triste y afligida,
y que hoy nadie pueda ver
a la que fue tan bien vista.

Que sin tener ojos vayan
deToros a la Corrida,
funda por diversos medios
que contradicción implica;
mas su antigua sequedad
aun la reflexión le quita
para advertir que los siegos
también por los oídos miran, [Nota 12]
y que los sinco sentidos,
con conexión peregrina,
unos en subcidio de otros
sus oficios ejersitan.

Cuanto ella por dadivos
desperdició en torerías,
un siego, honor de su Patria,
en memorias eternisa.

La posteridad verá,
cuando sus obras se impriman,
que cada rasgo en su pluma
fue una octava maravilla;
verá que su gran talento
atesoró en pocos días
más caudal que el que ha arrojado
el Potosí de sus minas;
verá que el ponerlo en andas
era acción justa y debida
a un hombre que en proceción
merese andar por su dicha,
porque del todo ha dejado
guaragua y botillerías
por recibir agasajos
de quien lo aprecia y estima.

Si acaso, por real y medio,
el que le dan cuarto alquila,  [Nota 13]
es porque todos conoscan
quien está en la galería.

Dise que muy muchas piedras
deben llover desprendidas
sobre quien la mano esconde
y descubre su malisia;
mas yo jusgo que la pobre
está rabiando de envidia,
porque ella no tiene mano
que le mueva la Picina;
para el siego, este es el ángel
que sus pasos ilumina,
y, haciéndolo inteligencia,
genio es que lo inmortaliza.

Que oiga el que no sea sordo,
que quien tiene pies aprisa
ande y el que no sea mudo
cante con dulce armonía,
cosa es que, por muy común,
como la ven no la admiran;
mas que un siego lo vea todo,
cuasi es una obra divina,
y es que un Argos vigilante
que, amante, la ciudad mira,
porque sus grandezaz cante
le da a ese siego sus niñas.

Qué importa, pues, que, angustiada,
en tanta soledad gima
quien, porque enterró sus muertos,
quebró con la cofradía;  [Nota 14]
al recibir las limosnas
que los hermanos le envían,
para dar cuenta con pago
ya con su fiador se obliga.

Cuanto aquélla por sus obras
se llora tan abatida,
tanto este otro por sus poemas
sobre muchos se autorisa.
Por todo esto es de sentir
¡Agente que hoy Usía
a relegación condene
a la infeliz Tinajita,
y que el siego y bachiller
en sus tareas prosigan
porque la Fiesta de Toros
quede perfecta y concluida.

Mas, pues es tiempo de gracias,
justo es que el Agente pida
que, a quien confiesa sus yerros,
se le absuelva de justicia;
sobre todo mandará
su recta distributiva
hoy, tres de enero, del año
de sesenta y nueve en Lima.



Sentencia

Fallo, atento los autos, con audiencia
del Fisco y de las partes mala y sana,
que debo pronunciar de buena gana
en la forma siguiente mi sentencia:

La que su vida larga y su insolencia
en hacer toros consumió, losana,
no será de razón también que, ufana,
al desaserlos tenga concurrencia;
pero el ciego (mal digo), la lumbrera,
del Pindo cisne de las Indias lauro,
Zodíaco felíz de primavera,  [Nota 15]
ni en los signos materia dé al reparo;
por Géminis es justo que a su esfera
le sostituya duplicado Tauro.

[Nota 16]

En nombre de un miserable a quien se le trata un casamiento, responde el poeta excusándose de dar cuanto le pidiere la novia en estas


seguidillas

Han dado en que me case
on cierta niña
yo digo que la tomo
como no pida,
porque, en pidiendo,
seré de la tenaza [Nota 17]
el caballero.

Mas, por si es petulante,
quiero avisarla
lo que he de concederla
que ha de ser nada,
que, en sabiendo esto,
claro está que por nada
no ha de haber pleito.

Iréme figurando
lo que me pide,
que aquí nada se pierde
pues no se exhibe,
y es bien pensado,
por lo que sucediere,
que esté contado.

Si quiere casa grande
le digo luego:
Para eso, vida mía,
vete a un convento,
porque es muy cierto
que, aunque quieras fundirme, [Nota 18]
ni un cuarto tengo.

Cuando me pides clavos
es la respuesta:
Adonde no hay un cuarto
¿cómo habrá piesas?,
ni es bien que tengas
a quien pueda matarte
o morir pueda.

En pidiéndome coche
le digo: Paso,
que cosa que yo estimo
no anda rodando,
y fuera injuria
poner hoy una discreta
entre dos mulas.

Si tostada me pide
diré con rabia:
¿Cómo tan sin empacho
pides tostada?,
¿no ves que a Midas
le fue veneno el oro
en la barriga?
En nombrándome puntas
diré que calle,
pensando que las pide
para clavarme,
diciendo: ¡Mi alma,
solo las Amasonas
son Capitanas!
En boqueándome encajes
así le digo:
Tuyo me ofresco entero
mas no partido,
y tu belleza
no ha menester, Señora,
que la guarnescas.

En pidiendo manillas
de oro muy fino
sabrá que el castellano
no lo he entendido,
y así es presiso
poner muchas escalas
por lo subido.

En queriendo sarcillos diré enfadado:
¿Tus orejas son puertas
para candados?,
y es gran martirio
no desembarasarse
de los sarcillos.

Si pide faldellines
hará mal ella,
pues por no ir a sacarlos
habrá contienda,
y es mucho lance
que por un sastre quiera
ver un desastre.

Medias no ha de ponerse,
aunque se enfade,
que no quiero crecientes,
menos menguantes,
y no es seguro
que ande una mujer noble
buscando puntos.
Si me pidiere ligas
le haré que vea
que ya nos ha ligado
la Madre Iglesia,
y haré notorios
los lazos que nos juntan
del matrimonio.

Para que no me pida
jamás sapatos
le diré las virtudes
de los descalsos,
pues es bien claro
que ellos sin sapateros
son ajustados.

Porque espejos no pida
y mejor vea,
el espejo de ejemplos
le haré que lea,
pues verá claros,
no por entre vidrieras,
los desengaños.

Si guardar estas leyes[CMT 1]
quiere mi niña,
aqui tiene mi mano
pero vacía,  [Nota 19]
y es de estimarla,
porque yo se la entrego
con toda el alma.

Haciendo relación del inefable misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, dijo el autor las siguientes


quintillas.

Hoy, con toda claridad,
una historia contaré;
negaría será impiedad,
porque de su Autor yo sé
que El es la misma verdad,

Con su mujer lisonjero
dejó Adán perdido el mundo,
y Dios, con amante esmero,
nos envió un Adán segundo,
que existió antes del primero.

A su Hijo mismo nos dio;
mas yo de esta acción colijo
lo mucho que nos amó,
y cuenta que el que esto dijo
el Evangelio escribió.

El decreto prevenía
darle al Verbo humano ser,
porque sin Dios no podía
el hombre satisfacer
deudas que con Dios tenía.

A una Virgen preservada
le dio por Madre escogida,
en tanto grado elevada
que ser no pudo exedida
si no es del que fue criada.

Diole a ésta esposo, el Señor,
con quien en castidad viva,
y fue trasa de su amor
para que no se conciba
deshonra el más alto honor.

María y José nombrados
son los consortes queridos,
de suerte a Dios entregados,
que viviendo en Él unidos
entre sí están más separados.

Sucedió que sierto día,
estado ella retirada
donde su oración hacía,
de un Arcángel saludada
se halló en un Ave María.

De gracia, dice, llena eres,
el Señor contigo mora,
¡oh, Templo de sus placeres!
y por Él eres, Señora,
bendita entre las mujeres.

Dejó turbada a María
lo que el Arcángel hablaba
y en su turbación mostraba
que el elogio le venía
porque ella no lo esperaba.

Nada (prosigue) es temible
para ti, pues el Señor,
gracia hallaste en el amor,
con la que no es compatible
tal género de temor.

Que un Hijo tendrás es fijo
y jesús se llamará;
por grande se admirará
y, del Altísimo Hijo,
Él mismo se nombrará.

Por ser Hijo de tal Madre,
de Jacob en la manción,
con derecho y con razón
tendrá de David, su Padre
el asunto y poseción.

Con quietud inalterable
felizmente reinará
este Monarca inefable,
y su Reino acabará
con la vida perdurable.

La Virgen con suspención
dijo: Para tal efecto
no halla causa mi razón
y el no alcanzar el concepto
es porque ignoro varón.

En esto daba a entender
María, al Eterno Padre,
que no pensaba perder
por el honor de ser Madre,
de Virgen el puro ser.

Todo lo serás, le dice
el celeste embajador;
el Espíritu de amor
vendrá sobre ti, felice,
y sombra te hará el Señor.

Sólo Dios causa ha de ser
del prodigio que ha de obrar,
por eso el que ha de nacer
de ti su Hijo ha de llamarse,
ni otro padre ha de tener.

Isabel ha concebido
aun en su esterilidad,
ya seis meses han corrido,
que al poder de la Deidad
ningún imposible ha habido.

A esto dice: Veisme aquí,
la Esclava soy del Señor,
y pues que para Él nací,
aunque indigna del favor
su voluntad se haga en mí.

María, desde este instante,
fue la verdadera Atlante,
mereciendo, desde el suelo,
del que no cabe en el cielo
ser dichosa sustentante.

Dando el autor a su querido mesenas, que era un Señor Ministro, noticia de una fluxión catarral que padeció, le cantó respentinamente[Nota 20]al[Nota 21] son de una vihuela las siguientes


quintillas.

Ya, Señor idolatrado,
que libre de mi dolencia
volver a verte he logrado,
cantaré con complacencia
lo que antes había llorado:

Una fluxión catarral,
cruel, de mí se apoderó,
y es cierto, Señor Fiscal,
que en mí se acrecentó el mal
porque en ti el bien me faltó.

El lunes por la mañana
la guerra me vino a hacer
esta enfermedad tirana,
sin poderme defender,
por no tener parte sana.

A mi cabeza un fatal
tormento oprimió, de suerte,
que a juzgar llegué, y no mal,
que fuese pena de muerte
viendo que era capital.

Preliminar del dolor
fue para mi cuerpo un frío,
pero no para mi amor
porque antes le dio el resfrío
nueva materia al ardor.

Sólo el pecho esta opresión
no la padeció, y sospecho
cuál fue de esto la razón,
y es que tú en mi corazón
serviste de escudo al pecho.

Cuando reflexión hacía
de que a tu lado no estaba,
tanto mi dolor crecía,
que sin sentir me quedaba
de lo mucho que sentía.

Mi designio era buscarte
en medio de mal tan fuerte,
pero, temiendo la muerte,
imaginé que el hallarte
fuese el medio de perderte.

Para el restablecimiento
la quietud se me intimaba,
pero era vano el intento
que fuera del centro estaba
en continuo movimiento.

Tomé harta ropa conmigo
a fin de lograr sudor,
pero con verdad te digo
que sin tu abrigo, Señor,
es inútil todo abrigo.

Vínoseme al pensamiento
si dudabas mi aflicción,
mas yo dije no al momento,
que quien sabe mi pación,
no ha de ignorar lo que ciento.

Ya, en fin, puedo respirar,
ya sé que puedo vivir,
y así te vine a buscar
por poder asegurar
lo que llegué a colegir.

Y pues he cobrado aliento,
yo quiero que en tu presencia
mi salud vaya en aumento,
pues ya declaró la ausencia
ser alma de mi tormento.

A mi mal ya no resisto
si me volviera a invadir,
porque se ha hecho tan bien qu[isto]
que lo volviera a sufrir
sólo por haberte visto.



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