sábado, 5 de noviembre de 2016

EMILIO QUINTANA [19.466]


Emilio Quintana

Emilio Quintana (Loja, Granada, 16 de agosto de 1964) es un escritor y poeta español.

Poesía

Sus primeros escritos aparecieron a finales de los años ochenta en el suplemento cultural "Citas" (Diario de Jerez), dirigido por José Mateos. De 1992 a 1994 dirigió la revista de literatura Nada Nuevo, junto con Julio Martínez Mesanza, Miguel d'Ors, José Carlos Llop y Juan Manuel Bonet. Ha colaborado en revistas como Contemporáneos, Escrito en el agua, Clarín, Rosa cúbica, Nadie parecía o la revista hispano-lusa Canal. Actualmente publica en la revista cultural Ambos Mundos.

En 1992 ganó el Premio Villa de Benasque de poesía con El mal poeta, libro publicado al año siguiente (Ed. Comares, Granada, 1993). Su obra poética ha sido recogida en diversas antologías de poesía española contemporánea, como Selección nacional, última poesía española de José Luis García Martín (1995; 2ª ed. 1998), Los cuarenta principales. Antología general de la poesía andaluza de Enrique Baltanás (Ed. Renacimiento, Sevilla, 2002), o Sombra hecha de luz. Antología de poesía andaluza actual (1950-1978) de Abel Feu (México, 2006).

En 2012 ha publicado Poemas escritos a lápiz (Sevilla, Los Papeles del Sitio, 2012)

Traducciones

Ha traducido a diversos autores, entre ellos al francés Pierre Albert-Birot (Ediciones Ulises, Sevilla, 2014), al inglés Logan Pearsall Smith, al norteamericano James Thurber, al sueco-finlandés Henry Parland (Ed. El genio Maligno, Granada, 2014), o al polaco Stanislaw Jerzy Lec (Ed. Península, Barcelona, 1996).

Estudios filológicos

Buen conocedor de la literatura de vanguardia, ha participado en numerosos encuentros internacionales. En su tesis doctoral se ocupa de la revista "Cervantes (1916-1920). Entre el modernismo y la vanguardia". Ha editado la comedia El clavo de Jael, de Antonio Mira de Amescua, así como Doña Gramática (1942), sainete para estudiantes de español, obra de Pedro Salinas, Enrique Díez-Canedo y Joaquín Casalduero entre otros (Ed. Difusión, Barcelona, edición no venal).

Dirige actualmente Hallali.Revista de estudios culturales sobre la Gran Guerra y el mundo hispánico.



EL MAL POETA

Tantas tardes leyendo a Baudelaire.
Tanto esfuerzo para ir de maldito.
Las peleas con mi padre,
que nunca comprendió
por qué yo le llamaba
Aupick y no Quintana.
Aquella temporada en que me puse
a buscar una mulata
por amante.
Y en Loja.
Fue cuando me di cuenta
de que la castidad no era lo mío.
Aquella novia belga que perdí.

Pero soy un Quintana,
un poeta burgués y provinciano.
Un tipo que se aburre
–como todos ustedes–
y en vez de hacer turismo
escribe versos. Alguien
que poco a poco va aceptando
que a nadie le hace falta,
afortunadamente:
y menos
a la historia de la literatura.

En fin, ya lo están viendo,
una vergüenza.

Las leyes de la herencia, 1992.




DE Poemas escritos a lápiz


Un
poema es un espejo roto, del que apenas nos
quedan unos cuantos pedazos.

Escribo sin parar, normalmente mientras camino
o en los transportes públicos. Mi mente
es un palimpsesto. Pero casi nunca pongo los
versos en papel, no por miedo a la página en
blanco sino por el pudor de mancharla.

Que el amor –que mueve el mundo– no sea un
tema poético, pone de manifiesto los límites de
la poesía. 




Esta niebla
que llega de otras nieblas
a veces nos arroja unas monedas

En un tren desolado
              cada día
              atravieso 

la niebla esmerilada de Cracovia
la de las tierras góticas de Escania
los jirones de niebla de Poitiers

Es curioso
dedicarse a pensar en estas cosas
sabiendo de su esencia
indescifrable
sabiendo
que la gris monotonía las envuelve



ŁÓDŹ

Mi alma
se perdió en los arrabales
que delimitan los tranvías del sueño

Mi alma
como bronce oxidado
                        expuesto en la vitrina de un museo
Mi alma
entre la nieve
                        escribiendo con trazos inseguros
                        una verdad escondida
A veces
hay un sol de la infancia
como un neón
                        que anémico
me habla en un idioma que no entiendo


MUNICH

Al fondo del vagón
suena una flauta tracia

Este vagón de metro
que me lleva
lejos de lo que soy

a la estación lluviosa del recuerdo

La gente con bufandas
y esas notas
                        como piezas de un puzle inacabado

Al fondo de esta tumba
se esconde una verdad
más viva
                        que yo mismo



LUND

En el parque
las ramas de los olmos conversan
                    en dialecto

Aparcamos las bicis
y hay un golpe de nieve
que levanta periódicos y grajos

en la sala de cine como a un refugio entramos
con aire de seguirnos la secreta

pasamos la tarde viendo películas
subtituladas
                        en sueco



DOS APUNTES HOLANDESES

I

UTRECHT

Afuera
la lluvia escribe a lápiz confusos telegramas
metáforas oblicuas
que las esquinas sucias quizá entienden

Afuera
la niebla bergsoniana que siempre he perseguido
y ese frío del alma
que es cuenta y es razón de lo que es mío

Afuera
la luz de una farola emborrona el visillo


II

BERGEN-OP-ZOOM

Los puentes amarillos
a través del pictograma de la lluvia
en los cristales del tren

Todo se desvanece
bajo el arco convexo de mis gafas
se emborrona

como si un ángel
borrara con sus alas
algo que estuviera mal escrito



BERNA

Yo ya no era yo, era otro, y precisamente
por eso era otra vez yo.
Robert Walser


Aquí la nieve es rosa

Al caminar pisamos
como hileras de versos
                      nunca escritos
el gastado misterio
de una vida extraviada entre los bosques

El frío del viaje
nos caló hasta los huesos

toscamente nos salvan
                      unas líneas de Walser



BRESCIA

Modernos argonautas
después del laberinto de callejas

en esta ciudad de trenes de suburbio

                      amarillos
                      como perros de posguerra

Hay coches que meditan
junto a las chimeneas enigmáticas

y nos dicen
                      que estar equivocados
                      ya no basta 



ESTOCOLMO

Es la vileza

Es la tela de saco de la niña
que escuchaba una voz
                       sin comprenderla

Es la que siempre vuelve

la que aplasta las flores de azafrán
como un tanque sonámbulo
que avanza

                       por los arcenes turbios
                       del invierno 




FLASHBACK




1974

Destruir al hombre es difícil, casi tanto como
crearlo; no ha sido fácil, no ha sido breve,
pero lo habéis conseguido, alemanes.
Primo Levi

Aquel año pusimos papel pintado en casa
y mi padre compró un Simca 1200
y una nevera portátil
                      para salir al campo

En verano
fuimos de vacaciones a Torremolinos

Fue el año del Mundial

Mi padre y yo lo vimos por la tele
acérrimos fanáticos de la Holanda de Cruyff

Fue el año en que perdimos el Mundial

el año en que Alemania
le metió un par de goles a todos nuestros sueños

                      en blanco y negro
                      y por la escuadra


Poemas escritos a lápiz

Emilio Quintana
Los Papeles del Sitio, Sevilla, 2012


Por JOSÉ CEREIJO

Alejado de España desde hace años (actualmente trabaja en el Instituto Cervantes de Estocolmo), Emilio Quintana no lo está sin embargo de la poesía, aunque aquí apenas hayan llegado muestras de su labor reciente. La más importante es, con mucho, este breve libro, Poemas escritos a lápiz, aparecido en 2012 en las muy meritorias ediciones de “Los Papeles del Sitio”, cuidadísimo y casi (o sin casi) artesanal empeño que no tiene otro defecto, si éste lo es, que lo corto de sus tiradas, verdaderos libros de coleccionista. 

Con todo, el hecho es que el último libro exento aparecido como tal entre nosotros, con anterioridad a éste, había sido El mal poeta, publicado en 1995. Son muchos años, como se ve. Y es una verdadera lástima, porque su poesía merece ciertamente una difusión mucho mayor, y una presencia entre nosotros que hace demasiado tiempo que no tiene. El resultado es que la imagen que el lector atento pueda tener de su poesía es fundamentalmente la de aquel libro de la colección granadina “La Veleta”.

Y el problema es que no se trata sólo de una imagen ya lejana en el tiempo, sino también, a estas alturas, un tanto distorsionada. Emilio Quintana ha seguido desde entonces, como decíamos, escribiendo versos, y su escritura madurando, acendrándose. Los poemas (relativamente) largos y narrativos de entonces son aquí breves apuntes aparentemente impresionistas, escritos por alguien que, en sus propias palabras, siempre es “el que está del otro lado de la ventana”. Pero también dice (en la misma corta pero sustanciosa nota que abre el volumen) que “los temas de la poesía son la identidad, la esencia fantasmal de lo real y los mecanismos que rigen el destino. El resto es literatura”. Una afirmación que, como se ve, subraya no la fugacidad de la impresión y lo que en ella pueda haber de individual y contingente, sino su sentido hondo, su alcance (como podríamos llamarle) metafísico.

Es, por ejemplo, significativo que, teniendo casi todos los poemas un título que hace referencia a un lugar concreto (todos ellos, nombres de ciudades europeas), no haya de hecho en su texto nada que no pudiera haber ocurrido, o no ocurrido, en otro sitio. No son, en ningún sentido reconocible de la expresión, “apuntes de viaje”, sino meditaciones destiladas, esenciales, sobre la naturaleza del vivir, expresadas en un lenguaje escueto y poderosamente sugestivo.

No se nos transmite pues un relato de lo que en tales lugares pudo suceder, sino la anotación de un hecho íntimo que los tiene solamente como marco ocasional. Aquí cabría recordar que, según los conocidos versos de Archibald MacLeish, “un poema no debe significar, / sino ser”. Es la vivencia interior del suceso, y su posible alcance general dentro de la experiencia del vivir, lo que estos breves poemas aspiran en general a transmitirnos. No se entienda, sin embargo, que encontraremos en ellos afirmaciones de naturaleza más o menos filosófica: encierran, como decíamos, un destilado de las vivencias a que aluden, no una abstracción más o menos significativa.

De acuerdo con la “esencia fantasmal” a que antes aludíamos, la materia de que están hechos es neblinosa: “todo se desvanece… se emborrona”, leemos; se repiten términos como “indescifrable”, “inseguro”, “confuso” o “enigmático”. Las dos únicas veces, por ejemplo, que aparece en el libro la palabra “verdad”, es una verdad “escondida”: “al fondo de esta tumba / se esconde una verdad / más viva que yo mismo”. El vivir, la entera realidad, son entendidos pues como enigma, un enigma del que acaso sólo la muerte tenga la clave.

En resumen, quien hace quince o veinte años decía al escribir versos hacer “anotaciones al margen de ese álbum de fotos que es la vida”, no ha cambiado aquí sustancialmente esa postura frente a ella; pero ahora, en posesión de un saber y una madurez vital que entonces no tenía, no la ve ya como un “álbum de fotos”; lo que entonces hubiera de anecdótico ha perdido significación, al ser dueño el autor de una perspectiva que le permite ver, por detrás o más allá de cada “foto” aislada, su posible sentido general, o más bien la ausencia o la problematicidad actual de ese sentido. Y es desde esta perspectiva, y desde la mirada abarcadora que conlleva, desde donde están escritos estos poemas breves y esenciales, que abren al misterio y a la significación plural unos hechos antes mucho más centrados en su sentido y alcance inmediatos.

La ausencia de respuestas precisas procede por tanto de un conocimiento al tiempo más íntimo y más abarcador de aquello que se cuestiona. Y la humildad de lo escrito “a lápiz” (y, por tanto, susceptible de ser fácilmente borrado, o rectificado), de una comprensión más honda de la naturaleza compleja y móvil de una realidad a la que es ya difícil, acaso imposible, reducir a impresiones o detalles concretos. De una realidad a la que, por haberse hecho evidente su naturaleza viva y cambiante, no cabe ya apresar en “fotografías” (con lo que éstas tienen de fijo, de definido y constatable), sino únicamente seguir a través de una escritura que, como ella, ha de volverse tentativa y fluida, limitarse a proponer indicaciones que, sin embargo, tienen un alcance y una hondura claramente mayores que las constataciones inmediatas de antes.

Quizá pudiera entenderse en este sentido la idea del autor de ir reuniendo todo su trabajo poético bajo el título general de “Las leyes de la herencia”. Pues se trata ahora de apuntar no tanto, como decíamos, a la vivencia concreta, sino a lo que ésta tiene de generalizable, de significativo de unas constantes (“leyes”) humanas que a su vez se integran en el proceso mayor de la sucesión de las generaciones (“herencia”), ya que lo que la mirada poética puede abarcar ahora desde aquella “ventana” de la que hablábamos es ya una variada y amplia colección de experiencias que le permiten dirigirse a lo que de sustancial hay en ellas, a lo que posiblemente puedan tener de revelador de la entera condición humana. Desde una actitud, en efecto, tentativa y humilde, estos “Poemas escritos a lápiz” lo están porque el campo abarcado por ellos es mucho mayor que el que recogían las “fotografías” de hace años. Y porque incluyen esa condición dinámica y fluida que es propia del humano vivir, incluso si lo miramos ya no desde la perspectiva puramente individual, sino desde la general del hombre, sucediéndose en el tiempo y a la búsqueda de un sentido último que, como decíamos, quizá sólo la muerte pueda entregar completo.






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