lunes, 5 de diciembre de 2016

JANE DRAYCOTT [19.690]


Jane Draycott 

(Londres, 1954) es una poeta británica. Su última colección de poesía (editada por Carcanet) fue finalista del premio T. S. Eliot de 2009. Entre sus libros se destacan Prince Rupert´s Drop y The Night Tree (editados por Carcanet / OxfordPoets). 



Extraído de Draycott, Jane (2004) Prince Rupert’s Drop. Manchester: Carcanet. Traducción de ©Carlos Llaza.


La gota del Príncipe Rupert

el enfriamiento rápido de esta extraordinaria gota de vidrio
la deja en un estado de tensión enorme…

Es deslumbrante. Es una lágrima que soporta
un auto, el desprecio del candelabro
presto a romper en llanto como niño, un nacimiento
extraño, frío antes de tiempo. Es una oreja
de vidrio sembrada por accidente en el agua más fría,
la gota trasparente, dura como piedra excepto por la cola
o el cuello que estallará como azúcar, pateará como un mortero
con sólo el roce infalible de una uña.

Es la perla en el fuego fatuo, farol dormido
en el hielo, lumbre de San Telmo en tus ojos.
Es la explosión de un collar en ruleta, el crac
de huesos en un carámbano, el clic de tu alicate
sobre el cuello de mi corazón, el dedo frotando el punto
que dice ‘estás acá,’ hasta que de pronto ya no.



El Túnel

Pregúntame cómo fue todo al final del túnel,
si blanco como la uña del cirujano de la luna,
ligero como el agua que salpica de la rueda,
como pecho de lechuza, muy blanco para entrar,
muy ajustado, casi, a la puerta del camposanto,
entonces ahí estás, una novia en el jardín de Sissinghurst,
sobre la cima del Everest, sin un paso más
qué dar, blanca como nevada de morfina,
el descenso terroso a la casa en que naciste,
una sábana, la espalda rota corregida, ¿al tercer día, como las rosas?

¿O tal vez negro, otro túnel oscuro
metido por el culo o la boca del primero,
tu propio pozo minero o manicomio de los que no
dejaron rastro, sin cara alguna en el sudario
para hablar de o discutir sobre, negro como el bocado
que la tierra muerde de la luna, como un hachazo
de estiércol, una bocanada de silencio, el corazón
de la escoria, tan hambriento, sin qué hacer,
sin esperanza de entonar palabra alguna,
tu propio nombre en el olvido, ya devorado?



Prince Rupert’s Drop

the rapid cooling of this extraordinary glass drop
leaves it in a state of enormous tension…

It’s brilliant. It’s a tear you can stand a car
on, the hard eye of a chandelier
ready to break down and cry like a baby, a rare
birth, cooled before its time. It’s an ear
of glass accidentally sown in the coldest of water,
that sheer drop, rock solid except for the tail
or neck which will snap like sugar, kick like a mortar
under the surefire touch of your fingernail.

It’s the pearl in a will-o’-the-wisp, the lantern asleep
in the ice, the light of St Elmo’s fire in your eyes.
It’s the roulette burst of a necklace, the snap
of bones in an icicle’s finger, the snip of your pliers
at the neck of my heart, the fingertip working the spot
which says ‘you are here’ until you are suddenly not.



The Tunnel

Ask me what it was like at the end of the tunnel,
if it was white as a moon surgeon’s fingernail,
light as the water out from the crush of the wheel,
as the breast of an owl, too white to enter,
too tight a fit at the lych gate almost,
then there you are, a bride in the garden at Sissinghurst,
up at the summit of Everest, not one step further
to go, white as the snowfall of morphine,
the chalky descent to the house you were born in,
a sheet, a broken back mended, the third day, as roses?

Or was it black, another dark tunnel
crammed in the arse or mouth of the first,
your very own mine-shaft or mad-house of lost
without trace, of no trace left on the shroud
to speak of or talk about, black as the bite
the earth takes out of the moon, as an axefall
of slurry, a mouthful of silence, the heart
of the slag-heap, as hungry, as no chance,
as no hope of getting a word out,
your own name forgotten, as eaten already?










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