viernes, 16 de diciembre de 2016

JAVIER GUÉDEZ [19.741]


Javier Guédez 

(Venezuela, 1980). Narrador, poeta trakalo e ilustrador de efímeros del parque (landart). Premio Nacional del Libro de Venezuela 2014, en la categoría: experiencia en promoción del libro y la lectura. Galardonado por sus cuentos: Komegato (2001), La montaña amarilla (2003) y Puyero (2010). Fundador y director creativo de La Kuentonáutica en el estado Mérida, un gimnasio para la imaginación. Autor de los títulos de literatura infantil: Retorno de alas, Gárgaras y del audiolibro Pazíficos y la mutante. Ha trabajado en la realización de guiones para teatro, radio y TV. Su material poético y narrativo ha aparecido en revistas nacionales e internacionales. Amado de Tencha Media Luna, Papá de Liana y Koan, Lea (la gata), Alicia (la perra).



MALDONADO

Si la cafetera pierde un brazo en el enfrentamiento
(falta alguien más aquí)
si la carne está dura para el almuerzo de ambulancia
(falta alguien más)
si la ducha corona se viste de Prometeo en una mañana dulce
(falta alguien)
si los tornillos del portón decidieron
no sudar una gota más de grasa sobre el universo
y sus aullidos destrozan las ventanas
(sigue faltando alguien más)
si la lámpara decidió terminar con su luz colgándose del techo
(nos falta)
si la pata de la mesa de tantos ensayos de vuelo,
ahora no entiende de la tierra para dejar escribir en silencio
el menú de delincuencias
(nos fal)
si el closet ofendió el traje que luciría para su velorio cantado
si la bolsa de comida se regó como minas antipersonas
para ofender la quietud. 
(nos f)
si la mesa de billar negó su ultimo piquete
si la curita extendió sus alas sobre la herida de bala en los desamores
si el cuero de ella se desgarra al cruzar la senda
cayendo en un tobo de diablo rojo
cuando tiene frío en las noches sin televisión
(nos)
si ya no vendrá otra vez Ramón al buró de calamidades. 
el mundo entonces
quedará igual por todas partes.
(    )



MONTE

Desalojo los términos de referencia y mi lista de deseos
a escobazos por la puerta principal
la anticipación catastrófica
los artificios decomisados
la discordia pantanosa
los partes de guerra manipulados
el disco de freno y pila de la bomba de gasolina
los duelos de vajilla y estómago
el cansancio apostillado y
las patas de las mentiras amputadas
se van atorando entre los pedazos sueltos de la tierra
hasta que se van.

El mal agüero en cambio se sacude con vinagre, limón,
sonidos agudos de campana y  cruces de ruda con limoncillo  
pero no se van,
se escurren sobre la cerámica y se encadenan.
hacen huelga de hambre y a la semana nos sobra la compasión.

Los levantamos y los echamos al hueco
en un intento de 4 brazos sin tatuajes junto a las conchas y la ceniza de las velas
que alumbraron los libros dormidos

De resto las gallinas harán lo suyo
me pongo quieto y hago la tarea de pensar:
¡Qué bello jardín!
tiene el monte alto



POR QUÉ HAY TANTA GUERRA EN TI

¿Por qué hay tanta guerra en ti papá?
recuerda que las moscas también tienen hijos,
casas, y algunos miedos que nunca se les escapan
de sus ojos.

Te gustaría que a mi mamá la golpeará contra el piso
un enorme ojo peludo
porque ensució con sus manos y sus piernas
el río, la montaña y destrozó los árboles que daban frutas violetas
cuando el cielo se ocultaba debajo de la silla de cuero de chivo
y te dejará solo con nosotros
y todo el queso y el pan que le debes a la panadería.

Si quieres anda con ese aparato a otra parte
y mata nada más a las moscas hombres
total,
como no tienen leche en las tetas
¡Da igual!



EL GRAN ESCAPE

La servilleta se siente sola
porque el toallín se ha marchado con el trapo sucio de la cocina
y no esperan volver a casa en muchos años.

El papel higiénico perdió sus esperanzas
porque el papel bond es una estrella de cine
y nunca lo llaman por teléfono.

El lavamanos entristece y le duele su lado oscuro
porque la ducha se enfermó hace unos días
la poceta se ha ido a verla al hospital
y no ha regresado.

El sillón de la sala hace rato que lo machacó el olvido
contra sus aires perfumados
ha muerto el abuelo
y ya nadie se detiene a mirar

La nevera camina desolada hacia las calles lluviosas
por eso el abrelata, los tenedores y el rayo 
guindaron sus quejas sobre el tendedero
y los relojes de pared repitieron la misma hora
como besos tontos

La alacena muerde el polvo y se contrae hasta la piedra

La biblioteca renunció a su trabajo
porque los libros decidieron volver a los arboles

Las camas están partidas de hielo
tristes, sin pescados fritos
y guardan sus lágrimas en un huequito
en la pared que se desploma.

La casa tiembla por dentro y llora
entonces, ella misma
con el cielo despojado y la estructura llena de comején y grito
decide cerrar la puerta detrás de si
y escapar.


EL FABULOSO DESTINO DEL ÚLTIMO 
HOMBRE MEDICINA

Leía los caracoles,

el tarot de Marsella, las hojas de coca,

las cascaras de arroz, la borra del café,

los palitos chinos, la barra del bar,

el mantel de la cocina y la pecueca de los pies.

También soplaba copitas de aguardiente, adoraba estampitas vietnamitas de dioses griegos, danzaba misterios en fiestas de ayuno, fumaba pipas de agua, de aceite de sésamo y linaza.

Recibía  ayahuasca de las propias manos del wakantanka,

También peyote, ololiuqui, campanita

aguacollita, yurema

y santa maría bendita con el milagrito adentro

Ajenjo y mezcal, juntos o por separado, siempre daba igual. Yopo desde el corazón del chamán Bolívar, tabaquito molido hasta el fondo de la memoria antigua en espiral.  Bautizado con Kambó desde niño

Resolvía cálculos indomables de la nueva era de acuario y magnetizaba el vickvaporub para niños resfriados. Lograba la postura de loto, de orquídea, de geranio, de mata de plátano con facilidad, extirpaba tumores con las manos como Pachita. Seguía por los desiertos oscuros los pasos de Takata, Jesús, Maria Sabina, Buda, Balalaika y Peter Segovia.

Sabía con exactitud las bondades de los baños de asiento, lavados, purgantes, emplastos, cataplasmas, pociones, brebajes, ungüentos, pomadas, linimentos, vendajes, amuletos, paños de agua fría, agüitas aromáticas, calditos de pollo, comiditas blandas y el reposo.

Escribía poemas sufís, haikus, limericks, anagramas, palíndromos, anti poemas parrianos, flujogramas dharmaticos, acrósticos gnósticos, crucigramas ateos, y levitaba a centímetros en vez de echarse a morir lejos.

No sabía nada de los koanes, pero los había respondido todos como Leonora Carrington.

Su alimentación era ayurvedica, por lo que no comía ajo y aguacate. Hacía despojos a prueba de balas porque era sobrino del hermano Cocó, viajaba al inframundo a perseguir espíritus equivocados envueltos en amor y duelo, llevaba a domicilio el rezo del cariaquito morado,

Se graduó de jipi por correspondencia, vivía en una maloka y los viernes en un tipi. Los días revueltos no salía de la hoguera iluminada del temazcal. En su descanso practicaba la acupuntura, la homeopatía, el tao tántrico, la física cuántica, la hipnosis, la Gestalt, el hopponopono hawaiano, las constelaciones familiares, el darse cuenta y su dharmanake, los mudras y por puro perdón la numerología y la imposición de manos.

Psicomagia para el aperitivo, educación libre y activa para el verano, Steiner como analgésico, Ralph Waldo, Xochipilli y taita Querubín como bisturí.

Por último  prendía varitas de takamajaka para despertar el Kundalini 

Varitas del tamaño de un poste de carretera, para elevar la conciencia  alto,  alto, lo más alto que pudiera, alto…tan alto,

como para poder hacerse vendedor de globos.

 [Del libro Domesticvm]



La parte más fea

Todo el mundo sabe mejor que yo,
cómo educar a mis hijos para que no vayan a ser como yo,
y mucho menos como tú,
y llevar una dieta balanceada a base de pepinos y mandarinas
sin pasar por GO.

Todo el mundo sabe mejor que yo,
cómo relacionarme decorosamente con la primera y la tercera persona
aplicando manuales infalibles,
convertidos en lindas frases maquilladas con tipografías diuréticas
posteadas en las plataformas digitales
de los ángeles que se dejan caer.

Y no hay mejor remedio para las quemaduras que el café, limón para las ponzoñas en la planta de
los pies, espantos, algodón para el hipo
y formol para el olvido
Los gorros de baño son el mejor lugar
para los zapatos cuando te vas de viaje
Oh, menesteres del sendero de la psicodelia amazónica
que uno aprende sin querer de algún amigo sin novia.

Todo el mundo sabe mejor que yo,
cómo mantener un cantero reciclado de acelgas, rábanos, cilantro, cebollín chino, orégano orejón, ruda y yerbabuena
en el balcón de un piso 7, sin escardillas, yunta de bueyes ni veneno.
Y saben más aún, como se deshuesa una pechuga, en menos de un minuto y medio,
y cuales verduras son mejor comer crudas y cuales cocidas. porque de eso se trata.

Todo el mundo sabe mejor que yo,
cómo se hace una compra de candelabros o zapatos azules por internet desde un teléfono, pasando por un túnel.
Y como hacer trampas que no ensucien la conciencia.

Todo el mundo sabe mejor que yo,
lo que me hace ser una lombriz de tierra
y lo que me entristece como un ornitorrinco,
lo que me explota en la garganta como un puñado de arenas y lo que me empalaga hasta el cielo de la boca.

Los secretos del abdomen plano,
la verdad verdadera de las mechitas californianas
de los implantes de goma espuma
y de los pasillos que huelen a mastranto y comino,
de las bolsas negras y los algodones de azúcar.

Los teoremas se ponen a llorar sobre los arboles
y los poemas célebres estallan
debajo de las ruedas de un 750 en la autopista
despojándose así de todos sus conejos blancos.
Quienes perdidos también son aplastados
por una viejita que grita con un bastón en la mano.

Todo el mundo sabe mejor que yo,
cómo se programan los canales
cómo se cambia una cerradura,
y que lo mejor del mundo será, comer con hambre, tomar agua con sed, hablar con quién te escuche y pedirle a quien te dé.

Todo el mundo lo sabe mejor,
ya lo sé,
que con solo apretar un botón en el año 2050 se podrá viajar a saturno
a bordo de un ascensor
y que hace media hora insurgentes armados
avanzaron hacia la capital de Yemen.

Hoy los estudiantes estonios han construido
audífonos gigantes para escuchar al bosque
La instalación combina el espacio arquitectónico contemporáneo
con el entorno salvaje
y es accesible para los amantes de la naturaleza y excursionistas de todo tipo.
En Islandia los constructores de ferrocarriles han dejado quieta una montaña
para no dañar el hogar de varias familias de duendes
y cosas así.

Todo el mundo sabe mejor que yo
cuál es la izquierda, cuál es la derecha
y cuál es el centro de las cosas.

Todo el mundo sabe mejor que yo,
del romance y la propaganda,
del melodrama y la sátira,
mucho más, de la saga heroica y de la ficción realista,
la leyenda, la historia recamada, la geografía narrativa
y las anécdotas mejoradas.

Todo el mundo sabe mejor que yo,
dónde quedan los bares de ultratumba,
para colgar dolores blandos desanimados
y cómo se preparan los chapattis de aperitivo.

Que ponerle sistema de tinta continua a los corazones
no es garantía del amor, y que las bicicletas son el automóvil del futuro.

Entonces a uno solo le queda recordar a los monstruos dedicados
Porque la agüita amarilla sigue cruzando puentes detrás de ti
y la zurra plasmática y la salamandra, fueron la honestidad brutal de siempre.

Todo el mundo, todo el mundo, y todo el mundo lo sabe.

Porque en este preciso momento,
entre millones de personas que sucumben
y entre otras miles que florecen,
acaban de publicar una foto, en la que estas etiquetadx.

Mientras del otro lado
un niño dice
que la guerra, es la parte más fea
de la paz.


Trescientos niños y dos pelotones

Ustedes que han traído poesía bajo el brazo a falta de pan
vengo a ofrecerles a cambio este puñito de palabras desmigajadas
a ver si pueden guardarlas en su mano para darles calor.
las pobres perdieron cualquier signo de vida,
casi pueden sostenerse solas
si no les molesta háganlas comer
aunque hayan perdido algunos dientes
en varias peleas callejeras, inténtenlo
que me queda apenas este picadillo.

Capaz y las enseñan a volar con motivo propio
y a estrellarse contra un peñasco 
yo de mi parte he intentado apenas rociarlas con agua de cayenas
para ver si dejaban la pataleta
pero no ha surtido ningún efecto
a cambio están adoptando nuevas contorsiones
que le ponen a doler las curvas y las rectas
haciéndolas llorar como frutas
y eso es muy duro para mí, ustedes me sabrán comprender
yo se los pido.

Ustedes que han traído poesía bajo el brazo a falta de pan
permítanme robarles un poquito de su magia
para que mis palabras ya no sufran de tantos reconcomios
y anticipaciones catastróficas
mientras la casa se queda dormida.

Antes de ser un intento de poema, les juro que estas palabras
venían de sufrir una infección intestinal terrible
yo se les pido,
miren que me han ayudado a fabricarlas trescientos niños y dos pelotones
en pleno solsticio.

Permacieron quietas durante más de cuarenta confusiones cubicas
o lo que es casi lo mismo, desoxigenadas, y han salido ilesas
aunque con algunos hematomas que ustedes sabrán hacer pasajeros. 

Según las instrucciones ninguna puede dormirse si la otra tose,
vomita o deja caer una sombrilla en el piso
son conductas que aún sigo sin tragar
a pesar de que he jugado a los dados
y al ciclón del dinero con ellas
no alcanzo a tener la mínima sospecha
de lo que buscan dentro de los bolsillos de mi pantalón, y entre las comisuras,
donde chupan sin cesar.

Los veo muy callados mis señores, como si estuvieran a punto de morir
a causa de un aletazo de ballena,
por algo será.
pero despreocúpense
mi hermano mayor fue PTJ

Aquí entonces se las voy a dejar en este montoncito
por si alguno tiene un corazón grande que las quiera llevar lejos.

Les recuerdo que no saben andar sino es detrás de la sombra de un perro
así que no deben preocuparse por otras tonterías
solo llévenlas, cualquier mapire o bolsita les será de buen hogar
se acostumbraran a lo que sea, ya han sobrevivido lo peor.

No intenten tragarlas y me disculparán
pero no tienen sustancia alguna,
procuré encenderlas una vez a la fuerza
y me di cuenta que no les gustaba arder
porque preferían ver pasar las cosas de la vida, para saludarlas por detrás en la distancia
y despedirse con una nostalgia tonta.

Muchas veces me dijeron que debía ahogarlas con una almohada
o estrangularlas con la trenza de mis zapatos azules
para que aprendieran de la valentía, la certeza y el perdón
pero me asfixie cuando observé que le salían cielos de la boca
y terminé agotado y sin ningún trofeo
sobre un sofá que me hablaba en una lengua extraña.

Así que les ruego algo y permítanme que se los diga: si estas pobres palabras que quisieron cambiarse a poema terminan por obstinarlos de cualquier manera
aquí les dejo anotada mi dirección en esta piedra
solo cántensela al oído, y
llegaran solitas hasta mi cuarto.

Se los agradeceré y si es posible pagaré por ello
porque todavía me cuesta conciliar el sueño
cuando no vienen a la cama.

Ustedes que han traído poesía bajo el brazo a falta de pan
¡Piedad!











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