martes, 6 de diciembre de 2016

VALENTÍN CHACÁRTEGUI SULLIVAN [19.692]



VALENTÍN CHACÁRTEGUI SULLIVAN 

Poeta. Nació en Palma de Mallorca el 10 de diciembre de 1983 y falleció el 13 de Febrero de 2014.

¿Sabían volar nuestros hijos?» dice el primer verso de uno de los poemas de Valentín Chacártegui Sullivan recopilados en el último número de La Bolsa de Pipas. Las palabras adquieren una resonancia siniestra cuando uno cae en la cuenta de que el poeta se suicidó el año pasado arrojándose desde un quinto piso. Padecía esquizofrenia, que es un sustantivo inexacto para describir una visión dislocada de la realidad, nada más que una etiqueta para tranquilizarnos a nosotros, los cuerdos.

El verbo, sin embargo, es asombrosamente exacto, como bien saben los familiares y amigos de los enfermos y, sobre todo, los propios enfermos. El sufrimiento pavoroso de una dolencia mental no tiene nada que ver con los tormentos portátiles y más o menos autoinflingidos que provoca una vocación literaria o artística. Por eso resulta asombroso cuando alguien decide expresar su dolor a través de un conjunto de signos, ya sean letras, colores o sonidos. La red de túneles entre la locura y la creatividad, sus conexiones secretas, han sido estudiadas desde diversos ángulos, pero en esa bibliografía no dejan de asustarnos las manchas de sangre. La oreja cortada de Van Gogh. La ansiedad de Hemingway cuando buscaba frenéticamente una pistola en las guanteras de los automóviles aparcados en un aeropuerto. Los largos cortes que encontró el forense en los antebrazos del cadáver de Rothko.

En algunas culturas primitivas el poeta, el pintor o el músico se igualaba al chamán; se creía que a través de su voz o sus manos hablaba un dios. Ese diálogo con la divinidad a menudo comportaba un precio terrible: la razón, la tranquilidad, la misma vida. Los vecinos de Rávena murmuraban, cuando Dante paseaba por la calle, que en verdad aquel hombre había bajado a los infiernos. En medio de su borrachera mortal, Dylan Thomas murmuró antes de derrumbarse: «Dieciocho whiskies seguidos, creo que es todo un récord».En el hermoso texto que Román Piña dedica a Valentín Chacártegui se lee: «En el instituto no veía compañeros adolescentes, sino demonios. De su cabeza salía fuego». En los grabados de William Blake no suele haber mucha diferencia entre ángeles y demonios.

El año pasado una amiga ya fallecida me pidió que ayudara a un paciente suyo, Daniel, en el oficio de la escritura. Cuando le advertí sobre la mezquindad y las rencillas del mundillo literario, Daniel me respondió: «Siempre me dicen que no puedo hacer esto o lo otro. No saben que llevo toda la vida luchando con un monstruo». [DAVID TORRES / El Mundo]



Besar,
Arder
Y consumirse.
Qué espontánea
Sucesión de milagros.
¡pero, besar!
¿no habéis nacido nunca
Tras un beso otorgado
En sueños? 
               

¤ 

Eres el instante,
La deceleración 
De los astros,
Eres luz que emite luz
-Nunca precaria-
Eres lo que atisbo 
En el espejo
Cuando desnudo mi cuerpo 
De inútiles aparejos
Y dejo sólo
El rastro de mi corazón.
Mantén así tu sonrisa
Al despertar entre terrores
Mantenla así, tan concisa
Y clara que no puedan las sombras
Llegarte hasta el centro,
El centro de ti misma
Cuando sonríes.


¤ 


Busco el hogar de mi infancia,
Ayúdame mar que interpelas
Con la saciedad de tus espumas
A salir a la verdad en su lactancia.
De dientes tengo el alma llena,
Contráeme dolor de las mañanas
Dolor que reza: no te desangres, no te desangres.
La sed me puede.
He abandonado ya por siempre
Las lindes de mi infancia.
               


¤ 


No olvido
A las olas batiéndose
Contra las rocas
-¿Las oyes?
¿Ves aquella ave lejana
Emancipada de la oscuridad?-
No olvido tu sentencia,
El nombramiento
De nuestro pacto.
Si, lo sé,
A menudo es difícil
Sostenerse en pie
Entre los frágiles
Álamos de la niebla.
               

¤


Desprenderos de las mascaras
Que acentúan vuestras miradas.
Huid de la normativa
Y asestad el hachazo al verbo.
Dividid el amor para que llegue
Más allá del límite 
Que imponen vuestros cuerpos.
               

¤ 


Navegábamos inútilmente
Entre las voces de las montañas
Nos arrancábamos los pétalos 
Esperanzados.
Era tu voz entre los juncos
Y la arena de los meandros
Un pico amarillo
Y mi cuerpo, una danza
Que celebra todas tus canciones.



La pluralidad de los jardines. Insomnus. Poesía, 2011


Hemos recibido 
la tristeza
como don de masas.
Nos han educado 
en el mundo 
de las lenguas con alfileres,
de los corazones
detenidos,
de la fe en la moneda.
Nos faltaría el grito
la rabia vital
la protesta.
En fin,
el absoluto y su negrura.



*


Es duro el exilio
Que me aleja de tu voz
Y tu mirada.
Me dicen que es vana
La ilusoriedad
Que es más justa
La soledad.
Y ahora, desde la soledad
Me pregunto:
A qué tanta herida
De sueños,
Tanta mordedura
De vendavales
Cuando lo único que cabe ya
Es la migración del éxodo,
La decapitación
De todos los sentidos.



*


Entre el aliento
Y la montaña
Siete abismos
Y mi alma.


*


Ese instante de ti que no se agota,
Esa fosa común donde paren
Con frenesí tus besos enlutados.
Esa memoria que reitera
En la necesidad de ahogarnos,
Para no repetirnos, para amarnos
Sin descanso. Y es que todo es así,
Voluntad de ti sobre las charcas,
Esa voluntad que hace chocar
Los cantos rodados en la línea
De la sangre. Justo donde golpea
El canto de las ranas a medianoche,
Justo donde iniciamos los pasos
De la madrugada.
En el agua, a pesar de todo,
Ese instante de ti que no se agota.



El lento vals de las bestias
Bradbury ediciones, 2013



El loco

Qué muertos me traes
bajo qué mansa podredumbre te deshaces
viejo loco de horas, días, meses, años
qué rabia es tu certeza
de qué fuerza sobrehumana te dotan las correas
que te postran.
Un manto de cielo azul sobre las paredes verdes
y tú temblando lloroso
mordiéndote el puño
volviendo a la niñez.

      



El suicida

Hay un silencio infinito,
nada quiebra el más leve obstáculo del agua.
Llueve.
Un ventanal abierto, un cuchillo,
un fusil hendido en la boca
todo son pretextos
para negar que valió la pena
para afirmar que te vencieron
los albatros grises de la madrugada.
Ven muchacho, hombre, anciano
estrecha mi mano profundísima
levántate del suelo y
amamanta una esperanza.

        

*



Una niña ríe bajo una cascada de luz.
Madres nadan desnudas en un claro del bosque.
Los hombres madrugan para cazar patos
frente al río.
Desde Tu Fu nadie había sido natural.
La bestia ruge en la montaña
de cumbres nevadas
y el agua desciende ligera
por arroyos menudos.



*



Allí donde crían agujeros
las hojas de la morera;
se transforma el capullo
en alas y sombra.
El niño caza mariposas
con su red.
Luego les clava alfileres
en las avenidas de la libertad.
¿De nuevo la bestia?


*


Abierta la ventana.
El hombre de alma desnuda y herida.
Están muy lejos los años y las cavernas,
la naturaleza oscura de brazos
y perfiles afilados.
Lejos están los años en que uno concibe
con la pasión en lugar de con los sesos.
A lo lejos se oyen las sirenas.
Bajo la ventana,
una sombra,
una bestia.


*


En los nidos antiguos reposa
la esencia del trino.
Abro la ventana
y respiro el aire de la mañana
y veo al mirlo de pico aderezado.
Nubes como montañas
oscuras y amenazantes.
De nuevo siento el aliento de la bestia,
sus garras en mi vientre.
De la tierra brota
un jardín de alas y rosas.



*


¡gritadla!
No os la arrebate
el aliento de la tierra
cuarteada,
la sequía y la desidia.
Amad.
Sólo el ser amante
privará de azul
a las alturas


*


¡Besaos hombres del mundo!
Es el silencio de la unión
lo que despertará a la bestia.
Dejad que os arranque
los rostros.
Sé que amáis con el corazón.




.

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