domingo, 24 de abril de 2016

ELADIO MÉNDEZ [18.503]


ELADIO MÉNDEZ

Poeta. Nació en 1957 en Castuera, (Badajoz). Reside en Mérida desde que tenía apenas cuatro años.

Ha publicado: 

-Acróscopos, 13 poemas acrósticos, 2011
-La memoria encendida en Editorial Amargord, 2016.


Fe de erratas

Donde dice:
Compañera,
deseo forjar con mis manos
orquídeas de rebeldía,
barricadas de jazmín,
esencias del quince eme
y el veinticinco de abril.

Debería decir:
Compañero,
lancemos con vehemencia
una descarga de mierda bien servida
contra el rostro de todos los políticos
hijosputamentecorrectos. 


Páter

Se acordó de su dios blasfemamente.
¡No, por dios! no imaginéis ni por un instante
que fue una expresión de irreverencia.

No, no es eso.

Tan sólo fue la consecuencia
de un acto reflejo, la rabieta lógica
de aquel que se ha pillado
los dedos de una mano
cerrando con vehemencia
la puerta de su caja fuerte,
después de poner a buen recaudo
las limosnas depositadas por los fieles
en los cepillos de su parroquia.


La flor del nopal 

Donde tu inocencia quedó cercenada 
grito tu nombre; en el lugar exacto, 
y un clandestino eco me devuelve 
el llanto lacerado de una flor de nopal. 

Grito tu nombre en el preciso instante 
en el que un sol de ausencias 
emerge de tu pecho como un suspiro helado, 
como un rosal de dagas que te hiriera de muerte. 

Grito al cuchillo que violenta tu carne 
y a la mano asesina que silencia tu nombre 
y gritando me ahogo en tus pupilas yertas, 
en el amargo cauce que tu llanto produce 

sobre la tierra sacra que tu cuerpo amamanta, 
donde tu madre reza, donde mi voz te ausenta, 
donde nace una orquídea cada noche de luna 
en un dolor profundo, allí grito tu nombre. 



 Acróscopos, 13 poemas acrósticos, 2011


Arde la flor; en la lumbre de la aurora
Relinchan negros corceles,
Impacientes de espuelas y de bridas
Emergen de los sueños para con avidez
Sembrar sobre los páramos crepúsculos y albores.



Trémulo y errante tu corazón persiste
Añorando la ausencia de caricias y sueños,
Ungido de esperanzas y de aroma a turquesas
Rememoras los días de los besos furtivos
Olvidando el dolor que suscita el recuerdo.




Abrió sus ojos a la escarcha fulgente.
Cuando la luna clara al almendro corona
Un temblor de placentas precipitó la vida.
A la vez que su llanto se tornaba de plata
Relucían como astros las lágrimas maternas.
Imaginando besos y caricias de armiño
Obsequió a la mañana la candidez del llanto.




Pongamos, por ejemplo, que transitas por el velado tiempo de la
Infancia. Por ejemplo, que hay niños de todos los confines durmiendo
Sobre huérfanos destellos, comiendo sin mesura, a pedazos, el hambre,
Caminando sin rumbo hacia el espejo cóncavo de la ausente memoria.
 Inevitablemente te verás reflejado en un salobre torrente de pupilas,
Sabrás entonces, del secreto dolor, que causa el desamparo.



En: 3x3. colección de poesía, 7. ERE. 2015

Estos niños que mañana serán padres,
¿Sabrán besar y abrazar con ternura?

 +

¿Dónde morarán los sueños
que en el tiempo fenecen
sin estrenar la infancia?

 +

Y unos labios fecundos
como azules libélulas
circundando mejillas.

 +

Aprender solfeo
escuchando en la fragua
el lamento del yunque.

 +

En las calles mordidas
por las fauces del hambre,
¡jugar a contar muertos!

 +

No haber sentido nunca
el tacto de un juguete,
duele en el recuerdo.

+

En tus manos inmensas
titilan como ascuas
las canicas del alba.

 +

Los brazos de la niñez
son un cálido río
envolviendo latidos.

 +

Vivir eternamente en la infancia
para no tener memoria del dolor.





La memoria encendida (Editorial Amargord, 2016).

LA MEMORIA ENCENDIDA de Eladio Méndez.

El pasado dia 17 de marzo de 2016, asistí a la presentación del libro de poemas de Eladio Méndez: "La memoria encendida", publicado por Amargord. Tuvo lugar en la biblioteca municipal de Mérida, "Juan Pablo Forner". La sala estaba repleta de amigos y admiradores de Eladio, tanto de su poesía como de su persona.

El acto resultó de lo más entrañable y ameno. El presentador se centró sobre todo en el carácter de Eladio siempre luchando por un mundo más justo, siempre al lado del que lo necesita. Este carácter se refleja fielmente en sus poemas; pero lejos de ser una poesía panfletaria, la maestría poética del autor consigue que el lirismo de los versos se convierta en un aliado a la hora de intensificar lo que pretende con su contenido.

Realmente los poemas de Eladio no dejan indiferentes. Todos, independientemente de la ideología política y religiosa que seamos, podemos hacer nuestro algún aspecto del poema, pues rebosan humanidad.

Dice Eladio que están escritos desde el respeto pero también desde la rabia hacia las injusticias. 

A lo largo del poemario hace un recorrido de las injusticias de las que ha sido testigo, y a veces también víctima, desde su infancia hasta la actualidad. Todo ello con un lenguaje sencillo y un verso ligero que apunta directamente al corazón y acierta de pleno. Musicalidad y belleza envuelven la tristeza de la anécdota. Aún siendo un poemario de denuncia, no pierde el sello de ternura que caracteriza a Eladio Méndez.

Amenizaron el acto, el cantautor Miguel Ángel Naharro, que nos obsequió con varias de sus hermosas creaciones y el poeta Joaquín Gómez, que hizo una performance de lo más curiosa.

Quien se acerque a LA MEMORIA ENCENDIDA de Eladio Méndez no quedará defraudado. Como el título indica, lo que los versos refieren siguen pulsando en el corazón y la memoria de Eladio; y es que son, muy a nuestro pesar, de una rabiosa actualidad.

Dice Antonio Orihuela en el epílogo que los versos de Eladio son de los más limpios que él conoce en cuanto a la denuncia de lo que de destructivo tiene el capitalismo. Sin entrar en opiniones a favor o en contra del sistema capitalista ni de otras cuestiones en las que todas las opiniones son igualmente dignas, lo que sí es cierto es que Eladio Méndez es UN POETA LIMPIO, sencillamente porque él es UNA PERSONA SIN DOBLECES, LIMPIA, HONRADA Y BUENA COMO POCOS.

ENHORABUENA, ELADIO.
Ana Mª Castillo Moreno


No todo fueron ejecuciones     

He tomado la firme decisión
de no volver a mencionar la palabra desahucio
en presencia de mi madre.

Cada vez que lo hago
percibo en su rostro una profunda tristeza.

Fueron días tristes, -me dice sollozando-,
amargos días en los que apenas recordaba
el cálido sabor de un sorbo de café
o el suave tacto sobre la piel de una toalla seca.

Aun recuerda el trémulo cuerpo de su padre
como una implosión de rabia contenida.

Cuánto hubiera dado en aquellos momentos
por ser hacha en vez de niña, me dice
apretando los puños y mordiéndose los labios
mientras una lágrima recorre su mejilla.

Hacha sí, hacha para asestar un golpe certero
sobre la mano que firmó tan injusta sentencia.

Era marzo de mil novecientos cuarenta y dos,
en lugar de fulgor de aguamarinas y fragancias de narcisos,
los idus ofrecieron dolor y desamparo.

Llovía cuantiosamente, como dios manda,
porque en aquella época dios mandaba de cojones.

Veintiún días con sus noches,
sus relámpagos, truenos y su agua persistente.

Ese agua, que siete criaturas desahuciadas
maldecían como sólo los sintechos saben maldecir,
soportando la intemperie bajo una raída lona,
obtenida no precisamente por caridad cristiana.

No, no todo en la posguerra fueron ejecuciones,
de hecho, mi madre,

vivió para narrarme aquel siniestro crimen.



Jornalero           

Rasga el sol la oscuridad
el sueño, corta el reloj,

el hambre rompe el ayuno,
la dignidad el patrón. 


La memoria encendida. Ed. Amargord, 2016


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