sábado, 30 de abril de 2016

SAMUEL IBN NAGRELLA [18.582]


Samuel Ibn Nagrella 

Córdoba,  993 - Granada, 1066 
Político y escritor

UN GRAN POETA HEBREO: SAMUEL IBN NAGRELLA o SAMUEL HA-NAGID.
Su educación discurre en el seno de una familia de elevando rango social. Estudió en Córdoba la cultura árabe y hebrea, pero debido a la situación social y los conflictos de la época se trasladó a Málaga. Cuentan los anales de la historia que debido a sus dotes como calígrafo fue seleccionado para entrar en la corte de al-Mutasim. 

Experto en teología y filología, fue uno de los granes pensadores de su tiempo. Recibió el título de "Nagid", nombramiento que le elevó a representante legal de los judíos andalusíes. Este personaje también estuvo al servicio de los reyes beréberes de Granada y desarrolló algunas importantes cuestiones financieras. 

Es necesario además destacar su faceta como literato. Fue un gran poeta. Cultivó la poesía hebrea e, incluso, en los momentos de mayor actividad bélica dedicó su tiempo a componer versos en agradecimiento por ganar en combate. Con estas composiciones dio lugar a un género único. Samuel escribió más de 1.700 versos de tema secular. Sus poemas aparecen recopilados en tres libros "Continuación de los Salmos", "Continuación de Proverbios" y "Continuación de Qohelet". Su legado se complementa con escritos filológico y asuntos de derecho judío. 

Su fallecimiento se produjo durante el célebre pogrom granadino de 1066, en el que fue asesinado junto a centenares de judíos.




Daré vueltas hasta subir a lo alto
a una cima que sea por siempre conocida,
que mis enemigos hallen en mí espanto,
y mis amigos ayuda.





¡Oh cálamo!, voy a cantar tus favores,
pues gracias a ti se llenó mi mano
de riqueza y gloria, y por tu lengua
hizo callar la mía a los valientes.
Toma el cálamo, pues con él se reúne
la riqueza; el cálamo levanta a los humildes
al poder, y el cálamo habla
por escrito en lengua de reyes.






Mira hoy mi angustia,
escucha y atiende mi plegaria.
Recuerda lo que a tu siervo declaraste,
¡no quede confundida mi esperanza!
¿Alcanzará algún brazo a hacerme daño,
siendo Tú mi vigor y mi refugio?
Me hiciste la promesa y el favor
de mi albricia por mano de ángeles:
estoy cruzando las aguas,
¡líbrame de mi terror!
Camino por hoguera ardiente,
¡libérame de mi fuego!
Y aunque haya obrado mal,
¿qué soy o qué significa mi delito?
Estoy afligido y ni siquiera puedo
prolongar mis súplicas.
¡Cumple lo que mi corazón anhela
y apresúrate a socorrerme!
Y si no te parezco digno,
¡hazlo por mi hijo y por mi ley!




¿Intervendrás en mi favor año tras año
como con los Patriarcas y elegidos?

Al llegarles su hora, Tu incitas a quienes retroceden;
Tu separas a los malvados el día de venganza.

Tras la muerte de Ibn Abbas, con la venida de
Ibn Abbad me sobrecogió la aflicción.
Ambos me persiguieron, mas uno ceñía su cabeza 
de corona real, el otro apenas contaba.
Entre él y mi rey había desavenencia y envidia,
nadie en España les hacía frente.

Tenían sus tropas capitanes a millares,
caudillos con estandartes sobre sus cabezas.

Penetramos en sus tierras con fuerza,
para vengar a los señores despojados;
iban con nosotros varones cual leones,
tropas numerosas como langostas o saltamontes,
todos empuñaban veloces la espada
sobre corceles impetuosos que volaban como nubes.

Salió veloz a perseguirnos siguiendo su consejo
con infantes por centenas y millares.

La noche del jueves como a perdices les perseguimos
lo mismo que hacen los enjambres.

Apresamos a quienes quisieron capturarnos,
los que creyeron devorarnos fueron consumidos.

Al acercarse mis enemigos para devorar mi carne,
me levanté yo y ellos cayeron aniquilados.

Nosotros construimos cabañas con alborozo,
en tanto que ellos se duelen de su deshonra.





Al advertir el rey que residía junto al mar,
y su visir llamado Ibn Abbas, 
la gloria de que yo gozaba ante mi rey, que
de mí pendían los asuntos y dictámenes del reino,
y que nada quedaba dirimido
mientras yo no lo diera por acabado,
envidiaron mi esplendor y quisieron
derribarme presto con sus manos...

Mas Dios, para su caída, tenía preparada desde antiguo
en la ciudad del manantial una fosa excavada...

Valientes varones perdían el gusto
por la vida y elegían la muerte;
pensaban los leones que las heridas abiertas
de sus cabezas eran coronas;
de acuerdo con su fe, lo recto era morir,
seguir viviendo les estaba vedado.

Los abandonamos en la estepa para las hienas,
los chacales, los leopardos, los jabalíes;
los dejamos protegidos por piedras,
recostados en cardos y espinos,
entregamos su carne como presente a los buitres,
como dádiva para leones y lobos”.





Buen mensajero, ¡dame la nueva!
por favor, levanta tu voz...
¿Es verdad lo que oigo?
¿Cómo fue? ¿De qué manera?
Dime, ¿es cierto que el cuerpo de Ben
Abi Musay ha sido destrozado?
¿Fue su cadáver arrojado
a las calles y destrozado?




Hijo mío, sabe que ha huido en desbandada

la maldita tropa de enemigos,
se ha dispersado por los montes
como tamo de avena arrastrado por el vendaval,
esparcida por los caminos
como ovejas sin pastor.




Nada hay mejor que la fama,

el buen vino,
un cantor melodioso
y un buen amigo con el que apurar las copas,
que se arrodille ante Dios de día,
y se postre ante el vaso de noche,

que lo beba y olvide su aflicción.





Cinco cosas colman los corazones de contento,
y alejan mis pesares:
una graciosa cierva,
un jardín,
el vino,
el murmullo del agua de la acequia
y un cantor que me deleite.



CHUPARÍA AMARGO VENENO DE LA BOCA
DE UNA SERPIENTE

Chuparía amargo veneno de la boca de una serpiente
y viviría en el agujero del basilisco para siempre,
antes que sufrir a través de las tardes a los vulgares
peleándose por migas de su mesa.



PODRÍAN LOS REYES ENDEREZAR A LA GENTE
QUE ESTÁ ERRADA


¿Podrían los reyes enderezar a la gente que está errada,
mientras ellos mismos están torcidos?
¿Cómo, en los bosques, podrían las sombras que se doblan
ser rectas cuando los árboles son torcidos?


UNA INVITACIÓN

Dime, mi amigo,
¿Cuándo he de servirte tu vino?
El canto del gallo me ha despertado,
Y el sueño ha desertado mis ojos.

Sal y mira la luz de la mañana
Como un cordel escarlata en el Este.
Date prisa, sírveme una copa,
Antes de que el alba ascienda,

De jugo de granada aromática
De la perfumada mano de una muchacha,
Que cantará canciones. Mi alma
Revive y luego muere.


LA GUERRA

La guerra al principio es como una joven muchacha
Con la cual todo hombre desea flirtear.
Y al final es una mujer vieja.
Todos los que se la encuentran se sienten
afligidos y lastimados.


LEONES HERIDOS

En tiempos de dolor, fortalezcan sus corazones,
Aún si se hallaran ante las puertas de la muerte.
La lámpara sigue teniendo luz antes de apagarse.
Los leones heridos saben cómo rugir.


LA HORA

Ella dijo: "Sé feliz de que Dios te haya ayudado a alcanzar
la edad de 50 en este mundo", sin saber
que para mí no hay diferencia entre mi vida
pasada y la de Noé de quien apenas he oído
Para mí sólo existe la hora en la que estoy presente en este mundo;
Permanece un momento y luego, como una nube, se aleja.


LA TIERRA PARA EL HOMBRE

La tierra para el hombre
es una prisión perpetua.

Estas pequeñas ayudas, entonces,
para tontos:

Corre adonde quieras.
El cielo te rodea.
Sal si puedes.


LOS MÚLTIPLES PROBLEMAS DEL HOMBRE

¿Los múltiples problemas del hombre,
hermano mío, como las injurias y el dolor,
te asombran? Considera al corazón
que los retiene a todos
en la extrañeza, y no se rompe.



BIBLIOGRAFÍA

David Goldstein. The Jewish Poets of Spain. 900- 1250. Penguin, 1971.
Peter Cole. Selected Poems of Shmuel HaNaguid. Princeton Univ. Press, 1996.
Leon Weinberger. Jewish Prince in Moslem Spain: Selected Poems of Samuel ibn Nagrela. Univ. of Alabama Press, 1997.
T. Carmi. The Penguin Book of Hebrew Verse. Penguin, 1981.



SAMUEL IBN NAGRELLA HA-NAGID
El hombre de confianza de los ziries de Granada

Por Elisa Simon

Samuel ibn Nagrella, Abu Ibrahim, para los musulmanes, fue unos de los personajes clave del siglo XI en la taifa de Granada.

Su familia provenía de Mérida y se asentaron en Córdoba en tiempos del califato, donde nació Samuel hacia el 993. Sus padres le dieron una educación con los mejores maestros, tanto musulmanes como judíos, como el rabí Moshe ben Hanok y el “padre de todos los gramáticos” Yehudah ben David, llamado Hayyuy de Fez.  Dominaba varios idiomas,  el árabe, el berberisco, hebreo, latín, romance, arameo y griego. Su cultura árabe y hebrea le dieron una amplia visión de su mundo. Como dijo Abraham ben David en su Sefer ha-Qabbalah “ era experto en los libros de los ismaelitas y en su lengua..” Durante sus años de estudio coincidió con eruditos como Yishaq ibn Jalfun, poeta con quien trabó una gran amistad.

Hacia el 1013 comenzaron los disturbios en Córdoba y la lucha por el poder del califato, por lo que pronto Samuel se vio forzado a dejar su ciudad y marchó a Málaga. Allí abrió una pequeña tienda en el mercado, sin dejar sus estudios tanto del Talmud como de otras ciencias. Gracias a su esmerada educación contaba con un don para la grafía y el arte de la retórica.

Dicen que su tienda se situaba en las inmediaciones del palacio del secretario del visir del rey de Granada, el zirí Habbus ibn Maksan. Este secretario que se llamaba Abu al-Qasim Ibn ´Arif, supo de las grandes cualidades de Samuel para redactar cartas en árabe y pronto empezó a solicitarle encargos. De esta manera, comenzó la carrera de Samuel Ibn Nagrella que le llevaría hasta la cumbre jamás soñada por él.

La exquisitez y belleza tanto de la grafía como de la expresión de las cartas, llamó pronto la atención del visir, quien lo mandó llamar, para presentarse en Granada, en la alcazaba al-Qadima. Fue nombrado secretario personal del visir, quien pronto se dio cuenta de las grandes cualidades con que contaba Samuel como consejero.  Las circunstancias políticas lo llevaron a involucrarse en las intrigas de palacio, permaneciendo fiel a los ziríes. Con el paso del tiempo y las acciones de Ibn Nagrella, fue ganando más y más confianza con el visir, al mismo tiempo que se fue fraguando más y más enemigos entre los miembros de la corte.

Hacia el 1027 falleció el visir y Samuel ocupó su puesto, convirtiéndose en el visir del rey Habbus de la taifa de Granada. De esta manera había escalado un poco más hacia la cima, ya que gracias a sus consejos y buen hacer en las finanzas, la taifa de Granada vivía en la abundancia. Las responsabilidades de Ibn Nagrella se incrementaron al mismo tiempo que aumentaban sus detractores. Su fortuna fue en aumento, se dice que poseía un palacio de lujo y llevaba ropas valiosas. Su hijo Joseph se crió en esta opulencia y su familia gozó de gran prestigio en Granada. Fue entonces cuando fue nombrado ha-Nagid o príncipe de las comunidades judías de la taifa de Granada, pero no sólo se ocupó del bienestar de las aljamas andalusíes, sino que se preocupó por las situaciones de las juderías del Magreb, de Sicilia, de Egipto y mantuvo correspondencia con los rabinos de las más importantes aljamas, como la de Qairuan. Ibn Nagrella mantuvo buenas amistades con los poetas más sobresalientes, como Ibn Gabirol, Yehudah ha-Leví, Yishaq ibn Gayyat, Moshe ibn Ezra, entre otros.  

El rey Habbus murió en 1038 y se inició una lucha encarnizada por el poder entre los hermanos, Badis y Bullugin. Samuel se posicionó del lado de Badis y se enfrentó no solo a los miembros de la corte, sino a gente de su misma comunidad. Finalmente esta pugna fraticida la ganó Badis quien pasó a ocupar el trono de la taifa de Granada. Gracias a su lealtad y fidelidad Badis mantuvo a Ibn Nagrella siempre a su lado y lo nombró general del ejército granadino. Bajo su mandato Badis se ganó el respeto de los demás reyes taifas, por las victorias que le brindó Ibn Nagrella, como la toma de Málaga o los ataques a Sevilla, contra el rey al-Mu´tamid, gran enemigo del zirí.

Esta época de gloria acabó cuando falleció Ibn Nagrella en el 1055/56, y su hijo Joseph, aquel que se había criado en la opulencia, heredó el puesto de visir de su padre, sin llegar a alcanzar su prestigio. El destino de Joseph corrió una suerte completamente diferente, ya que pereció ejecutado durante los grandes disturbios contra la judería de Granada en el año 1066, donde muchos sefardíes perdieron la vida y el barrio fue arrasado.

En cuanto a su producción literaria, se conservan unos mil poemas de temática en su mayoría profana, agrupados en tres grandes bloques: Ben Tehillim, que engloba sobre todo los poemas de su juventud. Ben Mishle, con poemas de su madurez y Ben Qohelet que incluyen poemas de su vejez.  Ibn Nagrella empleó la métrica y temática árabe para componer. Entre los poemas que he leído, me llamó la atención los versos escritos desde el campo de batalla, ya que no es frecuente este tema entre los sefardíes andalusíes. El siguiente poema fue escrito hacia 1038 sobre la batalla contra los de Almería:



“Se alzó el enemigo, y se levantó la Roca contra él;
¿cómo puede erguirse lo creado al alzarse la Roca?
Los ejércitos estaban alineados, cada escuadrón
Frente a un escuadrón del adversario;
Los hombres pensaban, que en día de cólera, violencia
Y envidia, la muerte era un premio;
Todos trataban de conseguir la fama,
Vendían su vida para lograr su anhelo.
La tierra temblaba desde sus cimientos,
Al igual que Gomorra estaba arrasada;
Bellos y resplandecientes rostros
Se tornaban como el fondo de una olla.
Era un día de oscuridad y tiniebla,
El sol, lo mismo que mi corazón, ennegreció;
El griterío de las tropas era como el de Shadday,
Como el fragor de las olas del mar al rugir la tempestad.
Al amanecer, la tierra estaba sacudida
Sobre sus columnas, como ebria;
Los caballos corrían y se revolvían
Cual víboras sacadas de su cubil,
Como si los venablos arrojados fueran
Rayos que llenaban el aire de luz,
Las flechas como gotas de lluvia,
Y los escudos, cribas;
Los arcos eran serpientes en sus manos,
Cada una escupía abejas por su boca;
Las espadas sobre sus cabezas eran antorchas
Que al caer perdían su brillo;
La sangre humana corría sobre la tierra
Como la de los carneros por los costados del atrio.
Varones valientes perdían el gusto
Por la vida y elegían la muerte.
Los guerreros pensaban que las heridas abiertas
De sus cabezas, eran coronas;
De acuerdo con su fe, lo recto era morir,
Seguir viviendo les estaba vedado.
¿Qué podía hacer yo, si no había refugio, ni sostén,
ni apoyo, perdida la esperanza?
Los enemigos vertían sangre como agua
Aquel día angustioso, yo vertía mi plegaria
Al Dios que a los inicuos abaja y arroja
A la fosa que ellos excavaron,
Y que, en la batalla, la espada y las flechas devuelve
Al corazón del enemigo que las prepara y lanza.”

(Literatura hebrea en la España Medieval – Ángel Sáenz-Badillos)  


BIBLIOGRAFÍA:

-El siglo XI en primera persona. Las memorias de abd Allah, último rey zirí de Granada. Traducidas por E. Leví-Provençal y Emilio García Gomez. Ed. Alianza Tres
-Sefarad, los judios de España de María Antonia Bel Bravo, Ed. Silex
-Literatura Hebrea en la España Medieval de Ángel Sáenz-Badillos. Fundación Amigos de Sefarad, Universidad Nacional de Educación a Distancia – Madrid 1991
-Judíos Españoles de la Edad de Oro (siglos XI-XII) de Antonio Antelo Iglesias. Fundación Amigos de Sefarad, Universidad Nacional de Educación a Distancia – Madrid 1991

-Sefer ha-Qabbalah de Abraham ha-Leví ben David, traducción de Jaime Bages Tarrida, Granada 1922   







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