miércoles, 27 de abril de 2016

KEKI DARUWALLA [18.543]


Keki Daruwalla 

Nació en India en 1937. Poeta, cuentista, novelista. Obtuvo Maestría en Literatura Inglesa en la Universidad de Punjab. Ha publicado los libros: Bajo Orión, 1970; Aparición en abril, 1971; Espada y abismo: relatos breves, 1979; Poemas de invierno, 1980; El guardián de los muertos, 1982, -Premio Sahitya Akademi-, 1984; Cruce de ríos, 1985; Paisajes, 1987; Un verano de tigres, 1995; Río nocturno, 2000; El hacedor de mapas, 2002; El espantapájaros y el fantasma, 2004; Una casa en Ranikhet, 2003; Poemas recogidos (1970–2005), 2006. En 1987 obtuvo el Premio de Poesía de la Commonwealth, por Asia. Y en 2014 obtuvo el prestigioso Premio Padma Shri. Al decir de P. Velmurugan: “… Keki Daruwalla es una de las mayores voces de la poesía indo-inglesa. Escribe con elementos obvios hindúes en sus versos, especialmente en su uso de paisajes, naturaleza y pasiones humanas. Su visión realista de la vida humana y su observación personal son sus temas. Sus observaciones no son completamente hechos sino amalgama de mito y realidad. Naturaleza y paisaje ocupan un lugar vital en su poesía. Él ha escrito muchos poemas sobre lugares con poderosa y vívida imaginería. En sus poemas enfatiza la presente realidad de la naturaleza y declara su manipulación por el hombre moderno…”


Keki Daruwalla 
Traducción de Arturo Fuentes

http://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Festival/26/News/Daruwalla01.html



Orfeo y Perséfone

No podía esperar—el invierno estaba sobre él.
Por abismo y túnel tuvo que bajar
para encontrarse con ella en la oscuridad-semilla del inframundo.
Ella, en su aspecto de iceberg, rostro congelado en un ceño fruncido,

o así él se lo imaginaba. No podía esperar
a primavera cuando ella hollaría la tierra de nuevo y volvería
su rostro hacia el sol como un heliotropo.
La semilla placentaria anhelaba su retorno

y toda la vegetación, que aceleraba ella hacia la vida.
Él no lo había planeado, ¿debería haberse arrodillado,
pedir más tiempo para su esposa picada de víbora?

¿Cómo se rescata a los muertos? Rescatar-- ¿era esa la palabra?
¿Pedir por su alma, o el resto –miembros, cabello, risa, voz?
¡Dame una Diosa que escuche! Pensó que no había escuchado.

                    
2

A mitad de camino de su viaje subterráneo, se congeló.
Aquel río era más negro que una noche sin estrellas,
río de desechos obstruido por almas desechas flotantes,
y Caronte que rema, alejándose —¡Diosa ayúdame!, gritó.

¿Es un río o un desespero negro lo que veo?
Hay tanto silencio aquí como el que nunca he escuchado.
¿Escuchado? ¿Es así como el silencio se sumerge en tu cuerpo?
¿En qué estado estoy, ahogándome en una palabra?

Se reprocha (su confianza ha desaparecido)
necesita un trago (no hay).
Piensa en ella como exiliada, piensa en ella como desterrada.

Cambia los estados, exilio y muerte, piensa en el alma
como emigrada. Inseguro de sí, no tiene con quién hablar.
Hablaría con su lira—ella haría lo que se le pidiera.
              

3

          (Perséfone lo espera)

Su música le había llegado a ella como un chisme,
¡y hasta el chisme sonaba como una campana de plata!
Ahora está en camino, más allá del viento, por tallos de maíz segados
hacia este frío y húmedo espacio cavernoso que los hombres llaman Hades, Infierno.

“¡Se ha dejado caer sobre nuestro río Estigia!”
Noticias de él llegan cada minuto a su trono.
Ella llama a las jóvenes doncellas a que peinen su cabello,
pinten sus uñas, echa a las más viejas arpías.

Por primera vez la oscuridad la ahoga, lo advierte con sorpresa.
“¡Prendan velas y antorchas! Las cosas aquí
son oscuras como sueños que no han viajado aún a los ojos.”

Ella calma su agitación – pero las doncellas están locas.
“¡Lo hemos escuchado!” gritan. “Su música es mágica,
no sabemos si tiene lira o varita mágica”.

               
4

El fuego de la anticipación enhebra su vientre.
Ella ha escuchado tantas cosas y las historias fueron largas,
él subió una colina ascendiendo hasta el cielo con una nota,
podía verter la noche, todas las estrellas en una canción;

las esferas y su música eran sólo el eco de su lira.
Los pájaros del aire y las bestias de la selva eran amansados
por este hijo de Calíope. Y cuando 
estaba triste, su música era como la lluvia.

Intuitivamente sabe ella lo que él le pediría:
Que Eurídice caminara el mundo una vez más,
y tristemente ella tendría que rechazarlo,

pero con el bálsamo de la filosofía. No lo dejaría desviarse --
la muerte es la renunciación de la vida, se le diría,
y a lo que renuncias no puedes recuperarlo.

             
5

Plano y congelado pensaba que sería el lugar – sin viento ni luz,
un país de negra niebla bordeando la Noche.
Encontró columnas de plata sosteniendo el negro techo de mármol;
un oscuro resplandor que tenía, semejaba la luz.

Acariciaba las cuerdas de su lira, “Diosa de lo oscuro,
Perséfone, he descendido mil pisos
para encontrarte, suplicarte, he recorrido tu gran río,
como los suplicantes que vienen a tu puerta.

Diosa de los vástagos, tú que vives en el negro corazón de la tierra
no puede haber secretos de ti—eres el secreto mismo.
Seguramente sabes para qué estoy aquí”.

Ello lo comprendió por supuesto, inclinó su cabeza en consentimiento;
había escuchado las primeras ráfagas de la melodía de su lira y ansiaba 
que su música no pasara a lamento.

                
6

Él continuó tocando y Perséfone dijo
Nos orientamos por los ríos—Estigia, ágil Leteo.
Medio me adormecí con tus delicados aires, y me encantó;
dormir, después de todo, es un afluente de la muerte.

Pero la melancolía ensucia tu rostro y tus melodías.
Cargas una oscura nube y ¿quién sabe cuándo llueve?
Tu lira de repente trae anochecer incluso aquí,
en este oscuro país donde sólo la noche permanece
como perpetuo inquilino. Te admiro en demasía
pero tus aires rabiosos quemarían pastizales, paisajes.
Aquellos que aman desesperadamente se lamentan desesperadamente.
Entonces llévate a Eurídice, puedes volver
al mundo del que viniste. Olvida su estadía aquí,
piensa sólo en el futuro—¡Y NO MIRES ATRÁS!





Notes From The Underground 

The wind is cold and the wind burns. 
The wind is cold and the wind is acid. 
On the Bar counter ice and amber swirl
in thick gleaming glasses; 
in the Bar the ash of small talk, 
the smoke of ruminations. 
Light purrs on a bare shoulder, 
her feet are hidden 
in the drooping hem of her sari; 
ice and amber swirling
I sit here between betweens, 
to the left of voices
to the right of memory. 
Thought floats into
the slow silence of air currents; 
the hours squat with me
as I snap connections
in autumn leaf detachment. 


2

Nowhere to say this
no one to say this to
except to the typewriter
(the computer would store it
in its chip-memory
and that could be embarrassing) 
as she pulled out
he turned into a dead crab beach
when the sea pulls out


3

Were the sea to pull out
sea birds would pull out
and the breeze; 
shells would turn brittle
under crackling boot; 
fish and fishermen
would be sucked into the great ebb
and our traders 
would turn the white sea bed
into 'The Salt Crystal
Shopping Arcade', 
selling grounded oil tankers, 
ocean liners dredged out of the mud
and whales flaked in salt. 
You could buy goldfish though
as they circle the belly of a water jar. 


4

You didn't come with me
to the mountains this time, 
but as you know
when you climb mountains
the stars get nearer; 
don't ask me why this happens
or how this happens 
but it happens - 
when constellations smile
death drops your catch. 
but often the stars 
go about their office routine
in the night sky
like glum bureaucrats - 
this astral bureaucracy 
is even more baffling in its ways
than our central ministries. 
In auto mode Rahu gets into the act; 
So does the moon debris that swirls
around Saturn and forms its rings. 
Then what has to happen, happens. 
That's what happened to you. 


5

The almond tree flowers white; 
beside it the peach flowers, as only peach can
with its own interpretation of pink; 
and further in the lofty rear, 
winter has left its brown imprint
on mountain and crag. 
Perhaps with the rains
green may return to the slopes, 
a little moss here, a little grass there; 
you never know though, 
the rains may never come
or life may run out before the rains - 
the almond blossom, each petal soft as an eyelid, 
will also not see the rain. 
They are divided by a scimitar: 
parched landscapes and rain, 
parched lips and love. 


6

Watching the wind-ruffled
down on bird-breast
I think for no particular reason
of wind through quivering paddy
in the Nepal terai. 


7

I think I am at peace now, 
he said, for my dreams
move like the thinnest 
veil of mist over water. 
Awareness of absences, 
of what is right with me
or wrong with me is also like
the perception of a veil of mist
over a perception of water. 

My troubles start
when I think of hope, 
that thin smoke of mist 
over the iron-grey waters of dawn, 
icy waters, he said. 

But you are with me always
like a spring of
underground water
like the murmur of a spring
of underground water. 

I didn't for the life of me know
whether he was addressing poetry
(he had lost his touch lately) 
or his beloved. 

Forty years with you
and I am a better man, 
he said, awash
in forty years of cleansing waters
and forty years of light. 
The trouble was
She couldn't hear him. 



Alexander Crosses The Hellespont 

He was a little tentative
when it came to the East. 
Its ways were quite insidious
and odd to say the least. 

His experience was unhappy: 
His first stop had been Cairo
where he had gone to dropp his card 
and call on the Pharoah. 

They laid a banquet for him
At the Casino Mariot
and placed by Pope Shenodah
who but Judas Iscariot! 

The Turks would be more organized
he fondly hoped - and damn! 
He couldn't cross the Hellespont. 
There was a traffic jam. 

He raged and ranted fiercely
"I must have been a fool
to try and venture into 
intestinal Istanbul. 

When do we get to Asia?" 
Great Alexander probed. 
"When Effendi comes to Turkia
He comes from Europe to Europe. 

You can check with CNN
Or ask the BBC. 
When you come to Turkey
You come to EEC." 

He remembered Aristotle: 
"Son, at the Turkish Rail
ask for the Occident Express
The Occidental Mail." 

As he checked into a hotel 
- the Turks call it Oteli - 
he found Thais lodged in Hilton
while he was in Surmeli. 

What really turned his eyes into
two glowing bits of phosphorous
was that his friend Hephaestion
checked into Hotel Bosphorous. 

His face turned dark and sullen
as a cloud's before a storm. 
And though they humoured him he screamed
"I want Hephaestion!" 

They offered handsome eunuchs, 
whores from the Golden Horn. 
But Alexander kept on saying
"I want Hephaestion". 

Thias phoned "I am bored at Hilton, 
And I am quite akeli."
But he said what can I do
for I am at Surmeli!" 

And Mehmet Ali Pasha, 
a little high on raaki
asked poor Alexander
if he was an Iraqi? 

Then in the hotel dining room
dressed in salwar-kameez, 
a man accosted him and said
"could I have your good name please? 

Arrey Janab Sikandar Sahab! 
Myself Assad Durrani. 
Oh what a treat it is to meet
a fellow Pakistani." 

Alexander answered darkly
"Thanks very much Janab. 
Tell Porus inshah Allah
We'll be meeting in Punjab." 

He drove the Persians backwards
right up to Tarbela. 
He beat them up at Granicus. 
He thrashed them at Arbela. 

While he uncorkd the champagne
and lit the fireworks, 
who should speak but Spoil Sport
Parmenio, the jerk. 
"Sire, though you thrashed the Persians, 
you never touched a Turk." 



A Take-Off On A Passing Remark

Tall buildings impress me
the ones which cut off half the sky.
I like tall stories, even though false;
not the half-truth sleeping with the half-lie.
I want things on a large scale:
amplitudes, a sense of space and light,
the great yellow eye of the train
lighting up the distances of the night.
Urchins, furred caterpillars, moles
and fern-beds are all right.
But I want flowering trees, long
streamers of moss, flaming parasites.
But when you ask, still squirrel-young
short as twilight
short as a shadow at noon
why I love you, what can I answer?

[From 'The Glass-Blower: Selected Poems'] 






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