martes, 19 de abril de 2016

INDIO ZAMMIT [18.484]


Indio Zammit 

(Chamberí, en Madrid 1969), autor de los poemarios Elegí fracasar (2007) y como un hielo flotando en aguardiente (2009) ambos en Bohodón Ediciones, Ya no queda vino en la pecera. La pérdida de la fe, la civilidad y el amor. Ruleta Rusa ediciones, 2016, tercer poemario donde se confirma como un claro exponente de la llamada poesía canalla. 



Indio Zammit en Elegí fracasar (Bohodón Ediciones, Madrid, 2007).


Canción de Joe Strummer 
(Cuando crecían los Clash)

Garagelandia en invierno es peor que cualquier sitio.
Estoy allí, donde tú me necesitas,
con una canción entre la frente
y la nariz,
donde duele,
donde la bala se clavaría
si olvidase,
por un instante,
que temo la violencia.

El verbo ataca fácil
pero la mano renuncia
y es este mi mensaje:
¿Disparar? Demasiado sencillo.
Apunto y muestro mi blanco
y espero las críticas sin olvidar el peligro.
Pero hay mil jóvenes esta noche
dispuestos a emborracharse conmigo
y charlar de la Guerra Civil Española
y sobre el F.S.L.N.

Hay mil jóvenes punk-rockers
dispuestos a charlar conmigo
de Chuck Berry, Robert Johnson,
los Sex Pistols y Bob Marley.

Son mil jóvenes amigos y nos echan del hotel.
No duermen nuestros vecinos.



Montevideo

Cuando el taxista enjaulado se comió mi alpiste
supe que el canario era yo.
Hasta entonces solo había aprendido
que el río salado da sed.

Me persiguieron en la lonja,
me atraparon y me sometí sumiso a la carne.
Al vino también.

La esquina era un baños con "señor de los lavabos",
baldosín blanco amarillento y mirada no me fío.
-No llevo suelto pero volveré-.
Mc Arthur dijo algo similar en Filipinas.

Cuando volví el no podía creer
que hubiera mantenido mi palabra.
Tampoco era para tanto.

Agustín salió de padrón en la adolescencia y debe rondar los setenta,
pero cuando hablé de su pueblo fue como apretar un botón en la nuca
de un androide.
El hipnótico acento uruguayo mudó a gallego.
Llenó de preguntas mis preguntas;
sonrió con la boca de lado;
asintió a medias;
casi afirmó una vez
y sugirió (más o menos)
un anisado de limón.
Y la cuerda vibró
empujada por la uña de un paisano con talento.
Yo quería tango,
el agasajó con Serrat,

porque "Serrat es gallego de Catalunya", decía.
Canjeé cantar Serrat (los estribillos)
por la dirección del bar de tangos (y unos tragos correspondidos).

El local era Zum-Zum.
Lloró la milonga hasta llenar vasos de uvita.
Aunque sonaran Ramones
todavía olía a Gardel:

"A tu lado quisiera caer
que el tiempo nos mate
a los dos".

También la noche es perecedera,
acaba donde empieza el río que es un mar.
La playa, la luna,
como una novela blanda...
las estrellas.
Las miré fijamente... una, dos, tres...
-No voy a sobreviviros
aunque dicen, los que entienden,
que algunas de vosotras ya estáis muertas.



Dos puntos azules en el León Rojo

Dos Puntos Azules en el León Rojo.
Chapas de otros colores salpican las paredes.
El surrealismo burgués nos toca los cojones.
La picadora de hielo machaca nuestros huesos,
a cada pulsación de botón, "rom-rom", roto.
El ventilador, aburrido, gira para no dormir;
se calla la cantante rubia y parece animarse.
Gritamos ¡luz! pero la luz no se hace.
La sombra no nos molesta pero sin luz no existe.

Dos Puntos azules en el León Rojo
se extinguen poco a poco como se extingue la sed:
A tragos baldosines blancos.
A tragos negros.
A tragos largos
se extingue el azul.
A tragos gordos,
que se hacen oscuros,
se extingue el azul.

Me pica el coño y nadie ha inventado un rascador.
Los cerdos alrededor simulan ser hombres comiendo.
¿Es que ninguno se da cuenta de que me pica?
¿Ninguno percibe que no se ve?
Yo no veo nada.
No veo una mierda.
¿No veis que no se ve?
¿No veis que no sé?
¿No veis que no?
¿No veis qué?
¿No veis?
¿No?

Dos Puntos Azules en el León Rojo.
Pasea el amor entre las mesas, y va, y se para en la nuestra.




Bluesman

Cuando llega el tren
el guitarrista de Blues se queda sólo
con unos cuantos pavos
en la funda de su guitarra abierta,
cantando aún.

Quizá a nadie le interese,
pero si la canción termina de pronto,
cuando llega el tren,
simplemente porque el público se va,
entonces su canción no importa
y la vida del bluesman no tiene sentido.

No puede ser lo mismo para un hielo
morir derritiéndose en una pila sucia,
llena de detergente,
o desaparecer con dignidad,
fundiéndose lentamente,
dentro de un vaso de whisky.

La canción termina cuando termina la canción.
Hay muchos trenes por coger.
Si te vas con el primero que llegue
no cuentes con que el bluesman
forme parte de tu futuro.
Él no estará allí.



Camariñas (Costa de la Muerte)

Pregunta el niño en el bar
frente a la pecera,
-Chuso, ¿y el caballito de mar?-
-Está muerto, la espichó.-

Suena la sirena por tercera vez.
La primera, cerveza.
La segunda, cerveza.
La tercera, subasta de sardina
y la chica que no quiere morir en el pueblo
odia el pescado.

El niño cuida ahora del gato.
El caballito de mar espichó.
La sardina espichó poco antes de la tercera sirena
y la chica que no quiere morir en el pueblo
espichará también si no escapa de una puta vez.

El gato rasga de un zarpazo
la cara del niño que pregunta
por el caballito de mar.
Asoman las lágrimas
y finalmente los padres asoman también.
-¿Qué pasó?-
Quizá el niño tampoco quiera morir en el pueblo
y odie el pescado.

Ríe el gato en un caminar desafiante.
No sabe si hizo daño o no.
Nadie le preguntó dónde preferiría morir
pero cuando suena la sirena por tercera vez
sabe que es subasta de sardina.

Quizá sobren tripas en la caja,
a la puerta del bar
y decida quedarse un día más.



Nubes en Buenos Aires

Ni el tango templa las nubes
ni el verano (europeo) sube la temperatura porteña.
Sopla frío el viento desde el Sur más cruel.
Buenos Aires no duerme
o, al menos, yo no me atrevo a acostarme.
Si soy el último, la ciudad gana la apuesta:
Palermo 13 carreras.
En la séptima me fui, ganaba 35 pesos.
¡Vaya una mierda!
Los cambié por unos tragos
en la parrilla frente al hipódromo.

Después el taxi fue caro.
Al menos duró más que el champán.
La penúltima al lado de casa
-no me deje en la puerta, señor-.
Es la prisa por la del recuerdo,
las ganas de beber la tranquila,
la que cierra la noche... o no.

¡Cómo corren las nubes, cariño!,
¡mañana cuando te lo cuente!
¡Cómo corren las hijas de puta!
Los edificios las soban
pero ellas los traspasan
tan rápido
como para que ni lo noten.
Los sobrepasan,
inmaculadas,
y se pierden tras sus fachadas casi blancas.



No amanece aún

No amanece aún, ni por asomo.
Quedan demasiadas horas para la claridad
y ella en la cama,
con frío o sin frío,
víctima de mis ojos.

La admiro, el champán ayuda,
porque todo es más sencillo para mí
cuando estoy a su lado bebiendo.

No tengo prisa para que la luz vuelva
a jodernos con un nuevo día.
Hoy no.
No tengo prisa y disfrutaré las horas mirándola
y acariciándola tan suavemente que no perturbe el sueño,
ni el suyo, ni el mío.

Que más dará si mañana nos odiamos,
tuvimos la noche.
Anoche, los dos,
tuvimos la noche
y la inevitable resaca del amor
nos torturará con los besos ácidos del champán.



Vertical

Pomadas que alivian el dolor
de los mordiscos de la última planta carnívora;
vendas que ocultan los sesos
que asoman de la cabeza del suicida
después de tirarse de esa misma última planta;
productos adictivos para librar al paciente
de la dictadura de otra adicción;
anestésicos para tratar al tipo que al perder la paciencia
esa misma dictadura le premió con un balazo;
pastillas que ayudan al esquizofrénico a distinguir
cuándo habla él y cuándo habla el otro;
tiritas con nicotina para fumar por los codos;
chicles con cafeína para no dormirse
y recordar que estás mascando chicle;
chupadores que dilatan los bronquios arrugados de respirar;
cremas que queman granos adolescentes,
de esos que hace años
nos contaban que brotaban tras la masturbación;
y formol para que tarde más en pudrirse
el resultado final de tu vida:
Última oportunidad de mantener vertical tu cadáver.



YA NO QUEDA VINO EN LA PECERA 
Ya no queda vino en la pecera. La pérdida de la fe, la civilidad y el amor. Ruleta Rusa ediciones, 2016



PRESENTE

Mientras los paños mojados
se escurren,
quedan flores en el barreño.
Mil piruletas entretienen también
a todos aquellos
que pensaron que el futuro estaba lleno
y quedarse en el presente
era una idea vanguardista.
No ven la televisión,
pero esnifan tofu
cuando creen haber comido ternera,
tejen sus propios jerseis,
malvas y rojos,
y critican el cine
que disfrutan sus vecinos.
Pero a la hora de matar
se arrugan.
La sangre, que atrae a las moscas,
repele a los pusilánimes.
La sangre de los pusilánimes,
sin embargo,
alimenta el sistema.




FRÍO

Hacía frío fuera.
Era más viento que otra cosa,
era falta de medicinas.
Había olvidado ya
la sensación de cortar un trozo de queso.
Todas las sillas eran prestadas.
Ni tan siquiera conseguía dos veces la misma
en la única cafetería en que me dejaban entrar.
La sopa de ayer,
siempre la sopa de ayer
y cada vez el recuerdo más difuso
del porqué empezó todo esto.




PARABÓLICAS POR GERANIOS

Odio el barrio,
sus jóvenes vencidos,
sus mujeres resignadas a estar solas.
El miedo manda,
nadie se para a escuchar al mendigo.
Migas para las palomas.

La calle no suena a nada,
la noche está vacía,
solo aporta la tristeza
del reflejo en la ventana
de televisores encendidos
en el edificio de enfrente.

Parabólicas por geranios.




CALLE

Si te falta calle
compra un mapa.
Si te falta calle
cartón de vino y parque.
Parque,
no parquet.
Parque,
no terraza.
Parque.
Parque.
Parque.
Eso si tu barrio tiene
parque.
El mío lo tenía.
El mío lo tenía
y ahora hay un campo de golf.
Si te falta calle
duerme fuera,
escucha a la policía,
pide en el metro.
En los columpios de mi barrio
había que pagar
o comprar costo.
Sólo los camellos se sentaban.
Ahora hay un campo de golf
y los niños se columpian en casa.




NORMAS

La suerte murió esa tarde,
no era lluvia ni apuestas.
Hay veces que no gana nadie.
Esto tiene unas normas
y mañana no existe.
Es hoy la soledad.
La geometría ataca primero en las esquinas desprotegidas.
De cada dos tragos
uno me anima.
Odio los pares,
tu voz.
Odio que te estorbe la lluvia.
Esto tiene unas normas
e invadimos la calzada con excusas cobardes
en lugar de quemar personas.
Los escondites ya no existen,
los han forrado de espejos.




MÁSCARAS ANTI-FE

Voy repartiendo máscaras anti-Fe por los colegios,
convenciendo a los niños de que se puede llorar.
No siempre la muerte va vestida de negro,
recordadlo a la salida de clase.
Los recortes de la hostia saben a hostia porque es lo mismo.
También yo podría engañaros diciendo:
la hostia sabe a recortes de hostia porque es lo mismo.
La hostia no lleva Dios dentro,
igual que los recortes no llevan cachos de Dios.
El pan es el cereal asado en un horno.
Si asas en un horno a un hombre,
por muy hijo de Dios que sea,
morirá entre dolores insoportables.
Ajustaos bien las máscaras
que la Fe no conoce amigos,
se cuela por recovecos
aparentemente insignificantes.
Es mejor que os queden marcadas
a presión las correas de la máscara
que dejar espacio para que actúe el virus.
No siempre la verdad va vestida de blanco,
recordadlo al entrar a la escuela.
Las velas siempre sirvieron para leer,
combatir la oscuridad,
ganaron la noche para el hombre.
Las velas no sirven para pedir favores
a personas que no conocemos,
personas que no existen,
que no fueron personas,
que nunca existieron.
Aseguraos de lavar correctamente el exterior de las máscaras
después de usarlas.
A veces hay trozos de mentira
pegados en la zona de los ojos o los oídos.
Son un poco incómodos de limpiar.
Usad guantes antisépticos y cepillo.
No guardéis las máscaras cerca del alcance de cualquiera.
Están mejor en lugar secreto,
a salvo de rabinos, sacerdotes e imanes;
de iluminados, videntes y profetas.
Estos últimos son los más peligrosos
porque, como solo hablan del futuro,
cuentan cosas que aún no son mentira. 




RESIGNACIÓN

Palabra casi cristiana:
resignación.
La otra mejilla,
inclinada,
esperando la penúltima bofetada
que va a doler al menos lo mismo
que aquella primera que se pierde ya
en la memoria de los años adolescentes.
Bofetada a bofetada vamos creciendo,
involucionando,
y la vara del pastor fustiga los cuartos traseros
para comunicarnos por dónde antaño caminaron
otros rebaños.
Sin embargo, persiste la maldita obsesión
por pisar hierba virgen.
Como por instinto,
no me resigno.
La voz interior prevalece,
me tortura con preguntas
y finalmente la intuición
coloca mis patas del otro lado de la linde.
Intuición:
palabra casi atea.




PADRE

Dios es el único padre
que dejaría morir a su hijo.
Ahora expanden su mensaje
hombres que no procrean.




EL CAMINO

Antes de construir escuelas
se frotaron la entrepierna,
fue el momento más lúcido.
No teme a Dios
quién habla en su nombre.
No enseña a sufrir
quién no ha castigado.
Crea una necesidad
quién inventa lo necesario.

Podemos amar en un movimiento inútil,
odiar es más complicado,
no es de un día para otro.
El odio es más reflexivo,
antes de construir escuelas
se frotaron la entrepierna,
odiar es más complicado,
podemos amar inútilmente,

odiar de forma efectiva.






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