martes, 15 de septiembre de 2015

WILLIAM SHAKESPEARE [17.071]


William Shakespeare

(Stratford on Avon, Reino Unido, 1564 - id., 1616) Dramaturgo y poeta inglés. Solamente con sus versos hubiera ya pasado a la historia de la literatura; por su genio teatral, y especialmente por el impresionante retrato de la condición humana en sus grandes tragedias, Shakespeare es considerado el mejor dramaturgo de todos los tiempos.

Tercero de los ocho hijos de John Shakespeare, un acaudalado comerciante y político local, y Mary Arden, cuya familia había sufrido persecuciones religiosas derivadas de su confesión católica, poco o nada se sabe de la niñez y adolescencia de William Shakespeare. Parece probable que estudiara en la Grammar School de su localidad natal, si bien se desconoce cuántos años y en qué circunstancias. Según un coetáneo suyo, William Shakespeare aprendió «poco latín y menos griego», y en todo caso parece también probable que abandonara la escuela a temprana edad debido a las dificultades por las que atravesaba su padre, ya fueran éstas económicas o derivadas de su carrera política.

Sea como fuere, siempre se ha considerado a Shakespeare como una persona culta, pero no en exceso, y ello ha posibilitado el nacimiento de teorías según las cuales habría sido tan sólo el hombre de paja de alguien deseoso de permanecer en el anonimato literario. A ello ha contribuido también el hecho de que no se disponga en absoluto de escritos o cartas personales del autor, quien parece que sólo escribió, aparte de su producción poética, obras para la escena.

La andadura de Shakespeare como dramaturgo empezó tras su traslado a Londres, donde rápidamente adquirió fama y popularidad en su trabajo para la compañía Chaberlain's Men, más tarde conocida como King's Men, propietaria de dos teatros, The Globe y Blackfriars. También representó, con éxito, en la corte. Sus inicios fueron, sin embargo, humildes, y según las fuentes trabajó en los más variados oficios, si bien parece razonable suponer que estuvo desde el principio relacionado con el teatro, puesto que antes de consagrarse como autor se le conocía ya como actor.

Su estancia en la capital británica se fecha, aproximadamente, entre 1590 y 1613, año este último en que dejó de escribir y se retiró a su localidad natal, donde adquirió una casa conocida como New Place, mientras invertía en bienes inmuebles de Londres la fortuna que había conseguido amasar.

La obra de Shakespeare

La publicación, en 1593, de su poema Venus y Adonis, muy bien acogido en los ambientes literarios londinenses, fue uno de sus primeros éxitos. De su producción poética posterior cabe destacar La violación de Lucrecia (1594) y los Sonetos (1609), de temática amorosa y que por sí solos lo situarían entre los grandes de la poesía anglosajona.

Con todo, fue su actividad como dramaturgo lo que dio fama a Shakespeare en la época. Su obra, en total catorce comedias, diez tragedias y diez dramas históricos, es un exquisito compendio de los sentimientos, el dolor y las ambiciones del alma humana. Tras unas primeras tentativas, en las que se transparenta la influencia de Marlowe, antes de 1600 aparecieron la mayoría de sus «comedias alegres» y algunos de sus dramas basados en la historia de Inglaterra. Destaca sobre todo la fantasía y el sentido poético de las comedias de este período, como en Sueño de una noche de verano; el prodigioso dominio del autor en la versificación le permitía distinguir a los personajes por el modo de hablar, amén de dotar a su lenguaje de una naturalidad casi coloquial.

A partir de 1600, Shakespeare publica las grandes tragedias y las llamadas «comedias oscuras». Los grandes temas son tratados en las obras de este período con los acentos más ambiciosos, y sin embargo lo trágico surge siempre del detalle realista o del penetrante tratamiento psicológico del personaje, que induce al espectador a identificarse con él: así, Hamlet refleja la incapacidad de actuar ante el dilema moral entre venganza y perdón; Otelo, la crueldad gratuita de los celos; y Macbeth, la cruel tentación del poder.

En sus últimas obras, a partir de 1608, cambia de registro y entra en el género de la tragicomedia, a menudo con un final feliz en el que se entrevé la posibilidad de la reconciliación, como sucede en Pericles. Shakespeare publicó en vida tan sólo dieciséis de las obras que se le atribuyen; por ello, algunas de ellas posiblemente se hubieran perdido de no publicarse (pocos años después de la muerte del poeta) el Folio, volumen recopilatorio que serviría de base para todas las ediciones posteriores.


El teatro de Shakespeare

El First folio



Portada del First Folio, 1623. El grabado de Shakespeare fue realizado por Martin Droeshout.

Ante la falta de manuscritos hológrafos y de fechas precisas de composición, se hace muy difícil el establecer una cronología bibliográfica shakespeariana. El First Folio, que reagrupa la mayor parte de su producción literaria, fue publicado por dos actores de su compañía, John Heminges y Henry Condell, en 1623, ocho años después de la muerte del autor. Este libro dividía su producción dramática en Historias, Comedias y Tragedias, y de él se hicieron 750 copias, de las que han llegado a nuestros días la tercera parte, en su mayoría incompletas. Gracias a esta obra se conservó la mitad de la obra dramática del autor, que no había sido impresa, pues Shakespeare no se preocupó en pasar a la historia como autor dramático.

El First Folio recoge exclusivamente obras dramáticas (no se encuentra en la edición ninguno de sus poemas líricos), en número de 36: 11 tragedias, 15 comedias y 10 obras históricas. No incluye algunas obras tradicionalmente atribuidas a Shakespeare, como las comedias Pericles y Los dos nobles parientes, ni la obra histórica Eduardo III. Mientras que en el caso de Pericles, parece bastante segura la participación de Shakespeare, no ocurre lo mismo con las otras dos obras, por lo que el número de títulos incluidos en el canon shakesperiano oscila, según las versiones, entre las 37 y las 39.

Tragedias

Al igual que muchas tragedias occidentales, la de Shakespeare suele describir a un protagonista que cae desde el páramo de la gracia y termina muriendo, junto a una ajustada proporción del resto del cuerpo protagónico. Se ha sugerido que el giro que el dramaturgo hace del género, es el polo opuesto al de la comedia; ejemplifica el sentido de que los seres humanos son inevitablemente desdichados a causa de sus propios errores o, incluso, el ejercicio irónicamente trágico de sus virtudes, o a través de la naturaleza del destino, o de la condición del hombre para sufrir, caer, y morir..." En otras palabras, es una representación con un final necesariamente infeliz.

Shakespeare compuso tragedias desde el mismo inicio de su trayectoria: una de las más tempranas fue la tragedia romana de Tito Andrónico, siguiendo unos años después Romeo y Julieta. Sin embargo, las más aclamadas fueron escritas en un período de siete años entre 1601 y 1608: Hamlet, Otelo, El Rey Lear, Macbeth (las cuatro principales), y Antonio y Cleopatra, junto a las menos conocidas Timón de Atenas y Troilo y Crésida.

Muchos han destacado en estas obras al concepto aristotélico de la tragedia: que el protagonista debe ser un personaje admirable pero imperfecto, con un público capacitado para comprender y simpatizar con él. Ciertamente, cada uno de los personajes trágicos de Shakespeare es capaz de ejercer el bien y el mal. La representación siempre insiste en el concepto del libre albedrío; el (anti) héroe puede degradarse o retroceder y redimirse por sus actos. El autor, en cambio, los termina conduciendo a su inevitable perdición.

A continuación se listan las tragedias completas de Shakespeare, ordenadas según la fecha aproximada de su composición:

Tito Andrónico (1594)
Romeo y Julieta (1595)
Julio César (1599)
Hamlet (1601)
Troilo y Crésida (1602)
Otelo (1603-1604)
El rey Lear (1605-1606)
Macbeth (1606)
Antonio y Cleopatra (1606)
Coriolano (1608)
Timón de Atenas (1608)

Comedias

Entre las características esenciales de la comedia shakespeariana encontramos la vis cómica, la dialéctica de un lenguaje lleno de juegos de palabras, el contraste entre caracteres opuestos por clase social, sexo, género o poder (un ejemplo representativo sería La fierecilla domada, también traducida a veces como La doma de la bravía); las alusiones y connotaciones eróticas, los disfraces y la tendencia a la dispersión caótica y la confusión hasta que el argumento de la historia desemboca en la recuperación de lo perdido y la correspondiente restauración en el marco de lo natural. El panorama de la comedia supone además la exploración de una sociedad donde todos sus integrantes son estudiados por igual de forma muy distinta a como es vista la sociedad en sus obras históricas, montadas sobre la persecución maquiavélica del poder («una escalera de arena», a causa de su vaciedad de contenido) y el trastorno del orden cósmico divino que el rey representa en la tierra. Como galería de tipos sociales la comedia es, pues, un espacio más amplio en Shakespeare que el trágico y el histórico y refleja mejor la sociedad de su tiempo, si bien también resalta en este campo el talento del autor para crear personajes especialmente individualizados, como el bufón y arquetipo de lo sanchopancesco llamado Falstaff.

Si bien el tono de la trama es con frecuencia burlesco, otras veces se encuentra latente un inquietante elemento trágico, como en El mercader de Venecia. Cuando trata temas que pueden desencadenar un trágico desenlace, Shakespeare trata de enseñar, a su modo habitual, sin tomar partido, proponer remedios ni moralizar o predicar en absoluto, los riesgos del vicio, la maldad y la irracionalidad del ser humano, sin necesidad de caer en la destrucción que aparece en sus tragedias y deja a la Naturaleza el orden restaurador y reparador.

Los finales de las comedias son, por lo general, festivos y placenteros. Debe tenerse en cuenta que el lenguaje vulgar y de doble sentido, así como la magnitud de diversos puntos de vista, los cambios de suerte y el trastorno de las identidades, aportan un ingrediente infaltable que suele estar acompañado de sorprendentes coincidencias. La parodia del sexo, el papel del disfraz y el poder mágico de la naturaleza para reparar los daños y heridas ocasionados por una sociedad corrupta y sedienta de codicia son elementos trascendentes en la comedia shakespeariana.

El hombre cambia totalmente su forma de pensar y de actuar al refugiarse en lo salvaje y huir de la civilización, prestándose al juego de oposiciones. Cabe destacar, por último, que la esfera social que Shakespeare utiliza en sus obras es quizás algo más reducida que la que encontramos en la mayor parte de las comedias.

Tal como se ha dicho antes, el bufón —que era un personaje muy popular en la corte de la época— es el elemento inquebrantable sobre el cual el dramaturgo se siente más libre de expresar lo que piensa, teniendo en cuenta que las opiniones de una persona con estas características nunca eran consideradas como válidas —excusa perfecta para explayarse.

Se estima que la fecha de composición de las comedias de Shakespeare ha de girar en torno a los años 1590 y 1612, como punto de partida y culminación de su labor como escritor. La primera y menos elaborada fue Los dos hidalgos de Verona, seguida de El mercader de Venecia, Mucho ruido y pocas nueces, Como gustéis,Cuento de invierno, La tempestad, y otras tantas que se enumeran a continuación:

Las obras de William Shakespeare, por John Gilbert (1849).
La comedia de las equivocaciones (1591)
Los dos hidalgos de Verona (1591-1592)
Trabajos de amor perdidos (también traducida como Penas de amor perdidas) (1592)
El sueño de una noche de verano (1595-1596)
El mercader de Venecia (1596-1597)
Mucho ruido y pocas nueces (también traducida como Mucho ruido para nada) (1598)
Como gustéis (también traducida como A vuestro gusto) (1599-1600)
Las alegres comadres de Windsor (también traducida como Las alegres casadas de Windsor) (1601)
A buen fin no hay mal principio (también traducida como Bien está todo lo que bien acaba) (1602-1603)
Medida por medida (1604)
Pericles (1607)
Cimbelino (1610)
Cuento de invierno (1610-1611)
La tempestad (1612)
La fierecilla domada (fecha desconocida)
Noche de reyes (fecha desconocida)

Es importante dejar en claro que La tempestad, Cuento de invierno, Cimbelino y Pericles son consideradas por muchos fantasías poéticas (en inglés se emplea el término romance), dado que poseen características que las diferencian del resto de las comedias.

Obras históricas

En el First Folio se clasifican como «obras históricas» (en inglés, histories) exclusivamente las relacionadas con la historia, relativamente reciente, de Inglaterra. Otras obras de tema histórico, como las ambientadas en la antigua Roma, o incluso Macbeth, protagonizada por un auténtico rey de Escocia, no se clasifican en este apartado. Son once en total (o diez, si se excluye Eduardo III, modernamente considerada apócrifa). La fuente utilizada por el dramaturgo para la composición de estas obras es bien conocida: se trata de las Crónicas de Raphael Holinshed.

A continuación se ofrece una lista de estas obras ordenadas según la fecha aproximada de su composición

Eduardo III (The Reign of King Edward III; compuesta entre 1590 y 1594; publicada (anónimamente) en 1596).
Enrique VI
Primera parte (The First Part of King Henry the Sixth; compuesta hacia 1594. Su primera edición conocida es la del First Folio.)
Segunda parte (The Second Part of King Henry the Sixth; compuesta hacia 1594. Su primera edición conocida es la del First Folio.)
Tercera parte (The Third Part of King Henry the Sixth; compuesta hacia 1594. Su primera edición conocida es la del First Folio.)
Ricardo III (The Tragedy of King Richard the Third; compuesta hacia 1594; publicada en 1597).
Ricardo II (The Tragedy of King Richard the Second; compuesta hacia 1595; publicada en 1597).
Enrique IV
Primera parte (Henry IV, Part 1; compuesta hacia 1596; publicada en 1597 ó 1598)
Segunda parte (Henry IV, Part 2; compuesta hacia 1597; publicada en 1600)
Enrique V (Henry V; compuesta hacia 1597-1599; la primera edición conocida es la del First Folio).
El rey Juan (The Life and Death of King John; compuesta probablemente hacia 1597, ya que hay datos de su representación en 1598. Su primera edición conocida es la del First Folio).
Enrique VIII (The Famous History of the Life of King Henry the Eighth; compuesta en 1613; la primera edición conocida es la del First Folio).
Existen serias dudas sobre la autoría de la primera de la lista, Eduardo III. De la última, Enrique VIII, se cree que fue escrita en colaboración con John Fletcher, quien sustituyó a Shakespeare como principal dramaturgo de la compañía King's Men.

Dentro del conjunto de sus obras históricas, se suelen agrupar la decena que escribió sobre los reyes ingleses, conocido como el «Ciclo de Historia», que Shakespeare dedicó a siete reyes ingleses.28 Este ciclo excluye las obras sobre el rey Lear (un rey legendario) y Macbeth (basado en la vida del rey escocés, Macbeth de Escocia) y una obra sobre Edward III (aunque hay cada vez más indicios de que fuera escrito por Shakespeare, al menos en parte, no se ha podido establecer su autoría). Este Ciclo exluye, por no seguir la secuencia histórica, a El rey Juan y a Enrique VIII.

Ocho de estas obras están agrupadas en dos tetralogías cuyo orden de escritura no coincide con el orden cronológico de los acontecimientos históricos reflejados. La primera de estas tetralogías está formada por las tres dedicadas al reinado de Enrique VI (1422-1461), junto con la consagrada al ambicioso y terrible Ricardo III (que reinó en el período 1483-1485). Todas ellas fueron compuestas con toda probabilidad entre 1590 y 1594.

La segunda tetralogía, formada por Ricardo II, las dos partes de Enrique IV y Enrique V, retrocede en el tiempo. Se centra en los reinados de Ricardo II (1377-1399), Enrique IV (1399-1413) y Enrique V (1413-1422). Todas estas obras fueron compuestas en el período 1594-1597.

Habida cuenta de que gran parte del público era analfabeto, estas obras representaban una buena forma de comunicar la historia y fomentar, consecuentemente, el patriotismo y el amor por la cultura inglesa, así como de inculcar un sentimiento de rechazo hacia las guerras civiles. Además de brindar entretenimiento, las obras históricas reafirmaban y justificaban el poder de la monarquía ante quienes pudieran poner en cuestión su legitimidad. En el teatro de Shakespeare, el rey, como en la obra dramática de Lope de Vega, es el representante del orden cósmico en la tierra. Esto es lo que más tarde analizarían académicos de la talla de Greenblatt, centrándose en el discurso imperante y en la capacidad del teatro isabelino para asentar la autoridad real, mantener el orden y desalentar la subversión.

Dada la dependencia de las compañías teatrales con respecto de sus patrocinadores aristocráticos (y, en el caso de The King's Men, de la autoridad real), es lógico que se escribieran y representaran obras protagonizadas por personajes histórico pertenecientes a la nobleza y relevantes en la historia de Inglaterra. Es el caso de Enrique V, vencedor en la batalla de Agincourt de las tropas de Francia, la sempiterna rival de Inglaterra. Retomando hechos históricos destacados, obviando derrotas y exagerando el heroísmo de la victoria —que se atribuía al monarca reinante—, estas obras lograban que se acrecentase la devoción popular hacia la corona.

En los comienzos de la dramaturgia shakesperiana, la finalidad era legitimar la autoridad de la dinastía Tudor, entronizada en 1485, precisamente tras el derrocamiento de Ricardo III, uno de los personajes más abominables del teatro shakesperiano. La subida al trono de los Tudor había despertado ciertos recelos, tanto debido a su origen galés como a lo problemático de sus derechos al trono (aparentemente, Enrique VII, primer monarca de la dinastía, fundamentaba sus derechos en ser descendiente de la princesa francesa Catalina, viuda de Enrique V, que se volvió a casar unos años más tarde con Owen Tudor, un noble galés poco influyente en el ámbito de la monarquía nacional.)

No obstante, existen críticos que opinan que las obras históricas de Shakespeare contienen críticas veladas hacia la monarquía, disimuladas para evitar posibles problemas con la justicia.

Comedias tardías novelescas o de fantasía

Las narraciones caballerescas escritas en prosa o verso eran un género de fantasía heroica muy común en Europa desde la Edad Media hasta el Renacimiento; los libros de caballerías en inglés, francés, español, italiano y alemán podían contener además mitos artúricos y leyendas celtas y anglosajonas; también intervenían en ellos la magia y la fantasía, y era además perceptible la nostalgia por la pérdida mitología precristiana de hadas y otras supersticiones. Esta narrativa legendaria, cuya última expresión y obra maestra fue acaso La muerte de Arturo de sir Thomas Malory, se había convertido ya en algo alternativo y popular, identificado con las lenguas vernáculas frente a una narrativa más moralizante de carácter cristiano, vinculada al ámbito eclesiástico, para un público más selecto y en latín. Para definir este tipo de contenidos populares se escogió la denominación de lo romantic o novelesco.

En Gran Bretaña, a fines del siglo XVI y comienzos del XVII, el romance se erigió como un género fantástico en el que, además de seguirse unas convenciones características (caballero con poderes especiales, magia, brujería, alteración de la realidad, cortejo de la figura femenina, hazañas y arriesgadas aventuras), se añadía el hecho de la conquista de América: un crisol de razas y culturas bárbaras que servía de inspiración para muchos viajeros y dramaturgos. En William Shakespeare, la obra que reúne todas las susodichas convenciones y las plasma en una producción teatral tan interesante como irreal es La tempestad, considerada el testamento dramático de Shakespeare porque fue probablemente su última obra.

Se representó por primera vez en 1611 y tuvo una segunda puesta en escena hacia febrero de 1613 con motivo de la boda de Isabel Estuardo, hija del rey Jacobo I, con el príncipe Frederick de Heidelberg. En la pieza pueden hallarse no pocos paralelismos con las figuras más destacadas del período jacobino: la máscara nupcial que Próspero crea para el disfrute de Miranda y Ferdinando se corresponde con las figuras divinas de Ceres y Juno, auspiciando un dichoso porvenir si la feliz pareja prometía guardar castidad hasta después del matrimonio. Esto podría haberle sentado muy bien al monarca, tan conocido por el rigor de su moral tradicional como por su morboso interés por la magia y la brujería, que también tienen lugar importante en la obra. En efecto, estas prácticas motivaron en la época la quema de mujeres entre los siglos XVI y XVIII y Jacobo I sentenciaba sin vacilar a muerte a todas aquellas personas que estuvieran bajo mera sospecha de llevar a cabo este tipo de ceremonias. La temática de La tempestad no podría menos, pues, que manifestarse en un monarca —Próspero— interesado en acabar con el maleficio de una vieja bruja, que acechaba con irrumpir en el orden social de la isla. El mundo mágico propio de esta época reaparece sin embargo en otras comedias novelescas y fantásticas de la última época de Shakespeare, como son:

Cimbelino
Cuento de invierno
La tempestad

Se considera que La tempestad es el testamento dramático de Shakespeare. Al parecer inspirada en una de las Noches de invierno de Antonio de Eslava, el príncipe Próspero náufrago en una isla, semihumano y semidivino por sus poderes mágicos, rompe al final su varita al reflexionar sobre su limitado poder, y resulta casi imposible no poner sus palabras en boca del mismo Shakespeare:

Nuestras diversiones han dado fin. Estos actores, como había prevenido, eran todos espíritus y se han disipado en el aire, en el interior del aire impalpable; y, a semejanza del edificio sin cimientos de esta visión, las altas torres cuyas crestas tocan las nubes, los suntuosos palacios, los solemnes templos, hasta el inmenso Globo, sí, y cuanto en él posa, se disolverán y, lo mismo que la diversión insustancial que termina por desaparecer, no quedará rastro de ello. Estamos tejidos con idéntica tela que los sueños, y nuestra corta vida se cierra con un sueño.

Obras perdidas y apócrifas

Algunas de las obras que Shakespeare escribió con John Fletcher se han perdido, por ejemplo Cardenio, inspirada en un episodio del Don Quijote de La Mancha de Miguel de Cervantes, o Los dos nobles caballeros (1613), que fue registrada en el Quarto hacia 1637; como esta última obra no se incluyó en el First Folio, muchos lectores cuestionan la autoría del dramaturgo en la misma. Por otro lado, y en vista de las vicisitudes que presentan muchas de las producciones shakespearianas, hay quienes sostienen que la mitad de ellas se ajustarían más bien al perfil y al estilo de Fletcher.
Juicios críticos

Shakespeare posee, al igual que todos los grandes poetas, un gran poder de síntesis; escribía con todo el idioma y contaba con un léxico matizado y extensísimo. Cuidó la estilización retórica de su verso blanco, con frecuencia algo inserto en la tradición conceptista barroca del Eufuismo, por lo que en la actualidad es bastante difícil de entender y descifrar incluso para los mismos ingleses; rehuyó sin embargo conscientemente las simetrías retóricas, las oposiciones demasiado evidentes de términos; el idioma era entonces una lengua proteica y los significados de las palabras no estaban todavía fijados con claridad por repertorios léxicos. Si su trabajadísimo lenguaje es y solía ser (y lo era incluso cuando Voltaire atacó en sus Cartas inglesas las hinchazones anticlásicas de su estilo) un impedimento para apreciar la obra del autor, también es cierto que es el asiento sobre el que reposa su fama y prestigio como pulidor e inventor de neologismos comparables a los de otros dramaturgos y poetas de su época de renombrada trayectoria, como los españoles Miguel de Cervantes, Lope de Vega y Luis de Góngora.

En líneas generales, la crítica ha destacado sobre todo dos aspectos de la obra dramática de William Shakespeare.

En primer lugar, la indiferencia y distanciamiento casi inhumanos del autor respecto a la realidad de sus personajes. No moraliza, no predica, no propone fe, creencia, ética ni solución alguna: plantea, y lo hace mejor que nadie, algunas de las angustias fundamentales de la condición humana (ser o no ser, la ingratitud, sea filial (El rey Lear) o no, la ambición vacía), pero nunca les da respuesta: no sabemos qué pensaba Shakespeare, al que el espectáculo del mundo le trae al fresco, si bien su visión de fondo es pesimista y sombría ante la posición miserable y mínima que ocupa un hombre hecho de la misma materia que los sueños en una realidad misteriosa, profunda e inabarcable. Mientras que el teatro barroco español privilegia lo divino sobre lo humano, Shakespeare reparte por igual su temor ante lo celeste y ante lo terrenal:

Hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, que todas las que pueda soñar [en otras ediciones, "imaginar"] tu filosofía

Shakespeare; en Hamlet, 1.° acto, escena V
Alguna vez la crítica ha señalado en su obra el hilo constante de lo misantrópico y, por otra parte, sólo un cósmico distanciamiento ante todo lo divino y lo humano es capaz de acuñar frases como esta:

La vida es una historia contada por un idiota, una historia llena de estruendo y furia, que nada significa.
Shakespeare; en Macbeth, 5.º acto, escena V

O bien:

Naturaleza erguida dirá: "Ese fue un hombre... ¿Cuándo viene otro?".

En segundo lugar, la crítica ha destacado el extraordinario poder de síntesis del "Cisne de Avon" como lírico; su fantasía es capaz de ver un universo en una cáscara de nuez; como creador de personajes, cada uno de ellos representa en sí mismo una cosmovisión, por lo cual se le ha llamado Poet's poet (poeta de poetas). Son auténticas creaciones Ricardo III, Hamlet, Otelo, Bruto, Macbeth, Lady Macbeth, Falstaff... Sin embargo, y por eso mismo, se le han hecho también algunos reproches: los personajes de sus obras parecen autistas, no saben escucharse y permanecen cerrados en su mundo a toda comprensión profunda del otro. ¿Qué simpatía existe entre Hamlet y su pobre y torturada novia Ofelia? ¿Se han "escuchado" alguna vez Marco Antonio y Cleopatra? El crítico Harold Bloom ha señalado esto como una de las diferencias más notables y sensibles entre Shakespeare y Cervantes, que en ese sentido es absolutamente opuesto y hace ver la conexión humana que llega a establecerse entre los hombres; el filosófico y trágico distanciamiento de Shakespeare impide ese humano acercamiento.

El estudio de Shakespeare ha sido abordado desde muy diferentes perspectivas. En un primer momento, el historicismo analizó su obra desde un punto de vista histórico y externo, focalizando su atención en lo extraliterario. Como reacción, el neocriticismo se decantó más por el análisis de la obra en sí misma, prescindiendo de todo elemento extraliterario. El principal exponente de esta escuela crítica fue Stephen Greenblatt.

En años recientes, han cobrado cierto auge en medios académicos los estudios de Shakespeare desde una perspectiva feminista, duramente criticados por autores como Bloom.

La poesía de Shakespeare



Edición de 1609 de los Sonetos de Shakespeare.

Fuera de ser un dramaturgo de incuestionable importancia, Shakespeare fue también poeta y sonetista, y se cree generalmente que él mismo se valoraba más como lírico que como autor dramático y solamente como tal esperaba perdurar a su tiempo. Aunque escribió sobre todo poemas extensos narrativos y mitológicos, se le recuerda especialmente como un excepcional autor de sonetos puramente líricos.

La primera mención de estos últimos se halla en el Palladis Tamia (Wit's Treasury) (Londres, 1598) del bachiller en Artes por Cambridge Francis Meres, quien alaba a Shakespeare por sus "sonetos de azúcar"; esta mención demuestra que circulaban copias manuscritas de los mismos entre sus amigos íntimos por esas fechas:

Como el alma de Euforbio se consideraba viviendo en Pitágoras, así el alma ingeniosa y dulce de Ovidio vive en la lengua meliflua y suave de Shakespeare. Testigos, su Venus y Adonis, su Lucrecia, sus Sonetos de azúcar, conocidos de sus amigos íntimos. Y así como se estima a Plauto y Séneca cual los mejores para la comedia y la tragedia entre los latinos, así Shakespeare entre los ingleses es el más excelene en ambos géneros escénicos. Para la comedia son testigos Los dos hidalgos de Verona, sus Equivocaciones, sus Trabajos de amor perdidos, sus Trabajos de amor ganados, su Sueño de una noche de verano y su Mercader de Venecia. Para la tragedia, sus Ricardo II, Ricardo III, Enrique IV, El rey Juan, Tito Andrónico y Romeo y Julieta. Y como Epio Stolo decía que las Musas hablarían en la lengua de Plauto si quisieran hablar latín, así digo yo que las musas hablarían en la bellísima frase de Shakespeare si hubiesen de hablar inglés.

Poco después, en 1599, algunos de sus sonetos, el 138 y el 144, salieron de molde en una colección de poesías líricas intitulada El peregrino apasionado, miscelánea falsamente atribuida en su integridad al Cisne del Avon. Solamente en 1609 apareció una misteriosa edición completa, seguramente sin el permiso de su autor, por parte de un tal T. T. (Thomas Thorpe, un editor amigo de escritores y escritor él mismo). La dedicatoria es a un tal señor W. H.

No hay forma de establecer con justeza la identidad oculta tras esas iniciales y se han barajado distintas teorías sobre el personaje que se esconde tras ellas; lo más probable es que fuese cualquiera de los habituales mecenas del poeta y la gran mayoría de los críticos se inclina por Henry Wriothesley (1573), Conde de Southampton, ya que Shakespeare ya le había expresado públicamente su aprecio con dedicatorias de otros poemas: Venus y Adonis y La violación de Lucrecia. Otro posible candidato es William Herbert, Conde de Pembroke e hijo de Mary Herbert, hermana de sir Philip Sidney, el famoso poeta que compuso La Arcadia; en favor de este último cuenta también que le poseía una intensa devoción por el teatro y fue patrón de The King’s Men, la compañía teatral de Shakespeare. Ambos eran nobles apuestos y dedicados al mecenato del arte y las letras, y bastante más jóvenes que el poeta, requisitos que debe cumplir cualquier verdadero destinatario de los poemas.

El orden establecido por la edición de Thorpe ha consagrado una peculiar estructura muy diferente a la habitual del italianizante cancionero petrarquista; en efecto, no hay composiciones en otros metros que rompan la monotonía, la métrica es muy diferente a la del soneto clásico (se trata de dos serventesios, un cuarteto y un pareado, el llamado soneto shakespeariano) y está consagrada en su mayor parte a la amistad (o amor) de un hombre, al que interpela frecuentemente para que cree su propia imagen y semejanza:

Crea un otro tú, por afecto a mí, para que la belleza sobreviva por ti o por los tuyos

(X)
Se instala, pues, en una tradición completamente renovada y original, y el propio poeta era irónicamente consciente de ello:

¿Por qué mis versos se hallan tan desprovistos de formas nuevas, tan rebeldes a toda variación o vivo cambio? ¿Por qué con la época no me siento inclinado a métodos recientemente descubiertos y a extraños atavíos? ¿Por qué escribo siempre de una sola cosa, en todo instante igual, y envuelvo mis invenciones en una vestidura conocida, bien que cada palabra casi pregona mi nombre, revela su nacimiento e indica su procedencia? ¡Oh, sabedlo, dulce amor, es que escribo siempre de vuestra persona y que vos y el amor sois mi eterno tema; así, todo mi talento consiste en revestir lo nuevo con palabras viejas y volver a emplear lo que ya he empleado. Pues lo mismo que el sol es todas los días nuevo y viejo, así mi amor repite siempre lo que ya estaba dicho.

(LXXVI)
Puede dividirse en dos series sucesivas de sonetos: una de 126, que celebra a un amigo rubio y bien parecido de alta alcurnia, mecenas del poeta, al que propone que deje la soledad, el narcisismo y los placeres y engendre herederos, y los 28 últimos, que conciernen a una mujer morena, que se hallaba casada, como se infiere de una alusión del soneto 152, y seguramente era un amujer instruida, ya que sabía tocar la espineta o clavecín. Dos de los sonetos se consideran aparte, pues son versiones de un mismo epigrama de la Antología griega.

Por otra parte, aparece también y ocasionalmente, en el trío formado por Shakespeare, el enigmático destinatario y la dama morena, un poeta rival, hecho que complica todavía más la historia de un amor que en la lengua de la época podía entenderse también como amistad o como ese tipo especial de dilección que se establece entre un poeta y su mecenas. Los expertos (William Minto, seguido después por Edward Dowden, Tylor y Frederick Furnivall) sostienen en su mayoría que este poeta era el helenista George Chapman, ya que se le identifica como autor de alejandrinos, versos entonces bastante raros en la métrica inglesa y que sólo utilizaba por entonces tal autor.

Los temas de los Sonetos son el amor y el tiempo, de alguna forma contrapuestos; en este último tema se profundiza en lo que se refiere a la fugacidad, llegándose a veces a lo metafísico. Cada soneto contiene también un movimiento dramático; se aprecia además en su lectura, sobre todo, el valor moral y espiritual del mensaje y la filosofía que nos deja: aprovechar el escaso tiempo que la vida nos depara para entregarse de fondo a ella.

La cronología de los sonetos es difícil de establecer, pero se conjetura que fueron compuestos entre 1592 y 1597.

Poesía:

Venus y Adonis
La violación de Lucrecia
Sonetos


¿A un día de verano compararte?...

¿A un día de verano compararte? 
Más hermosura y suavidad posees. 
Tiembla el brote de mayo bajo el viento
y el estío no dura casi nada.

A veces demasiado brilla el ojo 
solar  y otras su tez de oro se apaga;
toda belleza alguna vez declina,
ajada por la suerte o por el tiempo.

Pero eterno será el verano tuyo.
No perderás la gracia, ni la Muerte 
se jactará de ensombrecer tus pasos
cuando crezcas en versos inmortales.

Vivirás mientras alguien vea y sienta 
y esto pueda vivir y te dé vida.

Versión de Manuel Mujica Láinez







Amor verdadero

No, no aparta a dos almas amadoras
adverso caso ni crüel porfía:
nunca mengua el amor ni se desvía,
y es uno y sin mudanza a todas horas.

Es fanal que borrascas bramadoras
con inmóviles rayos desafía;
estrella fija que los barcos guía;
mides su altura, mas su esencia ignoras.

Amor no sigue la fugaz corriente
de la edad, que deshace los colores
de los floridos labios y mejillas.
Eres eterno, Amor: si esto desmiente

mi vida, no he sentido tus ardores,
ni supe comprender tus maravillas.

Versión de Miguel Antonio Caro







Como actor vacilante en el proscenio...

Como actor vacilante en el proscenio
que temeroso su papel confunde,
o como el poseído por la ira
que desfallece por su propio exceso,

así yo, desconfiando de mí mismo,
callo en la ceremonia enamorada,
y se diría que mi amor decae
cuando lo agobia la amorosa fuerza.

Deja que la elocuencia de mis libros,
sin voz, transmita el habla de mi pecho
que pide amor y busca recompensa,
más que otra lengua de expresivo alcance.

Del mudo amor aprende a leer lo escrito,
que oír con ojos es amante astucia.

Versión de Manuel Mujica Láinez







¿Cómo puede buscar temas mi Musa...

¿Cómo puede buscar temas mi Musa
mientras tú alientas, que a mi verso infundes
tu dulce inspiración, harto preciosa
para exponerla en un papel grosero?

Agradécete a ti, si algo de mi obra
digno de leerse encuentra tu mirada:
¿quién tan mudo será que no te escriba
cuando tu luz aclara lo que inventa?

Sé la décima Musa y sé diez veces
mejor que las antiguas invocadas,
y otorga a quien te invoque eternos versos
que sobrevivan a lejanos siglos.

Si al futuro censor mi Musa encanta,
mía será la pena y tuyo el lauro.

Versión de Manuel Mujica Láinez







Como un padre decrépito disfruta...

Como un padre decrépito disfruta
al ver de su hijo las empresas jóvenes,
así yo, mutilado por la suerte,
en tu lealtad y mérito me afirmo.

Pues sea la hermosura o el linaje,
el poder o el ingenio, uno o todos,
quien te corone con mejores títulos,
yo incorporo mi amor a esa riqueza.

Ni pobre ni ofendido soy, ni inválido,
que basta la substancia de tu sombra
para colmarme a mí con su opulencia,
y de una parte de tu gloria vivo.

Busca, pues, lo mejor: te lo deseo;
seré feliz diez veces, si lo hallas.

Versión de Manuel Mujica Láinez







Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos...

Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos
y ahonden surcos en tu prado hermoso,
tu juventud, altiva vestidura,
será un andrajo que no mira nadie.

Y si por tu belleza preguntaran,
tesoro de tu tiempo apasionado,
decir que yace en tus sumidos ojos
dará motivo a escarnios o falsías.

¡Cuánto más te alabaran en su empleo
si respondieras : - « Este grácil hijo
mi deuda salda y mi vejez excusa »,
pues su beldad sería tu legado!

Pudieras, renaciendo en la vejez,
ver cálida tu sangre que se enfría.

Versión de Manuel Mujica Láinez







Cuando en las crónicas de tiempos idos...

Cuando en las crónicas de tiempos idos
veo que a los hermosos se describe
y a la Belleza embellecer la rima
que elogia a damas y señores muertos,

observo que al pintar de sus dechados
la mano, el labio, el pie, la frente, el ojo,
trataba de expresar la pluma arcaica
una belleza como la que tienes.

Así, sus alabanzas son presagios
de nuestro tiempo, que te prefiguran,
y pues no hacían más que adivinarte,
no podían cantarte cual mereces.

En cuanto a aquellos que te contemplamos
con absorta mirada, estamos mudos.

Versión de Manuel Mujica Láinez







Cuando en sesiones dulces y calladas...

Cuando en sesiones dulces y calladas 
hago comparecer a los recuerdos,
suspiro por lo mucho que he deseado
y lloro el bello tiempo que he perdido,

la aridez de los ojos se me inunda 
por los que envuelve la infinita noche
y renuevo el plañir de amores muertos
y gimo por imágenes borradas.

Así, afligido por remotas penas,
puedo de mis dolores ya sufridos
la cuenta rehacer, uno por uno, 
y volver a pagar lo ya pagado. 

Pero si entonces pienso en ti, mis pérdidas
se compensan, y cede mi amargura.

Versión de Alejandro Araoz Fraser







Cuando haya muerto, llórame tan sólo...

Cuando haya muerto, llórame tan sólo
mientras escuches la campana triste,
anunciadora al mundo de mi fuga
del mundo vil hacia el gusano infame.

Y no evoques, si lees esta rima,
la mano que la escribe, pues te quiero
tanto que hasta tu olvido prefiriera
a saber que te amarga mi memoria.

Pero si acaso miras estos versos
cuando del barro nada me separe,
ni siquiera mi pobre nombre digas
y que tu amor conmigo se marchite,

para que el sabio en tu llorar no indague
y se burle de ti por el ausente.

Versión de Manuel Mujica Láinez







Cuando hombres y Fortuna me abandonan...

Cuando hombres y Fortuna me abandonan,
lloro en la soledad de mi destierro,
y al cielo sordo con mis quejas canso
y maldigo al mirar mi desventura,

soñando ser más rico de esperanza,
bello como éste, como aquél rodeado,
deseando el arte de uno, el poder de otro,
insatisfecho con lo que me queda;

a pesar de que casi me desprecio,
pienso en ti y soy feliz y mi alma entonces,
como al amanecer la alondra, se alza
de la tierra sombría y canta al cielo:

pues recordar tu amor es tal fortuna
que no cambio mi estado con los reyes.

Versión de Manuel Mujica Láinez







Cuando, infeliz, postrado por el hombre y la suerte...

Cuando, infeliz, postrado por el hombre y la suerte,
en mi triste destierro lloro a solas conmigo,
y agito al sordo cielo mi grito vano y fuerte,
y, volviendo a mirarme, mi destino maldigo,

y sueño ser como otro más rico en esperanza,
tener su mismo aspecto, gozar sus compañías,
y envidio el arte de éste, del otro la pujanza,
hastiado aún de aquello que me daba alegrías;

si en estos pensamientos mi desprecio me espanta,
pienso en ti felizmente, y entonces mi consuelo
como una alondra a orillas del día se levanta
del mundo oscuro, y canta a las puertas del cielo.

Tal riqueza me ofreces, dulce amor recordado,
que desdeño cambiar con los reyes mi estado.

Versión de William Ospina






Cuando pienso que todo lo que crece...

Cuando pienso que todo lo que crece 
su perfección conserva un mero instante; 
que las funciones de este gran proscenio 
se dan bajo la influencia de los astros; 

y que el hombre florece como planta 
a quien el mismo cielo alienta y rinde, 
primero ufano y abatido luego, 
hasta que su esplendor nadie recuerda: 

la idea de una estada tan fugaz 
a mis ojos te muestra más vibrante, 
mientras que Tiempo y Decadencia traman 
mudar tu joven día en noche sórdida. 

Y, por tu amor guerreando con el Tiempo, 
si él te roba, te injerto nueva vida.

Versión de Manuel Mujica Láinez






De los hermosos el retoño ansiamos...

De los hermosos el retoño ansiamos
para que su rosal no muera nunca,
pues cuando el tiempo su esplendor marchite
guardará su memoria su heredero.

Pero tú, que tus propios ojos amas,
para nutrir la luz, tu esencia quemas
y hambre produces en donde hay hartura,
demasiado cruel y hostil contigo.

Tú que eres hoy del mundo fresco adorno,
pregón de la radiante primavera,
sepultas tu poder en el capullo,
dulce egoísta que malgasta ahorrando.

Del mundo ten piedad: que tú y la tumba,
ávidos, lo que es suyo no devoren.

Versión de Manuel Mujica Láinez







Déjame confesar que somos dos...

Déjame confesar que somos dos
aunque es indivisible el amor nuestro,
así las manchas que conmigo quedan
he de llevar yo solo sin tu ayuda.

No hay más que un sentimiento en nuestro amor
si bien un hado adverso nos separa,
que si el objeto del amor no altera,
dulces horas le roba a su delicia.

No podré desde hoy reconocerte
para que así mis faltas no te humillen,
ni podrá tu bondad honrarme en público
sin despojar la honra de tu nombre.

Mas no lo hagas, pues te quiero tanto
que si es mío tu amor, mía es tu fama.

Versión de Manuel Mujica Láinez







Derroche del espíritu en vergüenza...

Derroche del espíritu en vergüenza
la lujuria es en acto, y hasta el acto
perjura, sanguinaria, traidora,
salvaje, extrema, cruel y ruda:

despreciada no bien se la disfruta,
sin mesura anhelada, y ya alcanzada,
odiada sin mesura, cual un cebo
que desquicia al incauto que lo traga.

Desquicio los suspiros, los abrazos,
los gemidos del antes y el durante,
júbilo al gozar, después penuria,
promesa de alegría, luego un sueño.

Lo saben todos, pero nadie sabe
cerrar el cielo que lleva hasta ese infierno.

Versión de Carlos Gardini







Derrochador de encanto, ¿por qué gastas...

Derrochador de encanto, ¿por qué gastas
en ti mismo tu herencia de hermosura?
Naturaleza presta y no regala,
y, generosa, presta al generoso.

Luego, bello egoísta, ¿por qué abusas
de lo que se te dio para que dieras?
Avaro sin provecho, ¿por qué empleas
suma tan grande, si vivir no logras?

Al comerciar así sólo contigo,
defraudas de ti mismo a lo más dulce.
Cuando te llamen a partir, ¿qué saldo
podrás dejar que sea tolerable?

Tu belleza sin uso irá a la tumba;
usada, hubiera sido tu albacea.

Versión de Manuel Mujica Láinez







El pecado de amarme se apodera...

El pecado de amarme se apodera
de mis ojos, de mi alma y de mí todo;
y para este pecado no hay remedio
pues en mi corazón echó raíces.

Pienso que es el más bello mi semblante,
mi forma, entre las puras, la ideal;
y mi valor tan alto conceptúo
que para mí domina a todo mérito.

Pero cuando el espejo me presenta,
tal cual soy, agrietado por los años,
en sentido contrario mi amor leo
que amarse siendo así sería inicuo.

Es a ti, otro yo mismo, a quien elogio,
pintando mi vejez con tu hermosura.

Versión de Manuel Mujica Láinez






El soliloquio de Hamlet

¡Ser, o no ser, es la cuestión!  -¿Qué debe
más dignamente optar el alma noble
entre sufrir de la fortuna impía
el porfiador rigor, o rebelarse
contra un mar  de desdichas, y afrontándolo
desaparecer con ellas?

Morir, dormir, no despertar más nunca,
poder decir todo acabó; en un sueño
sepultar para siempre los dolores
del corazón, los mil y mil quebrantos
que heredó nuestra carne, ¡quién no ansiara
concluir así!

¡Morir... quedar dormidos...
Dormir... tal vez soñar!   -¡Ay! allí hay algo
que detiene al mejor. Cuando del mundo
no percibamos ni un rumor, ¡qué sueños
vendrán en ese sueño de la muerte!
Eso es, eso es lo que hace el infortunio
planta de larga vida. ¿Quién querría
sufrir del tiempo el implacable azote,
del fuerte la injusticia, del soberbio
el áspero desdén, las amarguras
del amor despreciado, las demoras
de la ley, del empleado la insolencia,
la hostilidad que los mezquinos juran
al mérito pacífico, pudiendo
de tanto mal librarse él mismo, alzando
una punta de acero? ¿quién querría
seguir cargando en la cansada vida
su fardo abrumador?...

Pero hay espanto
¡allá del otro lado de la tumba!
La muerte, aquel país que todavía
está por descubrirse,
país de cuya lóbrega frontera
ningún viajero regresó, perturba
la voluntad, y a todos nos decide
a soportar los males que sabemos
más bien que ir a buscar lo que ignoramos.
Así, ¡oh conciencia!, de nosotros todos
haces unos cobardes, y la ardiente
resolución original decae
al pálido mirar del pensamiento.
Así también enérgicas empresas,
de trascendencia inmensa, a esa mirada
torcieron rumbo, y sin acción murieron.

Versión de Rafael Pombo







Extenuado, hacia el lecho me apresuro...

Extenuado, hacia el lecho me apresuro
a calmar mis fatigas de viajero,
pero empieza en mi ánimo otro viaje,
cuando acaban del cuerpo las faenas.

Porque mis pensamientos, alejándose
en tu busca, celosos peregrinos,
de mis párpados abren el agobio
a la tiniebla que los ciegos miran.

Sólo que mi visión imaginaria
trae tu sombra hasta mis ojos ciegos,
como un joyel que cuelga de la noche
y el rostro oscuro le rejuvenece.

Así, por ti y por mí, nunca reposan
de día el cuerpo y a la noche el alma.

Versión de Manuel Mujica Láinez







He visto a la mañana en plena gloria...

He visto a la mañana en plena gloria
los picos halagar con su mirada,
besar con su oro las praderas verdes
y dorar con su alquimia arroyos pálidos;

y luego permitir el paso oscuro
de fieros nubarrones por su rostro,
y ocultarlo a la tierra abandonada
huyendo hacia occidente sin ventura.

Así brilló mi sol, un día, al alba,
sobre mi frente, con triunfal belleza;
una hora no más lo he poseído
y hoy me lo esconden las aéreas nubes.

No desdeñes mi amor: si el sol del cielo
se eclipsa, han de velarse los del mundo.

Versión de Manuel Mujica Láinez







Las horas que gentiles compusieron...

Las horas que gentiles compusieron 
tal visión para encanto de los ojos, 
sus tiranos serán cuando destruyan 
una belleza de suprema gracia: 

porque el tiempo incansable, en torvo invierno, 
muda al verano que en su seno arruina; 
la savia hiela y el follaje esparce 
y a la hermosura agosta entre la nieve. 

Si no quedara la estival esencia, 
en muros de cristal cautivo líquido, 
la belleza y su fruto morirían 

sin dejar ni el recuerdo de su forma. 
Mas la flor destilada, hasta en invierno, 
su ornato pierde y en perfume vive.

Versión de Manuel Mujica Láinez







Los corazones que supuse muertos...

Los corazones que supuse muertos
pues me faltaban, a tu pecho ocupan;
en él reinan amor y sus virtudes
y los amigos que creí enterrados.

¡Cuánta lágrima pía de mis ojos
robó el amor leal por esos muertos
que no son más que seres que han cambiado
de lugar y que yacen en ti ocultos!

Tú eres la tumba donde vive amor;
de mis amores los trofeos te ornan;
cada uno te dio mi parte suya
y ahora es tuyo el bien que fue de muchos.

Veo en ti las imágenes que amé:
soy tuyo entero pues las tienes todas.

Versión de Manuel Mujica Láinez







Mas cuán pesante se me hace este viaje...

Mas cuán pesante se me hace este viaje
Al ver que su final, que tanto ansío,
Me hará exclamar cuando pare y descanse:
¡Ya tan atrás has dejado a tu amigo!

La bestia que me lleva, ya sin fuerzas
Por mi penar, también con éste carga
Jadeando, como si algo le dijera
Que prisa su jinete no demanda.

La espuela en sangre su paso no apremia
Sino que ira en la piel le clava a veces,
Responde el animal con una queja
Que de cuanto le hiera más me hiere.

Pues esa misma queja me recuerda
Que alante el dolor, mi dicha atrás queda.

Versión de Ariel Laurencio Tacoronte







Mejor ser vil que tal considerado...

Mejor ser vil que tal considerado
Cuando, sin serlo, esta culpa te achacan,
Y un lícito placer pierdes, que tanto
Los demás condenan, pero no tu alma.

Pues ¿por qué los ojos espurios de otros
Han de juzgar a mi impetuosa sangre;
O espiar mis flaquezas quien es más flojo
Y estima malo lo que yo, agradable?

No, yo soy el que soy; y los que apuntan
A mis desmanes, los propios exponen;
Habrá en sus ojos una torcedura,
Que sus juicios no ensucien mis acciones.

A no ser que esta máxima sostengan:
Todo hombre es malo y en su maldad reina.

Versión de Ariel Laurencio Tacoronte







Mella, Tiempo voraz, del león las garras...

Mella, Tiempo voraz, del león las garras,
deja a la tierra devorar sus brotes,
arranca al tigre su colmillo agudo,
quema al añoso fénix en su sangre.

Mientras huyes con pies alados, Tiempo,
da vida a la estación, triste o alegre,
y haz lo que quieras, marchitando al mundo
Pero un crimen odioso te prohíbo:

no cinceles la frente de mi amor,
ni la dibujes con tu pluma antigua;
permite que tu senda siga, intacto,
ideal sempiterno de hermosura.

O afréntalo si quieres, Tiempo viejo:
mi amor será en mis versos siempre joven.

Versión de Manuel Mujica Láinez








Mi amor es una fiebre que incesante...

Mi amor es una fiebre que incesante
ansía lo que su virus alimenta,
porque en mi mal mi gusto se apacienta
y es por sí enfermo el apetito amante.

Ya, viendo mi doctor (la vigilante
razón) que no haga del caso ni cuenta,
me abandonó, y el ánima sedienta
corre a su abismo, aunque lo ve adelante.

Salvación para mí, ni la hay ni la quiero:
todo yo soy locura, inquietud, ira;
loco en cuanto imagino y vocifero,
y víctima infeliz de una mentira

te juré honrada y franca; y mi amor tierno
¿qué halló en ti? Noche oscura, negro infierno.

Versión de Rafael Pombo







Mira a tu espejo, y a tu rostro dile...

Mira a tu espejo, y a tu rostro dile: 
ya es tiempo de formar otro como éste. 
Si no renuevas hoy su lozanía, 
al mundo engañas y a una madre robas. 

¿Quién es la bella del intacto seno 
que tu cultivo marital desdeñe? 
y ¿quién tan loco para ser la tumba 
de un amor egoísta sin futuro? 

Tu madre encuentra en ti, que eres su espejo, 
la gracia de su abril, su primavera; 
así, de tu vejez por las ventanas, 
aunque mustio, verás tu tiempo de oro. 

Mas si pasar prefieres sin memoria, 
muere solo y tu imagen morirá.

Versión de Manuel Mujica Láinez







No creeré en mi vejez, ante el espejo...

No creeré en mi vejez, ante el espejo,
mientras la juventud tu edad comparta;
sólo cuando los surcos te señalen
pensaré que la muerte se aproxima.

Si toda la hermosura que te cubre
es el ropaje de mi corazón,
que vive en ti, como en mí vive el tuyo,
¿cómo puedo ser yo mayor que tú?

Por eso, amor, contigo sé prudente,
como soy yo por ti, no por mí mismo;
tu corazón tendré con el cuidado
de la nodriza que al pequeño ampara.

No te ufanes del tuyo, si me hieres,
pues me lo diste para no volverlo.

Versión de Manuel Mujica Láinez







No dejes, pues, sin destilar tu savia...

No dejes, pues, sin destilar tu savia, 
que la mano invernal tu estío borre: 
aroma un frasco y antes que se esfume 
enriquece un lugar con tu belleza. 

No ha de ser una usura prohibida 
la que alegra a quien paga de buen grado; 
y tú debes dar vida a otro tú mismo, 
feliz diez veces, si son diez por uno. 

Más que ahora feliz fueras diez veces, 
si diez veces, diez hijos te copiaran: 
¿qué podría la muerte, si al partir 

en tu posteridad siguieras vivo? 
No te obstines, que es mucha tu hermosura.

Versión de Manuel Mujica Láinez







No me sucede lo que a aquel poeta...

No me sucede lo que a aquel poeta
que versifica a una beldad pintada,
y al cielo mismo empleá como adorno,
midiendo cuánto es bello con su bella;

y en henchidas imágenes la acopla
al sol, la luna y a las gemas ricas
y a las flores de abril y a las rarezas
que el aire envuelve en este globo vasto.

Sincero amante, la verdad escribo.
Mi amor es tan gentil, podéis creerme,
como cualquier hijo de madre, y brilla
menos que las candelas celestiales.

Dejad que digan más los habladores;
yo no quiero ensalzar lo que no vendo.

Versión de Manuel Mujica Láinez







No, no aparta a dos almas amadoras...

No, no aparta a dos almas amadoras
adverso caso ni crüel porfía:
nunca mengua el amor ni se desvía,
y es uno y sin mudanza a todas horas.

Es fanal que borrascas bramadoras
con inmóviles rayos desafía;
estrella fija que los barcos guía;
mides su altura, mas su esencia ignoras.

Amor no sigue la fugaz corriente
de la edad, que deshace los colores
de los floridos labios y mejillas.

Eres eterno, Amor: si esto desmiente
mi vida, no he sentido tus ardores,
ni supe comprender tus maravillas.

Versión de Miguel Antonio Caro







No te acongojes más por lo que has hecho...

No te acongojes más por lo que has hecho;
fango y espina tienen fuente y rosa;
a la luna y al sol vela el eclipse;
vive el gusano en el capullo suave.

Todos cometen faltas, yo también
pues disculpo con símiles la tuya,
y por justificarte me corrompo
y excuso tus pecados con exceso.

A tu yerro sensual le doy mi ayuda;
de opositor me vuelvo tu abogado
y comienzo a pleitear contra mí mismo.
Tanto el amor y el odio en mí combaten

que no puedo dejar de ser el cómplice
del ladrón tierno que cruel me roba.

Versión de Manuel Mujica Láinez







O viviré para escribir tu losa...

O viviré para escribir tu losa,
o vives y en la tierra me he podrido.
Qué importa que yo caiga en el olvido
si en mi canto inmortal tu honor reposa.

No morirá por mí tu fama hermosa
aunque yo al mundo moriré ya ido:
tú serás recordado y bendecido,
yo volveré a ser polvo entre la fosa.

Cuando sean los que hoy viven sombra vana
mis estrofas serán tu monumento
que mirará generación lejana.

Remota edad repetirá mi acento;
vivirás por mi pluma soberana
doquier se exhale un amoroso aliento.

Versión de Alejandro Araoz Fraser







Pobre alma, centro de culpable limo...

Pobre alma, centro de culpable limo
a la que burla, indócil, quien la ciñe,
¿por qué adentro sufrir afán y hambre
si pintas lo exterior de alegre lujo?

Si el contrato es tan breve, ¿por qué gastas
ornando tu morada pasajera?
¿Tendrá por fin tu cuerpo sustentar
al gusano que herede tu derroche?

Vive, alma, a expensas de tu servidor;
que aumenten sus fatigas tu tesoro;
y cambia horas de espuma por divinas.
Sé rica adentro, en vez de serlo afuera.

Devora tú a la Muerte y no la nutras,
pues si ella muere, no podrás morir.

Versión de Manuel Mujica Láinez







¿Por qué me prometiste un día hermoso...

¿Por qué me prometiste un día hermoso
y a viajar sin mi capa me obligaste,
si me dejaste sorprender por nubes
que en su bruma ocultaron tu destello?

No me basta que surjas de la niebla
y que la lluvia enjugues en mi rostro,
pues no ha de ponderar ninguno el bálsamo
que cicatriza pero no remedia.

Ni tu vergüenza a mi dolor aplaca,
ni tu remordimiento a lo perdido:
del ofensor la pena poco alivia
a quien la cruz soporta del agravio.

Pero tus lágrimas de amor son perlas
y su riqueza todo el mal rescata.

Versión de Manuel Mujica Láinez







Pintado por Natura el rostro tienes...

Pintado por Natura el rostro tienes
de mujer, dueño y dueña de mi amor;
y de mujer el corazón sensible
mas no mudable como el femenino;

tus ojos brillan más, son más leales
y doran los objetos que contemplas;
de hombre es tu hechura, y tu dominio roba
miradas de hombres y almas de mujeres.

Primero te creó mujer Natura
y, desvariando mientras te esculpía,
de ti me separó, decepcionándome,
al agregarte lo que no me sirve.

Si es tu fin el placer de las mujeres,
mío sea tu amor, suyo tu goce.

Versión de Manuel Mujica Láinez







Pintores son mis ojos: te fijaron...

Pintores son mis ojos: te fijaron
sobre la tabla de mi corazón,
y mi cuerpo es el marco que sostiene
la perspectiva de la obra insigne.

A través del pintor hay que mirar
para encontrar tu imagen verdadera,
colgada en el taller que hay en mi pecho
al que brindan ventanas tus dos ojos.

Y observa de los ojos el servicio:
los míos diseñaron tu figura,
los tuyos son ventanas de mi pecho
por las que atisba el sol, feliz de verte.

Mas algo falta al arte de los ojos:
dibujan lo que ven y al alma ignoran.

Versión de Manuel Mujica Láinez







Que los favorecidos por los astros...

Que los favorecidos por los astros
de honores y de títulos se ufanen;
yo, que la suerte priva de esos triunfos,
hallo mi dicha en lo que más venero.

Los favoritos de los grandes príncipes
abren al sol sus hojas cual caléndulas,
y su orgullo sepultan en sí mismos
pues los abate un ceño que se frunce.

El célebre guerrero laborioso,
derrocado una vez tras mil victorias,
es del libro de honores suprimido
y de su gesta lo demás se olvida.

Feliz de mí, que amando soy amado,
y ni cambiar ni ser cambiado puedo.

Versión de Manuel Mujica Láinez







Que no le ponga inconvenientes yo...

Que no le ponga inconvenientes yo
A la alianza de espíritus constantes.
Amor que cede ante otro no es amor,
Ni el que cambie cuando cambios halle;

Oh, no, es un faro eternalmente fijo
Entre tormentas, y jamás da en tierra;
Es el astro de nómadas navíos,
Invalorado, bien que a lo alto ascienda.

Tiempo en Amor no se inmiscuye, aunque
Bajo el zas de su hoz caen labios rosas;
Con Tiempo va hasta donde el sino alcance
Amor, que no muda en fugaces horas.

Si es esto error, y en mí se demostrase,
Jamás he yo escrito, ni amado nadie.

Versión de Ariel Laurencio Tacoronte







Quién creerá en el futuro a mis poemas...

¿Quién creerá en el futuro a mis poemas 
si los colman tus méritos altísimos? 
Tu vida, empero, esconden en su tumba 
y apenas la mitad de tus bondades. 

Si pudiera exaltar tus bellos ojos 
y en frescos versos detallar sus gracias, 
diría el porvenir: «Miente el poeta, 
rasgos divinos son, no terrenales». 

Desdeñarían mis papeles mustios, 
como ancianos locuaces, embusteros; 
«métrico exceso» de un «antiguo» canto. 
Mas si entonces viviera un hijo tuyo, 

mi rima y él dos vidas te darían. 
para darla a la muerte y los gusanos.

Versión de Manuel Mujica Láinez







Señor del amor mío, cuyo mérito...

Señor del amor mío, cuyo mérito
obliga mi homenaje de vasallo,
te envío esta embajada manuscrita,
mi devoción probando y no mi ingenio.

Grande es mi devoción: mi pobre espíritu
la muestra sin ropaje de vocablos
y espera, aunque desnuda, que en tu alma
le dé tu comprensión sutil albergue;

hasta que el astro que mi andanza guía
me señale con brillo favorable,
y al ornar mis andrajos amorosos
haga que yo merezca que me mires.

Así podré exhibir mi amor ufano,
pero hasta entonces rehuiré la prueba.

Versión de Manuel Mujica Láinez







Si a mis días colmados sobrevives...

Si a mis días colmados sobrevives,
y cuando esté en el polvo de la Muerte
una vez más relees por ventura
los inhábiles versos de tu amigo,

con lo mejor de tu época compáralos,
y aunque todas las plumas los excedan,
guárdalos por mi amor, no por mis rimas,
superadas por hombres más felices.

Que tu amor reflexione: «Si su Musa
crecido hubiera en esta edad creciente,
frutos más caros a su edad le diera,
dignos de incorporarse a tal cortejo:

pero ha muerto; en poetas más notables
estilo buscaré y en él amor».

Versión de Manuel Mujica Láinez







Si la hosca carne fuera pensamiento...

Si la hosca carne fuera pensamiento
La vil distancia no me detendría,
Pues a do te hallas desde lo más lejos
Yo, pese al espacio, arribaría.

Y qué importará así que yo pisara
La más remota tierra que no vieras,
Pues la ágil idea el mar, países salva
Tan pronto rumia el sitio que desea.

Mas ¡ay!, me mata el pensar que no soy
Pensamiento que venza millas, leguas;
Que por ser de tanta agua y tierra yo
Debo ocupar el ocio con mis quejas.

Sin nada lograr de agentes tan lentos
Más que lágrimas, signos del mal nuestro.

Versión de Ariel Laurencio Tacoronte







Si la muerte domina al poderío...

Si la muerte domina al poderío
de bronce, roca, tierra y mar sin límites,
¿cómo le haría frente la hermosura
cuando es más débil que una flor su fuerza?

Con su hálito de miel, ¿podrá el verano
resistir el asedio de los días,
cuando peñascos y aceradas puertas
no son invulnerables para el Tiempo?

¡Atroz meditación! ¿Dónde ocultarte,
joyel que para su arca el Tiempo quiere?
¿Qué mano detendrá sus pies sutiles?
Y ¿quién prohibirá que te despojen?

Ninguno a menos que un prodigio guarde
el brillo de mi amor en negra tinta.

Versión de Manuel Mujica Láinez







¿Te he de comparar con un sol de estío?...

¿Te he de comparar con un sol de estío?
Descubro en ti más gracia y más encanto.
Furiosos vientos agitan el fino
Botón de mayo, es tan breve el verano.

Quema a veces tanto el ojo del cielo,
Se opaca a menudo su tez dorada,
Lo que es bello deja a veces de serlo
Por azar o por natural mudanza.

Mas tu eterno estío no decaerá
Ni ha de perder el bello que posees,
Ni el nublarte la muerte jactará
Cuando en el tiempo en verso eterno creces.

Mientras respirando o viendo se siga
Esto vivirá, y esto te da vida.

Versión de Ariel Laurencio Tacoronte







Tiempo devorador, desafila las garras del león... 

Tiempo devorador, desafila las garras del león
y haz que la tierra devore su propio dulce retoño,
arranca los agudos colmillos de las crueles mandíbulas del tigre
y quema en su sangre el fénix de larga vida;

alterna en tu vuelo estaciones tristes y alegres
y haz todo lo que quieras, Tiempo de rápido pie,
al vasto mundo y a todas sus dulzuras fugitivas;
pero yo te prohíbo un crimen, el más odioso:

¡oh! no marques con tus horas la frente de mi hermoso amor,
ni traces líneas con tu antigua pluma,
déjalo intacto en tu carrera,
como modelo de belleza para los hombres a venir.

O bien haz lo peor, viejo Tiempo: a despecho de tu ultraje,
en mis versos mi amor vivirá joven eternamente.

Versión de Manuel Mujica Láinez








Tiempo, no has de jactarte de mis cambios...

Tiempo, no has de jactarte de mis cambios:
alzas con nuevo brío tus pirámides
y no son para mí nuevas ni extrañas
sino aspectos de formas anteriores.

Por ser corta la vida, nos sorprende
lo antiguo que reiteras y que impones,
cual si fuera lo nuevo que deseamos
y si no conociéramos su historia.

Os desafío a ti y a tus anales;
no me asombran pasado ni presente,
pues tus anales y lo visto engañan
al transformarse mientras te apresuras.

Por mí, te juro que he de ser constante
a pesar de tu hoz y de ti mismo.

Versión de Manuel Mujica Láinez







Tu capricho y tu edad, según se mire...

Tu capricho y tu edad, según se mire,
provocan tus defectos o tu encanto;
y te aman por tu encanto o tus defectos,
pues tus defectos en encanto mudas.

Lo mismo que a la joya más humilde
valor se da en los dedos de una reina,
se truecan tus errores en verdades
y por cosa legítima se tienen.

¡Cómo engañara el lobo a los corderos,
si en cordero pudiera transformarse!
Y ¡a cuánto admirador extraviarías,
si usaras plenamente tu prestigio!

Mas no lo hagas, pues te quiero tanto
que si es mío tu amor, mía es tu fama.

Versión de Manuel Mujica Láine







Tu pecho está cargado con todos los corazones...

Tu pecho está cargado con todos los corazones,
que yo supuse, en mi ignorancia, muertos;
y allí reina el Amor con todas sus amantes partes
y todos los amigos que yo creía extintos.

Cuántas sagradas y obsequiosas lágrimas
extrajo de mis ojos el amor religioso
en interés de los muertos, que aparecen ahora
como cosas remotas que en ti yacen ocultas!

Tú eres la tumba en que el amor sepulto ahora vive,
adornado con los trofeos de mis amores idos,
que todas sus partes de mí a ti te dieron,

pues ese haber de muchos es tuyo ahora solo:
Sus imágenes que amé las veo en ti
y tú, con todos ellos, lo tienes todo del total de mí.

Versión de Manuel Mujica Láinez







Unos se vanaglorian de la estirpe...

Unos se vanaglorian de la estirpe,
del saber, el vigor o la fortuna;
otros, de la elegancia extravagante,
o de halcones, lebreles y caballos;

cada carácter un placer comporta
cuya alegría a las demás excede;
pero estas distinciones no me alcanzan
pues tengo algo mejor que las incluye.

En altura, tu amor vence al linaje;
en soberbia al atuendo; al oro en fausto;
en júbilo al de halcones y corceles.
Teniéndote, todo el orgullo es mío.

Mi única miseria es que pudieras
quitarme todo y en miseria hundirme.

Versión de Manuel Mujica Láinez






¡Ve! si en oriente la graciosa luz...

¡Ve! si en oriente la graciosa luz 
su cabeza flamígera levanta, 
los ojos de los hombres, sus vasallos, 
con miradas le rinden homenaje. 

Y mientras sube al escarpado cielo, 
como un joven robusto en su edad media, 
lo siguen venerando las miradas 
que su dorada procesión escoltan. 

Pero cuando en su carro fatigado 
deja la cumbre y abandona al día, 
apártanse los ojos antes fieles, 
del anciano y su marcha declinante. 

Así tú, al declinar sin ser mirado, 
si no tienes un hijo, morirás.

Versión de Manuel Mujica Láinez







Y por qué no es tu guerra más pujante...

¿Y por qué no es tu guerra más pujante 
contra el Tirano tiempo sanguinario; 
y contra el decaer no te aseguras 
mejores medios que mi rima estéril? 

En el cenit estás de horas risueñas. 
Los incultos jardines virginales 
darían para ti vivientes flores, 
a ti más semejantes que tu efigie. 

Tendrías vida nueva en vivos trazos, 
pues ni mi pluma inhábil ni el pincel 
harán que tu nobleza y tu hermosura 
ante los ojos de los hombres vivan. 

Si a ti mismo te entregas, quedarás 
por tu dulce destreza retratado.

Versión de Manuel Mujica Láinez






Sonetos

Sobre los sonetos de Shakespeare

No es mi intención cantar en este prólogo a los Sonetos de W. Shakespeare sus excelencias y glorias, ni como poeta, ni como dramaturgo, ni el largo olvido a que fue sometido tras su muerte; pero sí remitir al lector a los trabajos de Víctor Hugo, el siglo XIX, sobre la obra de W. S. y el ostracismo en que se encontraban sus creaciones literarias, incluso por parte de la tierra que le vio nacer: Inglaterra.

Mi intención es mucho más sencilla. El estudio de su poesía a través de su método. En primer lugar establecer un orden cronológico dentro de mis conocimientos e investigaciones que, aun con los errores propios de toda indagación, en definitiva, carecen de valor dentro de lo que hasta la fecha se ha publicado. Escogí lo que, a mi modesto entender, tenía más calidad entre las traducciones que existen.

Lo importante era crear una uniformidad en la musicalidad, sin que por ello perdiera la traducción, entendimiento ni contenido. Más claramente, trasladar los versos de los Sonetos a versos en español, pero con una medida poética que a su vez me permitiera un mayor acomodo en el trabajo. Lo que explico a continuación:

Todos los sonetos incluidos en esta serie de 154 que han llegado a nuestras manos tienen el mismo estilo de composición poética, sin entrar en la diferencia que existe entre éstos y los de quien inspiró este estilo de poesía: Petrarca.

Se componen de tres cuartetos endecasílabos, independientes de rima entre sí, y un dístico pareado con los que finaliza el soneto. Por tanto, su rima es la siguiente:

A-B-A-B C-D-C-D E-F-E-F G-G
Trasladar estos endecasílabos en inglés a español supone un verdadero ejercicio de interpretación que nunca satisface, dadas las diferencias entre las dos sintaxis. Por lo tanto, había que buscar una forma de medida poética que con la musicalidad necesaria nos permitiera la traducción, sin pérdida de los contenidos. Esto me llevó como medio más factible a elegir el alejandrino español, medida poética que por su mayor extensión en cada verso me permitiera mayores logros. Alejandrinos blancos, con los que tanto gustaba trabajar a Pablo Neruda, de quien tomando ejemplo para estos mimbres fui desarrollando mi trabajo.

Hablemos de los traductores en que me inspiré, por orden cronológico a la aparición de sus publicaciones:

En primer lugar, Matías de Velasco y Rojas, marqués de Dos Hermanas, que ya en el año 1877 hace una traducción en prosa de muy buena calidad, y que en definitiva esto ha de servir como pauta para todos los demás que, de algún modo, trataron de traducir a Shakespeare. Su documentación para el tratamiento del tema es perfecta: reproducción de los textos originales; si bien su teoría de la repetición de imágenes en muchos de los sonetos le impidiera traducirlos al completo, por considerarlo innecesario y tal vez cansado para el lector. Así, solamente 37 sonetos son traducidos íntegramente al español, si bien hace un estudio fragmentado de otros 61, con lo que el estudio por este autor, aun siendo importante, no es completo.

En el año 1918, Fernando Maristany incluye en su libro Florilegio una traducción de poemas de varias lenguas, 13 sonetos de Shakespeare que, aunque menciono, poco me ayudaron.

Sin embargo, los de Luis Astrana Marín, el más conocido de los traductores de nuestro poeta (aparecidos por vez primera en 1929), aportaron gran cantidad de conocimientos a mi trabajo. Quizás inspirado por la obra de su predecesor, Matías de Velasco y Rojas, éstos difieren en bien poco en cuanto a palabras y contenido, y aunque le cita en su prólogo de sus Obras completas de Shakespeare, lo hace erróneamente en cuanto a los sonetos traducidos, si bien el dato carece de importancia a la hora de valorar su trabajo.

En 1974, Agustín García Calvo publica sus Sonetos en una traducción en versos de trece sílabas que ni entendí, ni nada aportaron a mi empeño, si bien lo menciono por respeto a su intento.

Más se acerca Manuel Múgica Laínez, en los 49 sonetos sobre el tema que publica en 1983, a mis intenciones, si bien, al tratar de traducir los endecasílabos ingleses a endecasílabos en español, en muchos de los sonetos emplea más su condición de poeta que la de traductor del original.

Dejo para el final la traducción de los sonetos por parte de Fátima Aguad y Pablo Mañé Garzón, publicados por primera vez en 1975 y con varias ediciones de su trabajo, como los mayores colaboradores que he tenido a lo largo de mi labor.

Hasta aquí todas las traducciones que he podido encontrar y con las cuales he conseguido llegar al final de mi intento.

También se dice, y sirva esta consideración como simple anécdota, que los sonetos son 154. En realidad son 151, ya que el número 99 tiene un encabezamiento con el primer verso que no se corresponde en el primer cuarteto y que en el original consta de quince versos. Tampoco el número 126 es un soneto, ya que es una serie de seis dísticos endecasílabos pareados; y por último el soneto 145, por su construcción en versos de nueve sílabas, tampoco lo es, aunque en su estilo tenga parecido con lo que en nuestra lengua llamamos «sonetillo».

Mi intención, y con esto termino, es conseguir una mayor musicalidad en la lectura traducida de los Sonetos sin pérdida de los contenidos, y sobre todo, modestamente, un acercamiento entre las dos lenguas por los caminos de la Poesía.

Ramón García González




Versión lírica de Ramón García González
En versos alejandrinos blancos



Soneto 1

Queremos que propaguen, las más bellas criaturas,
su especie, porque nunca, pueda morir la rosa
y cuando el ser maduro, decaiga por el tiempo
perpetúe su memoria, su joven heredero.

    Pero tú, dedicado a tus brillantes ojos,
alimentas la llama, de tu luz con tu esencia,
creando carestía, donde existe abundancia.
Tú, tu propio enemigo, eres cruel con tu alma.

    Tú, que eres el fragante, adorno de este mundo,
la única bandera, que anuncia primaveras,  
en tu propio capullo, sepultas tu alegría
y haces, dulce tacaño, derroche en la avaricia.

    Apiádate del mundo, o entre la tumba y tú,
devoraréis el bien que a este mundo se debe.




Sonnet 1

From fairest creatures we desire increase,
That thereby beauty's rose might never die,
But as the riper should by time decease,
His tender heir might bear his memory:

    But thou contracted to thine own bright eyes,  
Feed'st thy light's flame with self substancial fuel,
Making a famine where abundance lies,
Thyself thy foe, to thy sweet self too cruel:

    Thou that art now the world's fresh ornament,
And only herald to the gaudy spring,  
Within thine own bud buriest thy content,
And tender churl mak'st aste in niggarding:

    Pity the world, or else this glutton be,
To eat the world's due, by the grave and thee.




Soneto 2

Cuando cuarenta inviernos, pongan cerco a tu frente
y caven hondos surcos, en tu bello sembrado,
tu altiva juventud, que admira este presente,
será una prenda rota, con escaso valor.

    Y cuando te pregunten: ¿dónde está tu belleza?  
¿Dónde todo el tesoro de tus mejores días?
El decir que en el fondo, de tus hundidos ojos,
será venganza amarga y elogio innecesario.

    ¡Qué halago más valdría, al usar tu belleza,
si responder pudieras: «Este hermoso hijo mío,  
ha de saldar mi cuenta y excusará mi estado»,
mostrándose heredero, de tu propia belleza!

    Será cual renovarte, cuando te encuentres viejo
y ver tu sangre ardiente, cuando la sientas fría.




Sonnet 2

When forty winters shall besiege thy brow,
And dig deep trenches in thy beauty's field,
Thy youth's proud livery so gaz'd on now,
Will be a tatter'd weed of small worth held:

    Then being ask'd, where all thy beauty lies,  
Where all the treasure of thy lusty days;
To say within thine own deed sunken eyes,
Were an all-eating shame, and thriftless praise.

    How much more praise deserv'd thy beauty's use,
If thou could'st answer this fair child of mine  
Shall sum my count, and make my old excuse
Proving his beauty by succession thine.

    This were to be new made when thou art old,
And see thy blood warm when thou feel'st it cold.




Soneto 3

Dile al rostro que ves al mirarte al espejo,
que es tiempo para él, de que modele a otro,
pues si su fresco estado, ahora no renuevas,
le negarás al mundo y a una madre su gloria.

    ¿Dónde hay una hermosura, de vientre virginal,
que desdeñe el cultivo de tu acción marital?
¿O dónde existe el loco, que quiera ser la tumba,
del amor de sí mismo y evitar descendencia?

    Espejo de tu madre, que sólo con mirarte
evoca el dulce abril, que hubo en su primavera.
Así, por las ventanas de tu edad podrás ver,
tu presente dorado, pese a tus mil arrugas.

    Mas si vives tan solo, por no dejar recuerdo,
muere célibe y muera contigo tu figura.




Sonnet 3

Look in thy glassand tell the face thou viewest,
Now is the time that face should form another,
Whose fresh repair if now thou not renewest,
Thou dost beguile the world, unbless some mother.

    For where is she so fair whose unear'd womb
Disdains the tillage of thy husbandry?
Or who is he so fond will be the tomb,
Of his self-love to stop posterity?

    Thou art thy mother's glass and she in thee
Call back the lovely April of her prime,  
So thou through windows of thine age shalt see,
Despite of wrinkles this thy golden time.

    But if thou live remember'd not to be,
Die single and thine Image dies with thee.




Soneto 4

¿Dinos porqué desgastas, la pródiga hermosura,
en tu propia persona, sin legar tu belleza?
Natura no regala su herencia, que la presta
y siendo libre fía a aquellos que son libres.

    Entonces, bello avaro, ¿porqué abusas de aquellos
generosos regalos, que te dan para darlos?
Tacaño y usurero, ¿porqué tan mal empleas,
esta suma de sumas, si no logras vivir?

    Traficante de ti, sólo contigo mismo,
tu dulce ser defraudas, con tu propia persona.  
Cuando Natura llame y tengas que partir:
¿Cómo podrás dejar, un aceptable saldo?

    Inútil tu belleza, se enterrará contigo.
Que usada hubiera sido, tu notario más fiel.




Sonnet 4

Unthrifty loveliness why dost thou spend,
Upon thyself thy beauty's legacy?
Nauture's bequest gives nothing but doth lend,
And being frank she lends to those are free:

    Then beauteous niggard why dost thou abuse,
The bounteous largess given thee to give?
Profiless usurer why dost thou use
So great a sum of sums yet canst not live?

    For having traffic with thyself alone,
Thou of thyself thy sweet self dost deceive,  
Then how when nature calls thee to be gone,
What acceptable audit canst thou leave?

    Thy unus'd beauty must be tomb'd with three,
Which used lives th'executor to be.




Soneto 5

Las horas que en su afán gentiles modelaron,
el adorable cuerpo que atrae a las miradas,
han de hacer para él, el papel de tiranos
y afearán aquello que excedía en beldad.

    El tiempo que no para, lleva el dulce verano,
hasta el odioso invierno y allí acaba con él.
La savia entre los hielos. Hojas frescas perdidas.
La beldad bajo nieve y ruina en todas partes.

    Luego si no quedara, destilando el estío
el líquido cautivo en paredes de vidrio,  
la Belleza y su efecto, con ella moriría,
sin dejar ningún rastro de lo que fue su tiempo.

    Mas la flor destilada, padecerá el invierno
y aunque pierda su aspecto, persiste en su sustancia.




Sonnet 5

Those hours that with gentle work did frame,
The lovely gaze where every eye doth dwell
Will play the tyrants to the very same,
And that unfair which fairly doth excel:

    For never resting time leads summer on,
To hideous winter and confounds him there,
Sap check'd with frost and lusty leaves quite gone,
Beauty o'ersnow'd and bareness everywhere:

    Then were not summer's distillation left
A liquid prisoner pent in walls of glass,
Beauty's effect with beauty were bereft,
Nor it nor no remembrance what it was.

    But flowers distill'd though they with winter meet,
Leese but their show, their substance still lives sweet.




Soneto 6

No dejes que la mano, del invierno malogre,
tu verano sin antes, ver como te destilas.
Endulza un recipiente y atesora un lugar
con tu dulce belleza, antes de que marchite.

    Nunca es prohibida usura, cobrar el interés,
que alegra a quien contrajo, de buen ánimo el préstamo.
Esa es tu obligación, crear un semejante
y si creas a diez, diez veces más feliz.

    Diez veces más feliz, serás de lo que eres,
si los diez que has creado, a ti se te parecen.  
¿Qué podrá hacer la muerte, cuando tengas que irte,
si tú sigues viviendo en esa descendencia?

    No seas egoísta, por tener la belleza,
ni que herede la muerte, tu alma entre gusanos.




Sonnet 6

Then let not winter's ragged hand deface,
In thee thy summer ere thou be distill'd:
Make sweet some vial; treasure thou some place,
With beauty's treasure ere it be self kill'd:

    That use is not forbidden usury,
Which happies those that pay the willing loan;
That's for thyself to breed another thee,
Or ten times happier be it ten for one,

    Ten times thyself were happier than thou art,
If ten of thine ten times refigur'd thee,  
Then what could death do if thou shouldst depart,
Leaving thee living in posterity?

    Be not self-will'd for thou art much too fair,
To be death's conquest and make worms thine heir.




Soneto 7

Mira por el Oriente, cuando la luz graciosa,
arde y brilla en su testa. Ante esto los ojos,
rinden sus homenajes a la visión reciente,
loando con miradas, su majestad sagrada.

    Y cuando ya ha escalado, la cima celestial,
muestra su juventud y edad adolescente.
Aún la mortal mirada, adora su belleza,
siguiendo su rodado, caminar de romero.

    Mas al llegar al cénit, con su cansado carro,
como un viejo achacoso, del día se retira.  
Los ojos más devotos, desvían su mirada
de su cálido rumbo y miran a otra parte.

    Así, cuando te alejes de ti en tu mediodía,
nadie querrá mirarte, si no has tenido un hijo.




Sonnet 7

Lo in the Orient when the gracious light,
Lifts up his burning head, each under eye
Doth homage to his new appearing sight,
Serving with looks his sacred majesty,

    And having climb'd the steep up heavenly hill,  
Resembling strong youth in his middle age,
Yet mortal looks adore his beauty still,
Attending on his golden pilgrimage:

    But when from high-most pitch with weary car,
Like feeble age he reeleth from the day,
The eyes ('fore duteous) now converted are
From his tract and look another way:

    So thou, thyself out-going in thy noon,
Unlook'd on diest unless thou get a son.




Soneto 8

Si oírte es una música ¿porqué la escuchas triste?
Alegría y dulzura en nada rivalizan.
¿Porqué amas lo que luego no acoges con agrado
y sin embargo acoges la causa de tu enojo?

    El verdadero acorde de sones entonados,
aún siendo matrimonio, te ofenden el oído
cuando tan sólo tratan con suave reprimenda,
al confundir las voces que tú debes cantar.

    Mira como una cuerda, esposo de la otra,
vibran al mismo tiempo, en recíproco orden,
igual que lo hace un padre, niño o madre dichosa,
cantando al mismo tiempo la placentera nota.

    Su canción sin palabras, siendo, una, es de todos
y a ti te están diciendo: «Solo no serás nadie.»




Sonnet 8

Music to hear, why hear'st music sadly?
Sweets with sweets war not, joy delights in joy:
Why lov'st thou that which thou recei'st not gladly,
Or else receiv'st with pleasure thine annoy?

    If the true concord of well tuned sounds,
By unions married do offend thine ear,
They do but sweetly chide thee, who confounds
In singleness the parts that thou should'st bear:

    Mark how one string sweet husband to another.
Strikes each in each by mutual ordering;  
Resembling sire, and child, and happy mother,
Who all in one, one pleasing note do sing:

    Whose speechless song being many, seeming one,
Sings this to thee thou single wilt prove none.




Soneto 9

¿Tienes miedo a mojar, el ojo de una viuda,
cuando así te consumes, en vida de soltero?
¡Ah! Si ocurre que mueras, sin dejar descendencia,
te llorará este mundo, como a una esposa sola.

    Será el mundo tu viuda, mas siempre lamentando,
que no has dejado huella de ti sobre tu espalda,
cuando la más humilde, puede tener si quiere,
los ojos de su esposo con mirarse en sus hijos.

    Lo que un derrochador, por él gasta en el mundo,
en un lugar distinto, el mundo lo disfruta,
mas la beldad tirada, tiene un fin en el mundo
y tenerla y no usarla, la destruye en sí mismo.

    No existe amor al prójimo, en el seno de aquellos,
que sobre sí, cometen, el vergonzoso crimen.




Sonnet 9

 Is it for fear to wet a window's eye,
That thou consum'st thyself in single life?
Ah; if thou issueless shalt hap to die,
The world will wail thee like a markeless wife,

    The world will be thy widow and still weep,
That thou no form of thee hast left behind,
When every private widow well may keep,
By children's eyes, her husband's shape in mind:

    Look what an unthrift in the world doth spend
Shifts but his place, for still the world enjoys it:
But beauty's waste hath in the world an end,
And kept unus'd the user so destroys it:

    No love toward others in that bosom sits
That on himself such murd'rous shame commits.




Soneto 10

 ¡Por pudor! Reconoce, que a nadie das afecto,
tú, que para contigo, eres tan previsor.
No obstante, reconozco, que hay muchos que te aman,
pero es más evidente, que tú no amas a nadie.

    Pues estás poseído, por un odio asesino,  
que conspira en tu contra, sin pensarlo dos veces,
tratando de arruinar, esa hermosa morada,
que en tu celo debía, ser tu mayor deseo.

    ¡Cambia tu pensamiento, porque yo cambie el mío!
¿Debe el odio hospedarse, mejor que el dulce amor?  
Sé como es tu apariencia: Gracioso y afectivo
o al menos muéstrate, tierno contigo mismo.

    Haz de ti otra persona, por amor hacia mí,
porque en ti la belleza, sobreviva a los tuyos.




Sonnet 10

For shame! deny that thou bear'st love to any
Who for thyself art so unprovident:
Grand if thou wilt, thou art belov'd of many,
But that thou none lov'st is most evident:

    For thou art so possess'd with murd'rous hate,
That' gainst thyself thou stick'st not to conspire,
Seeking that beauteous roof to ruinate
Which to repair should be thy chief desire:

    O charge thy thought, that I may change my mind,
Shall hate be fairer lodg'd than gentle love?
Be as thy presence is gracious and kind,
Ot to thyself at least kind-hearted prove,

    Make thee another self for love of me,
That beauty still may live in thine or thee.




Soneto 11

Tan raudo como mermes, volverás a crecer,
en lo que vas dejando en uno de los tuyos
y aquella sangre fresca, que lozana entregaste,
podrás llamarla tuya, cuando te sientas viejo.

    Esto es sabiduría, belleza y difusión;
lo demás es locura, vejez y triste ocaso
y negarlo es hacer, que el tiempo se concluya
y en sólo doce lustros, acabar con el mundo.

    Que aquellos que Natura, no quiere conservar
por informes y rudos, mueran estérilmente,  
repara en que te dio, más que a los más dotados
y este don generoso, debes dar con largueza.

    Te labró con su sello y a querido con esto,
que tú labres a otros sin que muera el modelo.




Sonnet 11

As fast as thou shalt wane so fast thou grow'st,
In one of thine, from that which thou departest,
And that fresh blood which youngly thou bestow'st,
Thou mayst call thine, when thou youth convertest,

    Herein lives wisdom, beauty, and increase,
Without this, folly, age, and cold decay,
If all were minded so, the times should cease,
And threescore year would make'the world away:

    Let those whom nature hath not made for store,
Harsh, featureless, and rude, barrenly perish:  
Look whom she best endow'd she gave the more;
Which bounteous gift thou shouldst in bounty cherish.

    She carv'd thee for her seal, and meant thereby,
Thou shouldts print more, not let that copy die.




Soneto 12

Cuando cuento los toques, que marcan cada hora
y veo hundirse el día, entre la odiosa noche.
Veo la primavera cumplirse en la violeta
y los oscuros rizos, cubiertos por el blanco

    y los frondosos árboles desnudos de las hojas
que fueran del rebaño, amparo del calor,
atado en mil gavillas el verdor del verano,
con barba blanca y dura, llevado en su ataúd,

    entonces me pregunto: ¿qué será tu belleza?
ya que también te irás, con los restos del tiempo,
pues dulzura y belleza entre sí rivalizan
y raudamente mueren, viendo a otras crecer.

    Nada contra ese tiempo, puede tener defensa,
salvo una descendencia que rete tu partida.




Sonnet 12

When I do count the clock that tells the time,
And see the brave day sunk in hideous night,
When y behold the violet past prime,
And sable curls all silver'd o'er with white:

    When lofty trees I see barren of leaves,  
Which erst from heat did canopy the herd
And Summer's green all girded up in sheaves
Borne on the bier with white and bristly beard:

    Then of thy beauty do I question make
That thou among the wastes of time must go,  
Since sweets and beauties do themselves forsake,
And die as fast as they see others grow,

    And nothing 'gainst Time's scythe can make defence
Saved breed to brave him, when he takes thee hence.




Soneto 13

¡Oh! ¡Si vos, fuerais vuestro! Pero, amor, voz seréis,
de voz tan solamente, mientras viváis aquí.
Contra el final cercano ya debéis prepararos,
plasmando en algún otro, vuestro dulce semblante.

    Así, aquella belleza, que vos gozáis a préstamo
no hallaría final. Entonces volveríais,
a ser vos, aún después, de vuestra propia muerte,
ya que la dulce prole, tendrá tus mismas formas.

    ¿Quién deja derrumbarse, un hogar tan hermoso,
que un regente viril, con honor mantendría,  
contra los elementos de un cruel día de invierno,
y el estéril rencor del frío de la muerte?

    Sólo un derrochador y tú, amor, bien lo sabes:
Vos tuvisteis un padre, que a ti, te nombre un hijo.




Sonnet 13

 O that you were yourself, but love you are
No longer yours, than you yourself here live,
Against this coming end you should prepare,
And your sweet semblance to some other give.

    So should that beauty which you hold in lease
Find no determination, then you were
Youeself again after yoursel's decease,
When your sweet issue your sweet form should bear.

    Who lets so fair a house fall to decay,
Which husbandry in honour might uphold,  
Against the stormy gusts of winter's day
And barren rage of death's eternal cold?

    O one but unthrifts, dear my love you know,
You had a Father, let your Son say so.




Soneto 14

Yo no tomo mi juicio, mirando las estrellas,
sin embargo, me creo un buen maestro astrólogo,
mas no para decir, la mala o buena suerte,
las plagas o las muertes o el clima de un periodo.

    Tampoco predecir en breve la fortuna,
diciendo a cada uno, su trueno, lluvia o viento,
o predecir al príncipe si todo saldrá bien,
con frecuentes presagios que yo encuentro en el cielo.

    Tan sólo de tus ojos dimana mi saber
y en esas dos estrellas, siempre leo tal arte,
que verdad y belleza, florecerán a un tiempo
el día que tú quieras, ser guardián de ti mismo.

    Si no, de ti, con pena, esto te pronostico:
Tu fin será también, el fin de la Belleza.




Sonnet 14

Not from the star do I my judgment pluck,
And yet methinks I have Astronomy,
But no to tell of good, or evil luck,
Of plagues, of dearth, or season's quality;

    Nor can I fortune to brief minutes tell,
Pointing to each his thunder, rain, and wind.
Or say wich Princes if it shall go well
By oft predict that I in heaven find.

    But from thine eyes my knowledge I derive,
And constant stars in them I read such art  
As truth and beauty shall together thrive
If from thyself, to store thou wouldst convert:

    Or else of thee this I prognosticate,
Thy end is Truth's and Beauty's doom and date.




Soneto 15

 Cuando observo al mirar en todo lo que crece,
que apenas un momento, la perfección les dura.
Sobre el gran escenario, como actúan las formas,
bajo el secreto influjo de oráculos y estrellas.

    Advierto que los seres, cual plantas se propagan,
que bajo el mismo cielo se alegran y entristecen
con vital juventud y luego aminorarse
en su arrogante estado, perder toda memoria.

    Entonces la visión de esa infidente clase,
me hace veros tan joven y rico en ese extremo,
cuando el Tiempo voraz, se alía con la Ruina,
por cambiar tu esplendor, en mezquindad nocturna.

    Yo en guerra con el Tiempo, y por amor a vos,
de todo lo que os roba, hago un injerto nuevo.




Sonnet 15

When I consider everything that grows
Holds in perfection but a little moment.
That this huge stage presenteth nought but shows
Whereon the Stars in secret influence comment.

    When I perceive that men as plants increase,
Cheered and check'd even by the selfsame sky:
Vaunt in their youthful sap, at height decrease,
And wear their brave state out of memory.

    Then the conceit of this inconstant stay,
Sets you most rich in youth before my sight,  
Where wasteful time debateth with decay
To change your day of youth to sullied night,

    And all in war with Time for love of you
As he takes from you, I engraft you new.




Soneto 16

¿Por qué no haces, tú mismo, con mayores poderes,
la guerra a ese sangriento, tirano que es el Tiempo
y no os fortificáis, contra la decadencia,
con medios más sagrados que mis rimas estériles?

    Hoy que estás en la cima de las horas felices,  
y hay vírgenes jardines, aun sin cultivar,
que su virtud darían, por llevar vuestras flores,
más reales y vivas que tu imagen pintada.

    De esta forma la vida, restaura su linaje
y no el pincel del Tiempo o mi pluma novel
pueden dar tu belleza, ni interior ni exterior
y haceros revivir en los ojos del hombre.

    Sólo daros a vos, es lo que os favorece,
por lo tanto vivir, con vuestra dulce maña.




Sonnet 16

But wherefore do not you a mightier way
Make war upon this bloody tyrant Time?
And fortify yourself in your decay
With means more blessed than my barren rhyme?

    Now stand you on the top of happy hours,
And many maiden gardens yet unset,
With virtuous wish would bear your living flowers,
Much liker than your painted counterfeit:

    So should the lines of life that life repair
Which this time's pencil or my pupil pen,
Neither in inward worth nor outward fair
Can make you live yourself in eyes de men:

    To give away yourself, keeps yourself still,
And you must live drawn by your own sweet skill.




Soneto 17

 ¿Quién tendrá fe en mis versos, en el tiempo futuro,
estando tan colmados, de vuestras propias glorias?
Sin embargo, Dios, sabe, que soy sólo una tumba
que apenas la mitad de vuestro ser oculta.

    Si pudiera escribir la beldad de tus ojos
y numerar en cifras fragantes, vuestras gracias,
el tiempo venidero, diría que yo miento,
pues tal toque celeste, no es propio de un humano.

    Así, al leer mis versos, por la edad amarillos,
serían despreciados, como viejos chismosos,  
cambiando lo que es vuestro, por furor de poeta,
con enfático metro de una antigua canción.

    Mas si por ese tiempo, viviera un hijo vuestro,
doble vida tendrías, en él y en mis poemas.




Sonnet 17

Who will believe my verse in time to come
If it were fill'd with your most higt deserts?
Though yet heaven knows it is but as a tomb
Which hides your life, and shows not half your parts:

    If I could write the beauty of your eyes,
And in fresh number number all your graces,
The age to come would say this Poet lies,
Such heavenly touches ne'er touch'd earthly faces.

    So should my papers (yellowed with their age)
Be scorn'd, like old men of less truth than tongue,  
And your true rights be term'd a Poet's rage,
And stretched metre of an antique song.

    But were some child of yours alive that time,
You should live twice, in it and in my rhyme.




Soneto 18

¿Qué debo compararte a un día de verano?
Tú eres más adorable y estás mejor templado.
Rudos vientos agitan los capullos de Mayo
y el estío termina su arriendo brevemente.

    A veces brilla el sol con demasiado fuego
y a menudo se vela su dorado semblante.
A veces la belleza declina de su estado,
por causas naturales o causas imprevistas.

    Mas tu eterno verano, jamás se desvanece,
ni perderá su instinto de tener la hermosura,
ni la Muerte jactarse, de haberte dado sombra,
creciendo con el tiempo en mis versos eternos.

    Mientras el ser respire y tengan luz los ojos,
vivirán mis poemas y a ti te darán vida.




Sonnet 18

Shall I compare thee to a Summer's day?
Thou art more lovely and more temperate:
Rough winds do shake the darling buds of May,
And Summer's lease hath all too short a date:

    Sometime too hot the eye of heaven shines,  
And often is his gold complexion dimm'd,
And every fair from fair sometime declines,
By chance, or nature's changing course untrimm'd:

    But thy eternal Summer shall not fade,
Nor lose possession of that fair thou ow'st,
Nor shall Death brag thou wander'st in his shade.
When in eternal lines to time thou grow'st:

    So long as men can breathe or eyes can see,
So long lives this, and this gives life to thee.




Soneto 19

 Tiempo voraz, despunta, las garras del león
y haz que devore el mundo, sus más dulces retoños;
arranca los colmillos del más sangriento tigre
y quema entre su sangre, su larga vida al Fénix.

    Alterna con tu vuelo, tristezas y alegrías
y haz todo lo que quieras, Tiempo de raudo pie
a este mundo y a todas sus fugaces dulzuras.
Pero yo te prohíbo el más odioso crimen:

    No marques con tus horas la frente de mi amado,
ni en ella traces líneas, con tu antiguo cincel,  
déjalo intacto y puro y sea en tu carrera
modelo de belleza para el hombre futuro.

    O bien haz lo más vil, viejo Tiempo caduco,
que en mis versos, mis amor, será un joven eterno.




Sonnet 19

Devouring Time blunt thou the Lion's paws,
And make the earth devour her own sweet brood,
Pluck the keen teeth from the fierce Tiger's jaws,
And burn the long-liv'd Phoenix in her blood,

    Make glad and sorry seasons as thou fleet'st,
And do whate'er thou wilt, swift-footed Time,
To the wide world and all her fading sweets:
But I forbid thee one most heinous crime,

    O carve not with thy hours my love's fair brow,
Nor draw no lines there with thine antique pen,
Him in thy course untainted do allow,
For beauty's pattern to succeeding men.

    Yet do thy worst old Time, despite thy wrong,
My love shall in my verse ever live young.




Soneto 20

Con rostro de mujer, te pintó la Natura,
con su mano, Señor y Dueña de mi amor.
Corazón de mujer, jamás acostumbrado,
a los rápidos cambios de las falsas mujeres.

    Tus ojos son más vivos y al mirar más leales,
que hacen brillar aquello, que observa tu mirada.
Un hombre en el aspecto, de aparente dominio,
que rapta el ojo al hombre y a la mujer el alma.

    Y tal como mujer, creado en un principio,
mas la Naturaleza, hizo de ti su gozo,
según te fue creando y me privó de ti,
al darte un atributo que en mi nada supone.

    Mas dado que al placer, de la mujer te hizo,
dales ese tesoro y a mí dame tu amor.




Sonnet 20

A woman's face with Nature's own hand painted,
Hast thou the Master Mistress of my passion,
A woman's gentle heart but not acquainted
With shifting change as is false women's fashion,

    An eye more bright than theirs, less false in rolling,
Gilding the object whereupon it gazeth,
A man in hue all hues in his controlling,
Which steals men's eyes and women's souls amazeth.

    And for a woman wert thou first created,
Till Nature as she wrought thee fell a-doting,  
And by addition me of thee defeated,
By adding one thing to my purpose nothing.

    But since she prick'd thee out for women's pleasure,
Mine be thy love and thy love's use their treasure.




Soneto 21

No sucede conmigo, tal, como aquella Musa,
obligada a rimar una beldad pintada,
que usaba el mismo cielo, como ornato y adorno
y con esta belleza lo bello comparaba.

    Acoplando razones de orgullo al cotejar,
sol y luna, con ricas, gamas de tierra y mar,
con las flores de Abril y toda cosa extraña,
que el aire de este mundo, guarda bajo su cúpula.

    Permitirme que sea, sincero cuando escribo
de amor y por lo tanto, creed que lo que amo,
es bello como un hijo, aunque no tan brillante,
como son las estrellas que habitan en el cielo.

    Que digan más aquellos, que usan las frases vanas,
que yo no alabo aquello, que nunca he de vender.




Sonnet 21

So is it not with me as with that Muse,
Stirr'd by a painted beauty to his verse,
Who heaven itself for ornament doth use,
And every fair with his fair doth rehearse,

    Making a couplement of proud compare
With Sun and Moon, whit earth and sea's rich gems:
With April's first-born flowers and all things rare,
That heaven's air in this huege rondure hems,

    O let me true in love but truly write,
And then believe me, my love is as fair,  
As any mother's child, though not so bright
As those gold candles fix'd in heaven's air:

    Let them say more that like of hearsay well,
I will not praise that purpose not to sell.




Soneto 22

No puede convencerme mi espejo de ser viejo,
mientras, tú y juventud, tengáis la misma edad.
Mas cuando veo en ti, los surcos que hace el tiempo,
miraré que la muerte, ponga fin a mis días.

    Dado que la belleza que te cubre al completo,
es el digno ropaje que usa mi corazón,
ya que en tu pecho vive, como el tuyo en el mío,
¿cómo puede en tal caso ser más viejo que tú?

    Ten, por ello, mi amado, cuidado de ti mismo,
como yo bien me guardo, tan sólo por tu bien.
Tengo tu corazón, con el mismo cuidado,
que usa el aya más tierna, cuando cela a su niño.

    No cuentes con el tuyo, si al mío lo asesinan,
porque tú me lo diste, para no devolvértelo.




Sonnet 22

 My glass shall not persuade me I an old,
So long as youth and thou are of one date,
But when in thee time's furrows I behold,
Then look I death my days should expiate.

    For all that beauty that doth cover thee,
Is but the seemly raiment of my heart,
Which in thy breast doth live, as thine in me,
How can I then be elder than thou art?

    O therefore love be of thyself so wary,
As I not for myself, but for the will,  
Bearing thy heart which I will keep so chary
As tender nurse her babe from faring ill,

    Presume not on thy heart when mine is slain,
Thou gav'st me thine not to give back again.




Soneto 23

Igual que un torpe actor, cuando pisa la escena,
olvida por temor, su papel a decir
o tal como el colérico, de rebosante furia,
agota con su esfuerzo, su propio corazón.

    Yo por falta de fe, me olvidé de decir,
la exacta ceremonia del rito del amor
y al cargar con el peso de mi amor desfallezco,
bajo la propia fuerza de mi excesivo amor.

    ¡Oh! Deja que mis libros, te sirvan de elocuencia
y los malos heraldos de mi parlante pecho,  
imploren por tu amor y esperen recompensa,
más, que la mejor lengua, que exprese lo que siento.

    Aprende a bien leer, lo que el silencio escribe:
Oír con la mirada es signo de amor puro.




Sonnet 23

As an unperfect actor on the stage,
Who with his fear is put besides his part,
Or some fierce thing replete with too much rage,
Whose strength's abundance weakens his own heart;

    So I for fear of trust, forget to say,
The perfect ceremony of love's rite,
And in mine own love's strenght seem to decay,
O'ercharg'd with burthen of mine own love's might:

    O let my books be then the eloquence,
And dumb presagers of my speaking breast,
Who plead for love, and look for recompense,
More than that tongue that more hath more express'd.

    O learn to read what silent love hath writ,
To hear with eyes belongs to love's fine wit.




Soneto 24

 Hoy se han vuelto pintores, mis ojos, y han trazado
tu belleza en la tabla, de mi albo corazón.
Todo mi cuerpo es marco, de tu propia hermosura
y bella perspectiva del arte del pintor.

    A través del pintor, admirar su talento,
para encontrar el sitio de tu real imagen,
colgada de continuo del corazón taller,
que tiene en las ventanas, tus ojos por cristales.

    Mira como los ojos se ayudan mutuamente.
Mis ojos te modelan, mientras que son los tuyos  
ventanas en mi pecho, por donde el sol penetra,
sólo por admirarte y llenarse de gozo.

    Mas ¡ay! la mejor gracia, falta al arte del ojo,
retratan lo que ven sin ver el corazón.




Sonnet 24

Mine eye hath play'd the painter and hath stell'd
Thy beauty's form in table of my heart,
My body is the frame wherein 't is held,
And perspective it is best Painter's art.

    For through the Painter must you see his skill,
To find where your true Imagen pictur'd lies,
Which in my bosom's shop is hanging still,
That hath his windows glazed with thine eyes:

    Now see what good turns eyes for eyes have done,
Mine eyes have drawn thy shape, and thine for me
Are windows to my breast, where-through the Sun
Delights to peep, to gaze therein on thee.

    Yet eyes this cunning want to grace their art,
They draw but what they see, know not the heart.




Soneto 25

Deja que los que tienen el favor de su estrella,
presuman de honor público y títulos altivos,
mientras que a mí, me niega, la fortuna ese triunfo,
pero apartado, gozo, de aquello que más honro.

    El válido del príncipe, abre sus bellas hojas,
igual que las caléndulas, bajo el ojo del sol,
pero tienen su orgullo, enterrado en si mismos
y ante un fruncir de cejas, toda su gloria muere.

    El sufrido guerrero, famoso en el combate,
tras mil victorias, ve, si una vez le derrotan,  
como pronto es borrado, del libro del honor
y se olvidan las causas, por las cuales luchó.

    Feliz por tanto soy, amando y siendo amado,
por quién no me abandona, ni puedo abandonarle.




Sonnet 25

Let those who are in favour with their stars,
Of public honour and proud titles boast,
Whilst I whom fortune of such triumph bars
Unlook'd for joy in that I honour most;

    Great Princes' favourites their fair leaves spread,
But as the marigold at the sun's eye,
And in themselves their pride lies buried,
For at a frown they in their glory die.

    The painful warrior famoused for fight
After a thousand victories once foil'd,  
Is from the book of honour razed forth,
And all the rest forgot for which he toil'd:

    Then happy I that love and am beloved
Where I may not remove, nor be removed.




Soneto 26

Señor de mi pasión, al cual en vasallaje,
tu mérito ha enlazado, mi fuerte lealtad.
A ti, como embajada, te mando mi mensaje,
en prueba de mi amor, no de mi inteligencia.

    Devoción tan inmensa, que mi ingenio tan pobre,
parecerá desnudo, por falta de palabras,
mas espero que tengas, algún buen pensamiento
y desnudo en tu alma, cubras mi desnudez.

    Hasta que alguna estrella, guíe mis movimientos
y apacible me marque, con un aspecto dulce,
vistiendo engalanado a mi amor harapiento,
por ser merecedor de tu dulce respeto.

    Podré entonces jactarme, de cuanto más te amo.
Hasta entonces me oculto, donde a prueba me pones.




Sonnet 26

Lord of my love, to whom in vasslage
Thy merit hath my duty strongly knit;
To thee I send this written ambassage
To witness duty, noy to show my wit.

    Duty so great, which wit so poor as mine
May make seem bare, in wanting words to show it;
But that I hope some good conceit of thine
In thy soul's thought (all naked) will bestow it:

    Till whatsoever star that guides my moving,
Points on me graciously with fair aspect,
And puts apparel on my tottered loving,
To show me worthy of thy sweet respect:

    Then may I dare to boast how I do love thee,
Till then, not show my head where thou mayst prove me.




Soneto 27

Rendido de fatiga, me apresuro hacia el lecho
y al querido reposo, tras mi esforzada marcha.
Pero un nuevo viaje, comienza en mi cabeza,
para afán de mi mente, tras mi esfuerzo del cuerpo.

    Porque mis pensamientos, lejos de mi morada,
emprenden hacia ti un fervoroso éxodo
y mantienen abiertos, mis párpados cansados,
mirando las tinieblas que contemplan los ciegos.

    Mas la visión ficticia de mi cansado espíritu,
presenta tu fantasma, ante mis ojos ciegos,
que cual joya colgada en la siniestra noche,
embellece tinieblas, renovando su rostro.

    Ved, de día mis miembros y de noche mi cuerpo,
por tu culpa y mi culpa, no alcanzan el reposo.




Sonnet 27

Weary with toil, I haste me to my bed,
The dear repose for limbs with travel tired,
But then begins a journey in my head
To work my mind, when body's work's expired.

    For then my thoughts (from far where I abide)  
Intend a zealous pilgrimage to thee,
And keep my drooping eyelids open wide,
Looking on darkness which the blind do see.

    Save that my soul's imaginary sight
Presents thy shadow to my sightless view,
Which like a jewel (hung in ghastly night)
Makes black night beauteous, and her old face new.

    Lo thus by day my limbs, by night my mind,
For thee, and for myself, no quiet find.




Soneto 28

¿Cómo podré volver a vida más dichosa,
si me siento privado, del gozo del descanso?
Si la noche no calma los afanes del día
y en continua pelea se oprimen mutuamente.

    Un reino es enemigo mortal del otro reino,
mas se ofrecen la mano, sólo por torturarme;
con la fatiga el uno, con mi lamento el otro,
de ver que me fatigo, si estoy lejos de ti.

    Por complacer al día, le digo que tu brillas,
que le das luz si manchan, las nubes a su cielo.  
También la noche halago, por su rostro moreno,
cuando falta de estrellas, tu brillas en su ausencia.

    Mas el día prolonga, mi diario sufrir
y la noche me hace, más fuerte mi dolor.




Sonnet 28

How can I then return in happy plight
That am debarr'd the benefit of rest?
When day's oppression is not eas'd by night,
But day by night and night by day oppress'd.

    And each (though enemies to either's reign)
Do in consent shake hands to torture me,
The one by toil, the other to complain
How far I toil, still farther off from thee.

    I tell the day to please him thou art bright,
And dost him grace when clouds do blot the heaven:
So flatter I the swart-complexion'd night,
When sparkling stars twire not thou gild'st even.

    But day doth daily draw my sorrows longer,
And night doth nightly make grief's strength seem stronger.




Soneto 29

A veces en desgracia, ante el oro y los hombres,
lloro mi soledad y mi triste abandono
y turbo el sordo cielo, con mi estéril lamento
y viéndome a mí mismo, maldigo mi destino.

    Envidio al semejante más rico de esperanzas
y sus bellas facciones y sus buenos amigos.
Envidio a este el talento y al otro su poder
y con lo que más gozo, no me siento contento.

    Ante estos pensamientos yo mismo me desprecio.
Felizmente te evoco y entonces mi Natura,  
como la alondra al alba, cantando toma altura,
para entonar sus himnos a las puertas del Cielo.

    Me da sólo evocarte, dulce amor, tal riqueza,
que entonces, ya no cambio, mi estado por un reino.




Sonnet 29

 When in disgrace with Fortune and men's eyes,
I all alone beweep my outcast state,
And trouble deaf heaven with my bootless cries,
And look upon myself and curse my fate,

    Wishing me like to one more rich in hope,
Featur'd like him, like him with friends possess'd,
Desiring this man's art, and that man's scope,
With what I most enjoy contented least,

    Yet in these thoughts myself almost despising,
Haply I think on thee, and then my state
(Like to the lark at break of day arising),
From sullen earth sings hymns at Heaven's gate,

    For thy sweet love remember'd such wealth brings,
That then Y scorn to change my state with Kings.




Soneto 30

Cuando en dulces sesiones, de meditar silente,
convoco en mi recuerdo las cosas ya pasadas,
suspiro al evocar tantas cosas queridas
y culpo con lamentos el tiempo que he perdido.

    Entonces, vierto el llanto, no acostumbrado al uso,
por aquellos amigos que se tragó la noche
y renuevo mi llanto, con penas ya olvidadas
lamentando la pérdida de esfumadas imágenes.

    Me lamento de penas y desgracias pasadas
y cuento nuevamente de dolor en dolor  
la tristísima cuenta de renovados llantos,
pagando nuevamente, lo que antes ya pagué.

    Pero si mientras tanto, pienso en ti, (querido amigo),
reparo mis dolores y acabo con mis penas.




Sonnet 30

When to the sessions of sweet silent thought,
I summon up remembrance of things past,
I sigh the lack of many a thing I sought,
And with old woes new wail my dear time's waste:

    The can I drown an eye (unus'd to flow)
For precious friends hid in death's dateless night,
And weep afresh love's long-since cancell'd woe,
And moan th'expense of many a vanish'd sight.

    Then can I grieve at grievances foregone,
And heavily from woe to woe tell o'er
The sad account of fore-bemoaned moan,
Which I new pay, as if not paid before.

    But if the while I think on thee (dear friend)
All losses are restor'd, and sorrows end.




Soneto 31

Tu seno se ha hecho fuerte, con esos corazones,
que porque me faltaban, ya muertos suponía.
Allí reina el Amor y todos sus tributos
y los dulces amigos, que enterrados creía.

    ¡Cuántas lágrimas santas y fúnebres lamentos,
han robado a mis ojos un religioso amor,
como ofrenda a los muertos, que aparecen ahora,
como cosas remotas, que en ti, yacen ocultas!

    Tú eres tumba que guarda mi sepultado amor,
ornado con trofeos, que fueron mis amores  
y que de ti me dieron, todo lo que tenían
y lo que fue de muchos a ti te pertenece.

    En ti veo las caras de los que más amé
y tú, con todos ellos, me poseéis entero.




Sonnet 31

Thy bosom is endeared with all hearts,
Which I by lacking have supposed dead,
And there reigns Love and all love's loving parts,
And all those friends which I thought buried.

    How many a holy and obsequious tear  
Hath dear religious love stolen from mine eye,
As interest of the dead, which now appear,
But things remov'd that hidden in thee lie.

    Thou art the grave where buried love doth live,
Hung with the trophies of my lovers gone,  
Who all their parts of me to thee did give,
That due of many, now is thine alone.

    Their images I lov'd, I view in thee,
And thou (all they) hast all the all of me.




Soneto 32

 Si tú, les sobrevives, a mis alegres días,
cuando la avara Muerte, haga polvo mis huesos
y una vez más, por suerte, recorres con la vista
estas humildes líneas, de tu amante ya muerto.

    Compáralas con otras más dignas de ese tiempo
y si son superadas, por otras tantas plumas,
guárdalas por mi amor, ya que no por su rima,
ganadas por la altura de seres más felices.

    Dame entonces tan sólo un dulce pensamiento:
«Si tu Musa, mi amado, viviera en nuestros días,  
hubieras engendrado amores más felices,
para marchar en filas de mejor equipaje.

    Pero dado que has muerto y hay mejores poetas,
admiraré su estilo y a ti, tu gran amor.»




Sonnet 32

If thou survive my well-contented day,
When that churl Death my bones with dust shall cover
And salt by fortune once more re-survey
These poor rude lines of thy deceased lover:

    Compare them with the bett'ring of the time,
And though they be outstripp'd by every pen,
Reserve them for my love, not for their rhyme,
Exceeded by the height of happier men.

    Oh then vouchsafe me but this loving thought,
Had my friend's Muse grown with this growing age,
A dearer birth than this his love had brought
To narch in ranks of better equipage:

    But since he died and Poets better prove,
Theirs for their style I'll read, his for his love.













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