lunes, 14 de septiembre de 2015

GIO ARZAMENDIA [17.065]


Gio Arzamendia 

(Asunción, Paraguay 1989). Psicóloga en horarios de oficina. Poetisa y pintora en lo que le resta diariamente de vida. Café negro sin azúcar, por favor. 





caminamos descalzos y cansados de lado
sobre el empedrado cantando mantras

todo es manifestación, pulsación
y vos, vos me llevás al nuevo carnaval de fuego
explicamos los pasos como complicidad o afinidad
o inercia o qué sabremos nosotros
pero ay! cuán lindo es como las paredes vibran a tu alrededor con cada movimiento
el cuello se nos derrite y la médula se nos hace sopa
la viscosidad de la que nos hablaron los libros de ciencias está aquí y ahora

y no te asustes, yo suelo ser así de callada
y es normal que te tiemble el cuerpo cuando tenés los ojos hundidos y calientes

pero no tiendas la cama que yo sigo acá derramada

tengo miedo, dejáme guarecerme entre las sábanas y el esto-no-significa-nada

no me despiertes, abrazáme, ahogáme, desintegráme, abandonáme
pero no me muevas
que esta es mi hoguera y
quiero morir oyendo a las lágrimas bailando su evaporación en mis oídos 



Abril abre los ojos.

(Son ojos que despiertan lamidos.)

Señorita de pecho henchido de monóxido y suspiros contenidos, Abril apaga con concentrada precisión y un tanto de sadismo aquel cigarrillo; aquel último a mano que la había silenciosamente arrebatado unos –insignificantes, se dice- minutos de vida, mientras el humo danzaba frente a sus ojos un vals delirante. Espira sincopadamente haciendo una mueca tosca en los labios: un ritual interno de despedida a sus pensamientos calcinados, cortesía de aquel pabilo.

Calla. Pone sus huesos en su lugar. Paraliza la lengua.

“Un año” se dice a ella misma, entre dientes, como quien responde una pregunta incómoda por obligación. “Un año desde que decidí prescindir de mi sucia inocencia, desde que me di cuenta de que me acompañó como cáncer silencioso por demasiado tiempo. Es hora de pecar. Es hora de crear algo que nazca destruido. Que ahora venga el buen sufrir.”




CONCIENCIA DE ERROR 

Bajo los satélites fueron muchas madrugadas con labios rotos por cigarrillos despegados de ellos. Bajo los escombros fueron muchas mañanas de dormir hasta despertar y llorar y repetir el proceso. Bajo los pies muchos charcos que tendiste, que amodorraron mi violencia y la convirtieron en tedio, en golpes esperando a darse, martes tras martes. Encarnamos el papel del niño que quería ser amado a costa de todo y de la dama que quería agredir la inocencia. Creamos el juego de desvelarnos intentando sobrevivir, de querer salvarnos y despedirnos con sexo en casas abandonadas. Hoy me acordé de vos y sonreí. Sentí el calor de la ducha caliente hirviendo mi piel mientras pensé este poema y nunca me sentí tan horrendamente orgullosa de ser engullida por una tortura y saber hacerla placer. La conciencia del error y yo al fin hicimos tregua.





LOREM IPSUM DOLOR SIT AMET, 
CONSECTETUR ADIPISCING ELIT 

Los ojos se disociaron, se repelieron entre sí.
[es rotación, traslación].
La lengua se abstrajo,
se trenzó con fuego, con coronas de espinas
ardió Babel y nació el idioma del ahorcado.
La plaga arremetió contra el portal con zumbidos y serruchos,
fue tu claustro el cráneo
(inflamación y asfixia en la amígdala,
¡ay! cuánta hambre te trajo Thánatos).
Tembló rabiosa la sombra, danzó el vals del espasmo.
Gélida espuma de mar,
tu cara se volvió océano;
y la babosa negra se deslizó hasta tu crucifijo.
El día de ayer reposaron tus pies en una butaca
que dilucidó con su caída el mensaje arcano
de la paradoja corpórea tuya que hoy gravita, la soga solo fue eje.






QUIERO SABER SI ALGUIEN PUEDE ENAMORARSE 
DEL CEREBRO DE ALGUIEN QUE NUNCA CONOCERÁ 
EN PERSONA A TRAVÉS DE SU ARTE 

Quiero que pienses en mí así como yo pienso en mí todo el tiempo.
Quiero que seas mi amigo y que ya no me preguntes si leo poesía estando desnuda,
                pero más que nada quiero tu honestidad.
Quiero volcanes.
Quiero ser desconocido animal poseído bajo mira telescópica. 
Te quiero gritar. 
Te quiero gritar mucho.
Te quiero gritar luces y te las quiero gritar lentas.
Te quiero gritar y que sonrías. 
Quiero que nuestros párpados se hagan labios y nuestras manos se hagan ojos.
Quiero que nos lamamos las frentes porque nadie hace eso.
Quiero un ataque que sea digno de aplauso.
Quiero toser tanto hasta vomitar pedazos de momentos felices de mi vida.  
Quiero agarrar a mi debilidad volitiva y hacerla arrodillar sobre sal gruesa. 
Quiero declarar públicamente que soy pésima flirteando y que eso se mantendrá así hasta próximo aviso o vida
               pero más que nada quiero que quieras mi honestidad. 
Quiero desobediencia.
Quiero lo que me destruya todo esquema, que me deje rota o elevada, pero diferente siempre. 
Quiero temporada de sismos y tsunamis.
Quiero ser siempre irresponsable y
              sismos de manera irresponsable,
              tsunamis de manera irresponsable,
              pero más que nada quiero que las fallas resultantes sean honestas. 
Quiero bailar sobre todos los relojes del mundo hasta hacerlos arena.





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