lunes, 28 de septiembre de 2015

ÓSCAR DISTÉFANO [17.145] Poeta de Paraguay


ÓSCAR DISTÉFANO

Nació en Asunción, República del Paraguay (corazón de América del Sur). Por razones de sangre, posee también la nacionalidad italiana. Actualmente reside en la ciudad de Luque, Paraguay (en un barrio muy tranquilo, propicio para escribir).
Su actividad literaria se desarrolla en las vertientes de narrativa y poesía. Ha publicado una novela: “Años perdidos” (1989), Talleres Gráficos de la Imprenta Editorial Arte Nuevo, Asunción-Paraguay. También ha publicado poemas en el libro “En la Ebriedad del Bosque”, en conjunto con Felipe Fuentes García, E. Dominique Jollivet y Tania Alegría.
Es autodidacta. La poesía le ha interesado desde muy joven. Empezó a garabatear versos desde los 15 años. Sus trabajos, en su mayoría, se encuentran inéditos. Muchos de los cuales, sin embargo, han sido publicados en periódicos, revistas literarias, foros, talleres de internet y en su página web.

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POECIDIO

“que me disculpen los poetas, voy a estropear la poesía si es preciso.”
                                                                                                                               E. R. Aristy

Tengo mis dudas: pienso que este texto no debiera salir a luz
en un foro de poemas: en sus líneas he desistido de buscar la belleza
a través de los tantos re_cursos extraídos de los ríos de la retórica;
he desistido, también, de procurarle un ritmo congruente, sin prosaísmo,
algunas gotas de agua de la pila musical que lo bautice, lo cristiane,
para ganar la redención y croar, como un ángel sapo, más allá de la laguna.

Lo escribo así, con tosquedad, tal como me veo cuando me duelen las tripas,
cuando rompo el teclado tratando de ganarme el callo de los dedos,
cuando me atacan las ganas de escribir con apenas diez vocabularios,
cuando ignoro al poeta, a la estrella miserable del poeta.

Mi atrevimiento, mi desvergüenza poética se debe
a un arrebato existencial de estropear la poesía, pues todo el tiempo
mi corazón apenas ya resiste, y sólo resta ir cavando su tumba
porque despiadadamente me va matando su dulce veneno.





DIOSA CORONADA

Era yo un dios náufrago
voluptuosamente anclado en su cama,
y la sal
de sus olas níveas
y el efluvio del misterio
eran mis aromas.

A veces, cavernario, observaba
sus muslos a la lumbre y al aceite,
su ensoñación de ave entre mis manos,
su risa que afilaba las piedras,
y la amaba
con la dicha que hace vencer las intemperies.

"Ah, traviesa gacela de las horas del día."

Cuando todos mis esfuerzos
confluyeron en su boca,
me hice omnipotente entre sus sábanas,
y a ella le nació
una diadema de diosa entre las sienes.




LA SED 

tenía sed
enorme sed lo consumía

manaba el tiempo
inundando de sed su desventura
por las fiebres de su rutina
por los páramos de su mundo

como un reptil que rinde
su terrosa laguna evaporada
buscó entonces el río
por los caminos de las fieras
por los vuelos del buitre
con la sed incurable
y lo encontró
viboreando en la llanura
surtiéndose a los pájaros

se detuvo a beber
a beber todo el tiempo se detuvo
todas las horas
de su horrible vigilia

y la sed no menguaba
no se apagaba nunca
se hizo árbol
y la sed no cedía
se hizo pez
y la sed persistía
devorando su entraña
mutándolo en antorcha
en lumbre viva del hirviente río

y la sed no menguaba
no la apagaba el hambre
ni la angustia
ni el sueño
ni el delirio
ni el hombre
ni el poeta





MIENTRAS DUERMES   

Te has dormido, justo
cuando la noche empieza a llenarse de tactos,
el cielo está en su día libre, y llueves
a cántaros desnuda en mi memoria
sobre mi cuerpo suspendido en la vigilia.

Es una lástima perder así
una emoción que pudo quedarse en el recuerdo,
y estoy insomne
y solo
y amanece.




RASTREO DE MIS CAUSAS HISTÓRICAS 

Desde siempre quise conocer las maquinaciones
que me hicieron tan penosamente humano,
los hilos de Ariadna que se soltaron
en el intento de encontrar mi alma tesea,
aquellas hecatombes que arruinaron mis fantásticas ciudades,
las cuitas de la nurse que crearon mi alma complaciente,
las seductoras palmadas ante mis ingenuos actos de justicia,
las perdidas y secretas razones de la caída
de mi adolescente imperio romano,
la fuente de la cicatriz del ciervo
que anda deambulando por mis páramos,
el robot con mi cerebro que ansío ser en el tiempo infinito,
las causas de esta herida que sangra y sangra y sangra
como un río de versos sin mar.





DE PIE

Ponte de pie. La lucha sobre el barro
brinda al loto su mística belleza,
al tigre en la sabana su destreza
y al guerrero su espíritu bizarro.

Ponte de pie. La luna sufre el sueño
en la prestada luz, pues con donaire
a veces llora en el umbral del aire
el aura deslucida en el empeño.

La indolencia carece de estatura,
repta lombriz cobrando codiciosa
el deshecho que vierte el alma impura.

De pie y marchar. Marchar es el destino:
ensueño, meta, lumbre de la rosa,
hiel en la sangre, barro en el camino.





LLUVIA SOBRE LA AUSENCIA         

Esta lluvia, cobijo de los ojos,
lame la flor y exhuma el terciopelo,
se escurre en agua arisca por el suelo,
inundando el jardín y los antojos.

Solfa antigua, trovar en ritmo leve
con pulsos del espíritu; ventura
para el hombre perdido en calma impura,
reloj de finitud y canto breve.

Pronta será su cíclica presencia,
empapando la atroz evanescencia
del pétalo en el iris sensitivo,

en innúmeras tardes repetida
sobre la rosa ausente, ya sin vida
tus manos, ya sin manos su cultivo.





LA ROSA

Radiante está la rosa en una esquina,
como una reina en cuyo trono exhala
halo y fulgor en la apacible sala,
desbordante tersura femenina.

En el jarrón reluce matutina
con rojos pétalos la ardiente gala,
mientras la luz en gradación avala
la majestad de estética divina.

Arrogante en el tronco cercenado
ignora todavía el desconsuelo
de hallarse en los dominios de la muerte.

El sueño de vivir, cuando truncado,
aunque guarde su rojo terciopelo,
repite de la flor la misma suerte.









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