jueves, 17 de septiembre de 2015

GIACOMO DA LENTINI [17.086]


Giacomo da Lentini

Giacomo da Lentini (ca. 1210 - ca. 1260) fue un poeta de Italia.

Biografía y obras

Se sabe muy poco de su vida. Se infiere de alguna de sus canciones que su oficio es el de notario en la corte de Federico II de Sicilia. En este sentido, un documento de Mesina del año 1240 contiene la siguiente firma:

Jacobus de Lentino domini imperatoris notarius

También Dante Alighieri se refiere a él en la Divina Comedia (Canto XXIV Purgatorio, 56), como Il Notaro, y lo considera uno de los más importantes representantes de la poesía siciliana. La escuela siciliana La composición más famosa es No m'aggio posto in core de Giacomo da Lentini, autor que se considera el líder de este movimiento literario y su fundador, tal como lo recoge Dante en el canto XXIV del Purgatorio.

Se le atribuyen 16 canciones y 22 sonetos, que obedecen, en cuanto a métrica, temática y estilo, a los cánones de la lírica provenzaly unos de los principales creadores del soneto.


Un poeta medieval, italiano, siciliano, de la tradición lírica provenzal. En realidad, uno de sus iniciadores. Uno que escribió los primeros sonetos. Al parecer notario de la corte imperial de Frederico II, en Sicilia, como figura en ciertos documentos de 1233 y 1240.  Mencionado en un pasaje famoso de la Divina Comedia, en el Purgatorio, XXIV, como el líder de una de las escuelas poéticas que precedieron al dolce stil novo.

Giacomo escribe en la tradición de los Trovadores, y fue el primero, probablemente, en escribir este tipo de versos en italiano. Siempre se mantuvo cerca de la lírica provenzal, tanto en los temas, como en las formas estróficas y
hasta en el vocabulario. No se han encontrado sonetos anteriores a Giacomo Da Lentino y se le considera el inventor de esa forma poética. 

Ezra Pound valoraba enormemente a los Trovadores. En su libro de traducciones Confucius to Cummings, incluye a Guido Guinicelli (1220-1275), pero no a Da Lentino.

Sin embargo, no dudaríamos en situar a éste entre los inventores, una categoría de poetas "descubridores de un procedimiento particular, o de más de algún modo o procedimiento".

El texto original en italiano fue editado por Bruno Panvini: Le Rime della Scuola siciliana. Vol. I dell' "Archivum Romanicum". La versión al inglés es de Frederick Goldin.




                                                   1

Maravillosamente
un amor me abraza
y permanece siempre
en mi mente;
y en otra parte
pinta
la semejanza de su pensamiento;
ah, bella, yo hago lo propio:
dentro de mi corazón
porto tu imagen.

Siento que te llevo en mi corazón
como pintada en el muro,
y nada se ve desde fuera;
pero es como morir
no saber si tú sabes
como te amo en mi buen corazón;
porque siento vergüenza
hasta te miro ocultándome
y no te muestro mi amor.

Lleno de un gran deseo
he pintado un cuadro,
Ah bella, era tu semejante;
y cuando no te veo
miro esa imagen,
y parece que te tuviese delante;

como un hombre que cree
en ser salvado por su fe
en cosas que no puede ver.

Un dolor arde en mí,
soy como alguien sosteniendo fuego
escondido en su interior,
que cuanto más lo cubre,
más se desparrama
y no puede contenerse;
así ardo
cuando paso de largo y no te miro
a ti, rostro del amor.

Si me cruzo contigo,
no me doy vuelta,
Ah, bella, para volver a mirarte,
vas andando, y cada paso
me hace suspirar.
Y estoy en plena agonía
y apenas me conozco,
tanto, bella, me sufro.

Desde que te he alabado tanto,
mi dama, en todas partes,
por la belleza que posees,
no sé si te han contado
historias de mis halagos y artificios,
pues te noto dolida.
Pero si me miras
confirmarás las palabras que te diría
con mis labios.

Canzonetta nueva,
ve y canta este nuevo tema-
levántate en la mañana-
antes de la más bella,
flor de todas las mujeres merecedoras de amor,
más clara que el oro más fino:
-Tu precioso amor,
dáselo al Notario,
nacido en Lentino.


                                         4

El basilisco ante el luciente espejo
muere con placer;
el cisne canta más gloriosamente
cuando está próximo a su muerte;

el pavo real, estando en su mayor alegría
se altera cuando se mira los pies(1);
el fénix se quema íntegro
para regresar y renacer.

A tal naturaleza siento haber llegado,
al ir alegremente a la muerte ante su belleza,
y vuelvo sensual mi canto al acercarme al fin;

estando contento de pronto me desanimo.
ardiendo en el fuego me alegro nuevamente,
por ti, la más dulce, a quien deseo regresar.

(1) De acuerdo a los bestiarios, el pavo real siente vergüenza de sus pies
que no están, cree él, a la altura de su belleza.



                                                   5

Aquel que nunca antes ha visto el fuego
jamás pensaría que podría quemar;
más bien, su esplendor lo atraería,
al verlo, como un deleite, algo atractivo.

Pero si lo tocase en algún lado,
entonces sabría lo fuerte que quema;
aquella (que representa el amor) me ha tocad un poco:
mucho me quema. ¡Dios, si me abrazase!

si se abrazase en tí, dama mía,
que me haces pensar que serías mi solaz amándome,
y sólo me darías penas y tormento:

ciertamente el Amor actúa innoblemente,
ya que no ata al que se entrega a él sólo con palabras;
a mí, tu siervo, no me trae alegría (entusiasmo).



 NOTA  Estos poemas están escritos en un italiano medieval, muy mezclado con términos provenzales. Por ejemplo, "che servo", es un término técnico de la poesía amorosa provenzal que juega con la metáfora feudal de la sumisión del enamorado confrontado con la amada. La frase en italiano moderno diría "a mi che amo". El término que cierra el soneto original es "isbaldimento", que en provenzal significa 'alegría, entusiasmo', pero al perderse la rima (musical) con "tormento", de los versos anteriores, se esfuma también el efecto de contraste sugerido: allí donde el enamorado debía encontrar la pura felicidad, se encuentra con el inicio de sus problemas.

FUENTE (de los poemas)

Frederick Goldin. German and Italian Lyrics of the
Middle Ages. Anchor Books, 1973.

Citado

Ezra Pound and Marcella Spann. Confucius to Cummings.
An Anthology of Poetry. New Directions, 1964.

http://inutilesmisterios.blogspot.com.es/



Rime

I

Madonna, dir vo voglio


     Madonna, dir vo voglio
como l’amor m’à priso,
inver’ lo grande orgoglio
che voi bella mostrate, e no m’aita.
Oi lasso, lo meo core,
che ’n tante pene è miso
che vive quando more
per bene amare, e teneselo a vita.
Dunque mor’e viv’eo?
No, ma lo core meo
more più spesso e forte
che no faria di morte – naturale,
per voi, donna, cui ama,
più che se stesso brama,
e voi pur lo sdegnate:
amor, vostra mistate – vidi male.

     Lo meo ’namoramento
non pò parire in detto,
ma sì com’eo lo sento
cor no lo penseria né diria lingua;
e zo ch’eo dico è nente
inver’ ch’eo son distretto
tanto coralemente:
foc’aio al cor non credo mai si stingua;
anzi si pur alluma:
perché non mi consuma?
La salamandra audivi
che ’nfra lo foco vivi – stando sana;
eo sì fo per long’uso,
vivo ’n foc’amoroso
e non saccio ch’eo dica:
lo meo lavoro spica – e non ingrana.

     Madonna, sì m’avene
ch’eo non posso avenire
com’eo dicesse bene
la propia cosa ch’eo sento d’amore;
sì com’omo in prudito
lo cor mi fa sentire,
che già mai no ’nd’è quito
mentre non pò toccar lo suo sentore.
Lo non-poter mi turba,
com’on che pinge e sturba,
e pure li dispiace
lo pingere che face, – e sé riprende,
che non fa per natura
la propïa pintura;
e non è da blasmare
omo che cade in mare – a che s’aprende.

     Lo vostr’amor che m’ave
in mare tempestoso,
è sì como la nave
c’a la fortuna getta ogni pesanti,
e campan per lo getto
di loco periglioso;
similemente eo getto
a voi, bella, li mei sospiri e pianti.
Che s’eo no li gittasse
parria che soffondasse,
e bene soffondara,
lo cor tanto gravara – in suo disio;
che tanto frange a terra
tempesta, che s’aterra,
ed eo così rinfrango,
quando sospiro e piango – posar crio.

 Assai mi son mostrato
a voi, donna spietata,
com’eo so’ innamorato,
ma crëio ch’e’ dispiaceria voi pinto.
Poi c’a me solo, lasso,
cotal ventura è data,
perché no mi ’nde lasso?
Non posso, di tal guisa Amor m’à vinto.
Vorria c’or avenisse
che lo meo core ’scisse
come ’ncarnato tutto,
e non facesse motto – a vo’, isdegnosa;
c’Amore a tal l’adusse
ca, se vipera i fusse,
natura perderia:
a tal lo vederia, – fora pietosa.


Rime

II

Meravigliosa - mente

     Meravigliosa - mente
un amor mi distringe
e mi tene ad ogn’ora.
Com’om che pone mente
in altro exemplo pinge
la simile pintura,
così, bella, facc’eo,
che ’nfra lo core meo
porto la tua figura.

In cor par ch’eo vi porti,
pinta come parete,
e non pare difore.
O Deo, co’ mi par forte
non so se lo sapete,
con’ v’amo di bon core;
ch’eo son sì vergognoso
ca pur vi guardo ascoso
e non vi mostro amore.

     Avendo gran disio
dipinsi una pintura,
bella, voi simigliante,
e quando voi non vio
guardo ’n quella figura,
par ch’eo v’aggia davante:
come quello che crede
salvarsi per sua fede,
ancor non veggia inante.

     Al cor m’ard’una doglia,
com’ om che ten lo foco
a lo suo seno ascoso,
e quando più lo ’nvoglia,
allora arde più loco
e non pò star incluso:
similemente eo ardo
quando pass’e non guardo
a voi, vis’amoroso.

     S’eo guardo, quando passo,
inver’ voi no mi giro,
bella, per risguardare;
andando, ad ogni passo
getto uno gran sospiro
ca facemi ancosciare;
e certo bene ancoscio,
c’a pena mi conoscio,
tanto bella mi pare.

     Assai v’aggio laudato,
madonna, in tutte parti,
di bellezze c’avete.
Non so se v’è contato
ch’eo lo faccia per arti,
che voi pur v’ascondete:
sacciatelo per singa
zo ch’eo no dico a linga,
quando voi mi vedite

Canzonetta novella,
va’ canta nova cosa;
lèvati da maitino
davanti a la più bella,
fiore d’ogn’amorosa,
bionda più c’auro fino:
«Lo vostro amor, ch’è caro,
donatelo al Notaro
ch’è nato da Lentino».



Rime
III

     Guiderdone aspetto avere
da voi, donna, cui servire
no m’enoia;
ancor che mi siate altera
sempre spero avere intera
d’amor gioia.
Non vivo in disperanza,
ancor che mi disfidi
la vostra disdegnanza:
ca spesse volte vidi, – ed è provato,
omo di poco affare
pervenire in gran loco;
se lo sape avanzare,
moltipricar lo poco – c’à ’quistato.

 In disperanza no mi getto,
ch’io medesmo mi ’mprometto
d’aver bene:
di bon core la lëanza
ch’i’ vi porto, e la speranza
mi mantene.
Però no mi scoraggio
d’Amor che m’à distretto;
sì com’omo salvaggio
faraggio, com’è detto – ch’ello face:
per lo reo tempo ride,
sperando che poi pera
lo laido aire che vede;
da donna troppo fera – spero pace.

     S’io pur spero in allegranza,
fina donna, pïetanza
in voi si mova.
Fina donna, no mi siate
fera, poi tanta bieltate
in voi si trova:
ca donna c’à bellezze
ed è senza pietade,
com’omo [è] c’à richezze
ed usa scarsitade – di ciò c’ave;
se non è bene apreso,
nodruto ed insegnato,
da ogn’omo ’nd’è ripreso,
orruto e dispregiato – e posto a grave.

     Donna mia, ch’eo non perisca:
s’eo vi prego, no vi ’ncresca
mia preghera.
Le bellezze che ’n voi pare
mi distringe, e lo sguardare
de la cera;
la figura piacente
lo core mi diranca:
quando voi tegno mente
lo spirito mi manca – e torna in ghiaccio.
Né-mica mi spaventa
l’amoroso volere
di ciò che m’atalenta,
ch’eo no lo posso avere, – und’eo mi sfaccio.


Giacomo da Lentini, inventor del soneto, contra la mala poesía.
Giacomo da Lentini, Revista Puerto: ETHOS Y ECOS DEL SONETO
(Un estudio del síndrome de Violante)

–AA.VV. Homenaje a la Generación del 27, Ed. Enrique Barrero González. 320 págs. Edición no venal del Ateneo de Sevilla, año 2008.

Sugerencias para una segunda edición: habría que pasar el corrector ortográfico []. [Entre corchetes, los números de página.]

La ocasión la pone la Generación del 27. Participan 90 poetos y 24 poetas, 114 en total.  Todos con su nota bío bibliográfica.  dictada por esa mezcla de modestia y vanidad con fondo de libro de texto y toques de coquetería interesada: ese callar la edad como queriendo huir de la segunda cifra, la terrible que cierra el paréntesis. En no decir como otros dicen “Sevilla 1980” (Diego Vaya, el más joven de todos) o “Antequera 1909” (José Antonio Muñoz Rojas, el mayor) acaso esté encerrada la última verdad: que la obra es el único argumento, y no envejecer, morir, como creía Gil de Biedma.
De las bibliografías, la cantidad de títulos y títulos que fueron raros de encontrar ya en su día, y que ahora, ni les cuento. Una utilidad de estas obras colectivas es abrir el apetito singular por leer más de quien de pronto nos ha gustado o sorprendido. Pero ¿a dónde irá a buscarlo el enamorado público?, ¿a qué librería o biblioteca? Quizá la magna enciclopedia o fondo de poesía en que anda Juan José Téllez venga a resolver un poco este desconcierto y quizá también tengan que plantearse autores y editoriales Internet como grandísimo tablón electrónico donde las obras descatalogadas o libres de derechos puedan ser consultadas. O hacer como Montero Glez en sus contraportadas: por toda bíoblio, una dirección o página web, y que usted se apañe bien.

Otra posibilidad hubiera sido pasar una encuesta a todos los participantes preguntándoles por la vigencia y actualidad del soneto, esa pregunta topicaza pero eficaz: ¿qué es para usted y por qué escribe usted sonetos? La pregunta es pertinente porque el afán por responder a la convocatoria ha forzado a alguien a meterse en camisa de catorce varas. Y conste que uno no critica aquí ni a poetas ni a recopiladores, al contrario: hablamos de resultados, de evidencias que tienen que ver con la jodida tradición y con la obligada originalidad; con el arte o la artesanía, con la sinalefa y el fluir del idioma en la lógica y la música del castellano que nos enseñó el padre de todo esto, Garcilaso de la Vega, que con tanta naturalidad hizo lo que no es natural: hablar por cuartetos y tercetos, respirar por once en sexta o cuarta y octava, y hallar las consonantes. Nos quejamos de versos como mi semblante en la pena que dispensa [141], ¿la pena se dispensa?, y nos quejamos de renaciendo cual dulce primavera [205] y de retóricas inflamadas de presencia inacabada de la espera [95].

De la convocante Sevilla de Vltra y Grecia queda poco y el tono es conservador. Julia Uceda rompe el molde con un sentido texto asonantado y heterométrico [287], Ramírez Lozano, siempre provocador, propone su soneto trunco [241] y Antonio Carvajal [91] y Carles Duarte [107] organizan a su manera estrofas y medidas. Unos pocos sonetos van en asonante [113, 171 y 251, del recopilador Rodríguez Almodóvar]. Félix Morales Prado da el suyo en versos blancos y un pareado [203]. Un puñado usa el serventesio [71, 85, 109, 141, 159 y 185] o el alejandrino [85, 113, 127, 147, 207 y 275] y apenas tres versifican a la inglesa, por tres cuartetos y pareado final [101, 171 y 207]. Sólo uno utiliza el encabalgamiento léxico [171]. Lo mayor del menú: estrofado de endecasílabos para dar y tomar. Lo normal.

Lo que no es normal es quien no sabe rimar ni medir y merece las Coplas de Manolete: si no sabes torear pa que te metes. En esta ciudad no estás de paso de la página 51, salvo errata, es verso de diez sílabas, lo diga usted como lo diga. Lunas de azogue en las madrugadas [89] y sin rumbo fijo, rota heroína [201] dan diez también. Versos de medida dudosa cuando leemos rápido las sílabas iniciales en anacrusis: aunque no sea más que unos despojos [131], ¿A qué aire divino, si voy preso [153], de un sueño que a la muerte es llamada [201], Y se hizo la luz pura cascada [231]. Peor están otros endecasílabos, que admiten lectura de nueve con acentos en cuarta y octava: y ahora el destíno de unas mános [201], a confundír la honda poesía [255]. Esto es como el juego de las siete y media: o te pasas o no llegas. Se pasan versos de doce o que admiten doce: aunque despierte a sombras y agrande ecos [95], Tan ajenos al dolor como a la risa [177], sería tener un mágico resorte [191], Lleva conmigo más de sesenta años [219], o incluso trece: por tanto Amor temió a la parca y su hora [239]. Y hemistiquios de seis en vez de 7 sílabas alejandrinas: que me hacen perder [147], la forma arrogante [275]. El poema alejandrino de 113 no parece, en endecasílabo [i-o], bien resuelto. Y éramos pocos y parió la errata: Ni mira[s] a esos ojos que has cegado [243], Búscate [a] otro que en tu nombre diga [279].

En el colegio nos enseñaron que los sonidos de rimas de los cuartetos no debían aparecer ni repetirse en los tercetos, salvo si fuera por intención probada. También nos dijeron que las rimas A y B de los cuartetos no deben coincidir entre sí, cosa que ocurre en Juan Lamillar [169]. Que Manuel Mantero, Benítez Reyes, Antonio Hernández, Charo Prados o Juan Lamillar se manejan y saben lo que hacen, no es cosa que yo descubra aquí, pero no siempre está uno tan seguro de si quien mezcla mezcla por innovación o por desconocimiento. Véanse 59, 71, 81, 139, 149, 155, 157, 173, 181, 201, 227, 235, 237, 243 y 277. Algún verso se quedó por ahí suelto y aún estará buscando pareja [177,v.10].
Además nos enseñaron a huir de ripios o rimas fáciles por repetición o similicadencia que facilitan, no me digan, la tarea de sus señorías. Soneto hay con rima campanillo y duendecillo [143], infinitos y nietecitos [249]. Rimas de gerundio: mirando, preguntando, volando y llorando [173]; haciendo con tejiendo, vulnerando con cegando [189], dibujando, palpitando, recordando, divagando [297], dando, volando, preguntando [285]; rimas adjetivas: cincelada, ensimismada, islamizada y heredada [97]; arrebatado, cambiado, multado, desertado [199]; enamorada, amada, amurallada [187], azogado, cansado, coronado [233]; de pretéritos: nacieron, compusieron, reconocieron, abrieron [183]; de presentes: fluye, huye, confluye [119]; exiges, riges, afliges, aguijes [279]; por derivaciones: grata, ingrata [141]; oro, tesoro [167]; uno, alguno, ninguno [175], risa, sonrisa [177], poco, tampoco [199], bajo, cabizbajo [269]. La repetición es abusiva y literal en 205. Y soneto hay que siete de los ocho versos de los cuartetos los termina en adjetivo [165].

Salvando la dicción andaluza legítima, algunas rimas fallan: enlaza, alcanza [93], boca, -ota [105] y otras son, más que rimas, rumias previsibles: historia y memoria se usan en 49, 55, 69 y 71; cielo y suelo sirven en 49, 95, 123 y 281; camino y peregrino en 53 y 211, donde no falta pino, como en una letra rociera. Pero ese tampoco es el problema. Siendo rimas trilladas, hombre y nombre dan juego a Antonio Rivero Taravillo [247] para un soneto en eco o rima interna técnicamente perfecto, y sirven para un buen trabajo de Esther Garboni, una de las sorpresas de la colección [133]. Con camino y destino sale airoso Cruz Giráldez en a José María Izquierdo [101], de lo mejorcito del libro. Pero de un poeta como Fernando Ortiz cabe esperar más invención que años, engaños, desengaños [223] y dejar para otros año, antaño y desengaño [77].

Sigue habiendo quien cree que la poesía consiste en cual en vez de como: Quise ser cual errante beduino [53], un rayo que nos puede cual nube a sol pasada [127] o consiste en hablar enclítico: en ti fúndese Oriente y Occidente [97: con lo fácil que es *en ti se funde] o en hacer gárgaras, digo góngoras: sin pulso vital que incendie el anhelo [123], que azar daba llovido de una esfera o busco que sólo vientos formen alas [95]. Los versos capicúas o en epanadiplosis [269] tienen algún mérito cuando prima la homofonía: Has perdido. ¡Si no te queda un as! [269,v.10], pero se quedan en fácil repetición muy de relleno en Satanás con el rabo, Satanás. [v.14] y en el límite del buen uso del idioma: Soneto cuando nace no es soneto [v.1]. Por supuesto que no.

Un grande como Muñoz Rojas en un soneto imperdonablemente lleno de erratas se permite empezar dirigiéndose a Olivos [213, verso 1], para pasar de vosotros a los dos, y al final a uno solo: Con tu raíz me fundo, [v.9] olivo de mi sangre [v.12]. Que Julio Alfredo Egea proponga el verso herido estoy mortal de tu pedrada [111] tampoco parece que eduque a nuevas generaciones a escribir buenos sonetos.

Tomemos por caso al poeta de la página 196, nacido en 1961 y ya becado en 1995 para la creación literaria en la modalidad de poesía. Desde entonces el hombre dispone de un currículo que haría feliz a una madre: premios por aquí y por allá, menciones, títulos de poeta, narrador y editor. Lean su soneto Semblanzas de juventud, escáncienlo un poco, por escandir, medir: el verso 5º tira a doce sílabas, el 6º lo mismo. Será la sinalefa, sinéresis para el caso. Luego olvídense de la métrica: a lo mejor, lo que ha querido hacer es transmitir, decir, emocionarnos. Sea como sea, el soneto no es lo suyo, y es la impresión que nos dan muchas otras colaboraciones, ese traje de gala que no se sabe llevar, de corbata que a un zagalón le ponen para una boda o para un bautizo. Para asuntos de menor cuantía, algunos sonetos quedan grandes y tardan en entrar en materia [167] o se estiran artificiosamente [175] o directamente les sobran versos [105].

Muchísimas veces los catorce fluyen pero ese fluir, que es oficio, nos deja un paladar de artesanía y no de arte, al menos no del arte como riesgo y aventura. En este país, donde quien más sonetos vende es Joaquín Sabina, los temas de la poesía llámale culta y oficial no sorprenden a nadie: el amor, la salvación, y en este caso mucha metapoesía que tiene que ver con el soneto como problema en sí: 63, 65, 81, 135, 139, 241, 261 ó 269, manifestaciones, unas mejores y otras peores, del mismo síndrome de Violante. Están muy poco representados los temas del día y de la calle y escasean el compromiso, el cinismo crítico y el humor. Quizás por eso son de apreciar sonetos como el de Diego Vaya, Despídete prepucio de este pene [294], o el de Ernesto Pérez Zúñiga, que aporta la palabra piercing, pirsin, para el decoro poético [229]. En el otro extremo de la edad, el soneto del abuelo Ángel García López, Arantxa, ¡come!, nos ha hecho reír y cómplices de lo que pasa. Otros muy buenos sonetos hay. De entre los buenos, recomiendo porque se ajustan a la ocasión el de Antonio Cáceres [81], el de Aquilino Duque [109], y, en su género, el Plaza de doña Elvira, de Mena Cantero [193]. En general, se recomiendan todos los que a su manera se han propuesto matar al padre, al tópico, a las dichosas rimas consonantes. «Un poema es pálpito en el pecho. Ni guiño a la afición ni flor formal. Cuento –sí, son catorce– y no está hecho.» [Enrique García-Máiquez, pág.139]. «El soneto no es más que un viejo vicio con que escamotear el mal poema. No confundan por Dios, virtud y oficio.» [José Antonio Ramírez Lozano, 241]

Si de estas 127 muestras sacamos estadística, una conclusión es que abunda la mentalidad de los imagineros (bien dicho, y no escultores) de Sevilla, maestros en hacer mil veces la misma virgen, el mismo cristo al que como único adoran. Visto así, tan cierta es la vigencia del soneto como su decadencia; tan cierto que está enfermo como que goza de buena salud; tan oportuno haber participado como declinar la invitación. Verdad es que los versos los carga el diablo. Para saberlo, basta darse un paseo por el libro. Pasen y lean.

 Revista Puerto. Septiembre de 2006




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