miércoles, 23 de septiembre de 2015

TULIA GUISADO [17.125]


Tulia Guisado 

(Barcelona, 1979) es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona; más tarde realizó el postgrado «Crítica literaria en la prensa» en la Universidad Pompeu Fabra. Realizó estudios de doctorado en el programa de literatura española Historia e invención de los textos literarios hispánicos en la UB y un máster de «Cultura histórica y Comunicación» en la Facultad de Historia de la misma universidad. Dedicada a la enseñanza y a la edición, ha publicado el poema Vendrán más años ciegos y les harán más malos, finalista en la séptima edición del Concurso de Poesía José María Valverde, convocado por CCOO del Barcelonès en 2003; el poema De vuelta a mis hermanas, accésit en la octava edición del Concurso de Poesía José María Valverde en el año 2004; y el conjunto de poemas Principios en la revista de literatura virtual www.lasiega.org. Ha participado asimismo en la antología poética Las noches de LUPI en Madrid (Ed. La Única Puerta a la Izquierda, Madrid, 2014) y en la antología poética Amor se escribe sin sangre (Ed. Lastura, Toledo, 2015). Este es su primer libro publicado. 


Principios

Mamá, no tengas miedo.
No caí nunca en las garras de un donjuán.
Don Juan c´est moi.

Sin embargo necesito cambiar,
de imagen o de nombre.
Y no sé si adelgazar veinte quilos
o maquillarme bien:
aplicar primero la base de un buen polvo,
descaradamente rouge, sombra (de ojos, que la otra empaña),
perfilador de labios (oscuro, claro, se sabe que el rosa
ya no lleva a ningún lado), pintalabios nacarado,
pestañas, pelo y uñas postizas.
Importante cambiar de perfume.
Qué tal se me vería.

No.
Debo decir que lo probé, y que no sirve.
El oír mi nombre sigue haciendo que me gire.

Qué tal si me da por la anorexia:
cambiar con buen pretexto el vestuario,
adelgazar para que me miren
hasta que no me vean.
No, tampoco eso es garantía de nada.
Ya lo tengo:
¿y si busco un novio
que me prometa matrimonio?
¿Y si busco un novio?
Cualquier cosa que no vaya conmigo.
Algo brusco, realmente transgresivo.

Nada de pensar en serio en la remota
pero atractiva idea de dedicarme al cine
porno, ser una encantadora felatriz,
llamarme Lúa, Blanca, Lorna, Nina o Sophie.
O pasar las tardes al sol de Bahía
sicaria de la vanidad, la pereza y el buen gusto.
Al mando de insensibles narcos con bigote
a la cabeza del contrabando de banderas,
del tráfico de armas blancas y mujeres negras,
del cobro de morosos sin fronteras
y pagos indebidos, destruir a Greenpeace,
a las ballenas, pegar todavía más a los esclavos,
envejecer sola, satisfecha y feliz.

Las drogas me aburren.
El alcohol está muy visto.
Y carezco de París y de buhardilla
donde morir bella, fatal y decadente,
y sin tener este poema terminado.
No, hacer algo realmente peligroso.
Comprar un piso, por ejemplo.
Estudiar una carrera. Y acabarla.
Buscar trabajo. Encontrarlo.
Formar una familia.
Algo que haga daño,
que destruya.






No estoy segura

Si yo fuera el silencio
me acercaría a ti para decirte
que no estoy segura de estar
cerca de ti ni de querer hablar,
ni siquiera de estar en este momento
escribiendo que si yo fuera el silencio
me acercaría a ti para decirte
que no estoy segura de estar
cerca de mí ni de estar hablando,
ni siquiera de estar en este momento
escribiendo que si yo fuera silencio
me acercaría a ti para decirte
que a veces tanto silencio me oprime, y
que no estoy segura, no, de estar
cerca de ti ni sobre tu hombro leyendo esto
aunque quiera hacerlo.
Ni de estar ausente en ti
ni de estar vacía de ti siempre
ni siquiera de estar en este momento
escribiendo que si yo fuera el silencio
aprovecharía para acercarme a ti,
y callar, y apartar despacio el ruido
que pudiera molestarte: por ejemplo
mi llegada, inesperada, o tal vez inoportuna.
Aprovecharía para acercarme a ti
y hablar, y decirte que estás hermoso hoy
que te sienta bien ese rubor de verme
tan cerca, porque me acercaría, para decirte
que no estoy segura de ser silencio
ni de poder aguantar así más tiempo, sin forma,
y sin espacio, sin manos, y sin pies, sin aliento,
que no estoy segura, no, de estar
cerca de nadie, si tú no estás cerca de mí.
Si yo fuera el silencio
me acercaría a ti para que vieras
qué frágil es el silencio estando contigo.
No, no estoy segura de tener carne y orejas
ni de abrir libros o cerrarlos ojos o las piernas
mientras fuera cae la noche como un juguete
para los demás, para distracción de los sonámbulos,
o pesadilla para los insomnes. Pero yo no estoy segura.
Ni siquiera de estar en este momento temblando,
susurrándote esto, porque, de hecho,
muy bien pudieras estar tú
equivocado pero bajo otra boca
que estuviera igual de lejos de mí que tú
–o equivocada yo– con otra piel
tu otro nombre, con tu otro oído tú
puesto en cualquier otro silencio
que no sea yo
o en cualquier otro modo de hablar
o de invocarte,
que no sea el mío,
y que funcione.







Tulia Guisado.
37’6.
Prólogo de Alfredo Piquer.
Epílogo de Federico Delgado Scholl.
Legados Ediciones. Netwriters Poesía.
Madrid, 2015





Yo no he inventado este dolor,
y sin embargo, trazo cada día
el mapa de la lluvia en el planeta,
y es nuevo, cada día, para mí
el trazo de esta herida, de esta llaga,
que se expande,
que crece
cada día.
Cada día.

–Nunca creíste que fuera tuyo
un dolor tan antiguo, tan usado,
dicen, tan poco original.

Es mío.


Con una intensidad emocional casi insoportable y una expresión desbordada hasta el límite de la pesadilla febril y de la irracionalidad, Tulia Guisado completa en 37’6, desde ese texto inicial al que lo cierra, un poema-libro articulado -desgarrado convendría quizá más- en veintinueve partes, pero escrito a borbotones de sangre y de palabras.

Un primer libro de una enorme fuerza expresiva, porque es “un puñetazo en el estómago”, como dice en su epílogo Federico Delgado, porque es “intenso y verdadero” como anuncia en su espléndido prólogo Alfredo Piquer y porque está escrito en la frontera que separa la salud y la enfermedad, la vida y la muerte, la razón y el delirio.

Provocado por la experiencia traumática que lo desencadena –Te conozco, dolor, / como la palma de la mano / con la que toqué / a mi hijo muerto / la cabeza- 37’6, que publica Legados Ediciones en su colección Netwriters Poesía, es una explosión verbal, una incursión en la pérdida y en la sombra desde esa fiebre que viene de lejos, / que viene del principio, / y acaba en el final, una bajada hasta la boca del infierno donde escupo sangre y ceniza y polvo seco / para ablandarlo todo y devolver / al mundo su condición de polvo. / Para que arda todo y todo se destruya.

Pero 37’6 es, sobre todo, una respuesta al dolor, una manera de afrontar sin concesiones este programa poético y vital: No te calles ante el dolor.

Santos Domínguez



EL LIBRO:

(Del Prólogo)

Está el poema, la experiencia y su silencio; otra lírica si se quiere, y está nuestra memoria en el poema, ya convertida en materia literaria. El "humus cálido nutricio" del que hablaba Pablo García Baena. No hay miedo en 37’6, ni fingimiento ni impostura, sino absoluto sinceramiento, absoluto desgarro. 37’6 es la frontera inicial de la propia temperatura del poema, de su intensidad y su emoción. Porque aunque no se pretenda justificar sino "la pérdida", hay también ganancia: la de la rebeldía, la del exorcismo.

     Tulia Guisado es visceral, lo hemos dicho, pero hay mucha cabeza, reflexión, serenidad, decíamos, en su poema, porque a la larga añade la consciencia, el esfuerzo, el prurito inherente a todo verdadero poeta de controlar esa visceralidad. Porque sabe que hay ingredientes necesarios, pertenecientes a lo poético. En definitiva, la persecución de esa objetividad de la poesía y la superación de lo exclusivamente subjetivo. Vendrán otros poemas, otros libros, pero es preciso decir que un poema intenso y verdadero como 37’6 ha accedido ya al ámbito de la belleza. 

Alfredo Piquer





Si alguna vez fui feliz,
lo fui entonces, a 37 grados.

Nada debería existir.
Ni la tierra, ni el fuego,
ni el agua.
Mucho menos el aire,
donde respiran los demás
para dañarme.
Ni la esperanza.
Pero existe.
No hay palabras.
Y existe.

Nada debería alzarse sobre la tierra
y llamarse tierra y ser barro y existir
si a la tierra se regresa
antes de crecer en ella.

Yo no he inventado este dolor,
y sin embargo, trazo cada día
el mapa de la lluvia en el planeta,
y es nuevo, cada día, para mí
el trazo de esta herida, de esta llaga,
que se expande,
que crece
cada día.
Cada día.

–Nunca creíste que fuera tuyo
un dolor tan antiguo, tan usado,
dicen, tan poco original.

Es mío.

Cada día le pongo un nombre nuevo:
lo llamo pie,
lo llamo estómago,
lo llamo rodilla,
lo llamo cabeza,
cansancio, malestar,
canas, cuello, manos, huesos.
Y de todos,
mi favorito es insomnio.
Lo llaman insomnio.
Lo llaman insomnio los enanos.
Y los Hombres Malos.



*



LAS MUJERES SABIAS (II)

La realidad es.
Pero a veces, la realidad,
sólo se deja ser.
Y es, sin nosotros.

Y la mujer de pelo rojo
se sienta cada noche junto a mí
en la cama, cada noche, cada noche.
Y me explica con palabras de humanos, con signos lingüísticos
de seres racionales, con enunciados, con todos los niveles del lenguaje:

lo irracional.
Y me explica, como me explicó entonces,
con unas palabras de plomo fundido
que caen sobre mí como espuma de ácido
en las sábanas, como las lágrimas:

lo que pasa.
Y así, dicho por ella, todo lo que pasa, parece normal.

Cada noche.

Y cada noche yo me aprendo la lección.
Asiento, y otra vez doy las gracias.
Cada noche doy las gracias,
aunque nunca sé por qué las doy.

Cuando se van, doy las gracias,
siempre doy las gracias, y nunca
sé por qué. Aún no sé por qué.

Camino en círculo,
porque es lo que hace
quien no quiere llegar a ningún sitio.

Y, si tengo suerte, me duermo.

No hay palabras.
Esto no son palabras.









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