miércoles, 6 de abril de 2016

PACO RAMOS TORREJÓN [18.373]


Paco Ramos Torrejón 

Nace en Cádiz en 1981. Estudia filología hispánica en la Universidad de Cádiz y la UNED. Ha publicado en algunas revistas literarias como Speculum, dirigida por el catedrático emérito de la Universidad de Cádiz José Antonio Hernández Guerrero, Voladas, El ático de los gatos, o Aprender a pensar, de Ediciones de la Torre. Ha sido miembro de diversas tertulias literarias, como el Club de Letras de la Universidad de Cádiz, el grupo Ámbito, el grupo Rayuela o el Colectivo de letras libres de Chiclana. Actualmente imparte talleres literarios de narrativa y poesía por toda la provincia de Cádiz y Madrid. Es organizador de Versalados, festival poético de la provincia de Cádiz que se celebra cada año durante el mes de agosto. Estuvo al frente de la programación poética del Café Gadir en Madrid y organiza durante el año los recitales de poesía Versalando en San Fernando.  En enero de 2016 publica con Lápices de Luna Editorial su primer poemario, El aprendizaje del miedo. En febrero de 2016 participa en la antología poética Amor fou. Ebrio desván de amores locos, de la editorial Pigmalión, coordinada por Antonino Nieto Rodríguez, junto a otros autores como Carlos Marzal, Luis Eduardo Aute, Pura Salceda o Guillermina Royo-Villanova; y en marzo de 2016 en la antología Poesía y narrativa hispanoamericana del siglo XXI, publicada por Lord Byron Ediciones y coordinada por el poeta peruano Leo Zelada. Anteriormente había autopublicado dos libros de relatos, El fontanero del mar (2008) y Onironáutico (2010), y una novela, El viaje del héroe (2012).  También es colaborador del diario digital SevillaActualidad.com donde mantiene una columna quincenal y ha participado ocasionalmente en las tertulias radiofónicas de Radio La Isla Coloquios de la bahía y A vueltas con la literatura. Ha sido jurado en varios certámenes como el escolar nacional de San Juan de la Cruz, promovido por el colegio Liceo Sagrado Corazón, o el premio Ortiz del Barco, convocado por el Círculo de artes y oficios de San Fernando.




OFICIO DE POETA

El miedo lancea los costados.

La muerte es una ecuación 
que no reparte dividendos.
Adherida a las leyes de las matemáticas,
se hace presencia para siempre,
     exacta
     eterna.

Las escorrentías alimentan
                     el arroyo de la memoria,
                           la tortura del goteo.
La vida no enseña a sobrevivir
ni el dolor se calcula por sí mismo.

Lo ortodoxo es aprender 
                            a convivir
                                 con la desgracia.

Sólo los poetas exorcizan las ausencias.



DERROTADOS

Ahora,
que aún es demasiado pronto para todo,
Caronte comienza a surcar la Estigia. 

Vencidos los aurigas 
que embridaban los caballos de la guerra,
absortos en la fatal ceremonia,
rodean la laguna como meros espectadores. 
Hechos para la lucha,
la derrota los consagra en el fracaso
y los eleva al infortunio de los no-muertos.

La última tabla del embarcadero 
marca el destino de Alfonsina. 

Es la Estigia. 

Allí, 
no podéis acompañarla.


LO DIFÍCIL

Lo difícil no es estar sin ti
en esta ausencia que llena la casa. 
Lo difícil son las mañanas sin café,
el móvil que ya no suena en los viajes,
los guisos salados o insípidos,
nunca a punto. 

Difícil será 
el teléfono de casa mudo
sin recibir llamadas 
que pregunten por ti. 

El desorden de las vidas que cuidabas,
los geranios
marchitándose sobre el alféizar.

Lo difícil es el silencio pétreo de las cenizas,
la costumbre de que tu vida sólo sea un recuerdo. 


EL APRENDIZAJE DEL MIEDO

El miedo no requiere aprendizaje
Felipe Benítez Reyes


La noche afila sus cuchillos
cuando la madrugada yace entre tinieblas.

El silencio tiene eco de muerte.

La promesa de cadáver tras el cristal
agrieta los costados de los sueños,
y es por las grietas por donde el viento reza sus miserias. 

Abril sin sangre es un enero en el que no crecen las flores. 

El dolor es ciego en la profundidad de los abismos abisales
cuando el descanso de Edipo es ajeno al asesino.
La jauría de lobos ahoga sus aullidos al amanecer,
entonces el amor teme tocar un cuerpo frío.

El miedo no requiere aprendizaje.



UN CANGREJO

Un cangrejo.
Un cangrejo es cáncer en el zodiaco.
Los tumores tienen forma de cangrejo.
Un cangrejo pinza, devora las entrañas
mientras el cuerpo no hace nada por defenderse.
Se inmolan las células,
se alimentan de sí mismas. 
El cangrejo es cáncer.

Suero.
Quimioterapia.
Napalm.
Una clepsidra bombeando gotas de napalm.
El napalm se abre paso por las venas
cada 21 días.
Las destroza,
envenena el cuerpo,
enferma,
resiste,
las dosis se amplían,
más napalm,
más lucha.
El cangrejo sigue royendo.
La piel se hace tumor. 

Flaquean las piernas,
el cuerpo se degrada,
merma,
encoge, 
la piel es un folio,
una fina película que apenas protege,
se tocan, se palpan los huesos
y los días son mecánicos, 
dolientes,
aguardando el final,
sabiéndolo cerca.

El cangrejo sigue a lo suyo.
Nada nos separa de la muerte.






HUMO Y CENIZA

La placenta arroja el líquido amniótico
del embarazo de tumor 
en el estómago de Electra.

Agoniza el sol en el simétrico horizonte.
La arena cumple la faena de las horas,
grano a grano se ha vaciado la clepsidra.
El miedo ya es libre,
la desesperación lo ha hecho valentía.
Las almas habitan eternas 
en los corazones rotos por la ausencia. 

Quisiera saber cómo es el mundo de lo eterno.

Todos somos humo y ceniza. 


MITOLOGÍA

El vuelo de la alondra
ha quebrado su garganta. 
Sobreviven los barrotes 
que encarcelan al suicida
detrás de una ventana
por donde no pasa la luz. 

El hambre de los Dioses
coarta la libertad del gozo eterno.

El vulnerable Odiseo,
          frágil,
          descuidado,
          desnudo
sobre el lecho de Penélope,
ve partir la flota.
Pero la medusa ya no está
sobre una isla del océano:
Anticlea ha sucumbido a su mirada.

Penélope
teje con hilo de lágrimas
la pena de su amante. 



DESPEDIDA

Ayer te despedimos en la playa
y a tu cuerpo 
se lo llevó el levante mar adentro.
Tu cuerpo, 
podrido de cangrejos, 
ahora es alimento de peces,
presencia etérea que todo lo abarca.

Tu ser corpóreo es vacío en infinito,
horizonte trágico confundido con el cielo.
La duna hace de frontera 
separando a lo vivos de los muertos
y a este lado quedamos 
con los pies mojados ateridos de frío.

Habremos de cuidar los geranios que regabas del balcón.

Acaso la muerte es la gran madre:
nadie le conoce huérfanos.



FIN

Habremos de ventilar las orillas del dolor.

Limpiar la casa 
y atrancar las ventanas.
Dejar
que el fantasma de las casas antiguas
habite la nuestra para siempre.

Cauterizar los destrozos 
de dos años
en el horno de los cuerpos quemados.

Que se trague la tierra
lo que no ha de quedarse entre nosotros.



OFICIO DE POETA II

La sepsis del dolor 
ha infectado la baranda de verde musgo,
enredaderas verdes.

La memoria vive manchada 
como la soga del suicida
y en algún rincón
un niño juega a la pelota
o se adentra en el mar
entre paisajes de rojo sangre.

Hordas de golondrinas 
tiñen el cielo de negro luto.

Pobre
          poeta
                    insatisfecho.
                                        No
                                   lo
                         sigas
       intentando.

La muerte es tan precisa
que no requiere de metáforas.



EL SILENCIO DE LOS BOSQUES

Sopla el aire sobre los famélicos desiertos del sexo,
laberintos del deseo panteísta de la carne. 
Un hombre esconde su figura de niño
guarecido bajo la mesa familiar de una casa incestuosa. 
Ha traído el desconsuelo al útero del bosque.
Allí la vida es lenta,
todo está viviendo;
late el musgo, la laurisilva, los helechos laten.
Pero el corazón es piedra, frío e inerte. 
El animal es ajeno al daño,
no conoce la inquina de cazador alguno.
Ha visto a jóvenes desafiar a la muerte
entre caricias furtivas que conceden el diluvio a los vientres secos.
Allí el silencio se hace idioma
y no existen dogmas ni censores que castiguen el paraíso en otras pieles.
El amarillento pasto eyaculado en los albores de la primavera adelantada
luce su capa de reverbero y anticipa las heridas del amor. 
El sexo es un desierto que siempre esconde alguna trampa.
Formará el aire la ventisca y será la duna tormenta de arena
de la que no podrá resguardarse.  
No conozco oasis para el descanso de los muertos 
ni estaciones de trenes donde no se profesen las leyes del amor. 
Pero hay niños escondidos en la figura de los hombres
que en el sepulcral silencio de los bosques
lloran la angustiosa ausencia de la madre. 





.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada