martes, 12 de abril de 2016

ISABEL DE CASTRO Y ANDRADE [18.411]


Isabel de Castro y Andrade

Isabel de Castro y Andrade, Condesa de Altamira (Puentedeume, La Coruña, 1528 - ibídem, 1582) fue una noble y escritora española.

Poco se conoce de su vida. Era la hija menor de Fernando Ruiz de Castro Osorio, IV Conde de Lemos. En 1555 se casó con Rodrigo de Moscoso Osorio, quien heredara el condado de Altamira, de quien ella recibió ese título. Isabel de Castro, con numerosas tías en Portugal, residió en varias ocasiones en el país vecino, además de Italia, cuando su padre fue embajador de España en Roma.

Se le conoce alguna obra poética en idioma castellano, y por lo menos un único soneto en idioma gallego, y que es una de las pocas piezas literarias cultas, que se conservan de los Siglos Oscuros. Ese soneto, datado en 1578, está dedicado al escritor del Reino de Castilla Alonso de Ercilla, con motivo de la publicación de la segunda parte de su trabajo épico La Araucana. La relación de la poeta gallega con Ercilla y el tema chileno fue porque el poeta de "La Araucana" era un protegido del marqués de Cañete, García Hurtado de Mendoza, virrey del Perú en la época en que se publicó la edición madrileña, y este marqués estaba casado con doña Teresa de Castro, sobrina de esta poeta.

Algunas obras

Poema Competencia Entre La Rosa Y El Sol




Poema Competencia Entre La Rosa Y El Sol 

Púrpura ostenta, disimula nieve,
entre malezas peregrina rosa,
que mil afectos suspendió frondosa,
que mil donaires ofendió por breve.

Madre de olores a quien ambas debe
lisonjas, no por prenda de la diosa,
mas porque a los aromas deliciosa
lo más sutil de los alientos bebe.

En prevenir al sol tomó licencia:
sintiólo él, que, desde un alto risco,
sol de las flores halla que le incita;

miróla al fin ardiente basilisco,
y, ofendido de tanta competencia,
fulminando veneno la marchita.





SONETO DE DOÑA ISABEL DE CASTRO 
Y ANDRADE
A DON ALONSO DE ERCILLA

Aracana naçaon, máis venturosa,
máis que quantas hoge ha de gloria dina,
pois na prosperidade e na ruína
sempre envexadas estás, nunca envexosa.

Se enresta o ilustre Afonso a temerosa
lança, se arranca a espada que fulmina,
creio que xulgareis que determina
só o conquistar a terra belicosa.

Faraa, mais nâo temais essa mao forte,
que, se vos tira a liberdade e a vida,
ela vos pagará ben largamente.

Que, a troco dúa breve e honrada morte,
co seu divino estilo, esclarecida
deixará vossa fama eternamente.








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