miércoles, 27 de enero de 2016

ÓSCAR PEÑA [18.036]


ÓSCAR PEÑA

Óscar Peña: Las Matas de Farfán, República Dominicana 1964. Periodista, narrador, poeta y catedrático universitario. Es graduado en Comunicación Social por la UASD, en 1990. Realizó un master en Periodismo Profesional en la Universidad Complutense de Madrid y el periódico ABC, en España, entre 1993 y 1994. Trabajó durante más de una década en los diarios El Caribe, El Nacional y El Siglo. También ha sido corresponsal en República Dominicana para el diario madrileño ABC. Actualmente cumple labores docentes, además de ser encargado de Comunicaciones Internas del Banco de Reservas. Los poemas son parte del libro aún inédito "Estos días pasarán".


Lejanía

Ahora que 
me bebo el tiempo
en tu candor de hembra sudorosa,
te escapas
y sin embargo estás presente,
como átomo,
célula,
partícula infinitesimal,
esa forma atemporal y metafísica
que nos agobia de dudas.
¿Hacia dónde conduce esta lejanía?
¿Cuándo el final de este instante de siglos
en que no te veo cruzar la puerta
para contarte sobre mi larga espera?
¿Cuándo acabaré
de beberme el tiempo por tus venas
sin que el amanecer del nuevo día
me sorprenda a tu lado?


Nuestra danza

Ven danzante como hoja que ondula al viento.
Quedaremos al compás de los cuerpos.
Invitemos al vino, río de contertulios.
Es nuestra era compañera de la risa,
del sonido, 
del destino.
Sólo después 
perseguiremos nuestras huellas
en el tiempo.
Ven compañera,
trae el sonido de tus danzas candentes
que el concierto está a punto de empezar.


El pincel de Goya

Los senos de La Maja Desnuda
seducen a Goya
y Los Fusilados
son acuchillados en su pincel.
Bárbaros héroes
rondan los bares,
con toda su mala leche.
En las barras tiran cañas
de espumas doradas,
que sorben con sus bigotes dalianos.
El Bar Comercial es otra cosa.
La barra siempre está preñada
de muchachos y muchachas risueñas,
que beben y a gritos discuten de futboll.
Ignoran que recuestan sus codos
sobre lápidas de sepulcros.
Yo que lo sé,
deslizo una mano
como si fisgonerar a una chica.
Debajo de la tapia que tengo por mesa
descifro su nombre.
Tal vez fue otro a quien el pincel de Goya
acuchilló para dejar un testimonio.
Cuando termine la entrega
En las cenizas de mis huesos
quedarás
en la batalla diaria
contra los viejos relojes
que madrugan
Estarás en el estrés
de la oficina
o dormido en un sofá
de una tarde tranquila
Traspasando el tiempo
quisiera intentar contigo
la conquista del espacio
para volcar en el vacío
mis residuos que aún pesan
Contigo se quedan 
las cenizas de mis huesos
Espárcelas al viento
para que abones la tierra 
en una vida nueva.



Ausencia

Maldecir tu nombre ya no basta 
sólo sé que no existo sin ti
que me sobra la ausencia
de tu aroma
de tu piel
de tus senos
de tus piernas largas
de tu risa
Y es que cuando estás
llenas todo
hasta el suspiro 
porque tu cuerpo llega a ser mi cuerpo
Y es que estas batallas
han dejado heridas sobre cicatrices viejas
que surcaron pedazos del alma
Y es que tu ausencia cala hondo
Hasta que finalmente 
llegan señales de que pronto
te arrojarás a la próxima batalla
de esta guerra que libramos hace años.



Santo Domingo

¿Qué a tus pies tienes el mar?
¿Qué el verano es violento?
¿Qué en primavera
lo mismo que en invierno
la rosa crece en el jardín?
¿Qué las muchachas morenas 
caminan candentes
mostrando las carnes
bajo diminutas faldas?
En el casco antiguo
el Caribe baña en sal el Malecón.
El Ozama bajo la avenida El Puerto,
a veces turbio, a veces verde.
Un niño vende flores
para los enamorados:
cuatro rosas
que conquistan la amada,
cuatro rosas
que sobreviven la muerte.
Son los hijos del fuego.
Habitantes del suburbio,
hablantes de la jerga, 
extranjeros en su propio universo
en la tierra del fuego.
Santo Domingo.
Lluvia viento fuego.





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