martes, 26 de enero de 2016

NGUYÊN DU - Siglo XIX- [18.020] Poeta de Vietnam

Monumento a Nguyễn Du


Nguyễn Du

Nguyễn Du (阮攸, 1766-1820, pseudónimos Tố Như y Thanh Hiên) es un poeta vietnamita célebre que escribió en chữ nôm, la antigua forma de escritura del país. Sobre todo es conocido por su poema de amor, el Truyện Kiều ("Cuento de Kieu", o 金雲翹, en chu nom).

Nguyen Du nació en 1766 en Tiên Điền, distrito de Nghi Xuân, provincia de Nghệ Tĩnh, en el norte de Vietnam. Era el séptimo de los 21 hijos de Nghiễm Nguyễn, un ex-primer ministro de la dinastía Lê y su madre fue Trần Thị Tần, su tercera esposa. Su padre falleció cuando él tenía 10 años, y su madre tres años después. La mayor parte de los años de su adolescencia vivió con su hermano Khản Nguyễn , y posteriormente con su cuñado Đoàn Nguyễn Tuấn.
En 1802 obtiene un empleo militar y fue promovido a embajador en China en 1813.

Obra

Truyện Kiều.
Thanh Hiên thi tập (recopilación poética de Thanh Hien),
Nam Trung Tạp Ngâm
Bắc Hành Tạp Lục.


Truyện Kiều

Estos són los primeros versos de su más célebre poema :

Trăm năm trong cõi người ta,
Chữ tài chữ mệnh khéo là ghét nhau.
Trải qua một cuộc bể dâu,
Những điều trông thấy mà đau đớn lòng.
Lạ gì bỉ sắc tư phong,
Trời xanh quen thói má hồng đánh ghen.



Traducción

Cien años en este corto período lo que la vida de un hombre,
El talento y el destino están en equilibrio en una amarga lucha.
Los océanos se convierten en campos de la madurez,
Una espectáculo desolador.
Más dones, menos oportunidades, como es la ley de la naturaleza,
Y el cielo azul se ve como celoso de las rosadas mejillas.




“La brisa de la noche su pena fustigaba y el viento
hacía crujir burlonamente los rosales
fingiendo músicas lejanas.”

(...)

“¿A quién culpar después de nuestros actos?
No nos apresuremos a desgajar la rama
quebradiza del sauce y a arrancar las tiernas flores primaverales.
Un día a vuestro amor responderá mi amor”.

@Nguyen Du


Nguyen Du, es considerado por la mayoría como el más grande de los poetas vietnamitas. Su obra Kieu –o historia de Kim Van Kieu- se considera entre los grandes escritos literarios de todos los tiempos. Una historia de amor y desamor que involucra conceptos éticos y sociales además de un fuerte requisitorio contra el feudalismo y sus atrocidades. Es también todo un aporte al desarrollo del nom. Cito un pequeño fragmento: “La brisa de la noche su pena fustigaba y el viento/ hacía crujir burlonamente los rosales/ fingiendo músicas lejanas.” (...) “¿A quién culpar después de nuestros actos?/ No nos apresuremos a desgajar la rama/ quebradiza del sauce y a arrancar las tiernas flores primaverales./ Un día a vuestro amor responderá mi amor”. Otro poema notable de este autor es el titulado “Llamado a las almas errantes”, un texto de gran fuerza interior, basado en antiguas leyendas vietnamitas sobre el padecimiento de las almas tras la muerte. Nguyen Du dejó también una vasta obra escrita en chino clásico.






La historia de Kiêù
Nguyên Du
Traducción e introducción de Rafael Lobarte Fontecha. Edición bilingüe
Hiperión. Madrid, 2014



En noviembre de 2013, el Consejo Ejecutivo de la UNESCO aprobó el reconocimiento como Personalidad Cultural Mundial del poeta vietnamita Nguyên Du (1765-1820).

Para celebrar con nosotros tan merecido nombramiento, Hiperión ha dado a conocer en castellano La historia de Kiêu, la obra cumbre del citado autor.

Gracias al espléndido trabajo de Rafael Lobarte Fontecha, responsable de la edición, tenemos la oportunidad de descubrir a fondo este episodio de celos, pasiones, infidelidades…, y por encima de todo, de amor verdadero y mayúsculo.

En su amena introducción, Lobarte Fontecha da cuenta de los puntos fundamentales de este bello cántico, además de situar en tiempo y espacio los aspectos vivenciales y literarios de Nguyên Du.

Durante muchos años, perteneció a la corte del emperador Gia Long y, en 1813, fue nombrado “Columna del Imperio”, lo que le posibilitó estar en contacto directo con la cultura china. Su cercanía a la tradición, a las costumbres y a las letras de este país, se verán reflejadas de forma permanente en La historia de Kiêu, pues su trama se desarrolla a lo largo de quince años y en época del Imperio Ming. A su vez, son los ideales y referentes espirituales de Confucio y Buda -y no del cristianismo- los que se manifiestan de manera más palpable a lo largo del relato.

Los 3.524 versos que ocupan el conjunto, aparecen divididos en doce capítulos, en los que la protagonista, Thúy Kiêu, se presenta como una adolescente y valiente pekinesa cuya “mirada tenía el ondear de aguas otoñales, sus cejas el perfil del monte primaveral/ las flores sentían celos de ser menos rojas y el sauce lamentablemente de ser menos verde,/ con una primera, con una segunda sonrisa hacía caer imperios, hacía caer ciudades./ Su belleza, admitámoslo, era única (…) Era inteligente de un modo natural, como un don del cielo./ Dotada para la poesía y el dibujo, el canto y la recitación”.

Esta reunión de talentos, no serán suficientes para aliviar ni frenar las duras y tristes vicisitudes por las que deberá pasar Thúy Kiêu, quien tras enamorarse del joven Kim, tendrá que renunciar a él. Para poder ayudar a su padre, Kiêu debe aceptar el ser vendida como prostituta por un ávido y malicioso mandarín. Desde entonces, su vida será un continuado y sombrío laberinto, del que, sin embargo, podrá ir librándose gracias a su audacia, bondad y tesón.

Anota Lobarte Fontache en su citado prefacio, que “estamos ante una empresa literaria de gran empeño, en la que puede advertirse un concepto preciso tanto del cosmos como del lugar que ocupa el ser humano en este: una profunda reflexión sobre el sentido de la existencia y en particular, del sufrimiento, que proporciona al lector la certidumbre de tener entre las manos una auténtica obra maestra de valor universal”.

Sin duda que, estamos ante un bello ejemplo de hasta donde puede llegar la lucha y la entrega por alcanzar la libertad. Además, la hondura meditativa que atesoran sus páginas, convierten este libro en una aventura valiosa y paradigmática: “El cielo, cuando nos prescribe una existencia humana, nos concede un destino;/ si nos prescribe vientos y polvo hemos de aceptar los vientos y el polvo./ Sólo cuando nos otorga pureza y elevación obtenemos un destino puro y elevado”.

 

LA HISTORIA DE KIỀU 


CAPÍTULO V

Húmedas las cortinas hasta la mitad de nieve, la luna iluminaba por completo la casa.
¿Pero qué paisaje, qué paisaje no aporta tristeza en tales casos? 
Si la persona está triste, ¿cómo o cuándo puede producir un paisaje alegría? 
Muchas veces hubo de recurrir a los trazos del dibujo, a las frases poéticas, 
a las notas del laúd bajo la luna, a partidas de ajedrez junto a las flores. 
Pero su alegría era una alegría forzada, tan sólo una pose,
pues ¿quién podía comprenderla como para hacerle sentir? 
Indiferente a los vientos que mueven los bambúes o a los albaricoqueros bajo la lluvia, 
se sentía melancólica ante los cientos de circunstancias, absorta en sí misma.
Innumerables pensamientos, próximos o remotos, ocupaban los pliegues de su corazón, 
que sin haber sido removidos, se enredaban, que sin haber sido golpeado, estaba herido. 
Recordaba las nueve cuitas, de caracteres gruesos y altos, que debía a sus padres. 
Para ellos, cada nuevo día se inclinaba un poco más hacia la sombra de las moreras. 
Separados de ella por un dificultoso camino, hondos ríos y distantes montañas, 
¿cómo hubieran podido imaginar que la suerte de su hija iba a ser esa?
En el patio de las sóforas, sus dos hermanos eran pequeños y carecían de experiencia,
¿quién iba pues a ayudarlos, a reemplazarla en la tarea de servir dulces a sus padres? 
Recordaba también las palabras, los juramentos que unen durante tres existencias: 
“¿Conocerá él, encontrándose tan lejos, mi situación? 
A su regreso habrá tenido que preguntar por el sauce de Chương,  
si  sus primaverales ramas que otros han roto, han pasado de mano en mano. 
A cambio de su profundo amor espero devolverle mi gratitud con creces.    
La otra flor, ¿habrá sido ya injertada en mi lugar en el árbol de mi amado?” 

 

Los nudos de seda de sus sentimientos se enredaban en los pliegues de sus entrañas.
Y mucho tiempo, al acostarse, soñó con su tierra en las largas guardias nocturnas. 
Tras las cortinas de seda transparente, se sentía sola en ese rincón del cielo. 
Al atardecer dorado de hoy, le sucedía el atardecer dorado del día siguiente, 
y a la luna de plata, un sol de oro. 
Kiều sentía también piedad por sus compañeras de entrañas rotas y se quejaba:
“Pues se os ha otorgado el que toméis el título de muchachas de mejillas color rosa, 
a cambio se os concede la ruina y la destrucción, 
porque una vez exiliadas en este mundo de vientos y polvo, 
sólo os queda la deshonra hasta el final”.

 

CAPÍTULO VI

Entre los clientes que buscaban placer había uno 
cuyo nombre era Kỳ Tâm y su apellido Thúc, linaje de letrados. 
Procedente de la subprefectura de Tích, en la provincia de Thường, 
había acompañado a su padre cuando este abrió un puesto comercial en Lâm Truy, 
donde se sintió atraído por la reputación de Kiều, elegida Reina de las Flores. 
Y envió una carta color rosa que pudo adentrarse en la habitación perfumada.
 
Tras la cortina de listas conoció a esa flor de melocotonero 
y, tras sentir pasión por sus maneras, enamorose de sus rasgos: 
la sonrosada y lozana camelia surgía de un tallo vigoroso. 
Y durante esos días primaverales, cuanto más viento, más lluvia, más se embriagaban. 
Y un fuerte  afecto brotó entre esa luna y esas flores, entre esas flores y esa luna, 
pues en las noches de primavera no es fácil contener al corazón, es imposible. 
Por lo demás, nada hay de asombroso en esta simpatía mutua, es algo corriente;
un lazo tan bien atado que nadie puede tirar de él y romperlo. 
Por la mañana se ofrece un melocotón, por la tarde una ciruela y la relación surge. 
Al principio era un amor de luna y viento, pero después fue de piedra y oro. 

 
Y de improviso se produjo una ocasión feliz y extraordinaria, 
pues precisamente entonces, el padre hubo de regresar a su país de origen 
y el muchacho sintió cómo, ya despierta, se decuplicaba su pasión. 
En esos días de primavera incrementó el número de sus visitas a esa otra primavera. 
Unas veces subían a tomar el aire, otras salían a contemplar la luna al patio 
o vertían en una copa el vino de los Inmortales o encadenaban líricos versos; 
aspiraban el perfume del incienso por la mañana y compartían el té por la tarde. 
También jugaban al go apuntando las partidas o tocaban las cuerdas del laúd, 
ambos totalmente absortos en los juegos del placer. 
Y cuanto más se fueron conociendo los caracteres, tanto más se fortalecía su pasión. 

 

Extraordinaria es la ola que la seducción produce. 
Derriba los palacios e inclina las casas como si se tratase de un simple juego. 
El joven Thúc tenía la costumbre de gastar a puñados las monedas, 
despilfarraba cientos y miles sin darle importancia en cada arrebato de alegría. 
La vieja entonces adornaba aún más el verdor de Kiều, se cuidaba más del rosa, 
pues, de carácter codicioso, enloquecía como husmease dinero.



Bajo la luna, la gallina de agua ya llamaba al estío 
y en las esquinas de los muros florecía el flamígero granado. 
En su habitación de seda, Kiều solazándose una parte del día, 
1.310.- tras las cortinas rosas, bañaba en agua de orquídeas las flores de su cuerpo: 
de un color tan transparente como el jade y tan blanco como el marfil, 
era, en verdad, un monumento palpable y presto erigido por la Naturaleza. 
Respecto al muchacho, cuanto más descubría sus cualidades, más la admiraba. 
Tales sentimientos le llevaron a escribir en cursiva un poema con la métrica Tang.

 






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