miércoles, 27 de enero de 2016

REINA LISSETTE RAMÍREZ [18.037]



Reina Lissette Ramírez 

(San Francisco de Macoris, 1983) Coordina el Círculo Literario Ricardo Rojas Espejo en su ciudad. Estudió arte dramático en la Escuela de Bellas Artes (S.F.M.) y aún sigue sus estudios de teatro en Santiago. Es correctora de textos literarios y actualmente es estudiante de término de Filosofía y Letras en la UASD-CURNE, donde se desempeña como monitor de letras.

Poeta, performer y actriz. Ha publicado Círculo diurno, Premio de Poesía Joven Miguel Alfonseca de la Feria Internacional del Libro en el 2005 y Sorbos de café (2013). 


Ritual de los relojes

El viejo reloj está a mi espalda
Enciendo un cigarrillo
que se gasta,
me maltrato,
me soplo: soy llama.

El tiempo de la niña se extravía en el dolor
una música lejana lo soporta.
Es el viento,
es el dorso de mis sueños,
construyendo el pasatiempo de quemarme:
estoy feliz.
Puedo acusarme de no ser humana
si son vinos las palabras,
sangre limpia,
y puedo olerme, como un manjar sin dueño
que desea ser devorado.
También puedo convertir las lenguas en navajas
exorcizar los cuerpos que quebranten el asesino.

Las calles están llenas de relojes
y hay un poema en cada uno de ellos,
y yo rasgo lo escrito como una fiera sin memoria.

Miro hombres aplastados
tapizando con heridas
la mirada de la niña.
Pero la piel esta en otros horizontes
y lsa lágrimas perforan este lápiz.

Mi vieja espalda no alcanza las agujas.
Estoy en otras tribus,
otras palabras.
Deténganme en la tumba
poco antes del suicidio,
de que caiga en otra orgía.

Que me cante las niñas y me cuelguen del reloj
pero de frente, con los brazos abiertos.


La tristeza imaginada

Si inventamos el espacio de alas
la bocanada, el suspiro,
¿dónde encuentro un vaso de agua?

Si las palmadas nos desaparecen,
si la lengua es un poblado de diminutos duendes,
creo que esta urbanidad va a provocar mi suicidio.

Si la mecha se enciende con sangre
ya no busco en los ojos de mis enemigos
el zapato que corre sin dueño
y siente la arena dormida.

Los sentidos nos inventan
piedras de sangre para golpearnos.
Es tentador el soplido, el paño de lágrimas
si es que parezco un mimo o un acertijo del agua.

Pero el tiempo sembrado
nos tropieza en la barba de la mujer gorda.
Se está cubriendo el rostro con inventos.

Una tristeza ha sido descubierta cuando abro la boca.



El embustero

El embustero nos cuelga de las paredes,
nos exprime las mentes para su muro,
selecciona la mazmorra.

Su lengua cuelga vulgarmente en precipicios,
idolatra sus muecas y sus círculos.

Reaparece con sus dientes de acero,
no lo limita la luz
ni el tiempo.
Crece con nosotros: somos su abono letal.

Tal vez quisiera ser su esposa.
Tal vez quisieran ser ustedes sus hijos.



Traicionar el espejismo

Las espinas están en nuestras manos
todo el azar cabalga en la muerte 
vamos en una barca después de los sueños
hacia el vacío despegado del paisaje 
desnudos y sin ojos
chocando con dunas y cadáveres
vigilando el prado y los árboles de cerezos.
Nuestros ladridos inundan la noche,
nuestros aullidos disipan la niebla
hemos enfermado, intercambiado el animal
firmar nuestro precio en una balanza de oro
Llego el tiempo y la obesidad, 
la inundación del salón
irnos detrás de las cortinas a esconder el agua
Desde el cielo el manjar nos provoca sed, angustias, deseos
aullamos prediciendo el grito de la sequía
sus raíces atan nuestras manos, lenguas, dedos.
Atacamos el miedo con la exquisitez del dolor
cuando traicionamos el espejismo.




Peregrinos

Con sopor y apresurados
los inválidos traen colmillos en la espina del alba
Con tanto despeño no quiero que aúllen
ni que se viertan en mi vino a desangrarlo
Despiertan con los pechos en el baile,
despreocupados por el vértigo
Se ven radiantes
cayendo del puente levemente
Pero yo no quiero esta lenta caída sin hierros
ni un preludio de alcance al otro mundo de llaves mezquinas 
¿Cómo librarnos del camino?



Guerrero

Hemos encontrado a un guerrero
lo enterramos y ahora sufrimos
La pluma que domina al hombre 
su ceguera dentro del agua
todo esta obscureciendo
el rostro de tinta se perdió en el carbón
el ave vuela en sus huesos 
hace nidos de sucesos terribles
No puede sembrar el oro
obras y palabras perdidas en el amor 
que solo fue una llovizna de azufre
Sus manos enterradas en el mundo junto a otras menos fuertes
ignoraba la fisura del sueño, la alegría
su lengua esta adormecida por el triunfo
y las espadas eran insomnio del disfraz
Yo toco su rostro, sus aberturas
su espada dormida entre sus costillas
su memoria oscurecida por cantos de niños y mujeres ya muertos
pero los hombres susurran su destierro y su derrota.



Rectángulo

No me dejo armar
solo frotar la voz que suspira rota
ahora me veo mas tosca con estas navajadas en mi rostro
No quiero ser feliz, ni pretendo que lo sean
tiemblo cuando encuentro mi mitad estéril
La piedra me hace silencio porque soy una anciana
es por lastima a estos pliegues y rayas 
aunque tienen necesidad de palabras
Se ha extinguido la culpa 
el sol ha muerto junto a ella
espero no presidir de un ataúd como hijo
que escucha mi llamado 
Pero no deben olfatearme
hay una hormiga que espera el invierno 
con el miedo hueco en sus ojos.



Ociosidad del hombre

No todos los días esta dispuesto el hombre
ha torcer sus brazos por la tierra
la isla de sangre le sumerge hasta el cuello, pero respira
se enternece con la hermosura de las piedras en las dunas
El estomago de su avaricia no tiene fondo
las manos amaestradas para el crimen
Cae sobre el cielo de la noche entumecido
temblando sin carne parece títere de nadie
los ojos levitando
su lengua blasfema disfruta el suelo
y se golpea como pez al morir
No todos los días nace un hombre
creyendo comer otro hombre
deteniendo su cabeza en la mesa como frutero
donde el sur emigra por su olvido
Sin ley
la cobardía lo espera en el puente
donde ha lanzado el amor, su grandeza
pero ya esta oscuro debajo de la cama
en la mañana fría no habla con nadie
cree ver a Dios temblando en el pecho del río, su ventana.



El hocico del perro

Enfrentar el olvido, dudar mis respuestas
nuestra soledad esta tejida sobre el espejo
perdimos el aliento en las nubes
Esta decrepitud no las dieron para vacilar
es tarde para sanarnos en este camino sin sangre
pero cuando lloro no juzguen que sea noche
el anaquel ha sido hecho para mis órganos
en el pórtico de la puerta hay letras sin cuello
sin brazos que me motiven
Pero amnesia es amarnos y duplicarnos
no rastrear con el olor el miedo animal
Estas cenizas pertenecen al jardín
los insectos que nos habitan
el rincón es poseído por un escalador
Reaparece la escalera
ha resplandecido el hocico del perro 
sobre el cristal del miedo
¿Si es absoluto arriesgarse,
si perdemos la noche,
la pureza de la muerte, 
el espejo que nos olvida al marcharnos?




Oda al viudo

Mira como estoy, muerta
no fue un presagio el reloj de arena
mi espina dorsal me trituro
y ha servido como un símbolo familiar
este suelo esponjoso tiene un silencio que no es de mujer
Mira la caja de madera
estos árboles no me sirven de consuelo
las velas no deben traer instrucciones de tiempo
ya el fuego se me negara
Tu sigues pidiendo ayuda 
como si fuera una atropellada en el camino
(el simulado animal retratado en su selva)
Miras el periódico, mi nombre te recuerda algo
talvez alguna llave o un cuchillo de mesa
Me tienen descalza
siento que se me ha desprendido todo
doy vueltas en un colador ovalado
y tu mundo aun no te echa conmigo
En la calle miras a las mujeres para injuriarlas 
te has dado cuenta del reloj en el bolsillo de tu saco
Si tan solo imaginaras todos los animales en mi cuerpo putrefacto
dándome calor ya no obtengo la asunción
Mírame que aun tienes los ojos para hacerlo
no blasfemes mas en mi nombre
La iglesia ha preparado un lugar para ti
con insignias decoradas con plumas púrpuras
para cuando tu día brille amordazado
El tiempo no es corto, es nuestra vida de letargo
pero hemos de extrañar la ingenuidad
esta que nos acompaño sin temor
Pero no asciendo, 
no florece la madera pulida
ni tampoco las alas robadas al hombre.



Homicida en x grado

Miro la lengua florecida
estoy aun viva
el dolor esta hincado, pidiéndome que lo deje
sorbo a sorbo trago el miedo
antes que el lo haga conmigo
Criminal de guerra sosteniendo un lápiz
encuentro la ropa quemada
los cabellos largos en revuelos en el suelo
simultáneamente hay un hombre con navaja
sospecho que puedo aludir al enano
que todos han dejado sus colmillos para la cena
Reversible degollé a los humanos
pero encuentro una silla con alambres
un sombrero ovalado de hierro
He querido complacerlos
el cuello blanco sonríe
abre el libro pero no sus palabras
Las cadenas en los tobillos frías, 
parecidas a mi, no a ella 
las lagrimas les pertenecen 
también el cuerpo inundado de pánico
y su pasión por la vida.




Los desmemoriados

Los que creen en la lluvia del llanto
en las jaulas decoradas con clavicordios
en un perro que duerme debajo del mueble
miro mis pies arrugados por el camino
esta rosa iluminando mi rostro arrodillado
Solo he visto pocos devueltos por el mar
con su angustia como lienzo tapando sus bocas
descansan algunos en la chimenea apagada
criando su ganado, comiendo sus uñas
Que disciplina de la lluvia cuando nos muerde la pisada
desde este extremo hondo nos alcanza ha acompañarnos.



Fuego verde

Me sembraste junto a esos árboles
parecidos a secos pasadizos hacia el río
Continuo recordantote
en el bosque de tu fuego
impenetrable
sin residuos
con el espíritu desbordado en los animales
Yo como un cactus
deseándote
murmurando tu hierba 
rogando tu humedad de lagrimas
hundiéndome
Te hablo, que miseria!
no estas cerca de mi; 
el fango
el fuego en fango 
en el fango yo anclada detrás de tu inmensidad
desde tus raíces encendidas por el desespero
por la pasión de querer ser carne!
me cosechaste 
junto a la piedra, junto al sueño...





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