miércoles, 27 de enero de 2016

MARÍA DOLORES PÉREZ ENCISO [18.028]


María Dolores Pérez Enciso

[1908-1949]. Maestra, escritora, periodista y política republicana. Había nacido en Álmería el 31 de marzo y fue la primogénita de tres hermanos (Francisco, muerto muy niño, y Guillermo) de Francisco Pérez Castro y de Dolores Enciso Amar. La familia se trasladó siendo ella niña a Barcelona, destino de trabajo de su padre, aunque por enfermedad de éste regresan de nuevo a la casa familiar almeriense. Viuda la madre, abre una tienda de quincalla para sostener a la familia. En 1923, con quince años, María comienza su carrera de Magisterio en Almería, aunque poco después se traslada a Barcelona para cursar la carrera que concluyó en 1927.

Estuvo vinculada a la Residencia de Estudiantes de Ríos Rosas, en el barrio de San Gervasio de la Ciudad Condal. En palabras de Antonina Rodrigo: «un lugar apacible, con una valiosa biblioteca; en el buen tiempo, las tertulias se celebraban en el jardín junto al verdor y rumor del agua». En aquel lugar, antes de finalizar sus estudios, tuvo la oportunidad de conocer a la gran poetisa chilena Gabriela Mistral. Allí coincidió también con gran parte de la intelectualidad barcelonesa, y los visitantes extranjeros que por allí pasaban: Pierre Vilar, Gaillard... Allí, continúa Rodrigo, «se formó culturalmente María Enciso y se acrisoló su compromiso ético, con honda inquietud social, dedicada a la enseñanza en las Escuelas Públicas de la Generalitat».

Muy joven aún, se casó con Francisco del Olmo y tuvo una hija: Rosa del Olmo Pérez. Sin embargo, el matrimonio fracasó y en 1932 se divorciaron. Poco después se uniría sentimentalmente con Ramón Costa, izquierdista catalán. María también había iniciado su compromiso militante con el Partido Comunista de tal forma que durante la Guerra civil actuó como Delegada de la República supervisando el acomodo de los hijos de los republicanos en Bélgica. Finalizada la guerra española, comienza otro nuevo horror: las tropas nazis invaden Europa y Dolores regresa a Francia; de allí a Liverpool camino de un exilio que no tendrá billete de vuelta. 

Dolores se exilia con su hija en Colombia. Allí trabajó como periodista para ganarse la vida, aunque siguió cultivando la literatura. Fue redactora del semanario Sábado, colaborando también con El Tiempo y la Revista de las Indias de la capital colombiana. En 1945 viajó a Cuba, residiendo los tres meses que pasaron en La Habana ella y su hija en una residencia regentada por un matrimonio español exiliado (Eduardo Ortega y Gasset y Adela, su mujer). Allí colaboró con El Diario de la Marina y de allí pasaron a México. De nuevo comienza su trabajo literario compaginándolo con trabajos de periodismo «rosa» (colaborando con la revista popular Paquita del Jueves). También colaboró con el revolucionario El Nacional, en el suplemento semanal. Durante su estancia en México se produjo el reencuentro con su amiga Mercedes Rull, de origen almeriense como ella, a quien había conocido en La Habana. De ella recogió el testimonio Antonina Rodrigo para elaborar la biografía de Dolores Enciso. Ella la asistió hasta su muerte y de ella hace este retrato psicológico: «(...) era una persona extraordinaria, servicial, que ayudaba a todo el que podía». Según la amiga, Dolores vivió su exilio siempre con la nostalgia por su país, por su madre que quedó sola en Almería. Su hermano Francisco había podido salir del campo de concentración francés gracias a su ayuda y emigró como ella a América. En 1949 ejerció como catedrático de Filosofía en Caracas (Venezuela). María murió tras una operación de apendicitis. Fue enterrada en al Panteón Español, de México. Dejó una hija de trece años.

En su obra literaria Dolores deja traslucir su reivindicación de la libertad y su interés por mantener viva la memoria histórica. 

Entre sus obras:

Treinta estampas de la guerra (1941)
Un recuerdo del horror con unas palabras (1942)
IsabelleBlume (1942)
Cristal de las horas (1942)
Raíz al viento (1947)



Almería del dolor y de la muerte, así titula María Enciso, uno de los más conmovedores poemas dedicados a los desastres de la guerra.


¿Dónde está tu alegre voz?  
Tu blanco olor de nardos se ha quebrado  
sobre la rubia arena de tus playas.  
Que un viento enloquecido,  
ha velado una noche en tus orillas  
a la sombra del agua derramado.  



Sin embargo, pese a la muerte que todo rodea y todo contamina, la ciudad late todavía y se levanta en voces múltiples de augurios favorables.


Tu alegre voz sí está sobre la tierra.  
Vuelve a vibrar tu aliento renovado,  
y el aire, trae de ti, de amor dolido,  
tu nombre que el dolor ha madurado...  

Almería del dolor y de la muerte,  
nombre sencillo de todos ignorado,  
una esquina del mundo, silenciosa,  
viviendo su dolor, triste y callado.  
La florecida y andaluza playa  
que sueña, el corazón enamorado.



Dolores vivió su exilio siempre con la nostalgia por su país, por su madre que quedó sola en Almería. Nostalgia que se siente al leer:


¿Por quién doblará,
mientras se oye a lo lejos
la voz del mar?
De cal y agua
más blanca todavía
yo te soñaba
Al aire la vela blanca,
lejos la caliente arena,
una noche en alta mar
en un barquito de vela
Pa cantar el fandanguillo
que dé pena y alegría,
es preciso haber nacío
en un barrio de Almería
Tengo una manuela nueva
con cuatro jacas castañas
y el novio más salaíllo
que calienta el sol de España.
¡Almeriense y morenillo!




ÚNICO POEMA

 Mar sin nombre y sin orillas,
soñé con un mar inmenso,
que era infinito y arcano
como el espacio de los tiempos.
 Daba máquina a sus olas,
vieja madre de la vida,
la muerte, y ellas cesaban
a la vez que renacían.
 ¡Cuánto hacer y morir
dentro la muerte inmortal!
Jugando a cunas y tumbas
estaba la Soledad.
 De pronto un pájaro errante
cruzó la extensión marina;
¿Cojeé? ¿Cojeé?, repitiendo
su quejosa marcha iba.
 Sepultóse en lontananza
goteando ¿Cojeé? ¿Cojeé?
desperté, y sobre las olas
me eché a volar otra vez.


*

Tú me dueles España. Y este dolor profundo,
lleva tu clara huella, perfecta, definida.

Clavada está mi planta en tu arenosa orilla,
y mis manos se abren sobre tu tierra áspera,
y mi sangre en tu sangre, diluye su agonía,
y estoy en carne viva sobre tu cruz tendida.




MADRE AMERICA


Como una palma que desvela el aire
perfil del alba, que la noche cierra,
verde sobre el azul de un mar inmenso,
ardiente orilla, te contemplo América.
Seno de luz, tu entraña generosa,
tus senderos de sol, tu abierta tierra,
y los ríos arterias de tu vida,
para un mundo que el mar dejó en tus playas,
voz quebrada en la angustia de la guerra.
Señalando al espacio, tus montañas,
las sierras grises donde el cóndor vela,
en el hondo silencio de la noche,
en la eterna presencia de la niebla.
Caballos galopando en tus llanuras,
bajo el frío metal de las estrellas.
Valvas opalescentes, madrugadas,
emergen de su luz, marinas perlas.

La vieja Europa, tiembla en sus cimientos,
sólo por dos esquinas amparada.
La blanca estepa de la Rusia roja,
la de hazañas heroicas perdurables,
pueblo que cubre de sangrantes rosas
la delgada silueta de la nieve,
y frente a un mundo en ruinas,
Inglaterra, de grises soledades.
Sólo tú siembras vientos de esperanza
en tu mudo recinto de corales.

Yo hablo tu propio idioma, madre América,
en lengua de tu pueblo he de cantarte,
cálido acento de cansadas sienes, 
reclinadas en regazo suave,
los párpados clavados en los ojos,
agujas de dolor, cristal del aire.
Por la vida futura que forjamos,
has hecho tuyas nuestras soledades,
la amarga soledad del hombre libre,
que ha visto atrás su mundo derrumbarse.

Cuando miro lejanos limoneros,
cuando sueño en mis campos de olivares,
cuando veo, en mi sueño, las orillas
de aquellos tibios, azulados mares,
vuelvo mis ojos con dolor de ausencia,
sobre el verde oscilar de tus maizales,
y son jazmines de tus noches claras,
tan blancos como aquellos azahares.
El delgado cimbrear de tus palmeras,
el fuerte olor salobre de tus mares,
toda la maravilla de tus noches,
cercadas por las selvas tropicales,
me dicen día a día que he vivido,
que en mis venas circulaba tibia sangre,
mi corazón, sobre tu abierta tierra,
y junto a él, abismos insondables,
ríos que van cantando, en sus orillas,
el moreno temblar de los manglares,
y una raza que sueña melancólica
su silencio, de siglos imborrables.

Cuando la muerte pasa sobre el mundo,
yo oigo el cantar de tus cañaverales,
y el cántico del mar, en mis oídos,
de sonoros acentos puebla el aire.

Espadas de dolor, delgadas voces,
en muerte y agonía traspasadas,
de otro lado del mar las traen los vientos,
sobre tus claras noches estrelladas.
Lleva la luz, cercos de oscura sombra,
enlutados parecen tus paisajes,
y las voces de angustia y muerte, lentas,
en fría soledad, recoge el aire.
Siempre será tu nombre, Madre América,
sobre la espuma de remotos siglos.
Tu nombre por caminos desandados,
que el mar los lleva a tu destino unidos.
En la inasible soledad del sueño
al nombrarte, percibo tus latidos,
como un blando latir de corazones,
juntos, en la penumbra del olvido.


ALMERÍA

María Enciso, condenada al olvido

Por ANTONIO SEVILLANO


Sueño blanco
de cal y agua…
De cal y agua,
más blanco todavía
yo te soñaba

EN el Día Internacional de la Mujer, María Pérez Enciso (María Enciso en la vida literaria), benefactora de la Humanidad y escritora-poeta perteneciente a la Generación del 27, sigue clamorosamente olvidada por las administraciones públicas llamadas a velar por la memoria cultural de los personajes ilustres nacidos entre nosotros. En este caso Ayuntamiento y Diputación, las dos más cercanas al contribuyente, que para eso hemos quedado reducido los ciudadanos. Causa tristeza el desprecio que determinados políticos muestran hacia tan extraordinaria mujer muerta en el exilio sudamericano con la palabra "Almería" en la boca. Quiero creer que en el fondo se trata, sencillamente, de ignorancia; de un crónico déficit de conocimiento de nuestro reciente pasado. Aunque a veces dudo si no será un caso flagrante de mala fe.

El 13 de enero de 2012 el Ayuntamiento, a instancia de la AA.VV. Casco Histórico, descubrió una cerámica-laudatoria en el nº 27 de la calle San Ildefonso (aledaña a la plaza Pavía), en la reformada casa donde nació. Pues bien, de boca de un impresentable concejal salió la frase más propia del régimen fascista superado que del sistema democrático que nos concedimos (¿él también?) los españoles: "Ya está bien de ponerle placas a los rojos". Lamentablemente, el señor alcalde, que yo sepa, no le desautorizó el insulto.

Entre los actos programados por la concejalía de Igualdad, hoy tendrá lugar un "recorrido guiado relacionado con las mujeres célebres de Almería" (Carmen de Burgos, Concha Robles, Celia Viñas) y en el que María Enciso se queda fuera. También en fechas pasadas, el Área de la Mujer de Diputación, en una muy loable iniciativa, efectuó una muestra itinerante por la provincia en la que se ensalzaba las figuras de estas y de otras y en la que tampoco María Enciso tuvo cabida. Desde estas páginas sugiero encarecidamente a ambas responsables electas, mujeres las dos, a que le hagan justicia en futuras iniciativas. Disponen de suficiente material didáctico en las biografías escritas por Arturo Medina (esposo que fue de Viñas Olivella) y la que modestamente elaboré para el IEA. Ahora, en vísperas de la doble efemérides que en ella concurren me permito recordar algunos aspectos de su trayectoria vital.

ORÍGENES FAMILIARES

El 7 de diciembre de 1903 Francisco Pérez Castro, censado en la calle Aristóteles, maquinista en la naviera de Juan March, contrajo matrimonio con Dolores Enciso Amat, perteneciente a la pequeña burguesía local y en la que destacaba su hermano José Gabriel, farmacéutico, tutor de María y dirigente de Izquierda Republicana. La joven pareja se instaló en la c/. San Ildefonso, donde en la mañana del 31 de marzo de 1908 vino al mundo María de los Dolores Pérez Enciso. A ella le siguió Francisco, fallecido a corta edad, y Guillermo, nacido en Barcelona (ciudad en la que residieron temporalmente por motivos laborales). Los dos hermanos se reunirían más adelante en América, donde él obtuvo una cátedra de Psicología en la Universidad de Caracas.

Ya de regreso a la casa materna, asiste en septiembre de 1923 a la Normal de Maestras almeriense, establecida en c/. Pedro Jover. Su padre falleció un año después. Instalada definitivamente en Barcelona, María ingresó en su Escuela Normal (cursos 1923/27) al trasladarle el tío la matrícula. No hay constancia de que accediese a la Universidad pero sí de que frecuentó distintos foros intelectuales; caso de la Residencia de Estudiantes de Ríos Rosas, en la que cimentó su vasta cultura y escuchó la palabra poética de la chilena Gabriela Mistral. Destacada militante en UGT y PSUC, utilizó el seudónimo de "Rosario del Olmo" cuando era responsable del gabinete de prensa Extranjera comunista y del Institut D` Adaptació Professional de la Dona.

En la Ciudad Condal se casó, nació su única hija, Rosa, y se divorció -acogida a la Ley de 1932- de José del Olmo, empresario y juez durante la Guerra. Mientras tanto, la madre, Dolores Enciso, permaneció en Almería malviviendo al frente de una pequeña mercería en La Almedina; trasladada a Villa Dolores (Zapillo), el Dr. Francisco Pérez Rodríguez le asistió hasta su fallecimiento por "asistolia" (07/04/1961).

DE HORROR EN HORROR

Ante la inminente toma de Barcelona por las tropas franquistas, huyó junto a miles de españoles ganando la frontera francesa por Cerbére. Lo hizo en enero de 1939 como delegada de evacuación de niños a Bélgica, adscrita a la diplomacia sudamericana. El doloroso encargo -en el que le acompaña la diputada belga Isabelle Blume- consistía en recoger a decenas de hijos de españoles en condiciones infrahumanas, junto a sus padres, de los campos de concentración en Saint Cyprien, Clermont-Ferrand y Argelés-sur-Mer para ser entregados en adopción a familias pudientes de Bruselas, Amberes, etc. En esta hermosa y sacrificada tarea se hallaba cuando Bélgica fue ocupada por la Alemania nazi. Tras los horrores de la guerra civil española el drama personal aumentaba. Llevando de la mano a su hija de corta edad, huyó a Francia y desde el puerto de El Havre a Inglaterra. El encargo humanitario quedaba truncado y sólo entonces buscó su propia libertad en el exilio americano. De esta azarosa etapa de su vida dejó pormenorizada reseña escrita (Europa Fugitiva), como si de una catarsis purificadora se tratara.



AMÉRICA, AMÉRICA

De Liverpool, después de veinte días de travesía, arribó a Barranquilla. Y de allí a Bogotá, donde residió un lustro. En Barcelona ya había ejercido la profesión periodística, lo que le resultará providencial para subsistir en tierra ajena, acogida en el verano de 1940 por la colonia de expatriados españoles. En la ciudad bogotana colaboró en los semanarios Sábado, Revista de las Indias y Tiempo, abordando temas "serios". Sin embargo, exigida por las necesidades económicas, se vio obligada a firmar columnas más populistas; caso del magacín Paquita del Jueves (Méjico) y Diario de la Marina (La Habana). En Colombia publicó sus dos primeros libros: Europa Fugitiva y Cristal de las Horas. En La Habana vivió unos meses en casa del periodista Eduardo Ortega y Gasset para posteriormente afincarse (1945) en México DF donde le sorprendió la muerte a finales de marzo de 1949. Muerte callada y a destiempo, cuando cumplía 41 años de edad. Aquí ejerció de maestra, trabajó en las redacciones de El Nacional y Las Españas y publicó el poemario De Mar a Mar y el libro de ensayo Raíz al Viento (títulos todos descatalogados).

La asimismo almeriense Mercedes Rull Alonso, a la que conoció en Cuba, fue su anegada compañera en el postrer momento de su azarosa vida y quien en tan amargo trance se hizo cargo de su hijita Rosa. Operada de apendicitis, una mala praxis médica condujo a la tumba a María de los Dolores Pérez Enciso.

Aquella muerte fue horrible, un caso de mala suerte y de negligencia porque ella no estaba enferma, era una mujer alta, bien desarrollada, llena de salud…





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