domingo, 17 de enero de 2016

HELEN MACDONALD [17.931]


HELEN MACDONALD

(Hertsey, Gran Bretaña, 1970) escritora, poeta, ilustradora, historiadora y profesora del Departamento de Historia y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Cambridge. 





Título: H de halcón
Autor: Helen Macdonald
Traducción: Joan Eloi Roca
Editorial: Ático de los libros
Edición: 1ª edición, octubre de 2015


Helen Macdonald  autora de este H de halcón, perdió inesperadamente a su padre, el fotógrafo Alisdair Macdonald.

Para conseguir mitigar su dolor por esta pérdida tan imprevista, se compró un azor, al que bautizó con el nombre de Mabel e intentó por todos los medios adiestrarlo.

El azor es un ave corpulenta, huraña, violenta e indomable, según los libros de cetrería que consultó (no sabemos si también hizo lo propio con Arte de la cetrería de nuestro añorado Félix Rodríguez de la Fuente, experto y defensor del arte de la cetrería) y aun con todo y con eso no cejó de su intento. Y todo por olvidar el dolor que sentía tras la muerte de su padre.

H de halcón es un relato intenso, denso, un ejercicio literario, metaliterario podríamos decir, que combina por un lado, la dura misión de domesticar un azor, los sentimientos de la escritora, que en momentos puntuales se identifica con Mabel, y por último y seguramente el más importante, una obra básica de cómo adiestrar un azor.

Utilizando comparativamente y como libro de cabecera para su propósito la obra de T.H. White, El azor, que en breve Ático de los libro editará en nuestro idioma, compara lo que comparte ella con su animal, con lo que el también escritor inglés, conocido por su obra La espada en la piedra, obra que relataba la infancia del Rey Arturo y que Walt Disney se encargó de llevar al cine, compartía con su ave.

El adiestramiento se torna adicción, una voz dentro de ella le grita que no lo deje, le empuja a seguir, pero también se convirtió, como no podía ser de otra forma en una terapia. Una superación del dolor a través de la evasión. Cuando necesita todos sus sentidos para conseguir hacer volar a Mabel y que esta regresa a su puño su mente no puede pensar en otra cosa que no sea el azor.

 H de halcón no es un libro fácil. Su erudición puede en ciertos instantes obligarnos a mirar a otro lado, pero la lucha que tiene Helen con su propia existencia nos hace seguir leyendo, comprender sus razones, solidarizarnos con el dolor de la autora y rezar para que ni a esta ni a su azor le pase nada malo y ambas puedan levantar la cabeza.

No es una novela, no es poesía, aunque muchos de los pensamientos de Helen para con su azor y sus palabras escritas así pudieran hacérnoslo creer (no olvidemos que la autora también es poeta), no es una autobiografía, aunque de eso hay más que de novela, al fin y al cabo Macdonald cuenta su vida, esto es un ensayo sobre la cetrería, nos guste o no, por mucho que un puñado de sentimientos envuelva el relato.

Esta es la historia de una mujer dolorida y un azor salvaje. La lucha por la supervivencia. Ambos son puntales en sus respectivas vidas.

Una apuesta arriesgada para un regalo navideño que seguro aunque en un principio sorprenda, tras su finalización gustará a todo aquel que ame la lectura, la naturaleza y el espíritu de superación.



Traducción de Emily Roberts

TAXONOMÍA

Troglodita. Canto pleno. No canto de cortejo. Llamada de alerta, se pronunció y debía dañar los ojos con su forma, su cuerpo pequeño, la cola alzada y el pico como un pelo

hilado entre las zarzas y en la distancia dejaba una nota de lima en la nariz como raspaduras de la aguja del orfebre, alumbre de piedra y mantequilla pálida a la temperatura perfecta

a quién sigue él no lo sabe, salvo de oído airado con la nota culpable que está debajo y dentro triste como un puente en invierno

alzado para sellar los ojos en la oscuridad, el puente habla no habla, los estorninos pronuncian el habla robado de los hombres, uc antea

una chispa que cumple con la idea de sí misma, en apariencia impávida. 
Ah, la crueldad. Y no me había parado a pensar en ella

y no la había desplegado en el mundo por amor para nada.



TAXONOMY

Wren. Full song. No subsong. Call of alarm, spreketh & ought
damage the eyes with its form, small body, tail pricked up & beak like a hair

trailed through briars & at a distance scored with lime scent in the nose
like scrapings from a goldsmith’s cuttle, rock alum & fair butter well-temped

which script goes is unrecognised by this one, is pulled by the ear
in anger the line at fault is under and inwardly drear as a bridge in winter

reared up inotherwise to seal the eyes through darkness, the bridge speaks
it does not speak, the starlings speak that steal the speech of men, uc antea

a spark that meets the idea of itself, apparently fearless.
Ah cruelty. And I had not stopped to think upon it

& I had not extended it into the world for love for naught.



NOAR HILL

Chispeando sobre el maíz donde la gamuza y la seda y la cimitarra asomaban la figura de una pluma se mantuvo a flote sobre una fuerte corriente oriental un segundo y se hundió entre las hojas

la memoria de la piel detrás, piel y púas subiendo a la cima de la colina:
todo lo que siempre deseó inventar estaba ahí, y ese fue el fin de la modestia

luz aficionada ondeando sobre el fieltro gris que llama la atención como una franja alar caliza y hielo bajo los pies arrugado para imaginar una edad donde empapaba

actitud de pólvora, el aroma del sílex y el gobierno separados por la escarcha, cayendo por escarpada pendiente de tres pies como barro blanco

una palidez derivada del engaño de la ventana se alzaba
mordida por el aire del río, el corazón enturbiado, un momento de amor sólo

irguiéndose entre ellos a continuación y tú le dejas pasar
la inspiración como la piel seca en su silencio decreciente

y el cielo está tan inmóvil como el corazón
su anzuelo al que atarlo



NOAR HILL

Coruscating over maize where the buff and silk and scimitar tipped contour
feather buoyed on a strong easterly passed in a second and buried deep in leaves

the memory of skin behind, skin and barbs walking up to the crest of the hill:
all he ever wished to invent was there, and that was the end of modesty

amateur light flapping on grey felt that tug to the eye like a wing bar
raw chalk and ice underfoot creased to imagine age where it soaked

gunpowder demeanour, the scent of flint and government prised
apart by frost, dropping from the sheer three foot slope as white mud

a pallor derived from deception at the window stood
bitten by river air, the roiling heart, a moment of love only

chief among these then and you are calling it in
inspiration like dry skin in its diminution silence

and the sky is as motionless as the heart
its hook to tie it from








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