lunes, 30 de marzo de 2015

JAIME FERNÁNDEZ MOLANO [15.322] Poeta de Colombia


JAIME FERNÁNDEZ MOLANO 

Nació en Ventaquemada, Boyacá, Colombia en 1960. Reside en Villavicencio desde 1966. Ha publicado los libros “Umbral de lunas” –con otros autores– Extensión cultural del Meta (1984); y bajo el sello de Fondo Editorial Entreletras, los títulos: “Mis muertes” (relatos breves) 1999, “Filo de ausencias” (poesía) 1999 y “Otras geografías” (periodismo literario) 2001.



Cantor

El cántaro que resbala de las manos del muchacho
se hace trizas
y surge una extraña música de ensueño
Dicen que al romperse
escapó el espíritu del cantor
Desde entonces
las manos del muchacho y sus labios y su pecho
les sirven de refugio
Su voz y sus canciones
habitan cómodos su nuevo cántaro
de carne y hueso.




Manual de instrucciones I
(Texto encontrado en el cajón secreto de una Brigada)

No basta la daga.
Su empuñadura debe estar provista
de una mano
Y no es suficiente.
Se hace preciso que por sus venas
corran ríos de odio
¡Ah!, y que en la mente que mueve
esa mano
exista la firme convicción
de que su oficio se hace por honor
por la reputación de un nombre
por la defensa de la patria.
No basta la daga.
Debe contar con hombres
que envuelvan en seda tricolor
este perfecto símbolo del poder
que hoy nos habita.
Y deberá mostrarse al enemigo
—con el líquido aún fresco que recorre
por el limbo de su hoja—
con orgullo y mano firme.
De nada sirve la daga
si no hay argumento que le permita
vivir una vida útil, plena
y llena de empeño en el futuro de su patria.





Soga 1

Vuelo final
que estrecha
                       y
                        me salva



Soga 2

Aprietas,

y así
asfixias
la idea de dios
que llevo dentro.


Filo de ausencias
Villavicencia, Fondo Editorial Entreletras, 1999



Piraña

Impunidad
que se pasea
bajo el agua.




Potranco

Toda
su libertad
en los muslos
del jinete




Efusión

Como el amor loco,
la boa
ama demasiado
entre sus brazos.




Alcaraván

Al subir
por el estrecho
vericueto
de sus patas,
el canto desesperado
                                  asciende,
                                              asciende,
asciende hasta su pico
para romper
los cristales
que habitan
en lo más alto del firmamento.




Luciérnaga

Como el deseo,
llega a encender
los fuegos
de la noche.




Alacrán

Cuando pincha
solo
quiere
compartir
esa emoción
que le desborda.




Abalizo

Cuando lamo
esa llaga
agridulce
que hay
por dentro,
sé que también
el alma
se pudre.




Punto de partida

La punta del alfiler
hiere mis ojos.

Al lado inverso
de la luz
deseo encontrar
viejas cenizas
que hablen
de mi existencia.




Llano

Tierra
tasajeada
por el hilo
imaginario
que galopa
entre su vientre.




Moriche

Péndulo
estático

De ti
el equilibrio
del horizonte.




Edición secreta

Sólo busco clavar mi asta clandestina en lo más profundo de tu territorio conquistado. Y que la bandera ondee en silencio mi ex libris invisible, donde conste en secreto la procedencia de esa exclusiva colección a la que perteneces.

Abrirte hoja por hoja a hurtadillas y descubrir, con el asombro de un infante, cada imagen, cada verso, cada línea, cada párrafo que dicta tu geografía inexplorada, hasta encontrar el secreto de la metáfora sinfín en que conviertes tu cuerpo, tu delicia, libro abierto sólo para estos ojos, para estas manos que te palpan en cada página recorrida a su antojo, en horas sin tiempo y sin descanso.

Oler la pulpa de tus hojas antes del capítulo que sigue, descubrir tras las solapas los sueños furtivos de tu esencia, cabalgar sobre el lomo que nos señala tu nombre y darte vuelta para encontrar las huellas de quienes relevan tus cualidades y recomiendan indagar en tus adentros.

Leer y releer hasta deshojarte, para luego pegarte. Deshojarte, pegarte y lograr la cúspide con mi nudo en tu garganta… hasta alcanzar el desenlace.

Entonces retiro mi asta y mi ex libris y los rastros de mis huellas en tus vértices, para que nada sospeche tu dueño en el momento en que vuelva a buscar con sus dedos tu lomo intacto, y abra de nuevo las páginas en el capítulo previsto, para releer, como en los últimos años, las mismas líneas del mismo párrafo, antes de que el pesado sueño vuelva a interrumpirle su lectura.









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