jueves, 19 de enero de 2017

MARÍA PAULINA BRIONES [19.879]



MARÍA PAULINA BRIONES

María Paulina Briones es una escritora, periodista y docente guayaquileña (Ecuador). En el 2013 publicó la novela corta Extrañas y en 2014 el libro de cuentos El árbol negro. Dirige La casa morada desde el 2009, es directora del sello editorial Cadáver Exquisito y, actualmente, se desempeña como profesora en la Universidad de las Artes.

Después de 20 años de haber sido suspendido, el Concurso Nacional de Poesía Ismael Pérez Pazmiño ha declarado ganadora del primer premio a María Paulina Briones con su poemario titulado Tratado de los bordes o la cercenación del estero.
Tratado de los bordes o la cercenación del estero es su primer libro de poesía. Sin embargo, confiesa que siempre ha estado cercana al lenguaje poético: “Si tu lees, por ejemplo, Extrañas, hay episodios que son muy líricos. Hay gente que decía: ¿y esto de aquí qué es? ¿es un texto poético o un texto narrativo? Incluso hay un texto poético que es anterior a todo y está publicado en la revista el Guaraguao”. Para Paulina, la poesía es el género que propone un mayor juego con el lenguaje, por lo que es posible introducirla en la narrativa y así jugar con los géneros literarios que, según ella misma cree, no deben caer en categorías estáticas.



De Tratado de los bordes o cercenación del estero, de María Paulina Briones:


Teoría de la cercenación con 
diferentes utensilios

Puñales, dagas, cuchillos, flechas, agujas, bisturíes, hachas. Elementos cortopunzantes les
dicen. Introducirlas en la carne es una ciencia
y el puñal dispuesto que aguarda la mano que no tiembla

Objetos cortopunzantes, los hay.

“El filo o la punta que concentra la fuerza viva en una superficie limitada”

¿A dónde va el residuo?
única medida vigente en la memoria,
reducto indefinido.


Instrucciones para usar objetos 
cortopunzantes

El cuchillo tiene que tener filo. El filo es sublime.
Los guantes tienen que ser negros. La tortura se ejerce en negro y con guantes.
Hay que ser hábil en el manejo de los objetos, en el tamaño de los cortes, en la profundidad 
        de la penetración constante,

Como el calvo hundiéndose en la madera joven. 

Ni una sola gota vertida fuera de ese pozo,
ningún derrame externo que permita la germinación de posibles selvas y bosques.

La fecundación tiene que ser hacia dentro, es ahí donde nacerá el universo futuro.
          Confluirán ríos y montañas, los animales verán nuevamente la luz, la vida se 
          perpetuará incansablemente. 

No puede haber riego.
Lo único que habrá son gemidos, tal vez un poco de llanto.
El torturador sabe que no es cuestión de tiempo sino de estrategia.
Otras carnes nobles recibirán este trozo de brazo arrancado de mi cuerpo.

Noble es la carne que me alimenta; también la que me envenena.

Pronóstico: la muerte.


ESCRIBIR CON EL CUERPO

[Sobre el poemario Tratado de los bordes de la poeta María Paulina Briones]

Por Ernesto Carrión


Escribir sobre Tratado de los bordes, el primer poemario de María Paulina Briones, es un asunto corporal. O, mejor dicho, un asunto corporal sobre un cuerpo que ha desaparecido, que ha sido herido, cortado, acuchillado por un victimario, por su torturador. Y este torturador lo ha hecho (ha herido la carne de quien habla en estos poemas) de un montón de formas, contadas aquí de manera ordenada y hasta sádicamente educativa, equilibradas en líneas bellas y duras cuya única meta es la liberación de esta historia.

Es un poemario escrito desde un cuerpo desaparecido. La poeta sabe que sólo se puede escribir desde un cuerpo, un cuerpo que no puede hacer otra cosa que contar la historia parcial de una vida. Porque un cuerpo también miente. Un cuerpo también se desorganiza a través de sus experiencias. Pero un cuerpo es todo lo que tenemos para construir la realidad.

¿Importa descifrar la historia del torturador y su víctima? ¿Importa reconocer al amante victimario y a la víctima en estos poemas? No lo creo. Si bien estos poemas tratan sobre un cuerpo desaparecido, destrozado por alguna inocencia, importa más lo que ha logrado María Paulina Briones trabajando con estos elementos: a) una apuesta poderosa desde el cuerpo herido;  b) una danza macabra que sucede después de que se ha terminado el escarnio; c) un manoseo dramático que únicamente la victima realiza a solas en la profundidad de su habitación. Porque toda historia de amor es la historia de un cuerpo que ha perdido. De un cuerpo que ha perdido su identidad en las manos de otro.

Tratado de los bordes está lejos de parecer el primer libro de un poeta. Exhibe una enorme destreza en cada uno de sus versos y párrafos que construyen este único poema sobre la soledad, el dolor y la inocencia que experimentan un cuerpo. La voz nos explica cuáles son los objetos corto punzantes con los que su torturador ejecuta su trabajo, nos explica la desaparición de la memoria antes que el cuerpo, nos indica, casi pedagógicamente (por momentos la voz asume una distancia tan teórica que aquello solamente me impulsa a pensar en lo íntimo de este discurso) sobre cómo fecunda el victimario hasta dejar la otra piel desaparecida. Dice María Paulina:



La fecundación tiene que ser hacia dentro, es ahí en
donde nacerá el universo futuro. Confluirán ríos y
montañas, los animales verán nuevamente la luz, la
vida se perpetuará incansablemente.
No puede haber riego.
Lo único que habrá son gemidos, tal vez un poco de llanto.
El torturador sabe que no es cuestión de tiempo sino
de estrategia.
Otras carnes nobles recibirán este trozo de brazo
arrancado de mi cuerpo.



Todo el tiempo un cuerpo está perdiendo su identidad en las manos de otro. O amenazando en perderse. Pero conviene entender que ese mismo cuerpo revivirá con fuerza para exigir, amén de nuestra fascinación por la muerte, otra nueva muerte. Una, quizás, más amable.

Tratado de los bordes es un libro que, aunque breve, construye una mirada larga sobre el amor y el sexo desde su revés; y representa, dentro de la poesía contemporánea, el surgimiento de una voz que ha llegado para quedarse, para ubicarse junto a otras voces, como las de Mónica Ojeda, Andrea Crespo Granda, María Auxiliadora Balladares, Ana Minga, la fallecida Dina Bellrham, Gabriela Ruiz Agila y Rocío Soria, organizando una nueva época para la poesía escrita por mujeres en el Ecuador. Autoras que trabajan sin miedo, reventando el lenguaje, y en un completo conocimiento de que la poesía está para relatar la sangre derramada, los pedazos infectos de la piel caída, los temores blindados de preguntas, los huesos rotos y esos dolores que se acumulan como serpientes dentro del cerebro.

Santiago de Guayaquil, noviembre de 2016



Extrañas en el Puerto
diario de un folletín

(Fragmento de la novela homónima)

MARÍA PAULINA BRIONES


Enero

Mi cuerpo no me pertenece; supongo que he de recuperarlo cuando me haya comido tu corazón. Y así, con esa hambre de recu­peración, me acosté a dormir, o debería de­cir a soñar. Soñé en sepia. Era un solo ojo, medio labio y una sola mano. Iba corriendo montaña abajo tratando de alcanzar mi mi­tad que era mucho más rápida; ¿Cómo sa­ber si debía alcanzar primero a ese otro ojo maldito, o a la boca de línea más parecida a un papel liso sin imprimir? El aire me faltó para llegar.

Al final, un gran mar de leche en donde mojé mis pies mientras desaparecían la mitad de mi labio, el ojo, y la mano que me faltaba. Parecía que los había perdido para siempre, pero  ninguna pérdida es definitiva. La circularidad determina los matices, hace que  cambien de nombres, de caras, de corazones. El mar de leche se convirtió en un algodón de azúcar y el cielo se tornó gris; cayó la nieve y mi sola mano, mi solo labio y mi ojo quieto quedaron cubiertos por los copos. La música lo embargó todo.


No me gusta despertar con un espacio
entre las piernas.

 


Febrero

Será el peor invierno y el calor trae una nue­va historia. Así la ha catalogado Extraña que empezó a buscar un trabajo nocturno y no lo encontró; por eso aceptó que el Destino le ha deparado una computadora comparti­da y cuatro moretones en la pierna derecha, por el momento.

El puerto ha empezado a descubrirse. Por las madrugadas la bruma descansa sobre las aguas del rio y se difumina por el efecto de la luz del sol. De la misma manera Extra­ña se revela; ya no se llamará Extraña sino Morelia.

Esta es una Morelia cálida, no fría ni amortajada, sino tropical y porteña.

Morelia aceptó que es una escritora, y ade­más a punto de publicar un libro o un bo­drio, eso es lo de menos. La cuestión es dar a luz un hijo de papel con pocas hojas, a ve­ces espesas, que condense el universo de las búsquedas en el Puerto.

Los moretones son secretos ¿Quién mar­ca el cuerpo de Morelia de ese modo? Sí, es cierto que Morelia lo permitió. Todas la mañanas cuando se va a bañar observa que los colores que al principio eran verde os­curo van mutando hacia un morado rosa, tan particular, tan extraño, que no sabe to­davía si en realidad dentro de los moretones hay dibujos, unos mapas que hablan de un principio accidentado, incierto, placentero.

Morelia planteará a su compañero que basta de moretones, que una mujer decente no puede andar marcada como prostituta. Lo que Morelia no le dirá al compañero sen­timental es que secretamente la idea de ser una prostitutilla, mezcla de puta y frutilla le viene bien, de momento.

Esto del inconsciente la está matando, digo, nos está matando



Marzo

No hay plan. La bomba debe estallar; esa fue la única precisión de los contratistas. Su negocio ha florecido como ninguno. Se encargan de eliminar los edificios viejos de la ciudad. Yo sólo coloco los explosivos, la cantidad precisa y luego fotografío el mo­mento, lo capturo para volver a vivirlo an­tes de dormir.

Mi habitación tiene pegadas las fotos de las explosiones en el techo. Son estrellas fuga­ces, unas rojas, otras doradas. Cuando sue­ño veo las llamas de mi cama de fuego. Mi cama se incendia todas las noches, y por las mañanas, yo apago todo con los desagües de mi cuerpo.









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