domingo, 15 de enero de 2017

IVÁN CORONA CALCAÑO [19.865]


IVÁN CORONA CALCAÑO

Iván Corona Calcaño (Caracas, Venezuela 1986). Licenciado por la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela. Ha publicado en la antología Voces nuevas del CELARG y en la Revista Nacional de Cultura. En el año 2012 ganó la segunda Bienal de Poesía Cruz Salmerón Acosta.



“La muralla constelada” (2012), de Iván Corona Calcaño


I

CARTOGRAFÍA DEL IMPERIO

Los perdidos
Por orden del emperador, la siguiente inscripción debe
estar visible a lo largo de todos los caminos del imperio:

Estos son los caminos del imperio, vastos como los
cuatro ríos.
Para el viajante que no los conoce bien, todos tienen
una dirección precisa e inequívoca, pero quien los recorre
todos los días sabe que estos caminos se confunden y
llevan hacia rumbos desconocidos e inesperados.

Así, mucho se han perdido felizmente en los caminos
del imperio.

Este homenaje para ellos.

(Pág.11)




El gesto

Cuál es el gesto único
por el cual ella entregará su amor

he ensayado con suficiencia la pose fiera del guerrero
los delicados acentos del poeta
e incluso el laborioso desdén del artesano

mas esta muchacha no se entregará
ni a las hazañas de guerra
ni al canto más dulce
ni a la inigualables joyas que fabrica con maestría el mejor orfebre

sino solo a ese gesto desconocido y fortuito
elegido caprichosamente
que no depende de mérito o sacrificio alguno
y que ni siquiera el mismo príncipe podría
fingir o forzar.

(Pág. 13)




La espera

En tiempos de sequía se ha dispuesto la siguiente inscripción.

Soltar el arado. Abandonar los campos. Retirarse a sus
viviendas. Atender con fruición los detalles de la vida
cotidiana y el amor filial y conyugal.
Entonces las lluvias volverán a caer sobre el imperio.

Así el hombre confía que caiga sobre él la bendición de
su amante, como las gotas de lluvia que el soberano cielo
derrama sobre los campos del imperio.

(Pág.14)




La dinastía olvidada

Para conmemorar los tiempos de paz y prosperidad se
encomendó en tiempos ancestrales la siguiente inscripción:

Las lluvias han caído.
La tierra ha dado frutos.
Las estrellas han seguido su curso.
El emperador no ha tenido que hacerse visible, ni nadie
le ha solicitado audiencia.

El pueblo, en medio de su contento, ha olvidado su nombre
y el de su dinastía.

(Pág. 22)



La oración

Aquí, en esta piedra, he escrito mis deseos compasivos.

Yo me habré extinguido ya o perdido en regiones lejanas,
pero en ella persiste mi fe, al margen de los caminos.

El viajero piadoso que se atreva a moverla de sitio o lle-
varla consigo, como una prenda o un recordatorio, estará
acallando estas oraciones y estos deseos para siempre,
como quien profana una tumba.

(Pág. 28)



II

EL REINO SIN MARCA

Puedes negar el canto
y aún tu corazón
ese tambor dolorido e incesante
tocaría   traicionándote   la alabanza.

(Pág.34)



Sin conocer el extremo
de tu pobreza
has querido ser parte
has querido cantar
en la fiesta más opulenta: solo se pedía
que encendieras la hoguera
que escanciaras el vino
tu papel es de sirviente.

(Pág.36)




Absurda
parece la generosidad
en la tierra de la abundancia
mezquinas todas las dádivas.

Busco un resquicio de pobreza en ti, país iluminado.

(Pág.38)




Quisiste apuntar el nombre de la llama
que te desposeía, del muro de fuego
que te apartaba de tu heredad

pero siempre conseguiste el mismo efecto:
otra quemadura en tu piel de errante.

(Pág.43)




No hemos dejado atrás al que somos, lo encontramos
siempre por delante
en algún recodo inesperado del camino.

Como una superstición, queremos pensar que somos
muchos,
que arrastramos una multitud, una lujosa procesión de
caracteres insólitos,
pero solo somos uno, el más pobre, el que negamos.

(Pág.54)



Entumecido en las alturas, desacostumbrado al movimiento,
por cuanto en las cimas todas las agitaciones son
innecesarias, todos los gestos, superfluos, inicio en este
instante un entrenamiento insólito y arduo: aprendo a
respirar el aire sobrecargado de las planicies, me deslizo
en el filo de las regiones habitables, ensayo, uno a uno,
los actos y rituales necesarios del día a día hasta alcanzar
una falsa y pasmosa impresión de seguridad.

(Pág.56)




III   

LA LLAMA FATUA DEL TRÓPICO

Casa
Que el poema sea
como la casa y su hechizo
espacio ganado a la intemperie
y al incendio

que sea como la pobre llama que enciende el hombre
contra la rica llama del país

que tiembla    que vacila

como el hielo de los amantes
hilo roto en el milagro.

(Pág. 66)




Tierra de gracia

En la tierra de gracia
ninguna ofrenda es requerida
qué puede el hombre
ante la evidencia tórrida del milagro, en el reino virgen:
y sin embargo
justo ahí tú te empeñaste en construir en consagrar
tu oficio menesteroso.

(Pág. 68)



Desgraciado el pueblo
al construir su casa en el lugar mismo del resplandor y el incendio perpetuo
conocedor de la palidez de sus hogueras
de la pobreza exacta de sus ofrendas.

Buscan aún los amantes de ese pueblo
una sombra más propicia.

(Pág.72)



Huyamos a sombras más propicias
donde el resplandor no sea incendio
y tu rostro amante me sea al fin descubierto y no obliterado
por la llama fatua del trópico.

(Pág. 78)





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