domingo, 8 de enero de 2017

ANA MARÍA CUERVO DE LOS SANTOS [19.827]


Ana María Cuervo de los Santos

Ana Mª Cuervo de los Santos nació en 1970 en París. Con pocos años se trasladó a Madrid donde reside actualmente. Es licenciada en Filología Hispánica y profesora de Lengua Castellana y Literatura de Enseñanza Secundaria. En el año 2015 publicó su libro de relatos Urmuzios. Escenas dadaístas en la editorial Verbum. 

En el año 2010 publicó su poemario Luna de agua y peces en la editorial Ópera Prima. En esta última editorial ha colaborado en varias antologías Aldea poética. Haiku (2005), Aldea poética IV. Sxo (2009), Aldea poética V. Poesía infantil (2010). También sus poemas aparecen en las antologías Enésima hoja. Antología de poetas contemporáneas (2012) y Atlas poético. Viajeras del s. XXI (2013), las dos en la editorial Cuadernos del laberinto. Ha publicado en diferentes revistas como Fragmenta, Pluma y tintero o Revista Áurea. Ha colaborado con sus poemas en la película Historias desde la oscuridad de Roberto Bolado, México, 2015.



ANTÁRTIDA

Ilumina el cielo la claridad de la nieve
más cercano en estas tierras extremas.
Los pingüinos con un tesoro de espinas en su pico
sacuden las gotas de sus aletas con plumas
casi ciegos bajo las inmensas olas del viento
petrificados por la estufa de su propio calor.
Sobrevuelan las orillas del mar las gaviotas
con la muerte aguardando en sus chillidos de plata,
sabedoras de su imperio en el inmenso vacío.
El hielo despedaza las nubes y el aire
recorta la distancia entre la nada y la nada.
Nunca vio Scott un paisaje tan bello
antes de caer muerto sobre la tormenta de sus lágrimas.

Atlas poético. Viajeras del s. XXI, ed. Verbum, Madrid, 2013





COMO GIRASOLES

Amo.
Como girasoles.
Veo estrellas cayendo desde el cielo.
Veo un avión dejando un rastro de piruetas.
El piloto me mira
y sonríe.
Como girasoles con guarnición de pescado.
Buceo en el océano buscando ostras. Escupo perlas.
La nevera vacía.
Tengo dos orejas.
Helado de fresa derritiéndose en mis zapatillas.
Como girasoles.
De tu estómago a mi boca.
Las vacas mugen en el matadero.
Tienen cables en sus cabezas.
Llueven margaritas del cielo.
Pero yo…
Yo como girasoles.

Luna de agua y peces, ed. Ópera Prima, Madrid, 2010




MARINERO

Varado en el último puerto,
el marinero teje algas en la memoria
pero el mar mece las olas y su espuma.
Planea silenciosa en el horizonte una tormenta
sin rayos ni sal.
En el zafiro de un cuenco recoge la sombra del cielo,
el clamor de las aves en la herrumbre de las pestañas.
Sus pies de coral anclados en el muelle,
sujetos los huesos con nudos de maroma,
solo queda mar en las caracolas de su rostro.
A estribor el canto de una ballena
apaga el humo de toda las batallas.
Despliega el marinero las manos a poniente,
el viento acerca el rumor de otros océanos,
perfumes de alquitrán, escamas en el aire
y comprende, pletórico el pecho como en un nuevo viaje,
cuán fácil es caminar sobre las aguas.

“Revista Áurea”, Ateneo de Madrid, 2015





MADRE

En cada uno de los rincones de mi memoria
duerme el perfume de tu piel.
Mis ojos abrigan
las caricias de tus manos.
Y tus besos. Y tus abrazos.
Amazona de mi tierra salvaje
tu oscuro cabello de diosa lejana;
Belleza eterna labrada en mi sangre
tu sonrisa me ata gigante a la vida.
Rizaron mis pupilas
tus cuentos infinitos
a la mesa de la infancia.
Más cuentos. Más deseos.
Más azul. Más mar. Más agua.
Quiero.
Quiero sostener tus años con mi alma,
abrazarte hasta traspasarte
porque amo cada gesto de tu cuerpo
feliz y joven siempre.
Ven, madre.
Cantaremos juntas a las estrellas.
Bailaremos mágicas las mañanas.

Enésima hoja. Antología de poetas contemporáneas, 
ed.Cuadernos del laberinto, Madrid (2012)




CAMINANDO IMÁGENES

Una breve danza de gorrión guía los pasos
en las delgadas calles, las hambrientas plazas
de verde.
Madrid alzada regia sobre la muralla árabe
que juega en diagonal a las cuatro esquinas,
paredes sin techo al pie de la Santa nueva Gloria.
Sobre la tumba del alcázar
mira a Oriente un pequeño Versalles
vestido todo en plumas de colores.
Fantasmas petrificados vigilan su grandeza.
Desafiante a la caída un caballo
con sangre de oliva y equilibrio italiano.
El azul intenso del cielo
se refleja en violines y arquivoltas
ascendiendo suelos y correderas
donde sonaron oros y cuchillos.
Sobre las voces de las mujeres
la piedra y el hierro
luchan bajo la espada del arcángel.
Entre el plástico observa frío el ojo de un pez.
Cafés, bares y tabernas,
pilares de una plaza que ya no arde.
Un soberbio reloj marca la fiesta.
Su mirada se proyecta
mas parpadea ante los edificios.
Delante, quizá detrás, la Gran Vía,
partida en dos desde el corazón:
de traje más pobre a lo largo del camino.
En las aceras altas algunas mujeres esperan.
No cesa la cacería a la puerta de los edificios.

ATLAS POÉTICO. Viajeras del siglo XXI




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