domingo, 8 de enero de 2017

ANA AGUSTÍN [19.828]


Ana Agustín

Natural de Ávila y periodista de profesión, actualmente, y desde hace más de una década, trabaja en Diario de Ávila.

Desde el punto de vista literario, ha publicado un libro de poesía, Viaje en ausencia (2002) y ha recibido varios premios de poesía y periodismo, como el premio Sarmiento de poesía (Valladolid, 2004), el premio de periodismo Benjamín Palencia (Ávila, 2011) o el premio de poesía Luis López Anglada (Burgohondo, 2013). También ha dirigido varios talleres de poesía  para adolescentes y adultos y ha publicado sus poemas en diversas antologías poéticas y revistas literarias españolas. Ha formado parte de jurados literarios, así como de tertulias y recitales poéticos en diferentes puntos de la geografía nacional.



HIJOS DE LA LUZ

Amanece ahora y siempre es tiempo
de volver a la oscura languidez
de los momentos solos, de estériles valles
como el que, aún contra todo, me asombra, y me perdona.
Es posible también regresar a la humedad brillante
y pretenciosa
de fuentes y de ardidas esperanzas.
Sin embargo, me amarro a plegarias que nacen de rodillas,
a besos huérfanos de labios y de carne
que se quedan marchitos en esperas pacientes.
Miro el páramo; te veo. Miro las cimas y estás en la misma cumbre
de pecados veniales que se vuelven regatos
y limpian sus orillas al son de la corriente.
Los latidos secretos me bombean tu rostro,
me piden, a menudo,
que regrese a mi abrigo,
que me cobije en este ocaso
renacido que parece perderse en lejana mirada.
He descubierto ahora
que los hijos de la luz
han vuelto a triunfar contra todo pronóstico,
contra la sombra y la humedad prestada,
adherida a las vértebras
del tiempo y la memoria.
Hijos incandescentes que aún no saben
del rumor del agua
cuando nace,
que no han tenido tiempo
de encontrar en la noche
el refugio del alma,
que no te miran siempre, como te miro yo,
que duermo en tus pupilas…
en secreto.



LA LLEGADA DEL ALMA

Hoy creí tener el alma prendida
entre los labios.
Sentí como un suspiro confundiendo
el aliento;
pensé que la garganta arrojaba
mordazas a la intemperie
pero luego hallé pedazos de algo nuevo,
más denso…
Creí tener el alma ahí,
en medio del vaho
que la respiración me arroja
después de haber amado.
Noté que ya llegaba
y me puse nerviosa
como cuando un amante
te visita temprano,
antes de lo previsto.
Creí tener el alma hoy
muy cerca de la lengua.
Casi pude rozarla con todas
las papilas gustativas;
inventé un sabor y elegí
un idioma distinto
para poder quererla.
Pensé que era mi alma,
que llegaba despacio
y luego se enredaba entre sílabas mudas
y chocaba en paredes
que este seno no alberga
y no podía escapar
temerosa al mordisco imprudente,
automático…
Hoy, creí tener el alma
dentro de la boca.



PRESAGIOS (primera lectura)

Acabo de olvidar lo que ayer
esperaba, en un futuro simple,
porvenir sin grandes pretensiones
de contacto; y así, me cuelo
en el minuto anterior al próximo
mientras sigo prendida en el tacto
-esto lo estoy tocando mañana-
que pudiera no ser más que la idea
de un presente ya pasado. Porque hoy
ya es ayer cuando vivo tu ausencia
sobre la tela nueva que envuelve
este secreto.
Porque no tengo latido en estas manos
cargadas de compases anudados,
rotas de acariciar el frío metal
de tus palabras.



PRESAGIOS (segunda lectura)

Porque hoy ya es ayer
cuando vivo tu ausencia sobre la tela
nueva que envuelve este secreto,
porque no tengo latido en estas manos
cargadas de compases anudados,
rotas de acariciar el frío metal
de tus palabras; 
sigo prendida en el tacto
-esto lo estoy tocando mañana-
mientras pudiera no ser más que la idea
de un presente ya pasado.
Y así, me cuelo en el minuto
anterior al próximo,
porvenir sin grandes pretensiones de contacto.
Acabo de olvidar lo que ayer
esperaba en un futuro simple.




UN ALTAR DE SACRIFICIOS

En el preciso borde
de la carne reciente
he instalado un altar de sacrificios.
La superficie blanda
todos mis pecados
se extiende entre sus formas
y escribo,
no para resucitarte
ni para ver el mundo
reventando, otra vez,
contra el suelo.
Escribo,
sepultada también
en la costumbre,
para no ser parásito del tiempo.
Porque, mientras consigo
convertir mi silencio
en prolongadabúsqueda,
inútilmente muerta,
inútil,
como el dulce
sabor de una manzana
a punto de extinguirse
en tu boca desierta,
otro verso es posible
y otro nombre en el tuyo.
Ya no escribo
para sobrevivir
a este rito mortal
de respirar secretos.
Escribo para salvarme.



APRENDIENDO

…Estoy aprendiendo
a sobrevivir sin verte,
a lamerme las heridas diurnas
que tu ausencia me marca
a fuego y sangre. (Las que tengo
en la noche colman todos mis sueños).
Aprendo maneras, costumbres, esbozos de sonrisas,
hasta risas grandes, según la circunstancia.
…Estoy siendo prudente,
cabal, nada impulsiva-o poco-.
Estoy aquí tendida
en un mar de latidos
que no quieremostrarse
tal y como es;
que nace y sucumbe a la arena,
que vuelve a renacer
pero se hace espuma tibia en los tobillos y se acaba…
otra vez.
También estoycansada,
no de quererte tanto,
sino de aprender cada días
a no mostrarme entera,
a no pensar en ti,
a no buscarte siempre
en la ciudad abierta.
No quiero ya ni hablar
del amor en mis versos;
no contar conreiterado empeño
que sí que eres mío cuando invento el presente:
mi piel, mi tacto,
el bendito sentido de la vista,
la magia y el milagro
que espero cada hora.
Ni una palabra más
sobre tu nombre,
esas dos sílabas que mueven
mi mundo y loiluminan todo
y me entregan la fuerza
para seguir conquistas y confines
llenos de inciertas decisiones.
No volveré a explicar cómo es tu sonrisa,
destello preciso y real;
tu mirada, tierna y honesta; tu voz,
sonora, casi cantarina y rotunda.
Ningún verso anunciará tu llegada
o tu marcha,
tu ausencia o la espera
nerviosa del reencuentro…
No hay encomienda, sin embargo,
más estéril.
Vuelvo a tu andar cadencioso
y al cristal de tu palabra
como quien vuelve al hogar,
al lugar que le salva
de todos los pecados,
que convierte en paraíso
las calles y los bares,
los turbios abrevaderos
donde beben los hombres y las bestias.
Vuelvo a ti como vuelve
la calma detrás de la tormenta,
como sucede un día a otro
y al siguiente,
como un adicto a la locura
y al amor.
Vuelvo siempre y siempre te encuentro
entre mis cosas.



POEMA INFÉRTIL

Consumo los minutos
como si fueran sangre
o tinta devorándome las venas.
No necesito nada más
que su nombre y sus labios,
clavados en el tiempo
constante de la espera.
Este paisaje infértil
que rodea la casa,
que invade como el humo
los rincones del alma,
que deja sin sentido
todo lo que poseo,
me convierte en espectro,
que engulle la nostalgia
mientras mastica pizza
y busca en Internet
la razón de tu huída.
Solo mastico sombras
de un pasado incompleto,
pertinaz, casi cierto
que abarrota mi armario
y se mete en la ducha
y duerme aquí,
en mi lecho.



CARMEN

Las olas se enredaron en tu voz
a penas comenzada la mañana.
No pudiste evitar el precipicio
y todos los sentidos se agolparon en la misma vertiente,
en esa peligrosa pureza a palo seco,
tan virgen como la duna intacta
que se empeña en mover
sus millones de cuerpos
minúsculas esferas, microscópicos sueños.
Detectamos, muy pronto, nuestros suspiros mutuos;
conocimos, también, el aroma
envuelto en viento proveniente del sur
y la luz que se acaba donde acaban las bocas
que saben a tristeza y corazones rotos.
En aquella arista viva oí tu nombre completo,
un nombre familiar, materno como lo son los brazos
y las canciones que saben a azahar y a pan recién horneado.
Y allí, en laaparente incomodidad del borde de todo
me entretuvo también
tu mirada de nómada, tus zapatos pequeños,
tu pelo vagabundo;
me entretuvo tu acierto al mirarme de frente
y sonreir, primero, y regalarme, luego
un silencio repleto de secretos cantados.







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