viernes, 8 de abril de 2016

REX BURWELL [18.390]


REX BURWELL

(MONTANA, EE.UU.- 1940). Obra: "Anti History".
 Poeta que representa al minimalismo poético.
      


El zapato del libro de cuentos
que nunca más será
agraciado por ruedos de pantalones
yace en el bosque
como un hongo de cuero
mientras cae la luz a través
de los árboles como monedas pesadas.

Rex BURWELL. Poesía minimalista norteamericana.




ZAPATOS
Finalmente ahora no me me interesan los poemas me interesan
los zapatos los zapatos tristes. Me interesa la luz azul
que surge de ellos cuando una mujer gorda
camina hacia su hogar en el crepúsculo desde su zapatería.
Zapatos de televisión zapatos que he abandonado zapatos viejos!
éscribiendo hasta tarde en la noche bajo la luz
de botellas amarillas anteojos 
lenguas colgando. El zapato marrón de la mañana
fuera de lugar en la medianoche en el salón de baile
con máscaras y violines. El zapato que yace
en el suelo como un niño que hace sumas
tiene aquí mi simpatía mi adulta simpatía
la sonriente luna en la ventana. El zapato del libro de cuentos
que nunca más será agraciado por ruedos de pantalones
yace en el bosque como un hongo de cuero
mientras cae la luz a través de los árboles como monedas pesadas.
Zapatos de juventud y vejez zapatos humanos
mas graciosos y con mas fines que un corcho que cae
mas bello que alguien atrapándolo.
Los zapatos en los pies de los esqueletos  en la tumba
los zapatos en los pies de los niños
los zapatos bajo la cama
como son pacientes los hemos obligado
a darse vuelta por donde vamos conversando durante kilómetros/ 
sin lograr hablarnos. Libros de sudor.
Libros de esfuerzo. La gastada caparazón
de colgar viajar correr y patear.
Apagadores de colillas. Fracaso de tobillos gruesos
al levantarse suspiran los cordones
como brazos muertos en las tardes los ojos
y ojales como ojos humanos la costura rasgada
el talón roto, las flores del durazno
cayendo como nieve sobre el zapato.



“ESTÁ LA AVE EN EL AIRE SOSIEGO . . . ”
—Quevedo

The bird is at peace in the air,
in the water the fish . . .
the clock in the mouth
of the shelf, the silent cornstalks
like drawings of cornstalks
that descend in the evening like a subtle movie.
Nothing expires except the light like a spoon
that falls onto the dish of evening nouns:
the tree roofs forearm
muscling under the pavement,
the salam ander in the deep fire of the shadow . . .



THERE’S YOU

There’s me walking beside the real water.
I’m going along, not even aware
I’m watching myself. Suppose my shadow
falls upon the half-seen prints
of carp feeding in the shallows
among the sick-green reeds, and suppose that moment
I glance away. It wasn’t even me;
I was replaced. It was someone else
with eyelids and cheeks.

And when you get home
letters have come for you. Cream
and manila, you shuffle them
climbing the stairs: unexpected money,
postcard from Deyd , your
broker’s dead. I glance away,
and that moment you begin
to find in a linty pocket your old
fingernail clippings, and in your desk
on scraps of paper
notes in a foreign hand.



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