viernes, 8 de abril de 2016

LAUREN SHAKELY [18.391]


Lauren Shakely

Lauren Shakely (Nacida en 1948 Cleveland, Ohio). Es una poeta americana, editora y editora.

Su abuelo fue el juez federal de apelaciones Warren L. Jones. Recibió su licenciatura en Inglés de la Universidad Denison en 1970.

Desde la publicación del primer libro, ha trabajado en la industria editorial desde hace más de 20 años, ocupando puestos de alto nivel en editoriales Rizzoli, el Metropolitan Museum of Art, aperture, y ARTnews.

Es ahora vicepresidente primero y editora de Clarkson Potter Publishing, una división de Random House, que publica entre otros a Martha Stewart.

Vive en Brooklyn.

Premios 

1977 Walt Whitman Award selected by poet Diane Wakoski

Bibliografía

Poesía 

"The Four O'Clocks" . Virginia Quarterly Review : 106–107. Winter 1979.
Guilty Bystander . Random House. 1978. ISBN 978-0-394-42494-1 .
Lunch at the counter . Poetry in public places. 1977.

Traducción 

Guillaume Apollinaire (1977). Le Bestiaire ou Cortège d'Orphée. DIBUJOS POR RAUL DUFY. Nueva York: Stinehour Press. (Esta es la reimpresión de la edición de 1911 ilustrada)

Ensayos 

Shakely, Lauren (July 1, 2001). "Leaving Home, Taking the Hearth". The New York Times. Retrieved May 7, 2010 .
"Photography changes the foods we crave". click! photography changes everything (Smithsonian Institution).




Versiones en español por Esteban López Arciga.
http://circulodepoesia.com/2016/04/american-poetry-lauren-shakely/


Dondiegos de noche

Tarde en el Union bar.
El dueño dice que si comemos sus hamburgos
nos uniremos a su mujer en el viejo Boot Hill, podría de una vez
tomar las cebollas. Allá en Ohio, donde pintan
los garajes de un rosa chillón y pavimentan el patio con corcholatas,
la memoria difusa de las flores se vuelve azul,
aunque leí en algún lado que son rojas, blancas o amarillas.
Un vecino dijo que se abren justo a la hora todos los días, pero yo
veo
a la niña que fui, de ojos tristes y rodillas de perilla, esperando por siempre
mientras las hojas verdes se mueven al lado rojo de la casa,
semillas negras yacen en la banqueta de concreto,
Mamá tenue detrás de la puerta, rechoncha, con delantal de guingán.
De sus historias sé que soy una princesa,
hija de Faraón cuidada por esclavos.
Plantamos dondiegos de noche y esperamos.
De esa lección aprendo fracaso, misterio, incertidumbre.
No importa como luzca la flor en verdad.
Digo azul con manchas amarillas. Mi madre me dijo,
en las noches largas cuando le gritaba a fantasmas sombríos o
brujas
que buscara más duro y las viera por lo que en verdad son. Observé
aquello que creía que era tan duro que en la memoria es
exactamente
lo que digo. Sé, sé que mi madre me amaba, de la forma
que una mujer sin hijos sofoca a un cachorro, amamante o rapta al
desconocido singular,
Aún así crecí pellizcando los cachetes del antirrino para hacerlo
bostezar,
ansiando por ver con claridad tal que las mismas estrellas huirían
derrotadas,
mientras arrastraba a la ciega noche con mi mochila de puntitos,
mi voluntad enferma.




El corazón monstruo

Quiero que mi corazón persiga otros corazones
como un taxi tratando de ocuparse.
Piénsalo:
el corazón monstruo
corazón se come a Nueva York,
corazón que resuelve peleas entre amantes
ofreciéndoles amor a ambos
si prometen callarse,
un corazón que. Cuando es entrevistado en televisión,
contesta amable,
“No gracias, sólo como otros corazones,”
y nunca me menciona a mí personalmente-
un corazón que cualquiera podría amar,
si no supiera ya
lo que sucede con él.




The Four O’Clocks

Late afternoon in the Union bar.
The owner says if we eat his hamburgs
we’ll join his wife up on old Boot Hill, might as well
take the onions. Back in Ohio, where they paint
garages shocking pink and pave the yard with bottle caps,
the faded memory of flowers turns out blue,
though I read somewhere they are really red, white, or yellow.
A neighbor said they open right on schedule every day, but I
see
my child self, sad-eyed, knob-kneed, waiting forever
as green leaves spread over the red side of the house,
black seeds lie down on the concrete driveway.
Mother dim behind the screen door, plump, gingham apron.
From her stories I know she is a princess,
Pharaoh’s daughter who slums to care for me.
We plant some four o’clocks and wait.
From that lesson I learn failure, mystery, uncertainty.
Doesn’t matter what the flower really looks like:
I say blue with yellow stamens. My mother told me,
in the long nights when I howled at shadowy ghosts or
witches,
to look harder and see them for what they really were. I stared
at what I thought she was so hard that in memory she is
exactly
what I say. I know, I know my mother loved me, the way
a childless woman might smother a puppy, suckle or rape the
odd stranger,
yet still I grew up pinching the cheeks of snapdragons to make
them yawn,
yearning to see so clearly that even the stars would back off in
defeat,
as I crept into the blind night with my checkered knapsack,
my ill will.




The Monster Heart

I want my heart to rush after other hearts
like a taxi trying to make a light.
Think of it:
the monster heart
the heart that ate New York,
a heart that solves arguments between lovers
by offering to love them both
if they promise to keep quiet,
a heart that. When interviewed on TV,
answers politely,
“No thank you, I only eat other hearts,”
and never mentions me personally-
a heart anyone could love,
if he didn’t already know
what was wrong with it







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