jueves, 8 de octubre de 2015

PILAR MARTÍN GILA [17.194]


Pilar Martín Gila 

Aragoneses (Segovia) 1962.

Estudió Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid y Filología en la UNED.

Es autora de los poemarios Para no morir ahora, Demonios y leyes, Ordet y Otro año del mundo, así como de otros trabajos literarios, de narrativa y poesía, aparecidos en diversas publicaciones, recopilatorios y antologías.

Ejerce la crítica literaria para medios como Nayagua, El Cuaderno, Culturamas, Quimera.

También ha colaborado en el diario argentino Clarín, revistas culturales como La Modificación, El Crítico... Desde 2013 dirige el programa de creaciones radiofónicas Doble fondo en Radio Círculo.

En su interés por el vínculo entre poesía y música, ha colaborado en diversas obras del compositor Sergio Blardony interpretadas en numerosos ciclos y festivales. Igualmente ha trabajado en varias ocasiones con la improvisadora Chefa Alonso.

En el plano educativo, también ha desarrollado la relación entre la poesía y la música impartiendo y coordinando cursos y charlas en diversos Centros.

Actualmente es presidenta y responsable del área de creación de IFIDMA.




Pilar Martín Gila 
Ordet, Col. Trasatlántica (Amargord Ed.) 



Ni otra noche 
ni ninguna otra mañana
sino ésta en la que va ardiendo
lo posible a la luz de un candil,
la tráquea de los insectos
y la palabra de los locos
en tres grandes gritos
de tantas formas dicha y desmentida,
el desierto y el estruendo sentados
a la mesa del comedor.



*



Las breves campanadas, 
las sombras deshechas a campo abierto,
la tierra aterida, los árboles opacos,
un hombre hablando solo, otro, más allá,
el ancla de la esperanza,
a lo lejos, habla con su tristeza,
la propiedad de las palabras
prendidas entre el hijo
el matorral y el carnero. 



El hallazgo decisivo de Pilar Martín Gila, lo que le ha permitido sobrepasar su primer y espléndido libro, ha sido justamente el encontrar un referente exterior (como si fuera a contarnos la película) para después abolirlo y concentrarse por completo en su propio relato. De este modo, las formas y el fraseo se hacen más musicales, en un sistema casi seriado, circular, de motivos y variaciones, collages, citas integradas, diálogos, dentro de un mismo espacio.
    La película es conocida entre nosotros con un subtítulo, La palabra, y ahí sí que el libro parece un rastreo de las imágenes fílmicas, en cuanto éstas mantienen en estado de latencia una tensión que sólo al final se resuelve: “Cómo una palabra / puede estar ligada / a lo que significa: / Levántate y anda”. Y el último plano de los esposos abrazados puede ahora leerse en el poema que cierra el libro, El Canto de Inger, una emocionante afirmación del amor a la vida traspasada por la belleza de las cosas comunes, lo que no queremos perder, lo que aquí palpita bajo el cielo mortal. 

Ildefonso Rodríguez





De Otro año del mundo
(Ediciones La Palma, 2014).

Un padre cabalga de noche con su hijo en los brazos. Esta historia que cuenta J.W. Goethe en su Der Erlkönig, inspira la primera parte del poemario. Es el mundo aún lleno de indicios y de presentimientos. Sin embargo, la segunda parte nos pone ante un amanecer que no acaba de llegar, una luz que no disipa nuestros miedos y tampoco ayuda a distinguirlos, un viaje que no consigue emprenderse. En algún momento de nuestra historia, hemos roto el vínculo que anudaba los signos y los significados, y desde entonces nos rodea la melancolía en el umbral un mundo desconocido e inexplorable. Los que despiertan más tarde piensan en sus caballos erguidos frente al agua, y tal vez por eso creen durante un momento que hay un sitio para cada uso, que hay un uso para cada tiempo, que hay un tiempo para cada sueño. No ha sido suficiente.

Pilar Martín Gila




¿Sabe el caballo quién
de los dos se ha perdido?
O corren a un tiempo
o al correr se encuentran
donde debieron separarse,
aunque oigan
el mismo pensamiento
en el cuerpo del niño,
el temor,
el estrecho consuelo
recibido del mundo,
acaso esta palabra
doblada hacia delante.





Así despuntó la mañana.

Nadie recuerda tan poca luz a estas horas. Un loco ha encontrado los ruidos del mundo y está llamando a todas las puertas. No tengo tanto miedo. Pero tampoco, tampoco conozco un amanecer tan oscuro. Puede ser alguna consecuencia del pasado siglo o la espalda extendida de una tarde

o el cuerpo del caballo 
o esta cortina que roza sin parar el cielo.
Aún es temprano
para que los niños escapen cada noche
hasta convencernos de la inocencia.





Así despuntó la mañana.

Con las primeras luces, podríamos, sin duda, simular una esperanza y repetirla sin reservas cuantas veces sea necesario, abatida la memoria. Lejos, los que allá abajo beben todavía con la misma canción hasta que nada les ofrezca desconfianza.

Si finalmente se desvanece
y queda todo tranquilo, 
tan claro
que no hay nada que ocultar
ni se adivina el río 
en el agua derramada, su goteo,
el vaivén de la suerte
o el movimiento cansado del alma.




Así despuntó la mañana.
No recuerdo si este niño 
era el cuerpo del caballo
o si los dos se dieron alcance

para pasar el sueño de pie, lo más cerca posible de un insensato baile, seguros como estamos de no poder dejar la razón en las cunetas sin que todo se vuelva más difícil.










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