lunes, 26 de octubre de 2015

JUAN GUTIÉRREZ GILI [17.282]


Juan Gutiérrez Gili

Escritor y poeta guipuzcoano, nacido en Irún en 1894. Murió en 1939 en el Brull, cerca de Montseny.

Desvinculado del País Vasco, vivió su juventud en Madrid, donde se unió a los círculos vanguardistas y a lo más granado de la joven intelectualidad española (Dalí, Barradas, Lorca, Dalmaú...). En 1912 pasó largas temporadas en Londres, de las que resultaron varias versiones y traducciones del inglés. Colaborador y fundador de revistas vanguardistas como Ultra Poesía Critica Arte Revista Internacional de Vanguardia, Surco y Estela...

[Buzos de amor]

Buzos de amor. Herrumbre en la escafandra
de la cultura; los cristales turbios,
y el corazón perdido en los suburbios
de la ciudad de nuestra salamandra.
Ella vive del fuego amoratado
que brota de los túmulos de nieve
donde el dolor entierra a quien se atreve
a comprender su corazón sagrado.
Es la ilusión. Sus calles,
en el algoso mar de la conciencia
presienten madrugadas de inocencia
sobre el verdor de los eternos valles.
Y en tanto vamos, procesión de arañas,
ebrios buzos de amor, negros y rojos,
devorando naufragios con los ojos
y elaborando tiempo en las entrañas.
Allá en la superficie las ovejas
al cuidado de cándida pastora
con su brillo de alma baladora
al rubio sol le bruñen las guedejas.
Luna y estrellas para hacer más hondo
este subser provisto de escafandra,
esclavo de la ardiente salamandra
que anilla el mundo con su amor redondo.

[Juan Gutiérrez Gili, La mano abierta, en Antología (Obra publicada e inédita), Barcelona, Ediciones Rondas, 1975, pág. 84, prólogo de J. Jurado Morales]


VENTANILLA (selección)

VIAJE
Tristeza de lo que se va.
Alegría de lo que viene.

LUNA
Alucinación, desequilibrio,
caricatura de éxtasis.
Roto que ha dejado en el cielo
la Torre de Babel.

YERMO
Emigración perpetua de un paisaje.

LLUVIA
Pedazos de la noche en todas las manos.




PERFIL HUMANO DEL POETA

Juan Gutiérrez Gili nació el 7 de marzo de 1894 en Irún (Guipúzcoa) y allí transcurrieron los tres o cuatro primeros años de su vida. En un texto hallado entre sus manuscritos deja constancia de su afecto por la región de España en que vino al mundo: «Nací esclavo en un país donde la esclavitud no es conocida. Y por ser desconocida, nadie se reconoce como yo. No es una tierra perdida en el corazón de continentes lejanos. Mi patria está en Europa. Soy español. Tres ríos confluyen en mi corazón y tienen sus fuentes en Vasconia, Cataluña y Castilla. Sobre estas rutas de sangre flotan las nostalgias del Sur».
Si se siente vinculado a las tierras vascas por haber nacido en ellas, a Cataluña y a Castilla le vinculan afinidades familiares.

Cataluña es la región de sus antepasados por vía materna y en la que pasará -en Barcelona por más señas- la mayor parte de su vida. La madre, Rosa Gili Roig, era la mayor de todos los hijos de Juan Gili, hombre emprendedor que después de haber probado fortuna, siempre con éxito, en diversos negocios, se instaló como editor creando una empresa que después de su muerte sería conocida con el nombre de «Editorial Litúrgica Española». La sede de la empresa radicó sucesivamente en Irún, Madrid y Barcelona. Tanto Juan Gil¡ como su mujer, Dolores Roig, habían nacido en Lérida o en algún lugar de su provincia. Y en Lérida nació también su hija mayor, Rosa.

La raíz castellana de Juan Gutiérrez Gili es de origen paterno. Su padre, Filiberto Gutiérrez Vicuña, nació en Ávila, de donde eran a su vez sus padres, a los que perdió, con pocas meses de diferencia entre la muerte de la madre y la del padre, siendo todavía un niño. De sus padres heredó algunos bienes que le hubieran permitido vivir desahogadamente de haber sido cuidadosamente administrados. Era hombre culto, especialmente aficionado a la música. Trabajando como corredor de libros conoció al editor Juan Gili a cuya empresa se vinculó y con cuya hija mayor contrajo matrimonio. Eran los años en que Juan Gili tenía instalado su negocio en Irún y por esta causa sus primeros nietos, hijos del matrimonio Gutiérrez-Gili, nacieron en Irún. Tuvieron siete hijos, de los cuales Juan era el tercero, primero entre los varones. Recibió el nombre de Juan en atención tanto a su abuelo materno como a su abuelo paterno que también se había llamado Juan.

Hacia 1904, los Gutiérrez-Gili se encuentran ya establecidos en Barcelona y el padre, que durante unos años transcurridos en Madrid ha trabajado por su cuenta, vuelve a estar vinculado profesionalmente a su suegro. Este admiraba las cualidades artísticas que despuntaban en su nieto mayor. Dispuso al morir que se atendiera lo mejor posible a su formación. El deseo del poeta, todavía niño, que ya sentía bullir su poderosa capacidad estética, le encaminaba hacia una carrera de Humanidades, pero por diversas circunstancias sólo pudo hacer estudios de Comercio que simultaneó con el trabajo en la Editorial fundada por el abuelo, que entonces llevaba el nombre de «Herederos de Juan Gili». Hacia 1912 pasó un año en Londres, donde trabajando en oficinas aprendió perfectamente el inglés. El espíritu laborioso que respiró en el ambiente familiar aliado con su fuerte instinto artístico le llevó a procurarse autodidactamente una vasta y profunda formación cultural. Introducido en el periodismo encontró en ese campo profesional una actividad afín con sus inclinaciones.

En 1918 se da a conocer con «Primer libro de versos". El título manifiesta claramente la intención del autor de afirmarse como poeta con sucesivas publicaciones. En 1925 aparece «Surco y estela». Mientras tanto ha pasado algunos años en Madrid donde fue cronista de «El Correo Catalán». Entonces tuvo ocasión de conocer a muchas de las principales figuras literarias de la lengua castellana y de alternar en los círculos intelectuales que en torno a ellas existían. Sólo mucho más tarde, a los 25 años de su muerte, en 1961, salen a la luz nuevos escritos suyos, breve muestra de su abundante producción inédita, seleccionada por el amigo, y también poeta, José Jurado Morales.

Comentando esta obra editada en 1964 decía Melchor Fernández Almagro («La Vanguardia», 15-VII-65) que las dos obras publicadas en vida del poeta fueron lanzadas por el autor «sin ansia publicitaria de ninguna especie, con la modestia que es propia de la vida llevada sin preocupaciones de avance en el camino profesional». Pero sólo en el sentido de que no deseaba la notoriedad por sí misma, de la que Juan Gutiérrez Gili estaba especialmente desprendido como afirma el mismo crítico, cabe entender que no se sintiera urgido a progresar como poeta. Como comprobante de que era eficaz la depuración estilística, con que iba mejorando su propio nervio poético, al publicar «Surco y estela» buscó expresamente el comentario de la crítica y lo obtuvo en tono muy elogioso.

Ya dos años antes de publicar «Surco y estela» Juan Gutiérrez Gil¡ había mostrado un anticipo de su próximo libro con la lectura de algunas de las poesías que por entonces estaba escribiendo. El acto tuvo lugar en el Ateneo de Madrid, el 31 de marzo de 1923, y poco después se repitió en el Ateneo barcelonés. La prensa de ambas ciudades se hizo eco de cada uno de estos actos.

«El Sol» (I-IV-23) terminaba su reseña diciendo: «... el público, con sus aplausos, alentó al joven poeta a que siga en su camino, para lo que muestra entusiasmo y condiciones no comunes.» Y «El Heraldo de Madrid» (3-IV-23) comenzaba la suya diciendo: «Casi todos los días lee algún señor versos en el Ateneo; pero casi ningún día se oye allí la voz de un poeta. Por raro caso hemos podido escuchar ahora a uno. Gutiérrez Gili es, en efecto, uno de los pocos escritores de versos que están realmente asistidos del don de poesía.»

No menos favorable al poeta se mostró la prensa de Barcelona, donde era ya algo conocido. De la crítica de «El Correo Catalán» (9-V-23) son los siguientes pasajes: «Tiene Gutiérrez Gil¡ sobrada cultura literaria, potencia creativa y poder mágico y prodigioso en la versificación para dejar el sello de su prosapia aristocrática en cuanto toque y diga, aun en el caso de adaptarse a los libérrimos cánones de las más libres escuelas poéticas."; «La lectura de ayer trajo auras de novedad y de sensación insólita a nuestros cenáculos literarios, al selecto concurso que aplaudió las imágenes sutiles, los ritmos nuevos, aquel sonoro juguetear con todas las cosas de la tierra, del cielo y del mar, arrancándoles símbolos y haciendo florecer en cada símbolo una idea, una llama, un afecto.»

Y a la crítica de «El Diluvio» (9-V-23) pertenece esto pasaje: «Dos características esenciales se advierten en la nueva manera de decir de Gutiérrez Gili: la justeza en la imagen, el anhelo de dar la plasticidad debida a las sensaciones -que acaso parezca erróneamente atenuar la emoción en un principio-, y el oportuno y sabio empleo del adjetivo, mágico resorte del matiz personal de su obra.»

Estas reseñas de la prensa barcelonesa se refieren también a las actividades literarias que el poeta ha impulsado en Madrid de donde acaba de regresar. «Gutiérrez Gil¡ después de largo convivir con las escuelas poéticas de jóvenes inquietos en Madrid, retorna a los lares paternos y, como viajero venido de exóticos países, nos recitó visiones, y tradujo impresiones líricas de la tierra de su "plus ultra".» («El Correo Catalán»). El crítico de «El Correo Catalán» se refiere al movimiento literario «Ultra» en el que intervino Juan Gutiérrez Gili, y remarca con el adjetivo «plus» la posición adelantada que en el mismo ostentaba. Refiriéndose a estos contactos literarios que mantuvo en Madrid decía desde Sevilla, en 1925, al comentar «Surco y estela» el crítico literario de «El Noticiero de Sevilla» (16-X-25): «Hace cinco años. Alrededor de Rafael Cansinos-Asséns, el gran escritor sevillano, se reunieron unos cuantos jóvenes poetas descontentos, iniciando aquel movimiento literario que se llamó ultraísmo y que si no consiguió derribar los viejos ¡conos y destruir el reino de la metáfora, por lo menos trajo un aire nuevo a nuestra literatura, tan falta de ventilación, tan encerrada en sus academias, en sus bibliotecas, en sus cafés, tan llena de humedad y de polvo. Entre estos muchachos, que se llamaban a sí mismos escritores de vanguardia, destacaba Juan Gutiérrez Gili, el joven secretario de «Tab!eros», la revista de los «Ultra», uno de los más positivos valores de aquel grupo, que se ha ido disolviendo y naufragando, salvándose muy pocos, los que eran verdaderos artistas, verdaderos, poetas... »

La lectura de «Surco y estela» despertó viva admiración en los críticos literarios de los más diversos periódicos y revistas. La reseña aparecida en ABC de Madrid (5-VII-25) es un buen exponente de esta general reacción tan positiva.

«El autor revela en los poemas que acabamos de leer con singular complacencia, una inspiración delicada, rica en matices y que sabe hallar en los temas que aborda las más emocionantes facetas.

Poeta fácil a despertar en el lector encantadoras sugestiones, Gutiérrez Gili da a sus versos, con la profundidad de ideas trascendentes, la amenidad y la emoción de que aparecen ungidos.

La métrica del autor de «Surco y estela» responde en todo momento a esa inspiración varia, ondulante, flexible, y se adapta al sentido poético con estrofas y frases de opulenta turgencia o de sencilla elegancia, según requiere el momento de emoción.

"Surco y estela'" es, en suma, un libro lleno de alicientes y de belleza.» 

Y en Barcelona, tanto en la prensa de lengua castellana como en la de lengua catalana, se descubre en «Surco y estela» a un gran poeta. Sirva de muestra un pasaje de la crítica publicada en «La Veu de Catalunya» (noviembre de 1925): «En Gutiérrez Gili ... mostra una gran originalitat, una personalitat interesantíssima que fa esperar grans coses de la seva sensibilitat poètica, del seu enginy, del seu artístic domini de la paraula. A cada punt us sorprenen i delecten les troballes que fa el jove poeta. Aquest llibre no us dóna la sensació d'una primera obra prometedora, sinó de la realització plenament reeixida d'un bell propòsit.»

Expresión inequívoca de la consistente envergadura poética de Juan Gutiérrez Gil¡ es la gran expectativa que despertó la madurez alcanzada en «Surco y estela». Con frecuencia se le compara con los mejores poetas del momento en lengua castellana. Se reconocen en su poesía, como en la de la mayoría de los mejores poetas de entonces influjos juanramonianos y de Antonio Machado, pero se advierte también en ella el sello personal e independiente característico de los poetas más geniales. Así «El Sol» (II-VIII-25) decía: «Oyéndolo sentimos de pronto una voz no desconocida, la del Juan Ramón Jiménez de ayer («¿Volverán los saltimbanquis -con el oso y la carreta?») o la del Juan Ramón Jiménez de hoy («¡Un huevo de azogue! - ¡Una estrella de agua!»). Pero la voz que predomina no canta con timbre ajeno.» 

Una crítica insertada en «Diario español» de La Habana (14-XII-25) terminaba diciendo: «Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado influyen todavía, a nuestro juicio, en Juan Gutiérrez Gili. Pero esto no es defecto; lo sería si el poeta admitiera la influencia como norma definitiva, pero advertimos en "Surco y estela"' destellos de poesía y emoción muy personales.»
Lo mismo reconoce, muchos años más tarde, José Jurado Morales en las palabras de presentación de «Poesía y prosa en su vida» (1964): «Su vena poética, tan vigorosa, fluía en versos transparentes, delicados - que si al principio acusaban cierta resonancia a lo Juan Ramón Jiménez (como los de casi todos los poetas de aquel tiempo), siguieron luego su propio surco, acentuándose en ellos un lirismo personal, sin mácula.»

No es extraño que en la citada crítica de Sevilla el nombre de Gutiérrez Gili figure entre los de algunos de los poetas más conocidos de la primera mitad de nuestro siglo: «La poesía de hoy no es para tenderos; los Machado y los Jiménez, los Gerardo Diego y los Gutiérrez Gili ofrecen -a la sensibilidad moderna panoramas maravillosamente sutiles, perspectivas de una amplitud que no acierta a abarcar la mirada torpe. cansada o insensible de la multitud.»
Ciertamente no es apta para almas apagadas la buena poesía de cualquier época, pero la de aquellos rastros se muestra capaz como pocas de sacar a los hombres del sueño multitudinario. También en esto la poesía de Juan Gutiérrez Gili está a la altura de la mejor poesía de su tiempo por su sello propio y por su profundo humanitarismo y buen gusto que le inmuniza de excesos esotéricos. Esta cualidad de su poesía fue diversamente captada en la crítica de "Surco y estela": «... Gutiérrez Gili es un home modern, moderníssim. Però, el seu gran art no li permet mai que la modernitat el dugui cap a exageracions de gust dubtós, com tants casos trobem en la moderna escola poètica espanyola, amb la qual res té que veura Gutiérrez Gili, que la supera en tots aspectes.» («Justicia Social», Barcelona, 25-VlI-25.) .

No interrumpió el poeta su actividad creadora tan halagüeñamente encarrilada. Su afán de perfeccionamiento y su escaso afán publicitario junto a ciertos factores externos impusieron un ritmo sosegado a su producción. En 1923 tiene que regresar a Barcelona necesitado por su familia al quedar el padre paralítico. Es entonces cuando comienza a trabajar en «La Vanguardia», con un horario fijo, hasta entrada y avanzada la noche. Hay una inconfundible relación entre sus forzados trasnochamientos y su amorosa visión de la noche, la aurora, la niebla... y su cierta prevención a la mañana y al día, como si en la oscuridad estuviera la verdad y en la luz ruidosa del día lo falso. Contrasentido que es necesario descubrir para calar en lo más hondo de su poesía. En 1928 contrajo matrimonio. Habiendo conocido a la que sería su mujer (Jacoba Comas )unos diez años antes de casarse, mantuvieron un breve idilio que a pesar de su pronta interrupción dejó profunda huella en sus almas. El recuerdo del amor perdido y el deseo de poder rehacerlo inspiró buena parte de las poesías de los libros «Elegía» y «Flor». En la vida matrimonial encontró la inmensa felicidad con que la había soñado. Tuvieron cinco hijos -la última nacida en 1937, dos años antes de su muerte-de los que se ocupó celosamente sin escatimar sir tiempo.

Paso a paso, entre 1925 y 1939, año de su muerte, de su pluma salieron multitud de poesías. Es muy probable que no las fuera publicando entonces por falta de recursos económicos y por el rigor exigente con que se juzgaba a sí mismo como escritor. Pulcramente terminadas, muchas de ellas, fueron concienzudamente ordenadas por él mismo. La guerra de 1936-39 postergó estas proyectos y la muerte del poeta que coincide con la terminación de la guerra los llevó también a la tumba, de donde vuelven ahora a la vida. No conoció las más directas incomodidades de la guerra -ni estuvo en el frente, ni fue perseguido-, pero su fina sensibilidad espiritual padeció por los sufrimientos ajenos indeciblemente y su cuerpo experimentó toda clase de privaciones. En las primeras horas del 28 de marzo de 1939 entregó su alma a Dios, como víctima postrera de aquella contienda que dolorosamente había contemplado, con ojos atónitos, y cuyo fin empezaría a ser inmediato horas después de su muerte, con el hundimiento del frente de Madrid, de lo que se enteró ya en la eternidad, presentida y deseada inexplicablemente desde antes de estar enfermo. En su muerte se cumplía el deseo que había manifestado en una de sus últimas poesías:


«No quisiera dejaros, seres y tierra y sueños, 
un mediodía denso; me quisiera 
morir de madrugada, cuando todo renace.»


Desde la muerte de su amigo entrañable el pintor Rafael Barradas, ocurrida en 1929, la idea de lo infinito le obsesionaba. Así lo afirma en las palabras que pronunció en el homenaje al pintor desaparecido celebrado en el puerto de Barcelona el 18 de febrero de 1929. Y pensar en lo infinito era para Juan Gutiérrez Gili pensar en la muerte. Su alma meditativa unió admirablemente estos dos temas en muchas de sus poesías. Para él, que vivió auténticamente todas sus inquietudes, la vida eterna no era una divagación esteticista sino una arrebatadora realidad, que afincada fuertemente en su vida, le llamaba con voz poderosa. Esta incontenible y personal inquietud por el más allá aumentó en los años de la guerra.

Sus restos mortales reposan en el pequeño cementerio de un villorrio desparramado en una de las laderas del Montseny, El Brull, donde pasó las últimas semanas de su vida luchando con la muerte en un sanatorio.

No es posible llegar a una semblanza completa de Juan Gutiérrez Gili en estas líneas pero sí cabe reforzar los trazos del perfil en ellas dibujado con algunas indicaciones más sobre su actividad como escritor y sus inquietudes intelectuales.

Era un buen experto en poesía clásica castellana. Publicó en 1926 un libro de canciones de Navidad de nuestro siglo de oro y de algunos poetas catalanes. Una reseña del momento decía:

«Un buen presente navideño. Nos lo traen Gutiérrez Gili y Barradas y viene en libro, con mezcla de libro escolar y moderno. "Canciones de Navidad" es una antología de canciones de Navidad clásicas. Allí están las de Lope de Vega, Góngora, Valdivieso, y, a veces, el romancerillo se filtra. Gutiérrez Gili, ha traducido a un verso castellano que conserva toda la exactitud del original, unas canciones de Jacinto Verdaguer y del romancero catalán.

Barradas ilustró el libro plana por plana y la portada, con un Iápiz tocado de la gracia de Navidad." ("La Noche , Barcelona, 27-XII-1926.) 

¡Barradas! Al pronunciar este nombre se evoca un capítulo importante de la v¡da de Juan Gutiérrez Gili. Rafael Barradas, pintor uruguayo, pasó en España los últimos quince años de su vida, viviendo en Madrid y en Barcelona. Gravemente enfermo regresó a su país a finales de 1928 donde murió el 12 de febrero de 1929. Encontró en Juan Gutiérrez Gili especial comprensión por su obra artística transida del interés por lo trascendente que a él le animaba. La admiración de Barradas por el genio poético de Gutiérrez Gili fue paralela. En carta desde Madrid, felicitándole por "Surco y estela", percatado a fondo de sus aptitudes poéticas, considera este libro una muestra muy pequeña de lo que su autor podía dar de sí:

«Trabaja mucho, Juan trabaja mucho, tú tienes que hacer una obra grande, decir muchas cosas grandes. Yo siempre creí en ti, y ahora que el tiempo venció alguna cosilla, ¿cómo decirlo? así, así de chiquillada traviesa, pero siempre graciosa... te digo como ayer, en este nuestro café de Oriente: ¡eres un gran poeta, querido Juan!»

Juan Gutiérrez Gili fue un asiduo contertulio de las reuniones que Barradas congregaba en su sencillo hogar de Hospitalet. El «Diario de Barcelona", ha recordado recientemente, en unas entrevistas retrospectivas tenidas con algunos de los que allí acudían, al Ateneíllo de Hospitalet, nombre con el que designaban informalmente dichos encuentros (6-VII-73, entrevista con Juan Alsamora y IO-VIII-73. entrevista con Sebastián Sánchez-Juan). 

Alsamora dice que Barradas, era ya considerado como «un talento excepcional en múltiples manifestaciones; artísticas» en la «Historia del Arte» de Woerman. Cuenta también que en febrero de 1927 se dio un banquete a Barradas con motivo de su próximo viaje a París y a Gutiérrez Gili por la aparición de su nuevo libro de versos. Quizá se trate de un homenaje tardío por «Surco y estela» o de uno de esos proyectos de volver a la palestra que finalmente Gutiérrez Gili dejaría para ese más adelante que no acabo de llegar.

Sánchez-Juan recuerda que Barradas bautizó al grupo que se reunía en su casa con el nombre de «Los 14» y da la relación de estos 14 y alguno más: Juan Gutiérrez Gil¡, Luis Góngora, José María Sucre, Juan Alsamora, Angel Ferrant, Luis Capdevila, Sebastián Gasch, Luis Montanyá, Víctor Sabater, Juan Cuyás, Carlos Albesa, Mario Verdaguer, "Siau", García-Lorca, Dalí ... Recuerda también las dificultades económicas que padecía Barradas por no ser su obra bien cotizada a pesar de ser muy conocido. Esta circunstancia le permite referirse a otra actividad a la que se dedicó con la colaboración de Gutiérrez Gili.

«Barradas pintaba decorados para la compañía teatral de Martínez Sierra. .Pues bien, la primera actriz de la compañía citada decidió que se prescindiera de los servicios del uruguayo; además esa misma dama hizo desarrollar por otro pintor la idea que había presentado al teatro, en su debida forma, Juan Gutiérrez Gili. De ahí, creo yo, el más bello soneto pesimista que se ha escrito en castellano:

«Tremola tu gloria, desengaño
hasta que toda la ilusión consumas»

Se trata del soneto con que se cierra «Surco y estela».

Juan Gutiérrez Gili fue también un magnífico prosista. Sus principales textos en prosa son sus colaboraciones en «La Vanguardia»: críticas literarias y una colaboración periódica consistente en un breve comentario poético-sentimental sobre sugerencias del momento que firmaba con el seudónimo de «amigo» en inglés: «Friend». En 1964 la edición preparada por José Jurado Morales comprendió también diversos escritos en prosa de gran calidad poética y de contenido principalmente sentimental y filosófico.

Entre sus escritos inéditos se han hallado multitud de datos y anotaciones recogidos con la intención de escribir una obra que podría tener por título a juzgar por su contenido: Filosofía de la palabra.

La inquietud filosófica es otra de las venas fuertes de su personalidad. Una prospección por sus poesías lo evidencia inmediatamente. Los temas principales de su penetrante indagación mental son como ya se ha dicho más arriba la vida terrena del hombre y la vida eterna. Los dos fragmentos en prosa que ponen fin a la parte ya editada de la presente edición son exponentes de esta doble vertiente característica de la disposición mental de todo ser humano, pero singularmente agudizada en un temperamento poético, y radicalmente planteada en Juan Gutiérrez Gili.

La vida terrena es entendida en sus poesías como movimiento: el cambio es el constitutivo esencial de nuestro paso por la tierra. Pero, en el fondo, nada cambia porque el hombre está radicado en la eternidad. La temporalidad es lo variable, la eternidad lo permanente. El tiempo es algo real en cuanto está sustentado y animado por la realidad eterna. Y las modificaciones que experimentamos en la vida nos permiten renovar el empeño de eternizarnos: ésta es su finalidad. «Retorno inesperado del comienzo; y todo dentro y fuera, está lo mismo. Sólo ha cambiado de derecha a izquierda el plano sideral». A continuación el breve texto final de la primera parte de la presente edición se refiere, en cambio, a la permanencia en la eternidad ya conseguida para siempre: «Y en la misma penumbra del ensimismamiento que por todas las partes de la memoria atrae, sigo perdido con el hermano sueño que ya nunca jamás me dejará un instante.»

A veces la perspectiva de la eternidad es ocasión de mantener despierta la ilusión de vivir: 

«Si tropezando en nosotros mismos 
vamos de sueño en sueño, 
de sorpresa en sorpresa, 
¿cómo no zozobrar en delicia imprevista 
por esta mies en gloria, en constante cosecha, 
acechados de amor por aire y tierra?» 

(«Descripción y paisaje", Pág. 147). 



Otras veces la misma vida terraria es un resorte para el optimismo porque siempre hay algo por hacer mientras quede tiempo por delante, sin que puedan debilitarlo ni el fracaso ni la añoranza:



 «Si todavía puedo morirme 
y vivo de saberlo, 
no cuentes las primaveras 
que, más pobres que tú, 
se extinguieron porque nada 
podían darme ya para este poco de tiempo 
que tienes todavía para darme.) 

(«La Mano abierta», Pág. 75).



La real trascendencia de Dios con respecto a las criaturas es vislumbrada al contemplar el universo tanto en la totalidad de los seres limitados, como en cada uno de ellos, por insignificante que parezca. Así la eternidad está pronosticada en la pluralidad incontable de las cosas creadas y en su continuidad aparentemente inacabable que permito al hombre adquirir eternidades sumidas en la tierra: 


«Pienso que todavía 
han de nacer millones de pájaros y rosas.  
Así voy viendo cosas al través de las cosas. 
... Debiéramos ponernos de acuerdo en un día de mayo  
para saber qué hacer de nuestras almas, con nuestras almas 
juntas o dispersas, 
pero siempre algo digno de despedirse tranquilos y seguros 
de la duda y el ansia 
y romper, paz adentro, alegremente.» 

(«Poesía y prosa en su vida», Pág. 64). 


«Pero al fin nada muere: 
la nieve es agua de fuente. 
Con los mil piececitos dorados de la noche 
harán rodar mi vida -como a una noria fresca- 
las guirnaldas sin fin del horizonte.» 

(«La mano abierta», Pág. 87). 


A su vez cada individuo de la naturaleza es un exponente de toda la realidad: 


«Se abre una flor, y en la fragante rama 
lo que se expande es todo el universo.»

 («Poesía meditativa», Pág. 261).


De dos maneras el ser de Dios influye en el de las cosas, ya como la voz más recóndita de todo cuanto existe, ya como una luz que parpadea a lo lejos. En el interior del hombre resuena la voz de una realidad superior, a la que tiende: 


«Prendido en tus caminos y ramajes  
-como lucerna esclava de las minas- 
buscarás los auténticos parajes 
en donde el universo no se pudre  
descortezado en desprendidos cielos 
como este firmamento que nos cubre.» 

«(La mano abierta», Pág. 77). 


Y en la tierra late una realidad misteriosa por su conexión con el más allá, misterio que el agua simboliza y hace sentir al alma:


«El hondo misterio terreno y astral  
está en cautiverio 
de frágil cristal:
¡oh divino imperio de amor maternal!» 

«(La mano abierta», Pág. 49). 


El misterio no puede ser descifrado del todo no por lo que tiene de terreno sino por lo que tiene de eterno, porque de su propia intimidad nada trasciende a la tierra: 

«Allá en la superficie las ovejas 
al cuidado de cándida pastora 
col, su brillo de alma baladora 
al rubio sol le bruñen las guedejas.» 

(«La mano abierta», Pág. 84) 


El sol, es dorado por la acción de las estrellas. Los hombres no vemos su potentísima claridad y desde una perspectiva corta, por simplemente humana, se tiene al sol por más fuerte que ellas. El cielo diurno, soleado, es sólo el techo marino bajo el que vivimos en la tierra, más allá del cual brillan las estrellas, corona del mismo Dios que es causa del sol que nos alumbra. Puede, sin embargo, el hombre con la luz clara de la inteligencia atravesar los límites de lo sensible y comprobar la penetrante superioridad del Creador. Incluso en medio de una oscuridad excepcionalmente densa se alcanza esta claridad celeste que impide desorientarse: 


«Y los brazos más negros de la hoguera 
las Sierpes más violentas de la duda 
oyen por un instante la música del pensamiento.
Los venenos son néctares. La conciencia vibra 
como ese ojo inmenso del agua que contempla.» 

(«Fulguración», Pág. 290).


No se limita el hombre a ver el cielo desde la tierra sino que llevado de su mayor o menor capacidad poética puede atreverse a describirlo. La primera impresión que se presume tener de las riberas del más allá es un sin fin de tiempo: «¡Qué muralla infinita de días y de siglos!» «(Fulguración», Pág. 290). Es la tierra vista desde el más allá, "a flor de cielo" («Flor», Pág. 219), primera visión eterna, cuando «el horizonte baja en el momento en que acuchilla el tiempo («Fulguración» Pág. 290).

Al pasar la frontera de la muerte el mundo se extingue y una vida perdurable espera a los hombres: 


«El universo encrespa sus rapsodias 
...... 
Palomas y murciélagos en tropel se despeñan  
y las sirenas lloran a sus delfines muertos.» 

(«Fulguración», Pág. 290) 


«Ved cuántos remos verticales  
guían los hurras de los muertos que vuelven." 


(Id.). El tiempo ha terminado, el universo se desploma, y el alma humana inexperta aún en el Paraíso no puede expresarle cumplidamente: 


«Todavía no he entrado bastante en sus esferas 
para saber qué son la eternidad y el todo. 
Por ahora en la nada me reconozco apenas, 
y os veo solamente como varas de humo». 

(«Poesía y prosa en su vida», Pág. 67). 


La eternidad es entendida como un todo compuesto por varias estancias -esferas-, en las que el hombre se reconocerá tal como es, salvada plenamente su individualidad en Dios, ámbito común de todo lo que es eternizado.

El constraste con lo terreno es otras veces la forma de hacer expresiva la vida eterna. Frente al orden mecánico, corporal, de la materia, el orden moral de los espíritus se concibe como todo lo contrario, no encontrando palabras más acertadas para expresarle que «caos» y «anarquía». 


«Y estoy tan bien aquí en este caos puro  
donde entré de alborada mientras todos dormían!» 

(«Poesía y prosa en su vida», Pág. 67"; 


«Que, todo se nos muestra con impudor glorioso. 
Que nada nos rechaza con azar esquivo. 
Que no hay norma posible sino el amor en todo 
y sólo la anarquía es sentimiento vivo». 

«(Fulguración». Pág. 291). 


Es la exaltación vigorosa de la plenitud del ser que ha conseguido su fin último, después de haber suspirado en la tierra por la superación del tiempo voluble y caprichoso. Por fin entonces la mañana y el día son verdaderos: 


«Arrebolada y loca la mañana divina 
nos arranca del tiempo 
y nos abre su espíritu». 

«(Poesía meditativa», Pág. 255); 


«Venid, amigos, disputad mi alma, siquiera unos instantes, 
a esta mano de lirio que me oprime. 
...... 
¡Ah, si como la música oceánica 
sus yemas estelares 
escondiera en su propia caracola, 
y me dejara libre para el salto 
que no troncha sus pies en playa alguna!»

 («Elegía ",Pág. 168).

En ocasiones la nada es palabra utilizada para referirse al pasado que se pierde en lontananza, donde los seres recordados son «varas de humo». Con ella se libra una pelea para remontar la cumbre de la vida perenne: «Realidad para siempre, la de irse un poco del mundo, lo suficiente para volverlo nuevo. Es como encontrar el amor, vencedor de un torneo con la nada, pálido y apetente de perennidad, contagiados los ojos de estuco de sanatorio».(«Fulguración», Pág. 293). Otras palabras que utiliza Gutiérrez Gili para referirse al bien inacabable son frío, soledad, inercia, ahogarse..... no encontrando otras que expresen directamente lo que nos trasciende. Tienen sentido positivo análogo al de la palabra caos. 


«Bien veo que esta dulce querencia al paraíso  
hecho de semejanzas en palpitante nexo,  
glorifica la vida, toda pasión de cielo 
moderador del caos en orden indiviso". 

("Elegía", Pág. 198). 


La perfección eterna, llamada caos, es la más perfecta de las ordenaciones: ordenación sin excepciones.

Situado anticipadamente en la eternidad en alas de la inspiración poética , surge el recuerdo de los que en la tierra permanecen para compadecer su suerte y pedir que no se lamenten inútilmente por su partida. La ausencia de los que se fueron ya para siempre no debe abrumar a los que todavía permanecen en la tierra porque cada momento, cada partícula de la vida humana, puede valer una eternidad y porque el reencuentro en la eternidad es inminente: 


«No llames más a mi memoria, 
que no da lumbre la ceniza. 
Canta si el eco de mi voz te ronda, 
mírate en el espejo del vacío, 
llena el mundo de ti, descorre el velo 
del crepúsculo, y riega con la nube 
de la angustia el alegre jardín de tus mejillas». 

("Poesía y prosa en su vida", Pág. 68); 


«No me busquéis. Vivid como si nada,  
sin sufrir por llegar a mi secreto. 
Ya volaréis el día en que revuelto el pegaso del mar os tienda el ala. 
De alma en alma se va llevando el mundo a los parajes de la eterna verdad». 

(Fragmento no incluido en esta «Antología»). 24 de junio de 1975.-

50.' aniversario de «Surco y estela» Juan Jacobo Gutiérrez Gili, "Perfil humano del poeta" , Antología , Rondas, Barcelona, 1975.-











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