jueves, 22 de octubre de 2015

BENITO VALENCIA CASTAÑEDA [17.268]


BENITO VALENCIA CASTAÑEDA

Benito Valencia Castañeda fue un poeta, investigador y abogado español nacido en Medina de Rioseco (Valladolid) en 1855 y fallecido en 1925 en la misma ciudad.

Poética

Su poesía se encuadra, en un primer momento, dentro de un tardío romanticismo, de índole sombrío en unas ocasiones, o intimista en otras (la huella de Espronceda y de Bécquer es evidente), donde la naturaleza y los espacios juegan un papel primordial, haciéndose eco del estado de ánimo del poeta. Y, ya más en consonancia con su tiempo histórico, sus poemas también orbitan bajo la influencia del naturalismo poético, quizás menos lírico, incluso pretendidamente prosaico, donde la voz de Campoamor con la introducción del lenguaje cotidiano es palpable, que hacen hincapié en las anécdotas más características de la vida y asocian un marcado tono de ironía o de inevitable resignación.

La presencia de la muerte, el paso del tiempo, el sentido de la pérdida y el desengaño amoroso son sus temas recurrentes, expresados a través de una importante variedad estrófica y métrica.  

Casi toda su poesía, compilada en un solo volumen, fue escrita en la década de los años setenta del siglo XIX.

Obras

Poesía

-Rimas. Gaviria y Zapatero Impresores del I. Colegio de Abogados, Valladolid, 1879.   

Prosa

-Crónicas de antaño. Sociedad de Estudios Históricos Castellanos, Viuda de Montero, Valladolid, 1915. Edición facsímil a cargo del Servicio de Publicaciones de la Diputación Provincial de Valladolid, Valladolid, 1981.

(En la presente –y pequeña– selección de poemas –todos son completos– se ha optado por la actualización de la ortografía según dispone la NUEVA GRAMÁTICA DE LA LENGUA ESPAÑOLA  de la RAE. Así mismo, en mínimas ocasiones, se ha preferido un puntuación más procedente que la del original, evitando de esta forma patentes arbitrariedades).

POEMAS

EN EL CEMENTERIO

 Se extingue en occidente la luz del claro día,
al sol sirven de tumba las olas de la mar,
acercándose la noche que lóbrega y sombría
esconde entre su manto la dicha o el pesar.

Reposo inalterable domina por doquiera,
ni un eco lastimero se escucha en derredor,
ni un astro vaga errante por la azulada esfera,
que el cielo está teñido de cárdeno color.

La mente, que se ofusca, supone que abandonan
espectros mil las tumbas en que sin vida están;
que todos de consuno sus manos eslabonan
los unos con tibieza, los otros con afán.

Y en las alas de los vientos parece que se elevan
buscando nueva vida, volando a otra región;
y en su faz demacrada patentes señas llevan
los unos de alegría, los otros de aflicción.

De sus desnudos huesosos despréndense vapores
que aumentan y decrecen con gran celeridad;
y esos tristes fantasmas de múltiples colores
difunden mudo espanto por esta soledad.

El uno, siendo presa de algún dolor profundo,
inclina su cabeza, murmura una oración;
el otro, renegando del Creador del mundo,
formula entre sus labios impía maldición.

Y todo esto conmueve, causando pena tanta,
que el alma en su delirio lo cree realidad;
mil súbitos temores anudan la garganta
y acosan a nuestro ánimo con duda pertinaz.

Mas –¡ay!– vuelve la mente, por el dolor transida,
a ver con fría calma lo que hay en derredor,
y halla un lecho de tierra do viene a dar la vida
tras días de bonanza, tristeza o de dolor.

Aquí es donde, quitada, su triste llanto vierte;
aquí es donde concluyen la ciencia y el poder;
aquí el débil sucumbe como sucumbe el fuerte
y duermen al par juntos el sueño del  no ser.

Llegando ante la puerta de esta mansión sombría
depone al punto el hombre su orgullo y vanidad;
ante ella se despoja de lo que más quería,
de aquello que en el mundo juzgó felicidad.

¡Riqueza, amor y gloria! Cuanto quitara enojos
arroja de esa puerta lúgubre en el dintel;
la muerte contemplando los fúnebres despojos
con su risa sarcástica se está mofando de él.

Pisando estos umbrales no hay distinción ninguna,
lo mismo es el magnate que yace en gran panteón,
que el pobre a quien ha sido contraria la fortuna
y sus restos se encuentran perdidos en montón.

La bella que en el mundo miró por su hermosura
galanes amorosos rendidos a sus pies,
no adorna ya con flores su frente blanca y pura
sino con una rama de funeral ciprés.

Su labio no sonríe, ni su pupila llora,
ni piensa su cerebro, ni late el corazón;
en un instante solo la muerte aterradora
con su segur deshizo mil mundos de ilusión.

Ficciones y esperanzas de un porvenir risueño,
designios generosos y cariñoso afán,
de todos olvidados, en un añoso leño
el sueño del sepulcro por siempre dormirán. 


LA ESPERANZA

Ornada de bellísimos matices
y de ricos primores esmaltada,
me conduce, cual madre cariñosa,
a do el afán de la existencia acaba.

Ella es la voz magnética que anima
los muertos ideales del alma;
el ritmo de la hermosa poesía;
y la música dulce que embriaga.

Acento celestial que me promete
realizar los ensueños de la infancia;
dorada copa que su néctar brinda
para acallar las penas que me matan.

Lienzo del que en brillante perspectiva
magníficos paisajes se destacan;
mar cuyas azuladas ondas besan
suavemente la arena de la playa.

Encarnación risueña del deseo;
trasunto fiel de la mujer amada,
que con tiernas palabras me da vida
y solo a mi corazón consagra.

Horizonte magnífico y extenso
do brilla un sol, cuya rojiza llama
no encontrará el ocaso donde, tristes,
sus fúlgidos destellos el fin hallan.

Misterioso amuleto que disipa
las sombras mil que la ventura empañan.
¡Ah! Qué fuera de mí si en mi camino
no brillase la luz de la esperanza.


LA HORA DEL DOLOR

Siempre encontrando el hombre en su camino
disgustos y aflicción.
Con ser tan breve un día, todos tienen
una hora de dolor.

                 *****

Tomando nueva vida las tristezas
del tiempo que pasó,
los recuerdos de ratos más felices
que solo niebla son.

El porvenir flotando a nuestros ojos
sin luces ni color,
escondiendo zozobras solamente
en su negro crespón.

La pena del presente rebosando
del alma en que cayó, 
todo un mundo de sombras y pesares,
llanto y tribulación.

Viene a formar esa hora desdichada
que el infierno abortó;
hora que no le falta a ningún día:
¡La hora del dolor!


LA FUENTE DEL OLVIDO

Allá, muy lejos del mundo,
hay un elevado risco
donde moran solamente
el reposo y el olvido. 

Donde no llegan del hombre
los sollozos ni suspiros
ni hallan eco los lamentos
por la atmósfera perdidos.

El alma que está cansada
de la vida y su bullicio,
encuentra instantáneamente
a sus pesares olvido.

Que una fuente caudalosa
nace de entre aquellos riscos,
cuyas aguas cristalinas
surten efectos magníficos.

El que las bebe, al momento
olvida cuanto ha sufrido,
volviendo la confianza
a su lacerado espíritu.
Y esa fuente tan hermosa
es la fuente del olvido.

           *****

Muchas veces he notado
que si me encuentro contigo,
confusa tornas tus ojos
para hacer que no me has visto.

Enseguida tu semblante
toma un tinte muy rojizo,
y a mí, aunque lo disimule,
también me ocurre lo mismo.

Y es que tal vez los recuerdos
de tus frases de cariño,
y ofertas que me otorgaste
de adorarme con delirio;

y las promesas que te hice
(y que ninguno ha cumplido)
hacen que nos sonrojemos
por lo mucho que mentimos.

Así, yo, porque te quise,
y tú, por si me has querido,
debemos beber las aguas
de la fuente del olvido.

(Del libro “Rimas”)






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