jueves, 29 de octubre de 2015

MANUELA VILLARÁN DE PLASENCIA [17.300] Poeta de Perú


Manuela Villarán de Plasencia

Manuela Villarán de Plasencia (Nació en Lima, 1840 – Murió en Lima, 1888) fue una poeta y periodista peruana. Su poesía fue festiva e ingeniosa.

Nació dentro del seno de una familia limeña distinguida por sus méritos literarios y cívicos. Sus padres fueron Manuel Vicente Villarán González y Nicolasa Angulo Jiménez. Se casó el 13 de noviembre de 1854 con Rafael Plasencia Muñoz Fuentes, capitán del batallón «Ayacucho».

Formó parte de la «primera generación de mujeres ilustradas en el Perú», que incursionaron en el periodismo y la literatura a partir de la década de 1870. Colaboró así en diversas revistas y semanarios, como El Álbum, La Alborada, El Parnaso Peruano, entre otros.

Fue asistente asidua a las tertulias literarias presididas en Lima por la escritora argentina Juana Manuela Gorriti, entre los años 1876 y 1877. Se realizaban aquellas en la casa Nº 188 de la calle de Urrutia (esquina con Pilitricas, hoy Jirón Ocoña), y entre sus asistentes figuraban Cristina Bustamante, Adriana de Buendía, Mercedes Cabello de Carbonera, Rosa Mendiburu de Palacios, Clorinda Matto de Turner, y los escritores varones Ricardo Palma, Adolfo García, Numa Pompilio Llona, Acisclo Villarán y Abelardo Gamarra. Manuela dedicó un poema «A la eminente escritora Juana Manuela Gorriti» en el que se alude a la estrecha relación entre ésta y sus jóvenes discípulas.

Durante la guerra con Chile perdió a su único hijo Ernesto Plasencia, lo que le motivó una magistral elegía titulada «A Ernesto». Falleció pocos años después, a la temprana edad de 48 años.

Obra

Poesía

Cantos íntimos de una madre, poemario.

Teatro

Agencia matrimonial




"Veladas literarias de Lima, 1876-1877"
Poesía leída por su autora la señora Manuela Villarán de Plasencia. 


Á LA EMINENTE 
ESCRITORA JUANA MANUELA GORRITI. 

La amiga más sincera y cariñosa, 
La finura y bondad por excelencia 
Una muestra nos dá de deferencia 
A los que nos reunimos hoy, aquí ; 
Ella ambiciona solo el adelanto, 
Las páginas aumenta de la Historia, 
Conduciendo hacia el templo de la gloria 
A cuantos se hallan al redor de sí. 

En sus salones reinará el contento, 
Sus tertulias serán solo enseñanza, 
Donde mire, cada uno en lontananza 
Los lauros que ceñir deben su sien. 
Ella al tímido alienta y estimula, 
Y acata al hombre grande y eminente, 
Porque franca, sencilla y elocuente, 
Disfrutar hace de indecible bien. 

A su lado existir no podrá el tedio 
Pues su numen chistoso y novelesco, 
Siempre ofrece algún cuadro pintoresco 
Que alucina y absorve sin querer. 
Ella habla al corazón, que es su lenguaje 
Bálsamo de consuelo, y el cariño 
Atrae del joven, del anciano ó niño, 
Porque á todos se esmera en complacer. 

Y ejerce en mí su afecto tal dominio, 
Que esa fuerza moral, solo, ha podido 
Sacar mi triste nombre del olvido... 
Del olvido en que siempre debió estar. 
¿ Qué produce mi pobre inteligencia ? 
Solo pálidas flores inodoras, 
Que del dolor en las eternas horas 
He visto ya crecer, ya marchitar. 

Pero ella de esas flores ha logrado 
Tejer una guirnalda inmerecida, 
Porque les dio la animación, la vida, 

Y en mi frente después las colocó. 
Jamás he pretendido, ni he pensado 
Enaltecer ni perpetuar mi nombre : 
Hablo con mi conciencia, y no os asombre, 
Que mi labio mentir jamás osó. 

En torno suyo, en fin, ha procurado 
Reunir á aquellas que armonizan, 
Que atraídas por el genio simpatizan, 

Y que aman la belleza y la verdad. 
Mis votos son porque el destino nunca 
Adeve intente desatar el lazo 

Que se estrecha hoy, en el feliz regazo 
De tan dulce y tan íntima amistad. 









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