lunes, 5 de octubre de 2015

ENRIQUE CLARÓS [17.175]


Enrique Clarós

(Nació en Sabadell 1959 - Falleció en Barcelona 29 Septiembre 2015)
Nació en Sabadell y vivió en El Masnou, estudió Farmacia en la Universidad de Barcelona, Cosmología en la University of Central Lancashire, Administración de Empresas en la Universidad Politécnica de Madrid y Marketing en la EADA Business School de Barcelona.

Dedicó más de 20 años a la dirección de negocios de distribución, empresario, mentor y asesor de proyectos de innovación en comercio. Actividades que compaginó con la de profesor en diversas escuelas de negocios.

De formación científica y empresarial, ha cultivado a lo largo de los años multitud de facetas e inquietudes, dialogando entre lo científico y lo artístico, una sucesión de intensas pasiones forjadas por un carácter extremadamente inquieto y a veces obsesivo. Actualmente combina su actividad empresarial con la escritura de poesía y narrativa.

Clarós fue un escritor tardío, aunque de vocación temprana. A los 14 años dedicó muchos fines de semana a mecanografiar los manuscritos de las obras que su padre iba escribiendo, cientos de páginas de novela y ensayo que le transmitieron lo enigmático y fascinante del acto de escribir. Entonces ya supo que estaba condenado a encontrar el camino del libro y que su vida, movida por su espíritu poliédrico, sería una sucesión interminable de obsesiones y de otras vidas.

Ha publicado diversos ensayos, artículos académicos y algunas plaquettes online. “Creo en la noche” es su primer poemario, publicado en 2014 por la Editorial Playa de Akaba. Estaba preparando su segunda cosecha titulada “Reverso de la sombra”.

La poesía de Clarós recoge influencias esencialistas y de la poesía metafísica y meditativa. Valente, Rilke, Cernuda, Eliot, Gamoneda o Borges son algunas de sus referencias de culto. Aunque también admira a Berger, Bolaño, Vinyoli, Gil de Biedma y Plath.

Fue miembro de la ACEC, del colectivo Laberinto de Ariadna y del 1º Taller Playa de Ákaba.




Creo en la noche (2014)



Creo en la noche condensa una mirada inapelable sobre el mundo, un legado que cierra un ciclo meditativo y de reflexión esencialista, que utiliza la poesía como una forma de pensamiento.

Sus líneas exploran el reverso de la realidad, oscilando entre el mundo visible y el no-visible, abriendo una puerta a la realidad fragmentaria que nos define, influida por dimensiones intangibles que ocasionalmente muestran un destello sensitivo.

Los poemas dirigen su mirada hacia el alma vacía y traza espacios que sugieren meditaciones sobre la muerte, la soledad, la memoria; donde las cosas que nos definen, lo que somos, proceden de la negación y la transformación del vacío, de la descomposición del instante y del ser. Es una mirada que muestra un radical escepticismo ante una realidad que no entendemos, alumbrando los fantasmas y las pesadillas de una vida entendida como noche permanente, es una contemplación crítica que nace del silencio.
Creo en la noche nos transporta a un espacio fronterizo: la vida secreta de la memoria, la metafísica de la muerte, los contornos de lo invisible, el rastro en el vacío que dejan las ausencias, la trasmutación de los límites, la permanencia del pasado en el espacio, el conjunto anónimas obsesiones que continuamente nos conmueven en silencio. Y de esta forma explora las fronteras de lo inerte, del vacío, del no-tiempo, de la no-existencia, y traza un espacio mágico en el que los objetos adquieren vida propia y trascendente. Un espacio donde las pesadillas reinan por igual en el sueño que en la vigilia, en el que la memoria es una extensión de la vida y acaso más importante que esta. En el que ante la experiencia de la temporalidad y la muerte se rechaza la tentación elegíaca y es proclamado en su lugar el valor irrenunciable de la vida y la voluntad de vivirla como lo que es, tan solo una fracción del ciclo natural de la materia.

La voz poética expresada aquí oscila entre la aspereza, la tormenta crepuscular y el lirismo contenido. Es una voz amarga que muestra la crudeza de la visión en la distancia y huye de la sentimentalidad; que acumula pinceladas descriptivas para mostrar los pensamientos y así sugiere ideas abstractas e implicaciones metafísicas que parten de asuntos a veces distantes en lo contextual y temático.
En Creo en la noche los seres aparecen flotando, suspendidos de la nada, como en un cuadro de Magritte, o en escenarios desolados y en silencio como los de Hopper. Sin embargo, en este territorio glacial, las referencias a los seres queridos, la infancia y el amor están impregnadas de ternura y afloran como un oasis en una extensión de arena infinita, aunque no evitan un halo de pérdida y renuncia.


SILUETA

Las líneas del suelo
interrumpidas por tus pasos,
las formas del horizonte
modificadas por tu silueta,
el aire alborotado
enrarecido por tu presencia,
el silencio antiguo
detenido por tu voz,
una lluvia de luz
eclipsada por tu sombra,
la tiranía de las formas
en un espacio que no cede.

Aquel paisaje transformado,
su gesto y su luz,
quería decirme algo de ti.





ETERNIDAD

No creo en ningún dios,
no creo en la muerte.
Creo
en el instante perfecto,
en habitar fugazmente
otras memorias.
Como si un recuerdo,
o su suma,
justificase toda una vida.
Creo
en la eternidad mínima
de repetir corpuscularmente
una y mil vidas,
de compartir simplemente
la tuya y la mía.




ÍNFIMO VI

La soledad se expande
como el universo,
que cada noche dilata
el espacio que nos separa
y se abisma irreversible
en el negro vacío,
creciendo en todas direcciones,
estirando de nuestras manos.





ESCRITO EN EL AGUA

Un corazón
cubierto de cementerios
y de miradas lejanísimas,
a través de la piedra
surcando la neblina
me llama,
y mi nombre
está escrito
en agua de lluvia
y flota
sobre simas
de cieno y abismo,
y no encuentra
un punto de apoyo
para moverse hacia ti.



ANÓNIMO IMPALPABLE 

(a J.A. Valente)

Y tomó la forma del agua,
la invisibilidad líquida
para poder tocarte.

Se convirtió en arena,
disuelta en la infinitud del desierto
para ser tu huella.

Fue aire en el viento caprichoso
envolviendo el espacio
para respirar en ti.

Y es el mismo que ahora
desordena en silencio
las hojas de tu patio solitario,
y las del libro olvidado 
que aún te espera.






FRAGMENTARIOS

Somos fragmentaria ubicuidad,
cualquier parte de nosotros
puede habitar en otros cuerpos,
residir en otras historias,
añadirse a la suma de retales
y vestigios que no nos pertenecen,
que viven en otras siluetas
y yacen en sueños extraños,
en recuerdos ajenos,
escondidos tras algún pensamiento,
moviéndose en un gesto cotidiano,
extraviados en las letras de un verso,
impregnando el olor de un libro intonso,
tramados en los silencios de un pentagrama,
componiendo acaso la estructura
de un paisaje en el recuerdo.
La suma de fragmentos anónimos
viviendo un completo exilio
en una zona olvidada de tu biografía.

Poesia des dels Balcons. Riba Roja d’Ebre, 20 junio 2013





CONJETURAL EXISTENCIA

Como ante un espejo
en blanco,
no puedo ver mi rostro
en los sueños,
ni mis manos buscando
a tientas en la sombra.

Veo a otros, los olvidados,
una legión perdida
en las grietas de la memoria,
extraños que de día
sospecho reconocer,
seres que nadie espera
y acaso no habiten ya
recuerdo alguno.

Publicado en El Laberinto de Ariadna, octubre 2012




Perteneciente a “Reverso de la sombra” (Inédito)


VÉRTIGO CURVO

En el origen fue la nada,
un negro abismo sin fondo
de pensamiento irrespirable
enfangado en preguntas
inalterables a la luz.
Cada día regreso en blanco
desde ese vacío inerte
para encontrarte amortajada
en palabras innombrables,
abandonada a tu centro ubicuo,
inaccesible a mis labios.
Cada noche te recreo desde cero
y vuelvo a enamorarme sin remedio,
aspirado en tus vórtices de quimera,
engullido en el vértigo curvo.
Tal como el mundo se esfuma infalible
a medida que lo invento,
cada madrugada te disuelves
como un pensamiento platónico,
cuando la luz espanta las sombras
que nos ataron con furia a la noche.
Y otra vez caigo atravesado
por una escalofriante herida de belleza.




OBSESIONES #15

Me obsesiona
lo que sufren las esculturas amputadas tras milenios de silencio,
la interminable figura de círculos concéntricos en los pliegues del tiempo,
por qué no hay una sola muerte y no tantas como vidas,
la ceguera resultante de la acumulación de todos mis parpadeos,
la incertidumbre que aqueja la razón cuando se relaciona con el cuerpo,
cuántas hojas muertas hacen otoño,
la lentitud con que tus lágrimas se deslizan hasta mis labios.




INFINITESIMAL

Existe un punto infinitesimal, solo uno,
que conecta tu desolado páramo helado
con mi abismal desierto inhabitable.
En ese punto y solo en él,
el hielo y la arena,
el frío y el fuego ,
han encontrado acaso al fin su lugar.
Ambos invocábamos las mismas estrellas,
y buscábamos los mismos signos,
mirando, hasta hoy,
en la noche,
en diferentes direcciones.






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