lunes, 5 de octubre de 2015

ELY ROSA ZAMORA [17.179]


Ely Rosa Zamora 

(Venezuela) es actriz y escritora, egresada de la Escuela Nacional de Artes Escénicas “César Rengifo” de Caracas. Desde 1994 vive en Estados Unidos donde se formó con la legendaria agrupación teatral “The Living Theatre” bajo la dirección de Judith Malina. En el 2009 obtuvo una maestría en Escritura Creativa por la Universidad de Nueva York (New York University). Ha publicado: Unspecific Object/ Objeto Indefinido, en colaboración con la artista Barbara Madsen, Choir Alley Press, New Jersey, 2015; Sin lengua y otras imposibilidades dramáticas, Editorial La Caída, Buenos Aires, 2013; Sin lengua/No Tongue, Heptameron Books, New York City, 2011; Detrito olvidado/ Forgotten Detritus, en colaboración con la artista Barbara Madsen, Choir Alley Press, New Jersey, 2009, y dos plaquetas: Paz Obscena, 2008, y Semilla, 2009. Su poesía ha sido incluida en la antología “Voces para Lilith” Literatura contemporánea de temática lésbica en Sudamérica, Estruendomudo, Lima, 2011.

Su trabajo ha sido presentado en Inglaterra, Italia, Argentina, Ecuador, Venezuela, Perú y los Estados Unidos. Actualmente es profesora de español en Rutgers University, en el estado de Nueva Jersey.




Hay un carro ahogado
en la inundación de la calle

Todo el pueblo ha desaparecido
Y sólo hay desolación

El infierno es un avión
repleto de dinero y luces rojas

La reina petrificada
reposa en su castillo

En la foto del periódico,
cinco hombres bien vestidos
caminan juntos a organizar
el futuro
de las economías
del mundo
en medio de una ruina
que algún día
fue
mi calle.

Tocó sus pies, que habían dolido
la noche anterior, para acariciar
el sonido, después de las campanas.

El ente giratorio traía la brisa
desnuda del mármol.
Una sonrisa también

había quedado suspendida
sobre su cuerpo arado
por los pasos del día.

Buscaba la caricia.
El aletear desconocido de la piel
testimonio de lo marchito.

Se encogió al lado del otro
con la cabeza escondida
sospechando

que algún día
encontraría
el alivio.

La luz la sangre y la hoja
en los bebederos del sueño.
La pasión que persiste en los costados
cuando los tendones se hielan.

A veces son las hojas
bajo mis pies las que lloran.
A veces el vértigo se paraliza
al otro lado del horizonte

donde la habitación es el mundo
y los aviones el cielo
donde la lengua sabe todo sobre mí
y yo nada sobre ella

donde las aguas se besan y nos regresan
este plumaje de artificios vanos
esta corrupción de la luz
este olvido


*


El supermercado es una isla de caimanes. El jardín necesita agua. La mujer
no consigue sus lentes. Breath check. Bésame soledad. Un papel
ausencia de lo efímero que regresa, vapor subiendo de la carne
animales muertos, sangre artificial para la duración
del dolor que sentiremos
58 tipos de jugo de naranja
neblina empujando carritos
azúcar, Maltodextrin, corn syrup
Maquiavello. Es un misterio que ella se haya ido
y yo durmiéndome en el tren, en el sofá
en mi propio sueño
sin pensar que todavía
temo.

(Tomado del libro, “Objeto indefinido”, publicado en New Jersey por Choir Alley Press, 2015)


*


Helmi contemplates photos of the body of his son, there is nothing else.
The Cyclops is sinking into his own eye.
When he came home, he did not recognize it, the soldiers have shit everywhere.
In the darkness there is no fear sniffing the lilies bitten by dogs, the smell also finds
its hideout.

With a hole in his knee, Helmi runs looking for his home, until he bleeds to death.
This pain, is not pain on the other, it is my own pain.

(Translated by the author)



Helmi contempla las fotos del cadáver de su hijo; no hay otras
El cíclope va hundiéndose en su propio ojo
Cuando entró a su casa no la reconoció; los soldados se habían cagado por todas partes
En la oscuridad no se teme olfatear los lirios mordidos por los perros; el olor también
encuentra su escondite

Con un hueco en la rodilla, Helmi corre buscando su casa y muere desangrado
Este dolor no es un dolor por el otro; es mi propio dolor.


*


Sobre el timón
una mano serpentea
tu rostro
como una rosa que tiembla
en el umbral
que nos nombra

En la noche
nos cuidamos con besos
sin esperar
a que se cumplan las palabras.


*


Desde la turbina
de mis deseos
oigo la lluvia de mis huesos.

Ese fluido de palabras
que nos aguarda
no canta más
la lengua que nos nombra.


*



Hay un dedal de pájaros en mis dedos.
Cada huequito me traspasa.


*



La noche en que murió Juan Gelman

Me desnudé y saqué el polvo de las hormigas.
Mi hija no quiso cerrar la puerta de su cuarto
antes de dormirse.
Miré las fotos del señor Gelman en la internet,
y miré a su nieta en las fotos, con él.
Pensé en su hijo,
y en la esposa de su hijo.
En sus restos, en sus huesos.
Los que nunca aparecieron.
Y me pregunté, cómo nombra uno
los huesos de un desaparecido?

Entonces vi una luz
que encegueció
mi lengua.




.




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