martes, 11 de octubre de 2016

MARÍA TERESA DE VEGA [19.255]


MARÍA TERESA DE VEGA

María Teresa de Vega (San Cristóbal de La Laguna) es una escritora y poeta española. Es hija del también escritor Isaac de Vega que formó parte del grupo fetasiano.

Es una escritora que ha incursionado en la narrativa y la poesía. Nació en San Cristóbal de La Laguna, Tenerife en cuya universidad se licenció en Filología Románica. A su formación contribuyeron unos años cursados en la Escuela de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife. Ha sido profesora de Lengua y Literatura Española en centros de enseñanza de Tenerife y Madrid.

Ha publicado cuatro poemarios, Perdonen que hoy no esté jovial (2001), Cerca de lo lejano (2006), Mar cifrado (2009) y Necesidad de Orfeo (2015); dos libros de relatos, Perdidos en las redes (2000) y Sociedad sapiens (2005); y tres novelas, Niebla solar (2009), Merodeadores de orilla (2012) y Divisa de las hojas (2014).

La prosa de María Teresa de la Vega ha sido calificada por el escritor y profesor de literatura Damián H. Estévez como "poética, en esencia lírica y narrativa en lo imprescindible. Porque tan importante para la composición de los personajes son los hechos que le ocurren, las conversaciones que sostienen, como la introspección a la que la autora nos invita a través de su estilo". El escritor y crítico Daniel María sentenció sobre la novela Merodeadores de orilla: "La novela contiene pasajes que abarcan el ensayo o la disertación filosófica y pasajes que envuelven la prosa poética de un impulso surrealizante".

Ha sido incluida dentro del grupo de escritores G216. Su obra Divisa de las hojas fue seleccionada dentro del proyecto Santa Cruz, ciudad leída. Participó en el ciclo Entre Palabras.

Su Web: http://www.mariateresadevega.es/

Publicaciones

Novela

*Niebla solar (2009), Editorial Baile del sol. ISBN 978-84-92528-71-4.
*Merodeadores de orilla (2012), Ediciones Aguere-Idea. ISBN 978-84-9941-804-9.
*Divisa de las hojas (2014), Ediciones Aguere-Idea. ISBN 978-84-16143-41-2.

Relato

*Perdidos en las redes (2000), Editorial Benchomo. ISBN 84-85896-65-2.
*Sociedad sapiens (2005), Editorial Baile del sol. ISBN 84-96225-52-6.

Poesía

*Perdonen que hoy no esté jovial (2001), Editorial Benchomo. ISBN 84-95657-38-4.
*Cerca de lo lejano (2006), Editorial Benchomo. ISBN 84-95657-01-1.
*Mar cifrado (2009), Ediciones Idea. ISBN 978-84-8382-976-9.
*Necesidad de Orfeo (2015), Escritura entre las nubes. ISBN 978-84-16385-33-1.



DE PERDONEN QUE HOY NO ESTÉ JOVIAL 
Editorial Benchomo, 2001.


"No es verdad que los dioses quieran hundirnos."


PANORAMA

Fíjate en los bosques de pinos
Tras la playa de infinitas resacas.

Es un extraño final de mundo,
En lienzo inmortal expuesto. También el arbolillo verde
Sobre la curva de la montaña. Nadie lo oye.

Allí todo dibujado.
Las nubes se espesan muy lejos. Hace siglos.
En cuadro sumamente conseguido, el viento mueve la cortina.
Ese viento tan esencial, tan metafísico.

No partiremos ya hacia mañana,
Aunque hablen de ancho mar bajo nuestra red de venas.
Dulce viaje. Mares de dulzura bajo el lucernario que alumbra cabelleras.

Busquemos en la filosofía el consuelo.



No hay manera

No es verdad que los dioses quieran hundirnos.
Lo contrario es una hipótesis bastante incierta, y aun así nos estremecemos.

Porque no basta con mirar los campos azules de la adolescente lavándula,
Ni los violetas del joven lino, ni la hierba tiernísima
De después de las lluvias.

No basta con admirar los aires que sacuden los tallos, y que
Fecundan las flores, ni a aquellas otras que visita un insecto,
Embadurnado de polen al término del suculento sorbo de néctar.

No basta asentir a todo esto que parece sonreír
Y apartar, respetuosos, más arduos aconteceres.

No basta con ser amor, amor devastador o beso
Que sólo constata que es inencontrable en mercado oriental alguno
Piel como la de esa boca,
Tibieza bajo ningún sol como la que exhalan esos labios entreabiertos.

No basta con la audacia que un día se tuvo
Y que acompañaron imaginarias marchas triunfales,
Ni el castigo a veces del desdén, ni la conciencia del yerro,
Ni el dolor del engaño.

Nada basta, 
Y, sin embargo, es bastante esos árboles en flor
Y después las cerezas.
Nada basta.
No he visto nada que pueda aplacarlos. No pensé nada que les fuera
Dilecto. No amé como en lo alto se aman los gigantes, con estrellas
Como labios, y como vértigo el del torbellino sideral.

Quizá porque no fui flor, ni insecto, ni ola vaporosa,
Y puedo crearlos a imagen de mis sospechas:
Dispuestos en comedias de desesperación,
De espaldas al jardinero que podará nuestras sombras,
Jardinero de agencias de silencio y olor triste
En todos los Olimpos detestadas.




DE CERCA  DE  LO  LEJANO
Editorial Benchomo, 2006.


"¿Dónde mora el olvido de ceniza
y purpúrea vela
henchida por los aires que al trirreme
empujan, del romano,
y a las naves griegas?"



1

Vistosos pájaros veo desde mi baranda,
eso sois,
sobre las hojas brillantes de después de la lluvia,
iconos de lo perdurable, más allá del diluvio.

Pájaros y vosotros,
entre el polvo que levanta el auriga del Tiempo,
acomodándoos, desde siempre,
al nuevo paisaje tras el torbellino.

Trinos de qué orbe que encerráis,
y, sin querer, la curva musical desvelando la esfera.



9

Por encima de las tapias,
de los árboles lejanos y altos,
de la colina ambicionada por el ojo ávido, curioso,
es allá:
donde se curva el cielo,
donde la luminosidad del fin permanece inviolable.

Ahí su cúpula es roída por la claridad
(conservar ese asombro):
en la noche, ahí termina mi mundo.
En medio, cerros, tormentas, pámpanos y cristales
de hielo; nieblas que descienden por las colinas para empapar 
el humus, humedecer las hojas, los brotes de una fina raíz suspendidos,
de un hilo,
ese hilo del que todos pendemos,
ajenos a la suerte futura, asustados 
y arrogantes hilos que se suman:
hileras, mallas, tejidos
estirados hacia el resplandor.

Soy ese intento por uncirlo a mi huerto.
Soy la aguja que cose lejanías.
Yo soy la lanzadera, la puntada ambiciosa
e imperfecta, y la Patria es ese trenzado.




DE MAR  CIFRADO
Ediciones Idea, 2009.


"Eje del mundo
Mástil hundido
en rojo de lagar
Uñas corinto
del pie que pisa
el desierto del
alacrán y la nieve
sobre la uva"



EL  VIENTO

Lo de afuera parece haber sufrido 
un desgarrón. Se erizan los hilillos
del paisaje roto. El viento, 
sobre los líquenes que florecen
en los árboles, maravillado sopla,
el cuarzo diminuto de la arena 
levanta. Sobre el amado cerezo japonés
alienta, y murmura
sobre el galán de noche
que perfuma su boca.

A veces trae el vómito de la saciedad
en sus ráfagas.
Trae el espacio todo
entregado a él, febril
y desvestido.

Va el viento transido
de voluntad y dirección,
nos tuerce, figuras
Inclinadas nos repite. 
Sin resistencia vamos,
y junto a las agujas de los pinos altos,
y las hojas del árbol sacudido,
a los rumbos de la rosa
el pie le acariciamos.




Mientras paseo miro las digitales
y otras flores que crecen en el camino.
Miro los maizales y las colinas,
la sombra de una pared alta.

Briznas y briznas de azul.
Los músculos del torrente en la memoria,
los nervios robustos de las montañas,
la inacabable resistencia de la piel
que protege los llanos.

Parece que me miran y preguntan:
¿Quién eres?
Pasa una sombra por sus frentes salvajes.

De pronto el viento me golpea la espalda,
y aúlla de modo triunfal.
Con voluntad firme, me arrastra
hasta la orilla:
Soy la roca que descubre la marea
a la mañana,
allí donde las aves se aúpan
para otear vastedades.





DE NECESIDAD  DE  ORFEO
Escritura entre las nubes, 2015.


"El mirlo no conoce el horizonte al fondo de los hombres
a cuya huerta azul nunca se llega,
sus piruetas no nacen de impulsos que saben insaciables."


DAMA  CREADORA 1

Pero yo quiero crear mi noche,
donde un sortilegio apaga los gritos.
Donde las tinieblas no asedian sin piedad los hombros 
y la rosada clavícula. Y al edificio del cuerpo no lo apagan 
sombras filisteas, inmunes a la delicada construcción
de los huesos.

Quiero poner la luz, sea una lucecita o el cabo
de una vela, que parpadea sin párpados: como ojos
que no se cerrarán, preparados para resistir.

Una lucecita que parece que se extingue: unida
para respirar a ese pabilo, flaco como hebra de azafrán,
pero como él oloroso, a astro, a galán de noche en el jardín,
su flor para entusiastas y encendidos, negada a la prosa
del hombre y la mujer.


Grímpola negra

El mirlo no conoce el horizonte al fondo de los hombres
a cuya huerta azul nunca se llega,
sus piruetas no nacen de impulsos que saben insaciables.

Se saben insaciables los humanos y siguen con la vida a cuestas,
y andan, y se duermen rendidos por la falta de luz. Expulsada
va saliendo, hasta que sean, la aurora y el ocaso, el mediodía,
emblemas de su eclipse. Donde los colores que dulcemente
se curvan no adornan el cielo, donde invisibles son
los rasguños del árbol en la claridad boscosa, donde no ven
moverse felices a las vivarachas alimañas.
Y dónde, dónde la dicha inenarrable
de lo Bello y lo Bueno repetido, como canon,
como lluvia que todos los inviernos nos empapa,
como piel que a intervalos se muda sobre
la misma fe: no cesará la lluvia de la hechicera
que mastica hojas y las escupe sobre el tallo,
y en su aliento creador las envuelve.



Hölderlin

Pero ¿quién es ese dios, tus dioses o tu dios?
Por dónde el rastro de su iris:
ese cordel en que colgados
lucen pámpanos y zarcillos de la vid,
las aves que otean minuciosas desde ramas
espectrales en los inviernos crudos,
las plumas de los pájaros que trepan por el viento
y nos dicen adiós, muchachos, hasta nunca,
las pleamares de soberbia, los crecientes abismos
en cuyo fondo saurios hinchados y ventrudos
duermen,
las calles sin salida, las primaveras tan marchitas
como cualquiera de sus pétalos al caer, rendidos.

Dices que no oímos a los dioses porque no sabemos escuchar.
Pero sí oímos a veces al sepulcro que nos llama,
su voz brumosa desde el camposanto solitario,
con las puertas de las tumbas que hacia abajo se abren.

A la intemperie el lecho para el dios ausente.

Quizás su oído, sobre los labios que fueron
del amor, se acerque a respirar su aliento:
humareda de los besos hundidos que se pudren
sin memoria del fuego.







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