martes, 25 de octubre de 2016

JUAN MANUEL GONZÁLEZ ZAPATERO [19.361]


JUAN MANUEL GONZÁLEZ ZAPATERO 

(Pamplona, 1962) con la disculpa de terminar sus estudios de Filología se trasladó a Granada, ciudad en la que fatigó, con admirable fortuna, colmados y figones. Regresó a Logroño para continuar con sus inquisiciones tabernarias, ejerciendo de paso de profesor de literatura en la Universidad Popular y de autor de los libros de poemas Sonetos de la piedra negra (1992), Grandes Inéditos (1997) y Sea de ello lo que fuere (2008), todos ellos leídos con fruición por un público devoto y escogido. Es también prosista de excelente factura, como demuestra el ceñido manual El conferenciante mudo (2002).

Juan Manuel González Zapatero pertenece a lo que el crítico literario José Luis García Martín denominó en su día 'Escuela de Logroño': el grupo de autores nacido alrededor de los primeros sesenta y del que formarían parte Desiderio C. Morga, Alfonso Martínez Galilea, Pedro Santana, Francisco José Quintana o José Ignacio Foronda.

"Poeta de acendrado intimismo ("mis poemas son como un paisaje interior") y de fuerte inclinación por la expresión sentimental, es sin embargo respetuoso practicante de una poesía de sólida factura formal, en la que dominan los temas vinculados a la identidad y a la escritura", apuntan desde la organización de las jornadas.

"La poesía debería hacernos más reales", ha dicho en alguna ocasión el autor, e igualmente: "No escribimos, sino que somos escritos".

Profesor de literatura en los talleres de la Universidad Popular de Logroño desde hace quince años, Juan Manuel González Zapatero, nacido en Pamplona en 1961, pero logroñés de siempre, ha participado en prácticamente todas las iniciativas literarias riojanas de los últimos treinta años.

Con notoria precocidad publicó sus primeros poemas en las revistas Generación 61 y Oja, para colaborar luego en Calle Mayor, Logroño Ciudad, Fábula, Mangolele, etc. Igualmente fue el más joven autor recogido en la Antología de Poesía en La Rioja, publicada por el Gobierno regional en 1986.






(Poemas del libro Sea de ello lo que fuere.)


EL VADO

Han pasado los patos junto al río.
El viento silba su canción precisa.
Los juncos han crecido muy deprisa
y la memoria nada en el vacío.

No sé lo que me trae a este lugar
una vez más, a verme en tu corriente.
La tarde cae cansada sobre el puente.
Creí que era posible recordar.

En esta orilla en forma de paseo,
ebrio tan sólo de mi propio sueño,
me pierdo por senderos de otra edad.

Todo ha cambiado, menos mi deseo.
Murmura el río. Cae rodando un leño.
Más arriba se enciende la ciudad.




LA LECTURA

Abro un libro, y en la santa lectura
la tarde me parece otra figura:
el cuarto humilde, la cortina grana,
el río de palabras, la ventana,
el cielo gris, la nube que destella,
el campo de color verde botella…

E imperceptiblemente (es un decir)
me gana la locura de escribir:
tomo un papel, ensayo una postura,
releo el libro, miro en mi alma oscura…
Pero apenas encuentro la manera,
pues la luz (ay, la luz) viene de fuera:

Lo que mi voz en un susurro nombra
con igual rapidez vuelve a la sombra.
Las cosas huyen como de la quema
dejándome el vacío y no el poema.
Y yo mismo me busco y no me hallo
hasta que al fin, cerrando el libro, callo.




DESAZONADA ESTAMPA

Desazonada estampa de los días
en que todo parece diminuto:
el vecino, la calle, ese minuto
que tardamos en dar los buenos días.

Desazonada estampa de los días
en que todo parece gigantesco:
el vecino, la calle, el arabesco
de otra voz que nos da los buenos días.

Sólo a veces parece que el paisaje,
girando mudo y fiel sobre sus gonces,
abre una puerta y nos invita al viaje.

Quisiéramos cruzarla. Pero entonces
nos sacan de esas vagas fantasías
el vecino, la calle, buenos días.




AQUÍ Y AHORA

Estos son, no son otros
los días y los pasos despistados.
Cuando me paro y nada se me ocurre
digo: “Estos son y no otros”.

No otros días, por más que los recuerde
ahora transformados,
como si hubieran sido
lo que estos son, o yo no veo.

Porque puede que sean
días tranquilos, dulces como un sueño,
y que les falte solo
haber pasado, estar en el recuerdo,
para sentir que fueron
los días más felices de mi vida.







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