martes, 11 de octubre de 2016

GERALD BRENAN [19.254]


Gerald Brenan

Edward Fitzgerald Brenan (Sliema, Malta, 7 de abril de 1894 - Alhaurín el Grande, Málaga, 19 de enero de 1987), fue un escritor e hispanista británico, relacionado con el Círculo de Bloomsbury.

Era el primógenito del matrimonio formado por Hugh Gerald Brenan que era un oficial del Ejército Británico, natural de Londres, y Helen Gertrude Graham, perteneciente a una familia acomodada irlandesa. Tuvo una infancia itinerante debido a los diferentes destino de su padre. Tras nacer en Malta, vivió en Irlanda (1894), Sudáfrica (1897), India (1898), Irlanda de nuevo y ya de forma definitiva Inglaterra.1 En 1902 su familia se instaló en Gloucestershire y él ingresó en 1903, en el colegio Winton House, cercano a Winchester (Hampshire) y entre 1908 y 1912 realizó sus estudios en Radley College, Oxfordshire.

En agosto de 1912 se fugó del hogar de sus padres, con la intención de llegar hasta Asia y establecerse en algún lugar, lejos de la civilización europea. Consiguió atravesar a pie Francia, e Italia en compañía de su compañero de escapada John Hope-Johnstone, y, cuando éste renunció a continuar, permaneciendo en Venecia, Brenan continuó solo a través de la costa de Dalmacia, y después hacia el interior de los Balcanes. Por fin, a comienzos de 1913, desistió de continuar su aventura durante una fuerte nevada en el interior de Bosnia y regresó a la casa de con sus padres en Inglaterra.

Al volver, su padre intentó presionarle para que siguiera un estilo de vida convencional, durante un tiempo se preparó unos exámenes para acceder a la Administración británcia, pero al estallar la Primera Guerra Mundial, en 1914 se alistó en el ejército empujado por su padre, participó como oficial en la Batallas de Ypres, en la del Somme y en la segunda batalla del Marne (1918). En 1918 ganó la cruz militar y la croix de guerre francesa.

Sus amigos Hope-Johnstone y Ralph Partridge le introdujeron en el Círculo de Bloomsbury; allí conoció a la pintora Dora Carrington, con la que tuvo un breve pero intenso romance en 1922, frustrado por el amor que ella tenía al escritor homosexual Lytton Strachey; también conoció a la escritora Virginia Woolf, a Roger Fry y al sinólogo Arthur Waley, quien luego le robaría unos cuantos libros al venir a visitarle, como era su costumbre.

Llegada a España

Una herencia le dio suficientes medios económicos para marcharse a Granada, donde desde 1919 hasta 1936, residió largas temporadas y hacia donde había ido en busca de tranquilidad para dedicarse a sus pasiones favoritas, la lectura y las caminatas. Allí le conocieron como don Gerardo. En septiembre de 1919 embarcó para España y llegó a La Coruña. El 13 de enero de 1920 se instaló en el pueblo de Yegen, donde tuvo numerosos hijos fruto de sus relaciones con muchachas del lugar.[cita requerida] Esa misma primavera recibió en su casa la visita de sus amigos de Bloomsbury Ralph Partridge, Dora Carrington y Lytton Strachey. En 1923 le visitaron Leonard y Virginia Woolf.

Volvió a Inglaterra en 1924 y en mayo de 1926 se halla en Francia. Regresó a Yegen en abril de 1929; en octubre de ese año se trasladó a Sevilla, donde permaneció una temporada, y en mayo de 1930 volvió a Inglaterra, donde se hizo amante de la poetisa y novelista norteamericana Gamel Woolsey (1895–1968), con la que se casó al fin en abril de 1931 en Roma; en junio vuelven a Inglaterra. En 1933 se edita su novela Jack Robinson. A Picaresque Novel. Por entonces concibe el proyecto de escribir una biografía de San Juan de la Cruz y pasa los años siguientes visitando los lugares en los que estuvo el santo y documentándose. En octubre de 1934 está otra vez en Yegen y un año después se instala en una nueva casa, en el barrio malagueño de Churriana. Junto a su esposa Gamel Woolsey, es testigo perplejo y reflexivo de la batalla de Málaga en la Guerra Civil y en 1943 publica El laberinto español, un estudio sobre los antecedentes sociales y políticos del conflicto bélico de 1936-1939; la obra fue prohibida en España, pero publicada en la editorial Ruedo Ibérico de París.

En 1946 escribe su artículo "Spanish Scene" en Current Affair Panphlets, además de bastantes artículos sobre el místico San Juan de la Cruz que publica en 1947 en la revista Horizon. En 1949 hace un recorrido turístico por España y como consecuencia publica en 1950 el libro de viajes La faz de España donde, en su capítulo sexto, desvela sus investigaciones sobre el asesinato de Federico García Lorca. En 1951 estuvo viajando por Italia y los Estados Unidos y publicó su muy personal Historia de la literatura española. En 1953 vuelve a Churriana y publica en 1957 Al sur de Granada, un extraño libro de viajes. En 1959 viaja por Marruecos y cae gravemente enfermo; logra curarse a duras penas y en 1961 reanuda sus incansables costumbres de viajero marchando a Grecia. En 1962 publica uno de sus primeros libros autobiográficos, Una vida propia. En 1966 viaja por Túnez, Argelia, Italia, Francia e Inglaterra y publica The Lighthouse Always Says Yes.




El 18 de enero de 1968 muere su esposa Gamel Woolsey, autora de un libro de memorias sobre la Guerra Civil española titulado Málaga en llamas, además de un libro de cuentos Spanish Fairy Stories (1944) y traductora de una novela de Galdós; conoce a Linda Nicholson-Price y se traslada a Alhaurín el Grande, provincia de Málaga. Entre 1968 y 1973 viaja por Grecia, Turquía e Italia; ese último año publica por fin su biografía de San Juan de la Cruz y al año siguiente su segundo libro autobiográfico, Memoria Personal (1920-1972). En 1977 publica en inglés Los mejores momentos. Poemas. En 1978, Pensamientos en una estación seca, un libro de aforismos fruto de sus lecturas, ya en aquel momento caudalosas. En 1982 se le rinde un homenaje popular en Yegen y recibe la Orden de Caballero Británico de manos del cónsul británico. Sus bienes de fortuna, sin embargo, son cada vez más reducidos.

El 11 de octubre de 1983 es nombrado hijo adoptivo de Ugíjar (Granada). En mayo de 1984 se hacen patentes sus estrecheces económicas y es enviado a una residencia de ancianos en el distrito de Pinner de Gran Londres. Sus admiradores realizan una campaña para que se le traiga de vuelta. Los gobiernos nacional y andaluz consiguen su vuelta a Alhaurín el Grande el 1 de junio de 1984 y se crea la Fundación Gerald Brenan. El 19 de enero de 1987 muere a la edad de 92 años, lega su cuerpo a la ciencia y es depositado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Málaga. El 20 de enero de 2001 su cuerpo es incinerado y sepultado en el Cementerio Anglicano de Málaga junto a su esposa Gamel. En total escribió unos cincuenta libros, la mayoría de ellos de viajes.

Parte del Archivo de Gerald Brenan está en la Universidad de Texas en Austin. Jonathan Gathorne-Hardy escribió una amplia y documentada biografía de Gerald Brenan: El castillo interior, publicada en castellano por la editorial El Aleph gracias al patrocinio del Servicio de Educación de la Diputación de Málaga. También se ha publicado un cuaderno para niños y un CD divulgativo sobre su vida, editado por el Servicio de Educación de la Diputación de Málaga.

A "Don Gerardo", como se le conocía en su tierra adoptiva, le dedicó un pasodoble el gran Carlos Cano.

Actualmente su vivienda en Churriana está siendo sometida a un proceso de rehabilitación para convertirse en un museo dedicado a su figura y al viajero romántico en España.

Filmografía

Matthew Goode interpreta al aventurero en la película Al sur de Granada, dirigida por Fernando Colomo, que se centra en su etapa de Yegen, como la obra homónima del propio Brenan.
Samuel West interpreta a Brenan en la película Carrington de Christopher Hampton, donde aparecen componentes del Grupo de Bloomsbury, como Lytton Strachey, interpretado por Jonathan Pryce.

Obra

Jack Robinson. A Picaresque Novel (1933), con el seudónimo de George Beaton.
Doctor Partridge's Almanack for 1935 (1934) con el seudónimo de George Beaton.
Shanahan's Old Shebeen, or The Mornin's Mornin (1940).
South from Granada. London: Hamish Hamilton, 1957. (Al sur de Granada. Madrid: Siglo Veintiuno, 1974).
La copla popular española. Edición y estudio a cargo de Antonio José López López. Málaga: Miramar, 1995.
The face of Spain, London: Turnstile Press, 1950 (La faz de España, Esplugues de Llobregat, Barcelona: Plaza & Janés, 1985.
The Literature of the Spanish People. From Roman Times To The Present Day (1951). Historia de la literatura española. Prólogo de Gonzalo Torrente Ballester y traducción castellana de Miguel de Amilibia. Barcelona: Crítica, 1984.
The Spanish labyrinth: an account of the social and political background of the Civil War. Cambridge etc.: University Press etc., 1943 (El laberinto español: antecedentes sociales y políticos de la guerra civil).
A Holiday by the Sea (1961).
A Life of One's Own: Childhood and Youth (1962).
The Lighthouse Always Says Yes (1966).
Memoria personal (1920-1975). Traducción, José Luis López Muñoz. Madrid: Alianza Editorial, 1976.
Pensamientos en una estación seca. Esplugues de Llobregat (Barcelona): Plaza & Janés, 1985.
St John of the Cross: His life and Poetry (1973) con Lynda Nicholson. San Juan de la Cruz. Barcelona: Laia, 1974.
Una vida propia: infancia y juventud; prólogo de D. Sam Abrams; (traducción, José Manuel de Prada). Barcelona: Destino, 1989.
A Personal Record, 1920-1972 (1975).
Autobiografía: Una vida propia, Memoria personal (1920-1975).(Barcelona: Península, 2003).
Una amistad andaluza: correspondencia entre Julio Caro Baroja y Gerald Brenan (Madrid: Caro Raggio, 2005).
The Magnetic Moment; Poems (1978).
Thoughts in a Dry Season: A Miscellany (1978).
El señor del castillo y su prisionero. (Málaga, Alfama, 2009) Obra bilingüe.




EL INSTANTE MAGNÉTICO – GERALD BRENAN

Por PIPA PASSES

Estos versos son la obra de un poeta ocasional que cuando era joven abandonó la poesía por la prosa porque necesitaba ganarse la vida. Ese poeta pospuesto soy yo. No fue hasta cumplir los cincuenta cuando comencé a escribir versos de nuevo y fue sólo porque estaba de vacaciones. Aunque continué después de esto esbozando de manera ocasional poemas breves, mi cabeza andaba demasiado ocupada con la prosa en la que estaba trabajando como para dedicarle tiempo a ese proceso constante de preparación y experiencia que requiere el poeta serio. No fue hasta la sesentena cuando comencé a encontrar la vena que me convenía y después de tres meses de trabajo continuo me vi obligado a parar. Los poemas que escribí entonces constituyen la mayor parte de este volumen, pero he añadido al final unos pocos que se escribieron algunos años antes. Estos poemas son inéditos y su publicación me genera cierta desconfianza, sobre todo porque no casan con el estilo de la poesía contemporánea. Sin embargo, para un poeta aficionado los versos que han brotado de élsiempre le parecerán algo milagroso, ya que son el registro de los momentos más elevados de su experiencia, de modo que los preferirá a cualquier cosa que escribiera en el medio más apagado de la prosa. Por esta razón, he preparado esta pequeña antología de poemas con la esperanza de que algunos de ellos toquen la fibra sensible de algunos lectores.

Octubre, 1977
G. B.



LA LUNA URDE EL SILENCIO

Vi los cipreses.
Vi las estrellas de agujas.
Pero la luna urde el silencio.

Los grandes pinos se agitaron.
El cielo permanecía azul como una serpiente.
Pero la luna urde el silencio.

¿De qué sirve decir
el mundo es bello, hermoso,
cuando la luna urde el silencio?

Todo habla de amor.
Todo habla de la noche.
Pero la luna urde el silencio.

Se hace el silencio fuera.
Se hace el silencio en el interior.
La luna urde el silencio.

Se hace el silencio en mí.
Se hace el silencio en ti.
La luna urde el silencio.



THE MOON MAKES THE SILENCE

I saw the cypress trees.
I saw the needle stars.
But the moon makes the silence.

Ce great pine trees shook.
Ce sky was blue as a snake.
But the moon makes the silence.

What is the use of saying
Ce world is beautiful, beautiful,
When the moon makes the silence?

Everything speaks of love.
Everything speaks of night,
But the moon makes the silence.

It makes the silence without.
It makes the silence within.
Ce moon makes the silence.

It makes the silence in me.
It makes the silence in you.
Ce moon makes the silence.



AVES FÉNIX

En la calle los amantes conversan,
intercambian elogios.
Entre sus formas, mis pensamientos tristes caminan:
aves Fénix a la caza de palomas.

Aves Fénix rotas y rayadas y grises,
todavía furiosas por una vida enfurecida.
El fuego que consume sus venas durante el día
lega al anochecer un remanente de sangre y ceniza.



PHOENIXES

Out in the street the lovers talk,
exchanging bouquets of themselves.
Among their shapes my sad thoughts walk,
phoenixes looking for their doves.

Phoenixes torn and scratched and grey,
yet raging with an angry life.
the fire that burns their veins all day
leaves both new blood and ash at night.

∇ Extraído de El instante magnético, por Gerald Brenan.Carlos Pranger. Editorial Confluencias.
https://buenosairespoetry.com/2016/09/29/el-instante-magnetico-gerald-brenan/







Gerald Brenan y la lírica popular. Dos canciones romance inéditas
Gerald Brenan and folk poetry: two unpublished romance songs

Antonio J. López López
Antonio Muñoz Palomares 
Centro de Investigaciones Etnológicas 'Ángel Ganivet', Granada.

RESUMEN
El interés de los textos aquí publicados no es el de su originalidad sino el de ser versiones modernas de romances recogidas por Brenan, y hasta ahora inéditas, de los labios de nativos en un rincón de las Alpujarras, y que nos sirve para comprobar que la canción popular, el romance tradicional, ha alargado su vida hasta nuestros días, perviviendo en los más alejados rincones.


Cuando Carmelo Lisón, en el prólogo de Al sur de Granada, nos dice que esta obra es «una original simbiosis de arqueología, historia, etnología y antropología, salpicada de sugestivas interpretaciones» (Lisón 1983: XIV), está en lo cierto. Sin embargo, dentro de la profunda mezcla de elementos contenidos en la obra, podemos percatarnos, tras una lectura minuciosa, que algunos de estos temas están poco desarrollados. Nos estamos refiriendo concretamente al tema del folclore. Son varias las alusiones que a este respecto hace Gerald Brenan; sin embargo, estas referencias no dejan de ser un tanto vagas, tomando, casi podríamos decir, la categoría de anécdotas narradas apresuradamente. Esto contrasta con la forma de escribir del autor inglés, sobria, perspicaz, coherente. Sin embargo, hay una razón poderosa para disculpar el tratamiento tangencial que del folclore nos hace el autor. Y es sencillamente, según él mismo confiesa, que está recopilando datos para un estudio más exhaustivo y profundo del tema:

No me extenderé más sobre la copla, porque el tema es muy amplio. He escrito sobre ella con mayor extensión en mi libro The literature of the Spanish people, y tengo en preparación una antología de estas pequeñas canciones en la que se dará una explicación más amplia (Brenan 1983: 129).

Más tarde, en su Memoria personal 1920-1975 vuelve Brenan a hablarnos de su proyecto:

En total he publicado once libros desde 1932, cinco de ellos sobre asuntos españoles. Si vivo lo suficiente espero terminar una breve antología de coplas populares españolas, acompañada de una larga introducción con ejemplos de este tipo de poesía en otros países. La investigación para este libro la realicé en Londres hace ya muchos años. Con ello creo que podré dar por terminada mi tarea de escritor (Brenan 1987: 528).

No podía ser menos, ya que Brenan demuestra a lo largo de sus trabajos sobre literatura (véase Literature of Spanish people) una inclinación decidida por la poesía, la gran asignatura pendiente para él mismo. Pero es sabido por todos los estudiosos de Brenan que esta recopilación de materiales sobre poesía popular, a la que se ha aludido más arriba, se queda en eso, en una recopilación, ya que el rápido deterioro de su salud y posterior muerte impiden que éste sea el último libro del autor de El laberinto español.

Así, pues, Brenan menciona la existencia de ciertas coplas cantadas en el ámbito de su aldea, Yegen. Estas dos baladas referidas son «El romance de Catalina de Granada» y la que comienza «¿Dónde vas buen caballero?». La primera de ellas la recogió el autor de boca de su criada María; el segundo romance lo tomó de Ángela, mujer de la que tuvo una hija.

Han pasado ya algunos años desde su muerte. Y muchas han sido las peticiones que se han hecho para reclamar este material inédito, material que ha llegado a nuestras manos gracias a la generosidad de su custodia, su sobrina Linda Nicholson. A ella y a su marido, Lázaro Prangel, manifestamos nuestra más sincera gratitud.

He aquí, en primicia, la versión de estas dos baladas recogidas por Brenan en aquel pueblo de la Alpujarra:

Coplas de Catalina de Granada / 1 
[de María]

En Granada hay una niña, 
en Granada hay una niña 
que Catalina se llama, 
ay sí, que Catalina se llama.

Su padre era un perro moro, (bis) 
su madre una renegada, 
ay sí...

Todas las horas del día (bis) 
su madre la castigaba, 
ay sí...

Porque no quería hacer (bis) 
lo que el padre le mandaba, 
ay sí...

Le mandó a hacer una rueda (bis) 
de cuchillo sin navaja, 
ay sí...

Ya está la rueda hecha (bis) 
y las andas preparadas, 
ay sí...

Iba un ángel del cielo (bis) 
diciéndole a Catalina, 
ay sí...

«Catalina, sube, sube (bis) 
que Jesús te está llamando», 
ay sí...

Mientras Catalina sube, (bis) 
su padre echa a buscarla, 
ay sí...

Catalina no la encuentra. (bis) 
Catalina muerta estaba, 
ay sí...

La Virgen de los Dolores (bis) 
la estaba amortajando, 
ay sí...

La campana de la Gloria (bis) 
por Catalina tocaba, 
ay sí...

Y también la del Infierno (bis) 
por todos los de su casa, 
ay sí... 


Coplas de Catalina de Granada / 2 
[de María]

En Granada hay una niña, 
en Granada hay una niña 
que Catalina se llama 
ay sí, que Catalina se llama.

Su padre era un perro moro, (bis) 
su madre una renegada, 
ay sí...

Y tenía tres hermanos (bis) 
que eran tres perrillos moros, 
ay sí...

Y tenía tres hermanas (bis) 
que eran tres renegadas, 
ay sí...

Y a ella la encerraron (bis) 
en un cuarto muy oscuro, 
ay sí...

«Si te pide de beber, (bis) 
dale su sangre que beba», 
ay sí...

«Si te pide de comer, (bis) 
dale su carne salada», 
ay sí...

«Si te pide de dormir, (bis) 
dale un colchón de albarda», 
ay sí...

Y dentro de quince días, (bis) 
abre Dios una ventana, 
ay sí...

Y entonces se asoma ella (bis) 
y ve a su querida hermana 
ay sí...

Y entonces le dijo ella: (bis) 
«Dame una gota de agua», 
ay sí...

«Que el corazón se me seca (bis) 
y a Dios le entrego mi alma», 
ay sí...

Dentro de otros quince días, (bis) 
abre Dios otra ventana, 
ay sí...

Y entonces se asoma ella (bis) 
y ve a su querido hermano, 
ay sí...

«¡Hermano!, si eres mi hermano, (bis) 
dame una gota de agua», 
ay sí...

«Que el corazón se me seca (bis) 
y a Dios le entrego mi alma», 
ay sí...

«Yo te la diera, ¡bonita!, (bis) 
yo te la diera encantado, 
ay sí...

«Pero si padre se entera, (bis) 
ya sabes tú que nos mata», 
ay sí...

Dentro de otros quince días, (bis) 
abre Dios una ventana, 
ay sí...

Vide venir a su madre (bis) 
con un jarrito de agua, 
ay sí...

Y le dice: 
«Madre, si usted es mi madre (bis) 
deme una gota de agua», 
ay sí...

«El corazón se me seca (bis) 
y a Dios le entrego mi alma», 
ay sí...

«Yo te la diera, ¡bonita!, (bis) 
yo te la diera encantada, 
ay sí...

«Pero si padre se entera, (bis) 
ya sabes tú lo que pasa, 
ay sí...

Y a los cuatro o cinco días, (bis) 
abre Dios otra ventana, 
ay sí...

Vide venir a su padre (bis) 
con un jarrito de agua, 
ay sí...

Y en la cabeza tenía (bis) 
una pileta de agua, 
ay sí...

Para que su padre viera (bis) 
que no le hacía falta nada, 
ay sí...

Las campanas de la Gloria (bis) 
por Catalina tocaban, 
ay sí...

Y también las del Infierno (bis) 
por todos los de su casa, 
ay sí... 


Balada 
[de Ángela]

«¿Dónde vas, buen caballero? 
¿Dónde vas tú por ahí?» 
«Voy en busca de mi esposa: 
hace tiempo que no la vi.»

«Tu esposa ya se ha muerto: 
muerta está, que yo la vi, 
y las señas que llevaba 
yo te las puedo decir.»

«Llevaba un vestido blanco 
con estrellas de marfil 
y el velo que la cubría 
era un rico carmesí.»

«Los zapatos que llevaba 
eran de un rico charro, 
regalados por Alfonso 
la noche que se casó.»

«Cuatro duques la llevaban 
por las cortes de Madrid.» 
Al pasar por un barranco, 
una sombra vi salir.

Contra más me quito de ella, 
más se acerca para mí. 
«No te asustes, caballero. 
No te asustes tú de mí.»

«Que soy tu querida esposa 
que te salgo a recibir.» 
«Si eres mi querida esposa, 
echa los brazos por mí.»

«Los brazos que te abrazaban 
a la tierra se los di. 
Cásate, buen caballero, 
cásate, no estés así.»

«La primer hija que tengas 
ponle Laura como a mí. 
Esas dos hijas que tienes 
sácalas a divertir.» 


El romance de Catalina de Granada

El romance de Catalina de Granada recogido, como ya hemos dicho, de su criada María, presenta dos versiones. La primera, más reducida y condensada, de tan sólo trece estrofas. La segunda, más amplia e imprecisa, de treinta estrofas. Ofrecemos las dos versiones con objeto de favorecer una mayor y más completa comprensión del romance, por un lado; por otro, porque pensamos que son necesarias para captar un perfil más redondo de alguno de los personajes, caso de la madre, que sufre un cambio cualitativo, comparando una y otra versión, con respecto a la protagonista de la historia.

Leyendo con cierto detenimiento esta canción-romance, puesto que en canción se ha convertido lo que posiblemente fuera en un principio un romance, observamos que muestra todas las características propias de este tipo de poesía, características, por otro lado, necesarias para mantener la atención del oyente, móvil principal de este género literario. En este sentido vemos que la acción se sitúa en Granada, escenario emblemático en las luchas entre moros y cristianos.

Por otro lado este romance presenta una estructura temporal coherente, si bien nos llama la atención el cambio constante en los tiempos verbales: pasa del presente al pasado y de éste al presente con cierta facilidad y habilidad. Aparte del acercamiento que supone la narración en presente, una razón de estos cambios de temporalidad podría estar en el hecho de favorecer el efecto dramático que la historia del romance presenta. Una buena dosis del efecto que produce el romance en las gentes radica en su elevado grado de dramatismo que encierra.

En cuanto a los personajes observamos un gran interés por delimitar sus características. Podríamos decir que estos dramatis personae constituyen auténticas unidades semánticas en sí mismos. La tipología va desde la candidez de Catalina, candidez expresada mediante el calificativo de «niña», a la brutalidad del padre, «perro moro», pasando por la maldad heredada de los hermanos, «perrillos moros», o el carácter cobarde de su madre y hermanas, incapaces de acciones samaritanas por miedo al esposo o padre. Sin embargo, si ahondamos en la tipología de estos personajes y si comparamos ambas versiones, observamos tratamientos diametralmente opuestos en el papel de alguno de ellos. Así en la primera versión notamos que la madre se comporta de manera muy negativa para con su hija; actitud que podría calificarse de cruel en el más amplio sentido de la palabra:

Todas las horas del día 
su madre la castigaba 
ay sí...»

Sin embargo, en la segunda versión, la madre da a entender que lo único que le impide ayudar a la hija es el miedo a las represalias que su marido puede hacer caer sobre ella misma:

Pero si padre se entera 
ya sabes tú lo que pasa

Hay un cambio cualitativo en el tratamiento del personaje de la madre.

Llegados a este punto vale la pena detenernos en la siguiente cita:

Cada auditor de un romance oye, interpreta, da más o menos atención o importancia a cada uno, o unos pocos, de esos indicios, a través de los cuales se revela, o él mismo crea --completando, ampliando, reduciendo, olvidando-- el conjunto de rasgos que constituyen a sus personajes. Estos rasgos son percibidos, interpretados, desarrollados, suprimidos o radicalmente cambiados de acuerdo con el referente (que es su realidad, incluida en ella la de su fantasía) en que auditores y cantores están inmersos y que ellos contribuyen, en el proceso mismo de transmisión y elaboración del mensaje romancístico, a cambiar. Y es el cambio constante de esa realidad, del referente, incluidos en él cantores y auditores, lo que fuerza y garantiza la evolución del romance.

En última instancia, es esta audición constructiva, esta potencialidad combinatoria, lo que permite y explica la extraordinaria supervivencia de cientos de versiones, todas ellas distintas, de un mismo romance. Es esta movilidad constante, en la diacronía y la sincronía, lo que constituye la armazón de la vitalidad del romancero, y lo que para bien o para mal lo distingue de tanta literatura escrita que murió precisamente de eso: de inmovilidad libresca (Romero 1979: 273).

Estamos, pues, ante una canción romanceada, cargada de honda vitalidad como lo demuestra el hecho de pervivir, en un mismo sitio (Yegen) y en una misma persona (María), dos versiones de la misma historia.

El cuadro pintado por el romance se nos antoja desolador, pero dentro de tanta maldad brilla la esperanza, a modo de moraleja, ya que Catalina obtendrá el cielo como recompensa por abrazar la fe cristiana. En tanto, el romance deja entrever que todos los de su casa sufrirán la condenación eterna por su doble condición de infieles y de malvados.

Finalmente nos llama la atención el espíritu firme demostrado por Catalina. La situación nos recuerda el calor y entereza evidenciados por los primeros cristianos ante los perseguidores de su fe. Pensamos que esto nos lleva al núcleo del mensaje del texto: el triunfo de la fe cristiana frente al «infiel». 


El romance de la esposa difunta

En cuanto al segundo texto, otra canción de estructura romancística, que el autor denomina ballad y que recoge por vía oral de Ángela, no hace sino reproducir un tema que tuvo cierta fortuna en la historia del romancero: Es el tema de la aparición de la enamorada difunta.

Encontrar esta versión moderna del romance en boca de los lugareños de las Alpujarras produce cuando menos una agradable sorpresa por cuanto uno cree dar confirmación a la tan repetida cuestión de la permanencia viva en España de versiones de romances antiguos (cfr. Menéndez Pidal 1968). Esta versión de «Dónde vas, buen caballero» tiene su fuente lejana en un romance viejo novelesco denominado «Romance del palmero» y que transcribimos a continuación:

Yo me partiera de Francia fuérame a Valladolid. 
Encontré con un palmero, romero atan gentil. 
¡Ay!, dígasme tú, el palmero, romero atan gentil, 
nuevas de mi enamorada si me las sabrás dezir. 
Respondióme con nobleza, él me fabló y dixo así: 
«¿Dónde vas el escudero, triste, cuitado de ti? 
Muerta es tu enamorada, muerta es que yo la vi. 
Ataúd lleva de oro, y las andas de un marfil, 
la mortaja que llevaba es de un paño de París, 
las antorchas que le llevan, triste yo las encendí. 
Yo estuve a la muerte della, triste cuidado de mi, 
(y) de ti lleva mayor pena que de la muerte de sí.» 
Aquesto hoy yo cuitado, a caballo iba y caí, 
una visión espantable delante de mis ojos vi. 
Hablóme por conortarme, hablóme y dixo así: 
«No temas el escudero, non ayas miedo de mi. 
Yo soy la tu enamorada, la que penaba por ti; 
ojos con que te miraba, vida, non los traigo aquí, 
braços con que te abraçava, so la tierra los metí.» 
Muéstresme tu sepultura y enterrarme yo con ti. 
«Viváis vos, el caballero, viváis vos, pues yo morí. 
De los algos deste mundo fagáis algún bien por mí: 
tomad luego otra amiga y no me olvidedes a mí, 
que no podéis hazer vida, señor, sin estar así.» 
(Morley 1922: 299)

Es curioso comprobar (Menéndez Pidal 1968: 14-16) cómo en el Cancionero de Londres, a fines del siglo XV, aparece la versión «¿Dónde vas, el escudero, triste cuitado de ti...», mientras que en todas las ediciones del siglo XVI se dice «¿Dónde vas, el caballero».

Este tipo de romances responde a una época medieval en que el escudero era un joven hidalgo que esperaba recibir la orden de la caballería. Cuando en el siglo XVI el escudero deja de ser tal para convertirse en un servidor de personas nobles, en un viejo de edad y escasamente considerado, se produce el cambio de escudero por caballero; era el momento --época de Carlos V- en que la nobleza dejaba de ser militar para convertirse en nobleza cortesana. Y los romances dan testimonio de ello. Era urgente borrar su nombre en los viejos romances. Aduce Menéndez Pidal que el cambio se produce también en la lírica. Aporta el ejemplo de una canción del romancero musical, un manuscrito del siglo XVI, que comienza «No paséis el caballero, tantas vezes por aquí» (Menéndez Pidal 1968: 15).

El tema de la aparición de la enamorada difunta lo encontramos en cinco versiones (Morley 1922: 300-301), en los siglos XV y primera mitad del XVI; de ellas destaca la del Cancionero del Museo Británico, editada por Rennert, ya mencionada, y la del pliego aragonés que contiene un verso que falta a todas las demás lecturas antiguas: después del apóstrofe «¿Dónde vas tú, desdichado, dónde vas triste de ti?», inserta las palabras «Buscando la mía señora, días ha que no la vi», que luego aparecerá en las versiones modernas de tradición oral. Del siglo XVII se conservan tres versiones, según testimonios de los dramaturgos Mejía de la Cerda en La tragedia de doña Inés de Castro, acto III; Guillén de Castro, en La tragedia por los celos, acto III, y Vélez de Guevara en Reinar después de morir, acto III.

Todas estas variantes se ven repetidas hoy en toda España, América, Portugal y Marruecos. Una muestra moderna la encontramos en la canción de corro cantada por niños. Pero, en 1878, a raíz de la muerte de la reina Mercedes, la joven sevillana de dieciocho años, las niñas cantaban en las calles esta letra:

¿Dónde vas, Alfonso XII, dónde vas, triste de ti? 
«Voy en busca de Mercedes, que ayer tarde no la vi.» 
Tu Mercedes ya se ha muerto, muerta está, que yo la vi. 
Cuatro duques la llevaban por las calles de Madrid; 
su carita era de virgen, sus manitas, de marfil 
y el velo que la cubría era un rico carmesí...

Curioso cotejar la letra de esta poesía infantil romanceada y la que nos ofrece G. Brenan, tomada de una lugareña de las Alpujarras, con la del romance del palmero. Veremos que la labor de transmisión oral y escrita del romance del palmero ha sido esencial para este caso de supervivencia. 
* * *

Los romances suelen mostrar un contenido narrativo, una historia, a través de un discurso doblemente articulado (Catalán 1979: 231 ss):

a) Métricamente el romance adecua las estructuras sintácticas a los esquemas métricos impuestos por el verso. Hay un ajuste entre la forma sintáctica y la forma versual; se produce lo que en retórica estilística y métrica se denomina esticomitia.

Llama la atención, en la «balada», el eneasílabo del verso cuarto de la primera estrofa y la carencia de sinalefa entre se y ha del verso primero de la segunda estrofa para cumplir con el octosílabo; nos resulta forzado, pero esta es una de las características que se suelen señalar en los textos de transmisión oral, su irregularidad.

La rima es asonante en los versos pares. Sólo la estrofa cuarta rompe el esquema de rima aguda. Es más, el segundo y cuarto versos ni siquiera riman entre sí. Pensamos que podría ser un error de captación. Posiblemente, la pronunciación relajada o rápida de charol le hiciera escribir charro en vez de aquel término. En el fondo la idea viene a coincidir: llevaba zapatos de un rico charol, es decir, lustrosos, barnizados; o llevaba zapatos de un rico charro, de color chillón, vistoso. La rima con «casó» exigiría «charol» y no charro.

De otro lado, determinadas estructuras rítmicas responden a esquemas propios de este tipo de creación. Véanse por ejemplo los esquemas paralelísticos anafóricos de los versos 1-2, 23-24, 31-32.

b) Dramáticamente: Como dice D. Catalán, el discurso romancístico utiliza preferentemente un modo de representación esencialmente dramático. ¿Qué elementos representativos aparecen en nuestro texto que lo hagan dramático?:

-- El diálogo entre los personajes, que muestra claramente el propósito de re-presentar ante el auditorio los sucesos.

-- El tono melodramático de la aparición y la compasión que pueden engendrar en nosotros los personajes.

-- La reactualización del discurrir del tiempo. El romance nos sitúa en un antes y en un después. En un antes del momento de la narración, el antes de la muerte; y en un después de ella por el que «vivimos» el discurrir del tiempo.

-- Expresiones más o menos formularias que están destinadas a modificar el escenario mediante el movimiento visualizador de los personajes. En la estrofa seis: «Contra más me quito della / más acerca para mi»

- Detalles visualizadores: llevaba un vestido blanco; el velo era de rico carmesí; zapatos de charol... 
* * *

En este romance se pueden distinguir, entre otros, los siguientes elementos significativos:

a) La sombra:

Al pasar por un barranco 
una sombra vi salir»

b) Los adornos de su cuerpo:

Llevaba un vestido blanco 
con estrellas de marfil 
y el velo que la cubría 
era un rico carmesí. 
Los zapatos que llevaba 
eran de un rico charro.

c) La corrupción de las partes del cuerpo:

Los brazos que te abrazaban 
a la tierra se los di»

d) La bendición que concede la difunta a su amante, aconsejándole que se case:

Cásate, buen caballero, 
cásate, no estés así. 
La primera hija que tengas 
ponle Laura como a mí. 
Esas dos hijas que tienes 
sácalas a divertir.

e) El elemento de las señas de la enamorada se dice que se van a expresar, pero no se hace: no hay alusión a su hermosura, a su rostro o a su cuello; las «señas» que se mencionan son los adornos del cuerpo.

El modo de narración que nos presenta el romance es doble:

1º: El diálogo entre el amante y una persona desconocida. 
2º: El diálogo entre la sombra y el amante. 


* * *

En lo que se refiere al nivel de uso de la lengua, no es nuestro propósito hacer un análisis lingüístico del texto, sino tan sólo señalar algunos de los rasgos que, a simple vista, llaman la atención, y que se derivan del hecho de ser un texto canción (en su origen un romance) transmitido oralmente.

Y dos podrían ser esos rasgos: uno, la expresión vulgar «Contra más me quito della»; el otro, el uso de algunas formas verbales:

No te asusta, caballero, 
no te asusta tú de mí.

La no pronunciación de la "s" final y la abertura de la vocal "e", habrían llevado al autor a transcribir "a".

En el caso de «Cásate, no este así» y «La primera hija que tenga» nos parece claro que se trata de otro error de transcripción y no del uso de usted como forma de cortesía.

En cuanto al uso de las formas verbales cabría hablar de la habilidad y uso peculiar de estas formas. Uso del imperfecto para la narración; el indefinido que objetiva los hechos; las formas del presente para la pregunta-respuesta o para el acercamiento temporal-emocional de los hechos; el imperativo para la formulación de un deseo. Formas verbales utilizadas de tal manera para conectar con la inquietud temporal que todo relato suscita.

En resumidas cuentas, ante lo que nos encontramos es ante una versión moderna de lo que Menéndez Pidal llamó romance-diálogo, a través del cual se nos va narrando la historia que subyace en él, adentrándose en los dominios de la dramatización: lo que se nos presenta ante nuestros ojos es una breve escena dramática.

Si algún interés muestran estos textos no es el de su originalidad; tan sólo el ser versiones modernas de romances recogidas por Brenan, y hasta ahora inéditas, de los labios de nativos en un rincón de las Alpujarras, y que nos sirve para comprobar que la canción popular, que el romance tradicional, ha alargado su vida hasta nuestros días, que ha pervivido en los más alejados rincones. «El caudal romancesco vivo hoy en día en la memoria popular es aún muy copioso, permitiéndonos afirmar que no desaparecerá en un porvenir cercano» (Menéndez Pidal 1968: 450).


Obras citadas

-Brenan, Gerald 
 1983 Al sur de Granada. Madrid, Siglo XXI (8ª). 
 1987 Memoria personal 1920-1975. Madrid, Alianza.
-Catalán, D. 
 1979 «Análisis semiótico de estructuras abiertas: el modelo romancero», en El romancero hoy: Poética. Madrid, Gredos.
-Lisón, Carmelo 
 1983 «Prólogo» a Gerald Brenan, Al sur de Granada. Madrid, Siglo XXI (8ª).
-Menéndez Pidal, R. 
 1968 «El romancero hispánico», vol. 2. Obras completas. Madrid, Espasa Calpe.
-Morley, S. G. 
 1922 «El romance del palmero», Cancionero del Museo Británico. R. F. E., IX.
-Romero, Francisco 
 1979 «Hacia una tipología de los personajes del romancero», en El romancero hoy: Poética. Madrid, Gredos.


http://www.ugr.es/~pwlac/G09_17AntonioJ_Lopez-Antonio_Munoz.html


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