domingo, 11 de noviembre de 2012

ANTONIO FERRES [8.339]


Antonio Ferres

Antonio Ferres Bugeda, escritor español nacido en Madrid en 1924. Como novelista, pertenece a la generación del 50, compuesta por autores como Juan García Hortelano, Alfonso Grosso, Rafael Sánchez Ferlosio, Ignacio Aldecoa, Carmen Martín Gaite, Jesús López Pacheco, Armando López Salinas, Juan Eduardo Zúñiga, Luis Martín Santos, Jesús Fernández Santos, Ana María Matute y José Manuel Caballero Bonald.

Biografía

Nace en Madrid en 1924, donde vive hasta que en 1964 emigra a Francia, para trasladarse posteriormente a México y Estados Unidos. Ejerce diversos oficios, obteniendo el título de perito industrial, lo que le lleva a trabajar en los laboratorios del Ministerio de Obras Públicas, organismo en el que es compañero de Ángel González y Juan García Hortelano. En 1956 obtiene el Premio Sésamo por su cuento Cine de barrio. Colabora en revistas españolas, americanas y europeas, y escribe cuentos y narraciones cortas, como las publicadas en 22 narradores españoles de hoy, una antología preparada por Félix Grande en 1971. Publica en 1959 su primera novela, La piqueta, y como otros escritores denominados por la crítica como socio-realistas, sus primeras obras aparecen en la editorial Destino y posteriormente en la editorial Seix Barral. En 1961 su novela Al regreso del Boiras es prohibida cuando el editor Carlos Barral intenta publicarla, aunque aparece en 1975 en Venezuela (hasta 2002 no se reeditará en España). Es prohibida también Los vencidos, publicada en Italia por la editorial Feltrinelli bajo el título I vinti en 1962, y reeditada en España en 2005. En 1964 obtiene el premio Ciudad de Barcelona por Con las manos vacías. Ha sido profesor de teoría literaria entre 1965 y 1976 en universidades de Estados Unidos y México. Desde 1976 reside en Madrid. A partir de 1997 comienza a publicar poesía (La inmensa llanura, La inmensa llanura no creada y La desolada llanura) sin abandonar la narrativa. La primera parte de sus memorias aparece en 2002 bajo el título Memorias de un hombre perdido.

Obras

La piqueta (1959)
Caminando por las Hurdes (1960), con Armando López Salinas.
Los vencidos (edición italiana, 1962)
Con las manos vacías (1964), premio Ciudad de Barcelona.
Tierra de olivos (1964)
Mirada sobre Madrid (1967)
En el segundo hemisferio (1970)
Ocho, siete, seis (1972)
Al regreso del Boiras (1975)
El colibrí con su larga lengua y otras historias (1977)
Los años triunfales (1978)
El gran gozo (1979)
La vorágine automática (1982)
Cuentos (1983)
La muerte reincidente (1990)
Los confines del reino (1997)
En la inmensa llanura (1997)
La inmensa llanura no creada (2000), premio Villa de Madrid de poesía.
Memorias de un hombre perdido (2002)
La desolada llanura (2005)
El torito negro (2005)
Crónica de amor de un fabricante de perfumes (2007)
El caballo y el hombre y otros relatos (2008)
París y otras ciudades encontradas. (Gadir. Madrid, 2010)
La urraca y los días iluminados (Gadir. Madrid, 2012)




Las ciudades de la sed

Las aspas chirrían con el viento
Y el agua sube desde la tierra en sombra
Hasta el charco de luz
Donde apagar la sed
La siesta interminable
Mis ojos y yo mismo en el espejo
Ofreciéndome caminos
Hacia ciudades nuevas
Aún no nacidas
Relámpagos en el cielo nublado
De la tarde
Allá donde tú existías
-tan joven-
Llegada de otra parte
Como el recuerdo de otra vida
Donde andábamos sedientos.

(París y otras ciudades encontradas.
Gadir. Madrid, 2010.)






EL FUSILADO

Era finales de marzo, y hacía viento… Pasaba
una fila de prisioneros… Llevaban los monos rotos, con
las insignias arrancadas.

(De Los vencidos, Primera parte)

He llegado a la tapia
donde he muerto joven

marzo aún
y retoñan los árboles.

He llegado alegre
hasta la muerte

sin ser viejo nunca.

He llegado mirando
la calle donde tú naciste
el portal fresco de tu casa
donde te besé un día.

He llegado contento
como si la revolución triunfase
y ya fuéramos libres.

He llegado a la tapia
y he mirado los ojos de los otros
cerrados mientras disparaban
los fusiles.

He mirado sus párpados oscuros
y he visto a contraluz las torres
las campanas en las que se posan
los pájaros

marzo aún
todavía.

He llegado a la tapia
donde he muerto joven
he llegado pensando
otra vida que existe en otra parte
en otra ciudad contigo
como en el portal fresco y callado
de tu casa.




TE HE ESPERADO EN LOS CONFINES

A Isabel García

Te he esperado siempre
como leche o pan o agua

te he esperado
desde antes de que fueras tú

te he esperado
desde que me nace la memoria
y del cielo caían astros
y se estremecía la tierra.

Te he esperado
igual que en la avenida
donde oigo el temblor de los pasos
de las tropas enemigas

Te he esperado como los pájaros
que miran de perfil el mundo.

Te he esperado aún
cuando veo la tarde adormecida
en el espejo del café
que todavía existe como una estampa
antigua.

Te he esperado rezando
en un tiempo escondido en las partículas
y que a la vez se expande a los confines

un espacio que llega
hasta donde a lo mejor estás

donde te he esperado siempre
como leche o pan o agua.




EL INSTANTE

A Lana

En este instante
está deshaciéndose la nieve
en el tejado de este año

está tan tibio el sol
en este instante
que vienen conmigo hombres
como recién resucitados

y mujeres con sudarios blancos.

En este instante
canta un gorrión en el tejado
y está deshaciéndose la nieve

mientras la tierra brilla como fuego
en este instante

mientras hay caminos
con hombres iguales que nosotros

y ciudades donde aún no he nacido.




EL ALIENTO BRILLANTE DE LA VIDA

Estar en el aliento brillante de la vida
el tiempo inmenso de la tarde

donde aún somos jóvenes desnudos

estar cuando las sombras tiemblan
en la alcoba

cuando el viento agita los nogales
en un sueño de años como nubes

y se oye la alarma ronca del tornado
y no te importa otra vez vivir conmigo

otra vez otro año y otra vida

vivir en el aliento brillante de los árboles rojos
del verano indio

en el siguiente mundo y tu suave piel
en las praderas abiertas a los vientos.




LAS ESTRELLAS DESHECHAS

−Mira, nosotros somos esas hojas que caen..
−No, somos esto, sin más.
−¿Te refieres a todo esto, el aire,
las hojas, el sol en la arena..?
−Sí.
Miguel Ángel Bernat


Ha pasado sin ti el mundo
y busco aún la esperanza
el temblor del aire
el vacío que dejaron
las deshechas estrellas

y no sé cuándo nacerán
de nuevo los árboles
que nos cobijen
ni en qué montañas
encender un fuego.






HASTA LOS MESONES CON VINO Y DANZAS

Quizás haya un poema
una voz nacida detrás del fuego
de las estrellas
que cuente por qué es terrible el mundo

por qué lloramos o nieva

por qué ansío el camino contigo
cabalgando a lomos de caballos
que mueren

por qué devoramos la vida cada día.

Quizás una voz del Universo
que cuente imágenes temblorosas

el hambre interminable

leves seres que siguen
reglas nacidas del fuego
del átomo primero

hasta llegar al jardín de Melibea
a mesones con vino y danzas
hasta esta hora
cuando pienso en una voz
jamás nacida.

La urraca y los días iluminados (Gadir. Madrid, 2012)




EL BISONTE ROJO

Es otra vez agosto
y recuerdo la cascada
y los colores en que la luz
                           se rompe.

Y regreso al tiempo
cuando pinté el bisonte rojo
                         de la cueva

los inviernos infinitos
cuando temblaban de frío
                         los niños
entre la luz de las hogueras
y las sombras vivas.

Afuera seguía la noche

o volvía el sol tibio y amarillo
y corría de nuevo el agua
en la cascada los colores
                               de la vida.

Como cuando pinté
el bisonte rojo de la cueva.

Mientras pasan mil siglos
y grita afuera el hombre
y aún llega aquí el aliento                        
de aquel bisonte rojo.
                               



SABER ALGO BRILLANTE

saber algo brillante
                   y perdido
como el sol blanco

como la alegría
de la primera mañana
                        de la juventud

como el aliento leve
del viento que viene

algo como la lágrima primera
                              del hombre
cuando huye del horror
                              del otro

del prójimo que sabe 
                              la verdad
y que ama la ira.

Saber de la alegría
de las lágrimas

las lágrimas brillantes
que bajan como ríos

lágrimas que van
a las ciudades nuevas

donde los hombres pintan
                     bisontes rojos.



CUANDO JULIÁN MARCOS CENABA CON ORSON

No era tan distinto
el color del cielo
cuando caía la tarde.

A veces veía
              a Julián Marcos
que iba deprisa
por la calle Ancha
y me gritaba:
-“Hoy ceno con Orson”

y Franco estaba cada día
                        más viejo
y sólo fusilaban gente
algunas noches
                 en las tapias. 

Pedíamos a la vida
que todo fuera
como una gran película.

No era tan distinto
el color del cielo
cuando caía la tarde.

Ahora viene otro cine
las golondrinas anidan
cada vez más alto
en las murallas

llego a mi casa
donde mi gato negro
                      aguarda

y hay un cielo de estrellas

y la película está a este lado
del mudo todavía

como cuando Julián Marcos
cruzaba la calle Ancha.



EL INVENTO QUE HICIMOS DE  LA VIDA

Ya está a punto de llover
después de la sequía del verano
y no sé si me querrás aún
no sé por cuántos años
creerás en el invento que hicimos
                                        de la vida
las cosas pequeñas de la casa
como los libros de amor y las flores
y la música del violín roto
                                    de tu escuela.

Pero quizás no llueva aún
y todo siga quieto

todo aguardando
un lugar del tiempo y del deseo  
de donde viene la música

un lugar donde Dios es sólo bueno
y es amado por nosotros

un lugar donde ha muerto el terror
y está a punto de llover
y no sé si me querrás aún
si  todavía creerás en el invento                                                                 
que hicimos de la vida.




LA CASA QUE ASOMA SOBRE EL ACANTILADO.

                     
I

Bastaría esta noche
cuando el océano se rompe
contra las rocas del acantilado.

los balcones abiertos
mientras la inmensidad salpica
en la cama deshecha
                           de la alcoba.

Sería suficiente vivir esta noche
en la casa asomada sobre el océano
                                     interminable

haber vivido esta noche de deseo
en esta isla última del mundo

y despierta el alma
en el horror del paraíso
la atracción de los astros
los cuerpos que tiemblan
desnudos en la cama deshecha.

Es suficiente esta noche
cuando el océano se rompe
contra las rocas del acantilado
sobre el que está la casa.

Bastaría esta noche
para saber que has vivido

mientras las olas se rompen
                                   sin fin
contra el acantilado.

                
 II 

Porque es vivir
sin los límites del paraíso

sólo la noche inmensa 
que penetra tu sangre

el jadeante deseo de la vida
sin terror y sin culpa

la madre luna de ansia y soledad
allá arriba perdida
y el mar que se rompe
contra la tierra última
                                       
la tierra compasiva 
en el delirio infinito
de ser hombres.





VENDIMIA

Estoy cantando a un amor
que una vez tuve
en una vida parecida a ésta
en un tiempo de viñas encendidas

igual que este septiembre
aún con los secos ríos.

Se parece al caminar
cogido de tu mano
cuando quiero subir
hasta donde somos
                     sólo novios
devueltos a las terrazas
                      de las uvas

comer tantas uvas maduras
como los perros perdidos
                           de los pueblos
que sueñan que son hombres

emborracharnos con el amor
                                 que hay

y ser siempre gente como dioses

saber que de vez en cuando
cantamos a una vida parecida a ésta
en un tiempo de viñas encendidas.




AVENTURA

No sé si es venta
o es castillo
por dónde andamos
bajo las nubes del otoño

por dónde vamos
bajo un cielo tan alto.

No se si es venta
o es castillo
o si es otra orilla de la vida

este aposento donde aguardo
                 que venga alguien

alguien que no ha venido nunca
y que veo llegar ahora

alguien que también anda
a tientas en lo oscuro

que no sabe si estamos
en venta o en castillo

alguien muy encantado

como la chica
con la que inventé el mundo

la casa entre nogales
que llenamos de flores y de libros

un sitio donde crecía
                        la música

ese lugar donde Dios
                  -entre nogales-

era solamente bueno.




LA MUCHACHA DE GRANDES ALAS

De pronto me despierto
donde los mansos ríos
             de la juventud
que aún la gente vadea 
con agua a las rodillas

y veo al otro lado
a mi pequeña hermana
de grandes alas negras
que ha abierto misteriosa

debajo está su cuerpo
desnuda como Venus.

De pronto me despierto
donde los mansos ríos
                    de la juventud.



EL ESTERTOR GRANDE DEL MAR

Estoy esperándote
en medio de la arena
para correr contigo
                   en la desolación

en el estertor grande del mar.

Estoy aguardándote
para que corramos juntos
hasta el bungalow lejano
donde vivimos en la noche
mirando las estrellas. 

Porque –a veces-
soy sólo tu sombra
o somos dos caballos libres
que corremos juntos
hasta las ciudades
donde nos transformamos
en gente que hace versos
y escribe largas parodias
                                  del mundo

parodias como las aventuras
de don Quijote de la Mancha

donde tú te vuelves
                         -poco a poco-

loca como yo estoy
y yo me vuelvo cuerdo como tú
                   
y llegamos a ventas
como inmensos castillos

y recorremos caminos
por donde marchan cuerdas
de encadenados presos
que hay que liberar

y llegamos a ríos
-como el Ebro-
con barcos que pueden navegar
                               los océanos
y llegar a alguna parte.

Estoy aguardándote
en medio de la arena
para correr contigo
                 en la desolación

en el estertor grande del mar.






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